jueves 20 de octubre de 2011

De tragedias y comedias / Sobre "Teatro completo" (1960-1993)


Los dramas Santiago, el pajarero (1960) y Atusparia (1981), ambos de Ribeyro, se basan en personajes históricos del Perú que se rebelan contra el orden establecido. En el primero, un inventor se enfrenta a los dogmas de la religión. En el segundo, en cambio, un cacique se opone a los abusos contra los indígenas. Se sabe que el autor pretendía crear una trilogía, la cual se cerraría con una obra sobre Sócrates, quien fue condenado por un tribunal a beber cicuta acusado de corromper a la juventud. En una entrevista de 1987, Ribeyro declaró: «Sócrates es un personaje actual en la medida en que por sus ideas, su comportamiento, causa disturbios en la sociedad establecida».
Aunque Santiago, el pajarero se basa en una tradición de Ricardo Palma, «Santiago, el volador», el drama Galileo Galilei (1938-1939), de Bertolt Brecht, tiene en Ribeyro una gran importancia en su forma de concebir una pieza teatral. Este libro del autor alemán se inspira en el famoso astrónomo italiano que da título a la obra y que es considerado símbolo de la lucha contra la autoridad. En 1961 Ribeyro publicó un artículo, «Adamov y el teatro político», en ocasión del estreno en París de Primavera 1871, de corte histórico, tendencias socialistas y claro aliento brechtiano.
En otra entrevista de 1987, Ribeyro dijo acerca de la frustración de sus personajes: «Estos temas del ‘combate perdido’, de la decepción, de la decadencia, son temas que aparecen tanto en mis cuentos como en mis novelas y en mis piezas de teatro. En realidad, le dan un poco de unidad a todos mis cuentos y a géneros tan dispersos en los cuales me he expresado».
El sótano y Fin de semana continúan con el tono trágico, pero toman personajes ficticios de la clase media. Mientras que la primera pieza es acerca de los celos enfermizos de un padre, la segunda es sobre el ascenso, la corrupción y el racismo.
Hay que notar que El sótano presenta una de las constantes de Ribeyro: la ambigüedad. ¿Acaso el señor Delmonte asesinó al muchacho de camisa azul que pretendía a su hija? Al referirse a este, quien repentinamente desapareció, Rosita dice: «Desde entonces, no lo he vuelto a ver». En otro momento, el mayordomo se lo advierte: «¡No es para bromear! Usted no conoce a su padre». ¿Decide el señor Delmonte abrir la llave del gas porque se trataba de un empleado de origen humilde?
En otras obras del autor encontramos enigmas. En el cuento «Mar afuera», ¿el pescador Janampa pretende asesinar a su colega Dionisio por haber conquistado a la muchacha que él deseaba, la Prieta? En la novela Crónica de San Gabriel (1960) no se esclarece de quién estaba embarazada Leticia. En una entrevista de 1992, Ribeyro me confesó: «Preferí dejar cierta duda, cierta aura de ambigüedad». En otra novela, Cambio de guardia (1976), la mayoría de las historias queda en la vaguedad y en la duda. «Hay un asesinato y no se sabe quién es el asesino. Hay también una escena que es un peculado, pero no se sabe si realmente se produjo ni quién lo organizó», declaró el autor en una conferencia de 1984. Para él, es difícil conocer la verdad. Espíritu de escéptico.
Por otro lado, Fin de semana tiene una versión en cuento por el propio autor: «La piel de un indio no cuesta caro». Ribeyro comentó también que algunas piezas surgieron porque no funcionaron como narraciones. Es el caso de Atusparia, a la que le puso mucho empeño para que se convirtiera en novela: «Fue así que en diciembre de 1979, en unos cuantos días de entusiasmo, pude llevar a su término una obra que había planeado veinte años atrás», dice en las «Observaciones preliminares» de esta pieza teatral.
Los caracoles, una comedia ambientada en unas islas turísticas, tiene un tono muy distinto. El final, con tono moralizante, es inesperado. El humor se extiende en las cuatro piezas en un acto. El último cliente parece la historia invertida de «Una aventura nocturna», relato que trata acerca de un solterón que es el último cliente de un café de Miraflores. La patrona del establecimiento se burla de él sin misericordia. De igual forma, Confusión en la prefectura se asemeja a «El banquete», cuento de Ribeyro que se centra en la historia de Fernando Pasamano, quien pretende ser embajador en Europa al ofrecer una fiesta al presidente de la República, lejano pariente suyo. Como en Fin de semana, el arribismo está presente aquí. En El uso de la palabra, en cambio, el protagonista es un escritor, presente en varios cuentos de Ribeyro: «Ridder y el pisapapeles», «La primera nevada», «El embarcadero de la esquina», «Ausente por tiempo indefinido», «La solución». Por su parte, Área peligrosa resalta por su afición al fútbol, como en el cuento «Atiguibas», pero aquí el protagonista es un ídolo caído en desgracia. «Aparentemente es fácil de montar, no necesita de escenario, pero en realidad es difícil. Si no se monta bien, con buenos actores para crear un clima de ambigüedades, de equívocos, de inexistencias, la cosa se queda chata y superficial», declaró Ribeyro en 1988. La locura juega un rol importante aquí, como en los cuentos «Agua ramera», «Los predicadores», «Conversación en el parque».
El estilo realista anima a Ribeyro a reproducir en Atusparia el lenguaje de los indígenas con sus peculiaridades. «Así será, taita Granados. Mensaje llevo, comuneros vendrán», dice un rebelde. Sin embargo, eso no sucede con la esclava negra María, de Santiago, el pajarero. El autor emplea para ella un lenguaje estándar. Entre las autocríticas, Ribeyro señala que no hay mujeres en Atusparia. «Que no se interprete esto como un rasgo de misoginia. Sucede que, a juzgar por las fuentes consultadas, ninguna mujer desempeñó en esta revuelta un papel importante, en tanto que individuo». En una conversación con Alfredo Bryce Echenique, de 1986, dice acerca de la pieza teatral sobre el cacique ancashino: «Ese es un mal libro mío: lo sentí lejano». En Santiago, el pajarero, volviendo al tema de las mujeres, Rosaluz tiene un papel importante, aunque es una trepadora: no tiene escrúpulos para ascender socialmente. Lo mismo sucede con Dora, la esposa del arquitecto de Fin de semana.
Todas las obras fueron publicadas en libro —Teatro (1975), que reúne siete piezas, y Atusparia (1981)—, excepto Área peligrosa, que apareció en el número 1 de la revista La Casa de Cartón de Oxy, en 1993, en una edición en homenaje a Ribeyro. De todos los dramas, Santiago, el pajarero sigue siendo el predilecto. Tiene una historia interesante, diálogos ágiles, música y personajes históricos, como el virrey Amat y el escultor Baltazar Gavilán. Además, se ambienta en un periodo poco explorado como el de la Colonia. Cada cierto tiempo lo representan, siempre con bastante acogida. El primero en llevarlo a las tablas fue Hernando Cortés, a quien Ribeyro le dedicó su cuento «Al pie del acantilado» (1964) y que dirigió la primera representación de Atusparia. El autor lo calificó como su «director titular».

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