jueves, 20 de octubre de 2011

El juego de la Historia / Sobre "Cambio de guardia" (1976), de Ribeyro


Diez años después de terminada, Ribeyro publica Cambio de guardia (1976), escrita en París de 1964 a 1966, mientras era periodista en la agencia de noticias France-Presse. Su trabajo ahí —según refiere en su diario personal— era mecánico, agotador, pero bien remunerado. Al mencionar ese periodo, en setiembre de 1966, dice: «Para salir de la agencia tendría que escribir una buena obra, pero para escribir una buena obra tendría que salir de la agencia».
¿Por qué demoró tanto en editarla? Ribeyro aduce que la realidad que reflejaba la novela, poco después del término de su redacción, cambió rápidamente a causa del golpe de Estado de 1968, a cargo del general Juan Velasco Alvarado. La novela, anticlerical y antimilitarista, se encontró de pronto anacrónica, pues desde este nuevo régimen una parte del clero y del militarismo adoptó una ideología progresista contra la oligarquía nativa y el gran capital extranjero.
«Si la publico ahora es porque las sociedades tienden a veces a efectuar movimientos pendulares o circulares y en estas condiciones lo pasado puede ser lo futuro, lo presente lo olvidado y lo posible lo real», dice en la «Nota del autor», de 1976. El libro coincidió con otro «cambio de guardia». Es decir, un año antes, en 1975, el general Francisco Morales Bermúdez llegó al poder por la fuerza.
El narrador excluye fechas, pero es evidente que se inspira en el golpe de Estado de Manuel A. Odría. El libro trata de lo que ocurre meses antes de un golpe militar de derecha contra un gobierno civil democrático. Por su corte político se emparenta con Conversación en La Catedral (1969), de Mario Vargas Llosa, además por contar con periodistas, estudiantes universitarios, obreros, militares, prostitutas como personajes. También la historia de la pupila Ángela, de Cambio de guardia, quien termina en un prostíbulo, se asemeja a la de Bonifacia, de La Casa Verde (1966), también de Vargas Llosa.
El título original ilustra la intención del autor: El complot bisqueral. ¿Por qué ‘bisqueral’? Porque participan un obispo (monseñor Cáceres, quien —según el narrador— debido al carácter elevado de su rango «ya no fornica»), un banquero (Napoleón Barreola, director del Banco del Porvenir) y un general (Alejandro Chaparro, despótico, corrompido). En una conversación en el club Nacional, en la plaza San Martín, Jesús Barreola, hermano del banquero, dice acerca del presidente de la República: «A mala hora lo llevamos a Palacio. Y pensar que solo lo hicimos para que no salga el candidato Lozano. Total, que resultó peor. Las fuerzas vivas están decepcionadas». Por ello, deciden cambiar de mandatario. Una célebre frase del poeta Martín Adán («Hemos vuelto a la normalidad»), pronunciada tras enterarse de un golpe de Estado, se parafrasea en el texto 99. Otro nombre que barajó Ribeyro fue El mar, las islas. El título final se lo proporcionó un sobrino en una reunión familiar.
Cambio de guardia (1960) cuenta con ciento ochenta y seis breves textos distribuidos en trece capítulos. «Con excepción de Crónica de San Gabriel (1960), creo que las otras dos no son novelas novelas. Son novelas atípicas, que corresponden más a un temperamento de cuentista que de novelista», declaró el autor en 1987. El libro posee una gran cantidad de personajes, ninguno de los cuales puede identificarse con Ribeyro, por ello este lo calificó de «puramente cerebral» en una entrevista de 1983. Por otro lado, hay una aspiración de abarcar diversos estratos sociales, también escenarios, incluso hay pasajes que se desarrollan en Arequipa y Puno. Su estructura es compleja y exige al lector ordenar el rompecabezas. En el último texto, el narrador omnisciente dice: «Carlos suspira. Por la ventana divisa el mar, las islas. Así son ellos, así están todos, contiguos pero separados y al mismo tiempo unidos por las aguas calmas o bravías de la vida». En especial, hay seis grandes historias previas a un golpe de Estado:
1) Una acción terrorista: el banquero Napoleón Barreola, el mayor accionista de la fábrica de ladrillos El Vencedor, decide cerrar el negocio con el pretexto de quiebra para abrir otra con una nueva razón social en Chosica. Se liquidan a más de doscientos obreros, para contratar nuevo personal a salarios mínimos. Entre los nuevos desempleados se encuentra Fernando Manizales, ex capataz de la ladrillera, quien poco después consigue un empleo de guardián nocturno en el club miraflorino Hawai. En servicio, cierta noche, al estallar un petardo lanzado por estudiantes universitarios, pierde un ojo. Uno de los subversivos era su hijo, Héctor, estudiante de Derecho de la Universidad de San Marcos.
2) Una huelga: los liquidados de El Vencedor, encabezados por Alejo Saldívar y el negro Anacleto Luque, realizan protestas, huelgas de hambre e, incluso, un mitin en la plaza San Martín. El presidente de la República, después de conversar con los dirigentes, promete solucionar sus problemas laborales. Se decide que la fábrica se reabra mientras continúa el juicio. Pero cuando los obreros están dispuestos a trabajar, tras dos meses de huelga, los dueños de la ladrillera les niegan el ingreso a la fábrica: se ha producido un golpe de Estado.
3) Un crimen sádico: Pipo, hijo del diputado Pedro Primo, de la Unión Socialista, es llevado con engaños por el policía Felipe, a quien consideraba su amigo, a la playa de La Pampilla, en Miraflores. Poco después, el niño es encontrado muerto, luego de una violación sexual. Sin embargo, la Policía captura al negro Luque, dirigente sindical de El Vencedor.
4) ¿Un asesinato político?: el congresista Pedro Primo había sido acusado por la revista Frente de «haber recibido dinero de una empresa extranjera [la fábrica de máquinas de escribir Olimpo] para imponer un producto en una licitación pública» en la Cámara de Diputados. El director de esa revista, César Alva, quien apoya a los obreros de la ladrillera y quien tenía una amante casada con un prefecto, es asesinado misteriosamente. Recibe dos tiros en la cabeza de un tipo que huye.
5) Un peculado: en Puno, en los Andes, una terrible sequía castiga la zona. Las donaciones que llegan de Estados Unidos (toneladas de trigo, leche en polvo, medicinas, ropa y frazadas) son negociadas por César Vaca, jefe de la aduana de Mollendo, con la complicidad del prefecto Sánchez, jefe de la Comisión de Reparto. El doctor Marel aprovecha la ocasión para comprar seis mil toneladas de trigo.
6) ¿Un embarazo?: cerca de Ancón, el sacerdote Sebastián Narro tiene a su cargo el albergue Martín de Porres para unas ochenta huérfanas. Una de ellas, Dorita Morales, le dice a la asistenta social Teresa Paz, pareja del hijo del general Alejandro Chaparro, que su compañera Ángela está embarazada del padre Narro, pero este recibe el respaldo del obispo, monseñor Cáceres, declarado anticomunista.
Una de las ideas de Ribeyro era enlazar personajes disímiles. Un caso emblemático es cuando el hijo del capataz de la ladrillera, debido a las protestas callejeras, integra una comisión que dialoga con el presidente de la República en el Palacio de Gobierno. Otro pensamiento que se quiere transmitir es que las cosas están gobernadas por el azar, el cual —según un personaje— es un «viejo demonio tan presente y tan menospreciado por los racionalistas». Por ejemplo, el negro Luque es acusado de violar y asesinar a un niño solo porque un vendedor ambulante lo vio por la escena del crimen. ¿Qué habría sucedido si no hubiera caminado por ahí? Sin embargo, ese encuentro fortuito motivó que lo inculparan de un hecho terrible. Por último, se trata de señalar que es difícil conocer la verdad en determinadas circunstancias. ¿Fue Felipe el asesino? Por otro lado, ¿el director de la revista Frente recibió dos balazos que acabaron con su vida por una cuestión política o por un asunto de faldas? ¿Las huérfanas del albergue eran abusadas sexualmente por el padre Narro o eran unas histéricas?
Cuando un tipo entra en un prostíbulo, que era regentado por doña Perla y que ahora está a cargo de Estrella, hay un guiño al lector, pues estos son personajes de la anterior novela de Ribeyro: Los geniecillos dominicales (1965). Por otro lado, hay que lamentar una descripción con tinte racista por parte del narrador en el texto 62: «Alva queda pensativo. No se puede decir que sea un hombre guapo, más bien sus facciones son toscas, a causa de un lejano origen negroide». Además, en la parte final del libro se dice que el director de Frente es Javier Alva cuando todo el tiempo se le conocía como César Alva. El jefe de la Comisión de Reparto se apellida Sancho y luego Sánchez. El diputado de la Unión Socialista se llama Pedro Primo y más tarde Orlando Primo. Estos descuidos confunden al lector en esa maraña de historias.
Ribeyro calificó esta novela de inferior en comparación con las dos anteriores, pese a que algunos de sus amigos tenían una opinión contraria. No obstante, como pocos libros ofrece una mirada penetrante acerca de los hilos que conducen el país. Los gobiernos democráticos en el Perú, por desgracia, no siempre tuvieron continuidad.

No hay comentarios.: