3 de diciembre de 2012

Entrevista a Abelardo Sánchez León



Entrevista a Abelardo Sánchez León*

Abelardo Sánchez León acaba de publicar en España su sétimo poemario Oh, túnel de La Herradura. Afirma que nuestra literatura vive con una contradicción, con muchas publicaciones en un mercado tan pequeño. A fin de año debe aparecer su segunda novela: La soledad del narrador.

 ¿De qué manera se contacta contigo la importante editorial Visor de España?
—Gracias al azar y a mi amigo Alfredo Bryce Echenique, quien, para devolverme el amor a la vida, después de unas penas profundas, consideró oportuno que Oh, túnel de La Herradura, sea publicado en España.
Tu poesía siempre tiene un lado coloquial y existencial, según la opinión de los críticos. ¿Consideras esto válido?
—Lo coloquial ha ido desapareciendo y lo existencial ha ido aumentando. Creo que lo coloquial respondió a los años 70. Fue algo común en poetas como Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz, Elqui Burgos.
¿No crees que es algo curioso que en tu poesía asumas un corte dramático cuando tu carácter tiene todo lo contrario?
—Creo que mi voz poética aparece en muchos casos de manera tenebrosa. En todo caso, prefiero el carácter de tipo bonachón, de gordito buena gente.
La soledad es uno de los asuntos que abordas en tu nuevo libro. «Estoy tan solo / que sabré muy bien lo que será / cuando esté solo con la soledad de verdad: / nadie con quien estar / nadie a quien interesar». ¿Cómo sientes este tema en tu poesía?
—El tema de la soledad es, para mí, un asunto inconsciente. Nadie se da cuenta de que está solo hasta que verdaderamente lo siente. Hay distintas soledades. Una soledad con la familia, una soledad con amigos, una soledad con uno mismo. La verdadera soledad que dicen esos versos es la que no se desea, y es la que lo amenaza a uno constantemente.
Perteneces a la Generación del 70, sin haber integrado un grupo literario. ¿Cómo te ubicas en ese ambiente literario?
—Para mí es algo intransferible. Nos iniciábamos en la vida, en la literatura, en el descubrimiento de la ciudad de Lima. Es una generación variada. Distintas procedencias, distintos colegios, distintas infancias. Pero todos con la misma edad, en un mismo Perú de cambios, de transformaciones, donde se cuestionaba la participación de los intelectuales. Ese es el momento en el que ingreso a la vida literaria. Los grupos son secundarios, son ramas de un mismo movimiento, que es la amistad.
¿Crees que tu visión de Lima tiene relación con tus estudios de Sociología en la Universidad Católica?
—Creo que la sociología influye tanto en mi poesía como en mis textos narrativos. Aunque todavía no tengo la convicción de ser novelista. Me veo más como un escritor pasando de un género a otro. Creo en los géneros, pero me parecen que no son casilleros. Pienso que, en la narración, la sociología es como una ventana que le permite a uno ver de una manera distinta las cosas. El peligro sería hacer sociología y no literatura. Cosa que creo no haber hecho.
¿Es cierto que tienes una novela terminada y que esperas publicarla pronto?
—Es verdad. Es una novela que la he escrito con cariño. Creo que uno escribe con amor, que es para mí el mejor sentimiento. Es una novela distinta. En estos días la tiene Germán Coronado, de la editorial Peisa. Se titula La soledad del nadador. En pocas palabras, es el aferrarse a la vida a través del símbolo del agua. Se desarrolla en la Lima de nuestros días. Pero la ciudad no tiene tanta presencia como en mi primera novela Por la puerta falsa (1991). Es una obra que se sustenta en el protagonista.
Se sabe, por otro lado, que eres hincha de Alianza Lima. ¿Cómo sientes la frustración de que tu equipo no campeone hace 17 años?
—Tengo una frustración muy grande por el fútbol peruano. Pero soy consciente de que este deporte —como dicen todos— no es más que la expresión de lo que somos: posibles de ser. Alianza Lima es para mí un estado de ánimo. Es como una mujer a quien se quiere más allá de su belleza. Es una relación por encima del bien y del mal, como debe ser. El aliancista está más allá del bien y del mal.
Por último, ¿cómo observas el estado de la literatura peruana actual? En estos momentos hay una cantidad increíble de publicaciones.
—Creo que nuestro país es tremendamente creativo. Estamos en la época de la cosecha. Hay escritores que vienen de generaciones antiguas, como Miguel Gutiérrez. Pero me pregunto si la literatura peruana es capaz de trascender nuestras fronteras. ¿Lo que escribimos es solo para un mercado local? Reconozco que no tenemos distribuidores ni editoriales. La literatura peruana se encuentra en una contradicción: hay muchas publicaciones, pero en un mercado muy pequeño.


* Publicado como «La nueva cosecha del poeta», en la sección C, del diario El Sol, Lima, 9 de abril de 1996, página 7.

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