9 de enero de 2013

Entrevista a Hernando de Soto




Entrevista a Hernando de Soto (2006)*

El otro sendero (1986), el primer libro del economista Hernando de Soto, es una defensa de los marginales, una respuesta a la subversión. El planteamiento de esta obra —traducida a varios idiomas— aún es de interés para países en vías de desarrollo como el nuestro, de gran movimiento en la economía informal en los sectores de vivienda, comercio y transporte. La siguiente conversación se centra en este ensayo que celebra dos décadas de su aparición.

¿Cómo nació la idea de escribir El otro sendero, convertido en un clásico 20 años después?
—Pasé mi infancia en el Viejo Continente porque mis padres habían sido exiliados. Entonces no distinguí la diferencia entre el Perú y Europa. Solo a los 16 o 17 años me di cuenta de que el Perú es un país pobre. Cuando vengo a vivir nuevamente aquí, después de pasar fuera casi 39 años, comienzo a notar que toda esa gente tomaba iniciativas, creaba pequeñas compañías, se las ingeniaba para sobrevivir, con una capacidad que no veía en los europeos. Todo peruano, en el fondo, cuando habla de «cachuelearse» está hablando de su capacidad empresarial. No comprendía por qué esto no creaba riqueza. Por otro lado, yo manejaba una empresa con 1.200 ingenieros en Europa y nunca vi tantos abogados como aquí. Aquí todo era un problema. Esos dos temas, la extralegalidad y el derecho, me fascinaron. Durante tres años recorrí todo el sector informal limeño y de otras ciudades del Perú. Se lo comenté a Mario Vargas Llosa, entonces mi amigo, quien me dijo: «Tienes una idea completa de lo que está ocurriendo. ¿Sabes? Aquí hay un libro y deberías escribirlo». Nunca lo había pensado, porque creí que se requería de ciertas cualidades. Pero ya que me lo decía un gran escritor era un aliciente. Entonces, hay tres etapas: la curiosidad, la investigación y el aliento de varias personas. De allí nace El otro sendero.
¿Cuánto tiempo le demandó la redacción y qué dificultades tuvo?
—En 1979 organicé un simposio en Lima con la participación del economista austriaco Friedrich August von Hayek. Ahí presento a los informales como los grandes empresarios del Perú. Recuerdo que Hayek y Milton Friedman me alentaron muchísimo, porque creían que era sumamente original. Ellos, Jean-François Revel y varios intelectuales invitados me animaron a escribir el libro. Empiezo a organizar mis notas a partir de 1979 y comienzo a trabajar sistemáticamente desde 1984 y le dedico todas las mañanas al libro.
En el prólogo que acompaña las primeras ediciones, Mario Vargas Llosa lanza un elogio encendido: «A veces los economistas cuentan mejores historias que los novelistas. La que refiere Hernando de Soto es una de esas».
—Cuando comencé el libro, ya tenía el título en mi cabeza. Algunos expertos en seguridad me dijeron que si me decidía por ese nombre, Sendero Luminoso me aniquilaría. Para no meterme con ellos, pensé en El sendero de liberación. Pero me sentí cobarde y volví al nombre original. Trago saliva y tomo medidas de protección. Fue una difícil decisión. El título es preciso, pero me hizo bastante vulnerable: Sendero me persiguió y bombardeó mis oficinas.
¿Cuál es la tesis central del libro?
—La idea es que una gran mayoría de los peruanos trabaja al margen de la ley. Esto no es porque tengan vocación por ser marginales sino porque la ley es muy mala. El libro explica cómo los informales han creado sus propias normas, lo que expresa su apego al orden. Además, señala cómo es el derecho peruano y por qué la institucionalidad peruana es tan ineficiente. Todo eso se puede resolver con buenas organizaciones institucionales, con un sistema político de la producción del derecho.
Para ello, analiza diversos aspectos del sector informal: la vivienda, el comercio y el transporte. ¿Por qué se centró en esos temas?
—Porque son los sectores más visibles. En vivienda informal en el Perú hay casi 80 mil millones de dólares. Es decir, cincuenta veces más inversión que en el gas de Camisea. Aquí quien ha edificado su casa informalmente eran siete u ocho de cada diez. En segundo lugar se encuentra el comercio ambulatorio. De que haya comprado comida en la calle eran seis de cada diez. El otro aspecto es el transporte, el cual caracteriza la calle peruana. De que era transportado por un microbús ilegal eran más o menos siete de cada diez. Con eso iba tocando a todos. Si hubiese investigado sectores como pesca o coca, habría tocado menos gente.
¿Algún comentario acerca del libro le llamó la atención?
—El crítico Antonio Cornejo Polar dijo que El otro sendero era el mayor reto que jamás había recibido la izquierda peruana. Recibí también comentarios negativos, pero eso fue rápidamente compensado por el hecho de que el libro fue solicitado por las editoriales extranjeras, pese a que estaba escrito solamente para el Perú. Al año de haberlo publicado aquí, ya estaba impreso y distribuido en todos los países de América Latina. Diría que el 97 por ciento de los comentarios fue muy favorable. El libro ya es un clásico.
¿Hay algo que modificaría del libro?
—Tal vez empezaría con la segunda mitad de la obra, que tiene que ver con la teoría. La tesis de por qué hay extralegalidad y por qué el derecho es tan importante, cuáles son los impactos económicos del derecho y de qué manera la historia de Occidente es realmente la historia del Perú hoy. Todo esto lo hubiese puesto al principio. Y hubiese puesto al final el análisis de los tres casos: vivienda, comercio y transporte al final, quizá en un anexo, porque no a todo el mundo le interesa. Pero entonces, en 1986, la mayor parte de la gente creía que los pobres del Perú no eran empresarios, no pertenecían al sector privado. Por eso, en ese momento, me pareció resaltar esa evidencia y luego pasar la teoría en la segunda parte. Me encantaría, si alguna vez tenga tiempo, rehacer el libro para comenzar con la teoría y terminar con los ejemplos, porque creo que el lector ya no necesita en detalle todos los ejemplos que están al inicio del libro.
¿Cómo se ubica El otro sendero en el pensamiento liberal en el Perú? ¿Hay una tradición del liberalismo en el Perú?
—No pienso en términos ideológicos. Creo en una economía de mercado y en la libertad, pero más que nada en los hechos. Jamás los liberales peruanos identificaron a los más pobres como los primeros sujetos del liberalismo. No me identifico con el liberalismo de las élites peruanas.
¿Ha leído a José Carlos Mariátegui? ¿A los autores de la izquierda peruana?
—Sí, claro. He leído a Mariátegui, Carlos Malpica, José Matos Mar. A una buena parte de ellos, sobre todo de esos tiempos.
Supongo que no comparte la tesis de esos autores. ¿Influyó mucho eso en su libro?
—La dedicatoria de la primera edición de El otro sendero dice: «...A mis amigos izquierdistas, cuyos ideales comparto, con la esperanza de que coincidamos también en los medios para alcanzarlos». Pensé que ellos le iban a dar la bienvenida: «Miren, qué buena noticia, los pobres no solo son explotados sino también tienen los recursos y las habilidades para superarse si solo cambiamos las instituciones». Además, una parte del libro es un ataque a la derecha mercantilista peruana. Dicho sea de paso, entonces, el 70 por ciento de los muchachos que trabajaban en el Instituto Libertad y Democracia (ILD) votaba por la izquierda. Sin embargo, después de haber escrito el libro, comencé a recibir apoyos enormes de la prensa liberal del mundo y, en recientes años, una serie de grandes premios liberales. Pero no arranqué con una defensa al liberalismo, sino a los marginados, y, eso sí, la creencia a favor de la economía de mercado. Hoy es difícil encontrar a un líder comunista en Europa que no crea en la economía de mercado. Mi preocupación no era la ideología liberal.
Sospecho que los gobernantes leyeron El otro sendero, lo discutieron, lo anotaron en su agenda.
—El primer efecto ocurrió en la legislación. Hoy en día, ella es mucho más amable con los pobres. Se habla de microcrédito, de Mega Plaza, de la gesta empresarial de tantos peruanos y no del proletariado oprimido. El libro ha demostrado que sí hay una enorme corriente empresarial de pequeños empresarios. Aparte hemos sentado más de 187 normas que han cambiado al Perú, desde la titulación hasta la facilidad de conseguir pasaporte. Hemos creado el sistema de defensor del Pueblo. Entonces ha tenido muchos efectos a favor de los marginados, sea en el gobierno de García, de Fujimori o, en algunos casos, de Toledo.


* Publicado como «Las dos décadas de El otro sendero», en el suplemento «El Dominical», del diario El Comercio, Lima, 24 de diciembre de 2006, páginas 6-7.

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