9 de enero de 2013

Entrevista a Lucho Barrios



Entrevista a Lucho Barrios (2001)*

El máximo exponente del bolero peruano, Lucho Barrios (Callao, 1935), se encuentra de gira por Estados Unidos, que incluye a las ciudades de Miami y Nueva York, donde reside hace 12 años. Por otro lado, acaba de lanzar dos álbumes En el nuevo milenio (boleros) y Amigo guitarrista (valses criollos), motivos suficientes para conversar con una figura representativa de nuestra música.
Lo encuentro en una peña de la avenida del Ejército, Miraflores, muy cerca al mar, al final de la tarde. Me saluda con una sonrisa, un apretón de manos, y tomamos asiento para empezar.
A las canciones que usted interpreta se les denominan cebolleras o boleros cantineros. ¿No le parecen despectivos estos calificativos?
—El término ‘cebollero’ fue inventado en Chile. Significaba algo de mal gusto. Después se dijo que se refería a la música desgarradora, melodramática y, como una cebolla partida, lacrimógena. Pero el tango con Carlos Gardel, la ranchera con Pedro Infante y el vals con Los Embajadores Criollos son también cebolleros. Es una expresión popular de América Latina.
A usted se le relaciona también con el bolero cantinero. En una oportunidad reclamó que las empresas cerveceras le rindieran homenaje por la cantidad de licor que la gente bebe con sus canciones.
(Risas). Es una simple broma... Mira, eso de cantinero... Mmm, a Julio Iglesias se le escucha también en los bares. Además, mi música no solo trata sobre gente que bebe licor. Tengo canciones —como «Mi niña bonita», de Pablo del Río, dedicada al amor filial— que no se relacionan con el trago. «Mi viejo», del argentino Piero, por ejemplo, tiene que ver con el amor al padre. Toda mi música —creo— está dedicada al amor.
Cuando en «Cruel condena» canta: «quiero en la cantina matar mi pena, / matarme yo» o en «Amor gitano» dice: «toma ese puñal / ábreme las venas / quiero desangrarme / hasta que me muera», ¿no le parece exageradamente desgarrador?
—Este último tema lo interpretó antes que yo José Feliciano. ¿Por qué a él no le dicen lo mismo? El bolero tiene muchas dimensiones. Es tierno, desgarrador, habla de puñaladas, de «cuernos», de traiciones, de mentiras, pero también habla del viejo, del retrato de mamá, de las quejas de una madre. Es decir, de cosas de la vida.
No me podrá negar que ha llorado con alguna canción que interpreta.
—Es verdad.
¿Con cuál?
—No lo pienso decir... Tuvo que ver con determinado momento... Todos tenemos momentos difíciles.

Primeras grabaciones. Antes de alcanzar la fama, Lucho Barrios quería ser cantante lírico. Su ilusión era seguirle los pasos al tenor peruano Luis Alva. Así, estudió en la Escuela Nacional de Ópera, pero la abandonó por razones económicas.
Más tarde incursionó en el huaino con el nombre artístico de El Tenor Amauta. Durante año y medio cantó en coliseos vestido de morochuco ayacuchano. Luego probó suerte en el vals criollo. Con Francisco Paco Maceda y Modesto Pastor, formó el trío Los Incas, que solo tuvo seis meses de vida.
En 1956, como solista, participó en el concurso La Escalera del Triunfo, en que logró el tercer lugar entre más de 1.200 participantes. Ese año grabó su primer disco, el vals «Trokimoki».
En 1957 viaja a Ecuador, donde se editaron decenas de temas en este género hasta que, dos años más tarde, incursionó en el bolero.
Precisamente en este país vecino escuchó por primera vez «Marabú», tema emblemático de su repertorio, que grabó en los estudios MAG (Marco Antonio Guerrero), de Lima, con los arreglos de Chalo Reyes y Cato Caballero.
Marabú es un ave parecida a la cigüeña, pero para el intérprete tiene un significado cabalístico porque lo consagró como bolerista. Lo curioso es que en toda la canción no se pronuncia en ningún momento esa palabra.
«Adiós, ya me quedo sin ti
y así para qué más vivir.
Sin ti no podré luchar más luchar. 
Sin ti para qué resistir».
Luego siguieron otras canciones. Una de ellas, «Cruel condena», de Ángel Cabrejos, grabado en Lima, es considerado el primer bolero con aires andinos.
«Me engañas, mujer», del peruano Juan Ruiz, es otro de sus éxitos. «Lo grabé en 1960, pero en 1980 alguien en México le reclamó la autoría y le ganó el juicio», recuerda Lucho Barrios.

¿No siente cierta desazón el haber sido tratado mejor en Ecuador y en Chile que en su país?
—Hay que pagar el noviciado. Dicen que nadie es profeta en su tierra.
Son países vecinos con los que tuvimos problemas territoriales.
—Los he conquistado con música, con amor. Mi música integra los pueblos.
¿Qué piensa de ese rencor absurdo y centenario que tienen algunos peruanos contra los chilenos por lo de la Guerra del Pacífico?
—El arte no tiene fronteras. La OEA [Organización de Estados Americanos] me entregó en 1988 una placa de reconocimiento por difundir nuestra música y por buscar la integración espiritual de los pueblos.
El 15 de noviembre de 1987 tuvo un recital inolvidable en el prestigioso teatro Olympia de París, donde se han presentado figuras como Édith Piaf, Frank Sinatra y los Beatles. ¿Ha tenido luego un concierto equiparable?
—No. El Olympia de París es lo máximo, es el Everest.
Sin embargo, es una pena que no lo inviten al Festival de Viña del Mar, en Chile. ¿Es cierto que Antonio Vodánovic, el conductor de ese certamen, se opone a su actuación?
—Hay rumores, no me consta. Sin embargo, han ido imitadores míos a cantar boleros, como el chileno Douglas o el colombiano Charlie Zaa, quien interpretó «La joya del Pacífico». Toda la gente se lo sabía por mí. Físicamente nunca estoy presente, pero mi música sí.
Sus críticos aseguran que su último gran éxito lo tuvo hace mucho tiempo.
—Tengo tantos grandes éxitos que no existe el último. Sintoniza las radios y te darás cuenta de que mis boleros se escuchan desde las cinco de la mañana, en más de veinte emisoras. El año pasado en Radiomar AM, donde difunden música del recuerdo, mediante votación popular, escogieron «Marabú» como la canción más escuchada del año y me eligieron el bolerista del milenio. Le gané a Javier Solís, a todos.
Usted ha decidido terminar su carrera cuando cumpla los cincuenta años de vida profesional, ¿por qué tomó esa decisión tan radical?
—Cuando cumpla cincuenta años en el mundo de la música, dentro de cinco años, grabaré una última canción. Ojalá tenga voz todavía. Luego haré una gira por todos los países que he recorrido, que durará un año. Me despediré de mi público. Después decidiré dónde me iré a vivir: en el Perú o en Estados Unidos. De vez en cuando me daré una escapadita por Chile y Ecuador. Mi ilusión es seguir cantando, no tengo otra ambición. Nada más, y que Dios me dé salud.


* Publicado como «Mi música integra los pueblos», en el diario El Peruano, Lima, 16 de mayo de 2001, página 27.

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