4 de agosto de 2014

Entrevista a Gian Marco


Poco antes del lanzamiento del disco A tiempo (2002), producido por el cubano Emilio Estefan, Gian Marco se confiesa en el intermedio de un recital.

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Miro de reojo al auditorio de La Estación de Barranco: está repleto. En su mayoría de admiradoras. Gian Marco, el baladista peruano más exitoso, no llega aún. El concierto debería empezar ya. Me pregunto si podré entrevistarlo antes del recital. El cantautor se aparece al fin. Me pide que, por favor, posterguemos la cita para el intermedio.
Minutos después sale al escenario. Sus seguidoras lo reciben con gritos de alegría, se escuchan los primeros acordes y comienza el espectáculo. Una hora más tarde, bañado de aplausos, ingresa en el camerino cubierto con una bata. Me hace pasar, nos sentamos en un sofá, enciendo la grabadora e iniciamos la conversación.
En 1990, la versión en pop que hiciste de «Domitila», chachachá interpretado cuatro décadas antes por el cubano Rolando Laserie, te hizo famoso. En cierta oportunidad confesaste que la letra de esta canción es estúpida. ¿Por qué no sientes cariño por este tema?
—Le tengo mucho cariño. Lo que pasa es que cuando empecé mi carrera, para inmiscuirme en el mercado, había que pagar derecho de piso. De repente era difícil interpretar canciones con letras profundas. Antes de grabarla cultivaba nueva trova, temas para pensar. El derecho de piso que pagué fue «Domitila».

Disco Entre la arena y la luna (1994), que contiene «No puedo amarte», «¿Dónde estarás?» y «Parte de este juego».

«Canción de amor» es una balada que gozó de mucha acogida. Fue lanzada en 1992, en momentos muy difíciles para el país. ¿Crees que el Perú, que en aquellos años sufría de violencia política, necesitaba de una canción de amor?
—Las canciones logran el éxito por su propio peso. No la hice por la situación política, sino porque me nacía. La acogida que obtuvo se debió a la sensibilidad que emana y porque es sencilla. Recuerdo que la compuse en media hora. Es la que menos tiempo me ha demandado.
En «Parte de este juego» refieres que el amor es un sentimiento difícil de sobrellevar. ¿Has padecido el tipo de decepción amorosa que trata esta balada?
—Sí, por supuesto. El amor, por desgracia, a veces se acaba. Esa canción la hice cuando tenía 20 años. En esa oportunidad me pareció que el final de una relación de enamorados es parte de un juego. Ahora pienso distinto, me casé.
«Te extrañaré», «Dos historias», «No puedo amarte», «¿Dónde estarás?» y «Parte de este juego» son algunas de tus baladas más exitosas. Para muchos compositores, las penas enriquecen sus experiencias. ¿Ocurre lo mismo contigo?
—Cuando uno compone, mezcla historias. La gente nunca sabrá si eso me pasa o no. Pero, definitivamente, utilizo las experiencias de las personas y las mías para crear. Tal vez por eso las canciones logran el éxito, porque la gente se identifica con ellas.

Disco Señora, cuénteme (1996), que contiene «Jamás impedirás».

En Señora, cuénteme (1996), tu cuarto disco, te internas en la música criolla con la intención de emular al cantante mexicano Luis Miguel (baladista que incursionó con mucho éxito en el bolero), pero en otro género: el vals criollo. Sin embargo, la acogida no fue la esperada. ¿Te afectó mucho que las canciones de este disco no sonaran en las radios?
—¿En qué emisora se escucha música criolla? En ninguna, salvo en Radio Nacional o Telestereo 88, donde Javier Luna conduce un programa. Señora, cuénteme es un disco para coleccionistas. Abrigaba la esperanza de que suene en la radio, pero, por desgracia, no fue así. Aunque «Jamás impedirás» se difundió en Radio Panamericana. Lamentablemente, seguimos sin apoyar a nuestra música. Es patético.
Después del vals criollo, ¿hay algún género que te interese grabar que no sea balada o pop? En tus inicios, como recordaste hace un momento, interpretabas nueva trova en pequeños locales de Barranco.
—Me gustaría grabar música ayacuchana con algo del estilo del grupo chileno Illapu. Todavía no lo he intentado. Es un proyecto personal en el que me involucraré muchísimo más.

Disco Al quinto día (1997), que contiene «Sé que piensas en mí».

En 1997 aparece Al quinto día, disco que —según confesaste— tiene un significado relacionado con el origen bíblico del agua. ¿Qué experiencias personales te llevaron a aproximarte a Dios?
—Me di cuenta de que cada uno de mis trabajos me permitía crecer como ser humano y como músico. De pronto me encuentro con que grabaría mi quinto disco y —para expresar mi amor al agua, al mar y a los peces—, simplemente, lo titulé Al quinto día. Confieso que no soy practicante.



Disco A tiempo (2002), que contiene «Se me olvidó», «Al otro lado de la luna» y «Te mentiría».

A tiempo (2002) es el título de tu próximo disco. Has anunciado que de los 12 temas que contiene, seis son baladas y el resto, pop bailables. ¿No es arriesgado grabar canciones de este género, en el proyecto más ambicioso de tu carrera, cuando has aceptado que la balada es el tipo de música en el que mejor destacas?
—Incursiono en un mercado donde aún no me conocen. Entonces, puedo arriesgar. No es una exigencia de la disquera, sino una decisión mía.
El baladista mexicano Emmanuel incluye temas tuyos en su reciente producción, Sentirme vivo (1999). ¿En qué medida te abrió las puertas participar como compositor de este disco?
—En muchas, porque es el inicio de un periodo importante de mi vida. A la larga, mi futuro está en la composición. Esta solicitud llegó hace dos años, más o menos... (Alguien toca la puerta y llama al cantante, quien mira preocupado un reloj de pared). Disculpa, tengo que cantar.

(La segunda parte del espectáculo está por comenzar).




* Publicado como «Mi futuro está en las composiciones», en el diario El Peruano, Lima, 10 de enero de 2001, página 27.

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