25 de noviembre de 2015

Comentario 12: La carretera (2006) | Cormac McCarthy

En busca del fuego

Edición estadounidense. Vintage Books, 2006.

La carretera (The Road, 2006), del estadounidense Cormac McCarthy, ofrece un mundo devastado en un futuro próximo. Una historia después de la muerte de la civilización. Los protagonistas, un hombre y su hijo, viajan al sur en busca de un mejor clima. Es lo único que les queda.
¿Qué causó la destrucción? ¿Un ataque nuclear? ¿Un conflicto entre países? ¿Cuántas personas quedan vivas en todo el mundo? ¿Qué evitó la muerte de algunos? Eso no se dice en el libro y tampoco importa mucho. Por ahí hay una pista débil: un personaje secundario lleva un traje especial contra algún peligro biológico. Además, el padre y su hijo respiran a través de mascarillas. ¿Acaso para evitar llevar a sus pulmones la ceniza tóxica que domina el ambiente? Sin embargo, el padre tose con frecuencia.

Ediciones en portugués, alemán, italiano y castellano.

El asunto transcurre por otro cauce. El tema central es cómo se comporta la gente en situaciones de desastre, de carestía, de amenaza constante. Así, el único deseo es sobrevivir a toda costa. El padre cree que en el sur encontrarán un mejor clima, pues soportan —según el narrador— «un frío como para agrietar las piedras». Durante el trayecto, se guían de la carretera, símbolo de una civilización destruida.
Cierto día los relojes se detuvieron, la corriente eléctrica se fue para nunca volver, una luz atravesó el cielo y varios temblores se sucedieron. La destrucción fue casi total. Ciudades incendiadas, coches carbonizados, cadáveres a la intemperie. A partir de entonces una luz mezquina pasaba por día y la noción del tiempo desapareció.
Desde la primera línea de La carretera se mencionan dos características del entorno reinante tras la hecatombe: frío y oscuridad. En 2007, esta novela de ciencia ficción fue considerada como uno de los más importantes libros que alertan sobre la destrucción del planeta. Al año siguiente McCarthy fue incluido, por el diario británico The Guardian, en una lista de cincuenta personas que podrían salvar el mundo. La obra, es cierto, nos motiva a apreciar mejor la naturaleza.
Muchas escenas son propias de la primera parte de la Divina Comedia (Divina Commedia, hacia 1303-1321), del florentino Dante Alighieri, en que el protagonista, acompañado por el poeta latino Virgilio, atraviesa el Infierno. En la novela de McCarthy unas líneas dicen: «Un kilómetro más adelante empezaron a ver a los muertos. Figuras medio atascadas en el asfalto, agarradas a sí mismas, las bocas aullantes». Más adelante, el padre y su hijo encuentran un bebé carbonizado, sin cabeza y destripado.
En cuanto a los diálogos, estos carecen de comillas y guiones. A veces aparecen en medio de una descripción. En otras ocasiones, separados por un punto aparte. Sin embargo, al lector no le es difícil identificar quién habla.
Todo el libro se estructura en el viaje del «hombre» y del «chico» al sur. En esas circunstancias, ningún personaje aparece con nombre y apellido. ¿Por qué? Tal vez el narrador quiera subrayar la deshumanización, la ausencia, el despojo. La gente ha perdido todo, hasta el derecho a ser llamado por su nombre.
  
Viggo Mortensen (el «hombre») y Kodi Smit-McPhee (el «chico») en la adaptación de la novela, estrenada en 2009.


La narración es lineal, con algunos flashbacks, como el del abandono de la madre después del nacimiento del «chico». «No somos supervivientes. Esto es una película de terror y nosotros somos muertos andantes», dijo ella antes de desaparecer. La madre creía que tarde o temprano los cazarían y los matarían. A ella y al pequeño los violarían y, después, los comerían.
Esta es también una novela de amor paternal. El padre sortea cientos de obstáculos para que su hijo sobreviva. Le entrega todo a su alcance y le enseña a diferenciar el bien del mal, le inculca valores. Lleva «el fuego», es decir, la bondad.
Muchas veces perdona los descuidos del pequeño y se los atribuye. Le adiestra a sobrevivir con inteligencia, coraje y paciencia. Lo prepara para cuando ya no esté. Es el ángel guardián del niño, por quien se desvela, en detrimento de su salud. «Mi deber es cuidar de ti. Dios me asignó esa tarea. Mataré a cualquiera que te ponga la mano encima», le dice al «chico».
La novela muestra a la vez una desesperanza mayúscula. Un viejo, al que encuentran en el camino, dice: «Dios no existe y nosotros somos sus profetas». Más adelante agrega: «Las cosas mejorarán cuando todo el mundo haya desaparecido». Sin embargo, el padre y su hijo, esqueléticos, harapientos e inmundos, cargando mochilas y con un carrito de supermercado, avanzan hacia el sur en penosa marcha. El final del libro es muy conmovedor, para derramar lágrimas. Una novela estupenda.
  
Cormac McCarthy (AP).


La frase:
PROMESA. «Si no cumples una promesa pequeña, tampoco cumplirás una grande» (La carretera, Cormac McCarthy).

No hay comentarios.: