2 de diciembre de 2015

Comentario 1: Si una noche de invierno un viajero (1979) | Italo Calvino

El lector como protagonista

Edición italiana.

Si una noche de invierno un viajero (Se una notte d’inverno un viaggiatore, 1979), novela de Italo Calvino, nos entrega, por un lado, la historia de una persona que busca terminar la lectura de un libro y que, por distintas razones, lee el inicio de diez obras diferentes. Por otro, reproduce estos capítulos incompletos, de lo que resulta una parodia de las corrientes literarias contemporáneas.
Desde el comienzo, el autor invita al lector a jugar con él: «Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto».
La obra se dirige casi íntegramente a un genérico «tú» masculino, a un personaje anónimo nombrado simplemente como «el Lector». En el segundo capítulo aparece ante este, rodeada de estantes en una librería, Ludmilla Vipiteno, de ojos grandes y cabellos ondulados, mencionada en varias ocasiones como «la Lectora».
A las novelas que «el Lector» devora se superpone una historia de amor con Ludmilla, a quien, en un quiebre, el autor se dirige en unas cuantas páginas. Ello sucede cuando nuestro protagonista visita el departamento de «la Lectora».
Al ser seducido por una agente del servicio secreto de un imaginario país sudamericano, «el Lector» deja de lado su pasividad a tal punto que el autor pierde el control sobre él. Por eso el reproche: «Eres el protagonista absoluto de este libro, de acuerdo, pero ¿crees que eso te da derecho a tener relaciones carnales con todos los personajes femeninos?».

Ediciones en francés, alemán, inglés y castellano.

Los escenarios que recorre «el Lector» están íntimamente ligados a los libros. Aparte de la librería mencionada, aparecen la universidad, la editorial y la biblioteca de una innominada ciudad. En el trayecto dos personajes adquieren relevancia: el traductor mitómano Ermes Marana y el viejo novelista irlandés Silas Flannery.
Alcanzar un estilo inconfundible es uno de los mayores logros para un autor. Lo cierto es que Calvino, escritor italiano que cambia mucho de un libro a otro, tiene un acento fácil de reconocer. Posee una preocupación social (por eso en nuestra novela no resulta extraña la presencia de gobiernos amenazados por revolucionarios) y un toque fantástico (aquella máquina lectora en el país imaginario de Ataguitania es solo un ejemplo).
Ermes Marana es el más inquietante de los personajes. Tal vez porque se habla mucho acerca de él, aunque nunca aparece. Arkadian Porphyritch, el director general de los Archivos de la Policía de Ataguitania, lo compara con el ilusionista italiano Alessandro Cagliostro, quien estuvo vinculado a intrigas políticas durante la Revolución francesa.
Las acciones de Marana no tienen como resorte el dinero ni la fama, sino el amor al juego. Al principio lo hacía por los celos que le provocaba una joven, a quien veía en todas sus fantasías, pues estaba obsesionado con su imagen de lectora. Así, sembraba la confusión entre los títulos, los nombres de los autores, los seudónimos, las lenguas, las traducciones, las ediciones, las portadas, para que esta mujer reconociera las señales de su presencia, los saludos sin esperanza de respuesta.
Para Marana, fundador de la Organización del Poder Apócrifo, no importa quién escribió tal obra. Según el entrometido traductor, lo más probable es que algunos libros mantendrán su fama, pero serán considerados anónimos. Los autores que se recordarán son aquellos de los que no quedará ninguna obra, como Sócrates. Tal vez todos los libros que perduren se atribuyan a un único autor misterioso, como Homero.
  
Homero.

Los otros personajes de la obra ofrecen también múltiples reflexiones. Estas ideas tratan sobre la brevedad de las novelas de fines del siglo XX en contraposición con las del siglo anterior, la censura de las publicaciones en países totalitarios, la lectura que los amantes hacen de sus cuerpos. Para edificar esta novela, Calvino echa mano a otros recursos. Incluye, por ejemplo, una serie de cartas remitidas de localidades diseminadas por los cinco continentes y algunas páginas de un diario personal.
El autor de este diario es Silas Flannery, viejo escritor de novelas policiacas, de thrillers. Vive recluido en un chalé de Suiza, angustiado por no terminar los numerosos libros que ha empezado y por los cuales ha recibido anticipos de las más importantes editoras del mundo. Es tal su fama que las principales agencias publicitarias han fijado ya contratos para que determinadas marcas de licores, modelos de automóviles y localidades turísticas aparezcan en sus obras.
Las características de las diez novelas que agrupa Si una noche de invierno un viajero son: 1) todo sospechas y sensaciones, 2) todo sensaciones corporales y sanguíneas, 3) introspectiva y simbólica, 4) revolucionaria existencial, 5) cínica y brutal, 6) de manías obsesivas, 7) lógica y geométrica, 8) erótico-perversa, 9) telúrica primigenia y 10) apocalíptico-alegórica. La propia Ludmilla, al referir qué tipo de novela le gustaría leer en ese momento, anticipa las características.
El lazo de las diez novelas es sutil y simbólico, y solo se revelará en las últimas páginas. La clave está en la célebre colección de cuentos orientales Las mil y una noches (siglo XIV), donde se narra la historia de la joven Scheherazade, quien intenta postergar su muerte relatándole una historia diferente cada noche al sultán Schahriar. Este tras desposar a una virgen de su harén, ordenaba asesinarla al amanecer.
Si una noche de invierno un viajero asombra por los inesperados rumbos que toma la historia. Un libro muy ingenioso que experimenta con la estructura narrativa. Una obra que subraya la necesidad que tenemos los lectores de que los novelistas nos fascinen mediante artificios.
  
Italo Calvino.


La frase:

FIN. «Antiguamente un relato solo tenía dos maneras de acabar: pasadas todas las pruebas, el héroe y la heroína se casaban o bien morían. El sentido último al que remiten todos los relatos tiene dos caras: la continuidad de la vida, la inevitabilidad de la muerte» (Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino).

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