2 de diciembre de 2015

Comentario 10: Austerlitz (2001) | W. G. Sebald

Víctimas del Holocausto
Edición alemana.

Austerlitz (2001), novela del alemán W. G. Sebald, refiere la vida de un checo de origen judío que escapó del Holocausto y que poco a poco descubre su origen, así como el destino de sus padres.
Toda la novela se basa en las declaraciones que escucha el narrador de Jacques Austerlitz, quien, a su vez, cuenta lo que otros le dijeron. El relato ofrece extensos párrafos y en ocasiones largas frases. El caso más emblemático es una oración de ocho páginas.



Ediciones en francés, inglés, italiano y castellano.

La narración tiene ciertas frases en francés, galés, inglés y checo. Todo ello le da un carácter cosmopolita a la historia. Otro aspecto que llama la atención es la gran cantidad de imágenes —fotografías, planos y dibujos— que se distribuyen de principio a fin. En la foto de la portada del libro, captada en febrero de 1939, Austerlitz aparece medio año antes de huir de Praga. Debía acompañar a su madre a un baile de máscaras.
Todo empieza en Amberes, en junio de 1967. El narrador anónimo llega de Inglaterra a Bélgica, donde conoce a Austerlitz, quien tenía aspecto juvenil, calzaba botas de excursionista y cargaba una mochila.
Austerlitz tomaba notas, hacía dibujos y captaba algunas fotos de un edificio construido durante el régimen del rey Leopoldo II. Con el narrador conversó sobre historia de la arquitectura, en las que demostró conocimientos especializados.
El diálogo continuó en otras localidades belgas, y posteriormente en otros países: Inglaterra y Francia, a veces de modo casual. La conversación se extendió durante más de tres décadas. Al inicio los temas eran siempre las edificaciones del periodo capitalista.
En 1996 se vieron en un bar de Londres. Fue entonces que el protagonista abordó su vida. Nacido hacia 1935, se crio carente de afecto en un pequeño pueblo de Gales, en la enorme casa de un predicador calvinista, casado con una mujer medrosa y pálida, de familia inglesa.
Hay tres campos bien marcados en la novela. Uno son los encuentros del narrador con Austerlitz. Otro son las observaciones acerca de ciertos edificios, que resultan largas digresiones. El tercero es el pasado del protagonista, el más «novelesco», ofrecido poco a poco, de modo «desordenado». Desde un «presente» se salta a lo ocurrido durante las conversaciones de ambos personajes y de ahí a otro pasado. Una historia dentro de otra. Una auténtica caja china.
Para Austerlitz, estudiar en el colegio privado Stower Grange, cerca de Oswestry, significó un periodo de libertad, en el cual leyó mucho. La muerte de su madre adoptiva afectó grandemente al esposo de esta, que fue recluido en un asilo, donde fallece. Así, quedó en el desamparo.
En el colegio, en 1949, se le comunicó algo que cambiaría su vida. Su real nombre no es Dafydd Elias, sino Jacques Austerlitz. Entonces se enteró de que el matrimonio Elias lo había acogido en su casa al inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Tenía 4 años y medio. Ignoraba del avance alemán y de la persecución a los judíos, de la que había escapado.
Tiempo después Austerlitz desempeñó la docencia durante treinta años en un instituto londinense, hasta que, en 1991, se jubiló anticipadamente, para evitar «la estupidez» que se extiende cada vez más también por las universidades y para escribir sus investigaciones sobre la historia de la arquitectura y de la civilización, su viejo proyecto.
Poco a poco la desesperación, la angustia y la soledad que rayaba en la locura lo fueron invadiendo. «Me horrorizaba, dijo Austerlitz, escuchar a alguien, y mucho más hablar yo». Debido al insomnio, paseaba por las noches en Londres. Bloquea todo contacto con la realidad, hasta que se produjo su derrumbamiento nervioso en 1992, cuando escuchó por radio de forma casual la historia de dos mujeres que habían huido de niña en tren y transbordador del Holocausto. Era su propio relato.
Viajó a Praga, donde visitó el archivo estatal de la Karmelitská, para investigar lo sucedido a sus padres, actriz teatral de provincias y político socialista que huyó a Francia antes de la invasión alemana. El encuentro con Věra, amiga de su madre, quien lo reconoce, le permite reconstruir parte del pasado.
Los judíos en Praga fueron obligados a traspasar sus negocios, a comprar a determinadas horas, a acatar normas discriminatorias. La lista de limitaciones se alargaba cada día. La situación empeoró. «Por una contravención, una simple vulneración del orden reinante, se podía, después de haber tenido noventa segundos para defenderse ante un juez, ser condenado a muerte y ahorcado de inmediato en la sala de ejecuciones que estaba al lado mismo de la de juicios, y a lo largo de la cual había un carril de hierro bajo el techo, del que colgaban los cuerpos sin vida que, según hiciera falta, se iban corriendo», recuerda Věra.
Poco después Austerlitz visita Terezín, donde se instaló un gueto judío y posteriormente un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Su madre fue recluida en este lugar en 1942. Un video producido por los nazis parece mostrarla unos segundos, momento de especial importancia para el protagonista. El libro, por fortuna, no cae en el melodrama o en el sentimentalismo.

Cementerio en honor a las víctimas del campo de concentración de Terezín, República Checa.

Más adelante, Austerlitz viaja a Francia en busca de lo sucedido a su padre, quien llegó a París, pero desapareció sin dejar rastro. Se entera de que este, a fines de 1942, estuvo internado en el campo de concentración de Gurs, en el límite con España. Así, el protagonista se propuso visitar ese lugar. La búsqueda continúa.
¿Cómo logra el narrador ser confidente de Austerlitz? ¿Por qué? ¿Acaso es como él, un paria? Es muy posible, pues en su país natal, Alemania, no consigue instalarse del todo y deja de vivir en él. Acerca de su pasado se ofrece escasa información, a tal punto que parece un fantasma.
La novela Austerlitz recuerda un pasado tenebroso de la Humanidad, el Holocausto, la muerte de seis millones de judíos. Un libro que combina historia y ficción. Una novela magníficamente diseñada.


W. G. Sebald.


La frase:
VIAJE. «La relación entre espacio y tiempo, tal como se experimenta al viajar, tiene hasta hoy algo de ilusionista e ilusoria, por lo que, cada vez que volvemos del extranjero, nunca estamos seguros de si hemos estado fuera realmente» (Austerlitz, W. g. Sebald).

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