2 de diciembre de 2015

Comentario 11: Expiación (2001) | Ian McEwan

El pecado que atormenta
Edición estadounidense.

Expiación (Atonement, 2001), novela del británico Ian McEwan, cuenta la historia de una niña de 13 años cuya falsa acusación lleva a la cárcel a un joven brillante de condición humilde poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Este libro, a la vez una trágica historia de amor, un relato de guerra y una novela dentro de otra, fue calificado de «grandioso» por el escritor estadounidense John Updike.
Diversos hechos ocurridos en un caluroso día de 1935 cambiarían para siempre la vida de varios personajes. Toda la primera parte del libro se desarrolla en la gran casa de campo de la familia Tallis, en Surrey Hills, al sur de Londres.
Pese a llevar una vida placentera, la niña Briony Tallis anhelaba un mundo organizado y armonioso. Dueña de una imaginación inquieta y hábil con las palabras, cultivaba desde entonces sus fantasías literarias. En honor de la llegada de su hermano Leon, escribió una obra teatral de siete páginas de corte romántico: Las tribulaciones de Arabella.
Lamentablemente para su autora, la representación se frustra. Así, quedó como un intento en vano de llamar la atención, de crear una mentira convincente. Entonces Briony era una mojigata que no distinguía entre la vida real y las historias que tejía en su cabeza. No tenía idea de las convenciones amorosas. Vivía aún en los cuentos de hadas.

Ediciones en francés, alemán, italiano y castellano.

Robbie Turner, de 23 años, hijo de la empleada de la limpieza y del jardinero de los Tallis, quien abandonó a su familia sin decir palabra cuando el hijo tenía 6 años, no se avergonzaba de su humilde origen. Destacó como el primero de su promoción en la Universidad de Cambridge, donde se licenció en Letras. Sin embargo, quería ahora estudiar Medicina, para lo cual tendría el apoyo financiero de Jack Tallis, quien desde el colegio lo ayudaba económicamente por ser amigo de sus hijos.
Cecilia Tallis, de muy bajas calificaciones en la universidad, por su parte quería marcharse pronto del lugar, pero su encuentro con Robbie, a quien conocía desde los 7 años, cambia la situación. Fueron amigos en la infancia, pero en la universidad, durante los tres años de estudios, solo se saludaban como simples conocidos. Parece que a ella le incomodaba tratarlo, pues era el hijo de la doméstica de su familia.
Después de discutir de literatura con Robbie, ambos se dirigen a la fuente. Ella intenta llenar de agua un valioso jarrón, pero él se ofrece a ayudarla. En el forcejeo, rompen el recipiente. Enojada, Cecilia se despoja de algunas prendas y se sumerge en la fuente para recuperar los dos trozos que cayeron allí. Luego ambos toman caminos distintos.
Briony, quien observa la escena, malinterpreta los hechos. Cree que Robbie amenazó a su hermana para que se desvistiera. Después leerá una carta equivocada de este a Cecilia («En mis sueños te beso el coño, tu dulce coño húmedo. En mis pensamientos te hago el amor sin parar todo el día»), y cuando los sorprende haciendo el amor en la biblioteca creerá que él la somete con intimidaciones. «Siempre se esfuerza en ser agradable. Nos ha tenido engañados durante años», le expresa Briony a Lola, una prima que llega a su casa para pasar una temporada con sus dos hermanos.

James McAvoy (Robbie Turner) y Keira Knightley (Cecilia Tallis) en la adaptación de la novela, estrenada en 2007.

Mientras Lola no podría asegurar quién la ultrajó en la orilla del lago, por la oscuridad, Briony culpa a Robbie sin temor. Este hecho pondrá en peligro la dicha y el bienestar de muchas buenas personas. Años después su acusación la afligiría mucho en lo que le quedaba de vida.
La narradora resalta bastante el calor de ese día. «Mis padres siempre pensaron que el clima caluroso relajaba la moralidad de los jóvenes», dice la madre de Cecilia, Emily, en la cena previamente a los hechos dramáticos que vivirían.
Otro factor importante es la atracción que Briony sintió, a los 10 años, por Robbie, a quien le expresó un «te quiero» sin respuesta significativa. Solo para que este lo salvara y llamar así su atención, ella se lanzó al río sin saber nadar. Tres años después se vio relegada por su hermana mayor.
La segunda parte transcurre cinco años después, en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Después de pasar tres años en prisión, Robbie es liberado con la condición de que se aliste en el Ejército. En el campo de batalla, con los cabos Mace y Nettle, había quedado separado de su unidad al comienzo de la retirada a Dunkerque, norte de Francia, durante un ataque de aviones alemanes. No dejaba de pensar en Cecilia, a quien había visto seis días después de salir de la cárcel y con quien se carteaba en espera de reunirse.
Robbie y sus dos compañeros caminaban a campo traviesa para evitar los ataques aéreos sobre las carreteras principales. Pese a que era soldado raso, los cabos Mace y Nettle le decían «jefe» y seguían sus indicaciones porque estas eran sensatas. Él muestra mayor habilidad cuando se comunica con los franceses en el idioma de estos.
Las continuas derrotas en los Países Bajos, Bélgica y norte de Francia habían empujado al Ejército inglés a replegarse. La Operación Dinamo, organizada por el comandante en jefe John Gort, permitió la evacuación de las tropas aliadas en Dunkerque. Se salvó a más de 200 mil soldados británicos y más de 100 mil franceses y belgas. Un día antes del rescate, Robbie desfallecía de dolor. Una metralla lo había herido en el costado derecho, debajo de las costillas.
La tercera parte se desarrolla también en 1940. La instrucción que recibe Briony, a los 18 años, para ser enfermera es sumamente estricta. «Nadie lo decía, pero el modelo al que se atenía aquel proceso era militar», afirma la narradora. No había contemplaciones con la limpieza, el orden y la disciplina. El uso de uniformes, además de ver continuamente sangre y cadáveres, era un asunto que lo emparentaba también a las enfermeras con los soldados.
Las escenas en el hospital son de espanto: huesos, intestinos o nervios ópticos que asoman, personas amputadas. Cuando atiende al soldado francés Luc Cornet, Briony le sigue la corriente. A la pregunta de este que si lo quiere, ella responde que «sí». Continúa una ficción. Sabe que él necesita una mentira para hacer menos dolorosa su agonía.
«La cama deshecha y otra vez vuelta a hacer. Qué rápido se superponían los muertos unos a otros, de modo que la cara del sargento Mooney se convertía en la del soldado Lowell, y ambos intercambiaban sus heridas mortales con las de otros hombres cuyos nombres ya no recordaban», manifiesta la narradora.
Briony, quien había rechazado estudiar en Cambridge a cambio de cursar enfermería como una especie de penitencia, conoció de cerca el sufrimiento de los soldados, lo que ahondó su malestar, pues la guerra podría agravar su error: Robbie se encontraba en el frente de batalla y quizá nunca volvería a reunirse con Cecilia. Eso lo atormentaba.
En la cuarta parte aparece la Briony Tallis autora de los tres capítulos anteriores. En su cumpleaños 77, ya una reconocida novelista, visita el Museo Imperial de la Guerra, donde recibe sugerencias de especialistas para hacer más verosímil su narración. Sufre de dolores de cabeza y tiene demencia vascular.
Da algunas pistas de lo que es «real» y ficticio en su novela. Por ejemplo, confiesa que trabajó en tres hospitales durante la guerra, y no en uno solo como aparece en el libro. «Una licencia muy práctica, y la menor de mis ofensas a la veracidad», afirma.
Viaja a Surrey Hills, a su antigua casa, convertida ahora en un hotel, para una cena en su honor con cincuenta parientes. Representan al fin su obra Las tribulaciones de Arabella. Así, de algún modo se cierra el círculo.
En las últimas líneas se halla frente al escritorio. Menciona que la primera versión de la novela es de enero de 1940 y la última pertenece a marzo de 1999. En ese periodo trabajó en media docena de borradores distintos. Pretende ser fiel a lo ocurrido, excepto en el final, por bondad. Su escrito, en suma, sería una crónica de lo sucedido, una forma de borrar sus culpas, una expiación.
Toda la novela constituye un homenaje a la literatura inglesa. El epígrafe es de Jane Austen, a quien Cecilia leyó en Cambridge. Allá también tuvo contacto con las obras de Charles Dickens y Joseph Conrad. Antes del incidente del jarrón, ella y Robbie sostienen un debate académico sobre obras anglosajonas del siglo XVIII.
En su camino de convertirse en escritora, Briony leyó tres veces Las olas (The Waves, 1931), de Virginia Woolf, lo que le permitió penetrar en la mente de los personajes. Más adelante, un relato suyo de 103 páginas fue rechazado por el reconocido crítico Cyril Connolly, editor de la revista Horizon (1940-1949). Se reproduce la carta (ficticia) que le remite él, con muchas sugerencias para que haga una nueva versión.
McEwan es un maestro, hace y deshace la historia, distribuye los tiempos con acierto, sus descripciones son pertinentes, las percepciones de cada uno de los tres protagonistas son ingeniosas. En suma, es muy hábil en el arte narrativo.
McEwan ha declarado que su padre vivió como soldado el desastre de Dunkerque y que se identifica un poco con el personaje de Robbie Turner, pues su madre limpiaba también casas. Expiación es un hermoso libro con muchas aristas.
  
Ian McEwan.


La frase:
PERSONA. «Una persona es, entre todo lo demás, una cosa material, que se rompe fácilmente pero que no es fácil recomponer» (Expiación, ian McEwan).

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