2 de diciembre de 2015

Comentario 3: Hijos de la medianoche (1981) | Salman Rushdie

Un mar de historias extraordinarias
Edición estadounidense.

Hijos de la medianoche (Midnight’s Children, 1981), novela del angloindio Salman Rushdie, nos presenta a Saleem Sinai, quien narra en un grueso volumen numerosas historias relacionadas con su vida y su país.
Así, incluye el relato de su familia y de una generación que nació en el mismo momento en que la India alcanzó su independencia, el 15 de agosto de 1947, llamada «Hijos de la Medianoche», integrada por 1.001 niños.
«He sido un devorador de vidas y, para conocerme, solo para conocer la mía, tendrás que devorar también todo el resto», advierte Saleem al lector en el primer capítulo de la novela. Luego se traslada a 1915, a Cachemira, para ofrecer la historia de su abuelo materno, el doctor Aadam Aziz, quien había estudiado Medicina en Alemania.
Rodeado de montañas y a orillas de un lago, el doctor Aziz, mientras intentaba rezar a Alá, vio caer tres gotas de sangre de su nariz que, extrañamente, se transformaron en rubíes. Sus lágrimas, asimismo, se convirtieron en diamantes. Este hecho extraordinario lo alejó del islam y de toda creencia religiosa.
El incidente, de paso, ofrece a los lectores características del «realismo mágico», corriente literaria de la que el colombiano Gabriel García Márquez es su mayor exponente. No será el único ejemplo, pues la madre de Saleem, en otro capítulo, gana apuestas hípicas sin perder durante meses. El protagonista, hasta los 15 años, tiene el don de la telepatía y, gracias a su poderosísima nariz, será capaz de distinguir, con los ojos vendados, las diferentes marcas de gaseosas y hasta de oler los sentimientos.

Ediciones en francés, italiano, alemán y castellano.

«Cuando Hijos de la medianoche fue publicada, la gente la leyó en Europa como una invención, pero en la India se tomó como un libro de historia», explicó Rushdie en una entrevista de 1998. La presencia de fantasmas, sueños premonitorios y mujeres de carácter fuerte nos hace recordar a su vez al autor de Cien años de soledad (1967). Sin embargo, el autor angloindio asegura que fue después de escribir su novela que leyó al colombiano de Aracataca, a quien proclama como el más importante novelista contemporáneo.
No se puede discutir la enorme calidad de Rushdie es indiscutible. Su relato devora todo lo que encuentra a su paso sin que perdamos el interés. Un libro de aventuras poblado de historias de amor, suicidios, duelos, múltiples escenarios, guerras internas y externas, golpes de Estado, asesinatos pasionales, personajes que pasan de la fortuna a la miseria o de palacios a junglas infernales.
La novela atraviesa por momentos importantes de la historia de la península del Indostán en el siglo XX. Desde la matanza, por parte de los ingleses, a los indios en Amristar, en 1919, hasta el régimen tiránico de la primera ministra Indira Gandhi (1966-1977 y 1980-1984).
Se incluye la violencia provocada por la Partición, la división de la India en dos Estados independientes, que causó medio millón de muertes y el desplazamiento de unas 15 millones de personas, en 1947; el asesinato del Mahatma Gandhi a manos de un fanático hindú en 1948; el golpe de Estado en Pakistán del general Muhammad Ayyub Kan en 1958; las continuas guerras indo-paquistaníes (1947-1948, 1965 y 1971) y la independencia de Bangladesh en medio de un genocidio en 1971.
Las coincidencias históricas son incontables en la familia de Saleem: el día en que terminó la Primera Guerra Mundial su abuelo Aadam Aziz ve por primera vez el rostro de su futura esposa, Naseem, llamada más tarde la Reverenda Madre por su enorme autoridad en la familia. Asimismo, en el preciso momento en que Saleem nace, la India alcanza su independencia, hecho que sería aprovechado por el diario Times of India para mostrarlo en una fotografía de portada con el título «Hijo de la medianoche». Al acompañar a su tío el general Zulfikar, Saleem es también testigo excepcional del golpe militar de 1958.
Por otro lado, su hermana Jamila alcanzó enorme fama como cantante en Pakistán. El día en que la India era declarada en estado de emergencia, durante el gobierno de Indira Gandhi, nacería el hijo de Saleem: Aadam. Es decir, la familia Aziz tiene mucha presencia en el escenario de los grandes acontecimientos históricos. A veces da la sensación de que Saleem y sus parientes fueran meros juguetes de la Historia.
Saleem se encuentra en Bombay escribiendo este libro, en 1978, poco antes de cumplir 31 años, acompañado por su novia Padma Mangroli. Su proyecto autobiográfico nos recuerda al del protagonista de En busca del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu, 1913-1927), del francés Marcel Proust. Más aun si Saleem vuelve al pasado al probar chutney, salsa que su criada, Mary Pereira, le preparaba de niño. En el caso de la célebre novela de Proust, el protagonista recuerda de golpe su infancia saboreando una magdalena, pastelillo que parece moldeado en una concha.
  
Satya Bhabha (Saleem Sinai) y Shriya Saran (Padma Mangroli) en la adaptación de la novela, estrenada en 2012.

En las últimas páginas, al degustar chutney, Saleem casi sufre un desmayo, pues este condimento le abre las puertas de su pasado repentinamente. Su deseo es que no se olvide lo ocurrido en la península del Indostán, para lo cual la gente debe comer las treinta recetas de chutney que ha preparado, es decir, devorar los treinta capítulos de la novela. En esta empresa, participa también su poderoso olfato.
Cada vez que el relato se va por las ramas o se vuelve poco natural, Padma se lo advierte a Saleem, quien nos persuade de continuar en la lectura sosteniendo que su narración es veraz y ofrecerá datos reveladores sobre sus familiares. Sin ningún reparo, nos cuenta sobre el alcoholismo de su padre, la infidelidad de su madre o los modales poco femeninos de su hermana, además de secretos celosamente guardados por años, como el de su nacimiento.
Parece que a Saleem el mundo se le acabara, pues escribe con mucha prisa. «Me veo obligado a acelerar, a precipitarme alocadamente hacia la línea de meta; antes de que mi memoria se quiebre sin esperanza de recomponerla», anota. El resultado es un libro muy fluido, ágil y explosivo.
  
Salman Rushdie, 2005 (Reuters).


La frase:

PERSUASIÓN. «En la autobiografía, como en toda literatura, lo que ocurrió realmente es lo menos importante que lo que el autor consigue persuadir a su público de que crea» (Hijos de la medianoche, Salman Rushdie).

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