2 de diciembre de 2015

Comentario 5: El amor en los tiempos del cólera (1985) | Gabriel García Márquez

Única para siempre

Edición española.

¿Puede un hombre esperar más de medio siglo para ser correspondido por una mujer? Gabriel García Márquez nos dice que sí en su novela El amor en los tiempos del cólera (1985), que transcurre en Cartagena de Indias desde el último cuarto del siglo XIX hasta inicios de la década de 1930.
El libro empieza casi por el final de la historia, es decir, cuando el doctor Juvenal Urbino certifica la defunción de un amigo que se quitó la vida para evitar la vejez. Ese mismo día, después de asistir a un almuerzo, intentando coger a su loro trepado en un palo de mango, el médico cae y se despedaza la espina dorsal. Su muerte era el momento largamente esperado por Florentino Ariza para repetirle a Fermina Daza, en su primera noche de viuda, el juramento de su fidelidad eterna.

Ediciones en inglés, francés, alemán y portugués.

La caída del cabello, las arrugas en la piel y la lentitud en el andar son signos inequívocos de la vejez. No existe medicina, suma de dinero o gloria alguna que pueda evitar la decadencia corporal. El único paliativo que queda es el amor. Esto al menos parece decirnos el protagonista de la novela, que a los 76 años de edad, tras medio siglo de espera, vuelve a ofrecerle su corazón a la mujer de siempre.
  
Javier Bardem (Florentino Ariza) y Giovanna Mezzogiorno (Fermina Daza) en la adaptación de la novela, estrenada en 2007.


Para aclararnos esta paciencia inusual, el narrador salta al periodo más remoto, desde donde avanza casi cronológicamente. Esta distribución del tiempo nos reserva el desenlace para las últimas páginas.
Viajemos al pasado. Florentino Ariza, de cabello lacio, piel parda, cuerpo escuálido y espejuelos de miope, contaba con 18 años de edad al conocer al amor de su vida. Ella tenía 13. Ambos, desde que se vieron por primera vez hasta que medio siglo más tarde él le reiteró su determinación, no tendrían una oportunidad de verse a solas, pero protagonizarían una de las más espléndidas historias de amor.
Aunque la novela no sea estrictamente autobiográfica, los escritores no pueden dejar de revelar aspectos fundamentales o detalles de su vida o de su familia. Para diseñar a su protagonista, García Márquez tomó algo de la historia de su padre, quien, como Florentino Ariza, fue hijo natural, modesto telegrafista y padeció la severa oposición del progenitor de su novia.
Además, los días que pasó Florentino Ariza en un hotel de paso habitado por muchas prostitutas, leyendo vorazmente toda literatura que llegara a sus manos y escribiendo febriles cartas a su amada, recuerdan la etapa que vivió García Márquez en Barranquilla. Fue en 1950, cuando este era periodista bohemio, cortejaba a su futura esposa y estaba inmerso en la creación de La hojarasca (1955), su primera novela.
Como telón de fondo figura una interminable guerra civil en la que se enfrentan liberales y conservadores. La violencia política es importante en el libro, aunque no están claros los intereses e ideologías en pugna.
Otra presencia constante es la del cólera morbo, que causó grandes estragos al país. El doctor Juvenal Urbino era apreciado por haber conjurado a tiempo, con métodos modernos y drásticos, la última epidemia de esta enfermedad en la provincia. La anterior, cuando él estudiaba Medicina en Francia, había causado la muerte a la cuarta parte de la población urbana en menos de tres meses.
Pero el cólera persiste en otros lugares. Incluso, a cada buque que navegara el río Magdalena con algún pasajero enfermo, para evitar el contagio, se le exigía enarbolar la bandera amarilla de la peste. En este territorio asolado, el amor es más intenso.
Algo que alivia esta situación tan tirante es el humor, construido a partir de frases absurdas e historias excepcionales. «Esta vaina sabe a ventana», dice Fermina Daza luego de probar una infusión de manzanilla. Las mujeres de la novela, sabias, orgullosas y de carácter fuerte, emiten con frecuencia este tipo de declaraciones.
También como condimentos tenemos hechos extraordinarios, rasgo principal del «realismo mágico», movimiento literario cuyo mayor representante es García Márquez. Aquí un loro, además del castellano, habla francés como un académico y algo de latín. Asimismo, los niños, después de participar en la guerra civil, se enfrentan a tiros en los colegios por cualquier pleito de recreo. En la obra de este autor colombiano lo extraño es la medianía.
La correspondencia personal tiene a la vez un papel importante, aunque solo se extraigan algunas líneas de las numerosas cartas que se mencionan. A través del correo, los personajes se declaran, son aceptados, terminan relaciones y aceptan casarse. Florentino Ariza le ofrece su amor a Fermina Daza, de ojos almendrados y andar de venada soberbia, en una esquela sobria y explícita. Mantiene una correspondencia frenética con ella en los tres primeros meses de enamorados, periodo en que no pasó un solo día sin que se escribieran. Después de dos años, en una misiva de un único párrafo, le hace la propuesta formal de matrimonio. Ella le responde: «Está bien, me caso con usted si me promete que no me hará comer berenjenas».
Algunos personajes históricos, curiosamente, aparecen de modo fugaz. Uno de ellos, el escritor irlandés Oscar Wilde, ante la mirada atenta de Fermina Daza y su esposo, firma libros a un grupo de admiradores en una calle parisina. Sin embargo, lo más llamativo es una mención que hace el narrador casi al final del libro. Con un guiño al lector, García Márquez nombra a su esposa Mercedes Barcha, a quien, además, dedica esta larga novela de amor. Una obra inolvidable.
  
Gabriel García Márquez, 2008 (Reuters).


La frase:
MATRIMONIO. «Lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad sino la estabilidad» (El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez).

No hay comentarios.: