2 de diciembre de 2015

Comentario 6: Beloved (1987) | Toni Morrison

Entre la esclavitud y la muerte
Edición estadounidense.

Esta es la historia del fantasma de una niña negra que fue asesinada por su madre en tiempos de esclavitud. La novela Beloved (1987), de la afroestadounidense Toni Morrison, nos recuerda que hay aún mucho por hacer en la lucha contra la discriminación racial.
Un epígrafe del libro reza: «Sesenta millones y más». Se refiere a los africanos y sus descendientes fallecidos en la trata de esclavos en la zona atlántica de Estados Unidos. Este polícromo país (patria de dos grandes luchadores contra la discriminación racial, como el presidente Abraham Lincoln y el líder religioso Martin Luther King, ambos asesinados) no supera aún del todo el problema de la segregación.

Ediciones en italiano, francés, alemán y castellano.

Algunos blancos, ante otras razas, se sienten superiores y creen tener derecho a prevalecer sobre ellas. Una persona tan culta como Jorge Luis Borges compartía esta tara de la humanidad que es el racismo. El autor argentino declaraba, por ejemplo, que los negros no sienten el dolor como los blancos porque son gentes sencillas. «Por eso pueden ser estoicos, como lo eran nuestros indígenas, a los que se les podía hacer cualquier cosa y no se quejaban», opinaba.
A Borges los blancos le parecían más sensibles al placer y al dolor, al valor de las palabras y al color de las cosas. Vale aclarar que la estimación de una obra debe ser ajena a la de su autor. Este bonaerense es uno de los más geniales escritores del siglo XX, pero en su biografía encontramos diversos errores personales, como apoyar a la dictadura del general chileno Augusto Pinochet.
Beloved se centra en 1873, diez años después de la abolición de la esclavitud. Sethe recibe inesperadamente la visita de Paul D en su casa hechizada de Bluestone Road, en las afueras de Cincinnati. Mientras le prepara algo de comer recuerdan con ternura el pasado común en Sweet Home, plantación de Kentucky donde fueron esclavos.
Repentinamente el visitante es atacado por el fantasma de Beloved (vocablo inglés que en su traducción al castellano significa ‘amada’), hija de Sethe asesinada por esta cuando tenía casi 2 años de edad. El fantasma le arroja una mesa a Paul D, quien —irascible— consigue espantarlo.
Al cabo de unos días, aparece muy cerca de la casa una muchacha de unos 20 años con aspecto de desamparo total. Se hace llamar como la niña muerta, Beloved. Extrañamente emergió de un riachuelo próximo. Paul D intuye: «Esa chica tiene algo raro». En efecto, se trata de la hija asesinada de Sethe.

Kimberly Elise (Denver), Oprah Winfrey (Sethe) y Thandie Newton (Beloved) en la adaptación de la novela, estrenada en 1998.

La existencia de los fantasmas no es algo extraño para nuestros personajes. Baby Suggs, ante la sugerencia de su nuera Sethe de mudarse a otro lugar, dice: «No hay una sola casa que no esté llena hasta el techo con el pesar de un negro muerto».
En otra parte, Paul D asegura que el fantasma de Beloved, triste, solitario y reprochón, le recuerda a la novia descabezada que habitaba a la espalda de Sweet Home. «Solía rondar por el bosque», afirma. Otra declaración para tomar en cuenta es la de Stamp Paid, quien le señala a su amigo Paul D: «Tú sabes tan bien como yo que la gente que muere mal no se queda bajo tierra».
La creencia de los fantasmas es común en muchas partes del mundo. Por eso, no extraña que hayan sido llevados a la literatura. En dos novelas clásicas latinoamericanas, por ejemplo, hay almas en pena: en Pedro Páramo (1958), del mexicano Juan Rulfo, y en Cien años de soledad (1967), del colombiano Gabriel García Márquez.
Por su maleficio, la casa 124, la de Sethe y Denver, era evitada por los vecinos. La incomunicación con estos hizo que el tiempo se paralizara para la madre y la hija. Ello se acentuó tras la huida de Howard y Buglar, hijos de Sethe, apenas cumplieron los 13 años. Ambos adolescentes no soportaban las muchas perturbaciones provocadas por el fantasma de Beloved.
Esta soledad fue mayor con la muerte de Baby Suggs, quien antes de fallecer empleaba la poca energía que le quedaba para estudiar los colores. Sethe la complacía mostrándole cualquier cosa, desde un trozo de tela hasta su propia lengua. Esta parece ser una respuesta de Toni Morrison a Borges sobre la insensibilidad de los negros frente al color de las cosas.
Sethe, quien provoca más compasión que rechazo, sale adelante pese a su pasado miserable. En una de las páginas se menciona que su madre, traída de África, fue ahorcada cuando era esclava. Otro personaje de existencia lamentable es Baby Suggs, quien tuvo ocho hijos de seis padres distintos, todos aquellos muertos o desaparecidos. Poco antes de fallecer, les señala a su nuera y a su nieta la lección que había aprendido en sesenta años de esclavitud y diez de libertad: «En el mundo no hay mala suerte, sino blancos».
La deuda de la autora con su compatriota William Faulkner, quien pese a ser blanco penetró bien en el mundo de los negros, es evidente. Algo más que heredó del autor de la novela El sonido y la furia (1927), a quien le dedicó una tesis, es su tratamiento del tiempo: saltar al pasado, luego al presente y otra vez al pasado. Contar con influencias no desmerece al artista si consigue un estilo particular, algo que Morrison alcanza con enormes méritos en su magnífico libro.
  
Toni Morrison.


La frase:
APARECIDOS. «La gente que muere mal no se queda bajo tierra. Ni el propio Jesucristo lo hizo» (Beloved, Toni Morrison).

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