2 de diciembre de 2015

Comentario 9: Desgracia (1999) | J. M. Coetzee

De verdugo a víctima

Edición estadounidense.

 Desgracia (Disgrace, 1999), del sudafricano J. M. Coetzee, muestra elevados grados de violencia en un país que no logra aún integrarse. Las heridas ocasionadas por la diferenciación racial no cicatrizan todavía del todo.
La novela se desarrolla en 1998, después de la caída del apartheid, régimen discriminatorio implantado de 1948 a 1994 en Sudáfrica. Durante este sistema, solo los blancos, que eran minoría, tenían el privilegio de acceder al servicio de los mejores hospitales, escuelas, autobuses, playas, etcétera.
Por protestar contra esta medida segregacionista, en 1962, el abogado negro Nelson Mandela recibió cadena perpetua acusado de sabotaje. Después de pasar 27 años en prisión, en 1990 salió libre y, cuatro años más tarde, fue elegido presidente, como líder de una democracia multirracial.

Ediciones en francés, alemán, italiano y castellano.

El idioma es uno de los obstáculos para la integración en Sudáfrica, país que reconoce once lenguas oficiales. Los seis principales son el zulú, el xhosa, el afrikáans, el sotho, el setsuana y el inglés. Instalado en la granja de su hija, David Lurie en determinado momento observa un partido de fútbol por televisión. «Los comentarios alternan el sotho con el xhosa, lenguas de las que no entiende una sola palabra», dice el narrador omnisciente.
Bev Shaw, una de las encargadas de cuidar a los animales, en cierto momento habla con un niño «en una lengua que parece un xhosa muy rudimentario». Este ambiente de lenguas ajenas margina al protagonista, quien parece un paria en su propio país. Tras una serie de hechos desafortunados, David Lurie «cada vez más está convencido de que el inglés es un medio inadecuado para plasmar la verdad de Sudáfrica».
Desde la desaparición del apartheid, cientos de miles de sudafricanos blancos emigraron, sobre todo a Reino Unido y Australia, debido al aumento de la inseguridad y de la «discriminación positiva», que otorga un trato preferencial a los que fueron marginados por algún motivo. Preguntada por su padre sobre por qué no denuncia ante la Policía la violación sufrida, Lucy responde: «En otra época y en otro lugar, tal vez pudiera exponerse a la consideración de la comunidad, e incluso ser un asunto de interés público. Pero en esta época y en este lugar, no lo es». Su color de piel no es más un privilegio. Ella sintió que sus agresores habían procedido como si ella les debiera algo.
Después del asalto contra David Lurie y su hija, Lucy, el narrador afirma que este tipo de hechos «sucede a diario, a cada hora, a cada minuto [...]. Date por contento de haber escapado de esta sin perder la vida». En este lugar «es un riesgo poseer cualquier cosa: un coche, un par de zapatos, un paquete de tabaco». El protagonista cree que la agresión se debió a su color de piel y propone a su hija enviarla a Holanda, de donde era la madre de ella y donde «al menos no se fomentan las pesadillas».

Jessica Haines (Lucy Lurie) y John Malkovich (David Lurie) en la adaptación de la novela, estrenada en 2008.

Desgracia muestra también preocupación por el trato a los animales. De forma irónica, David Lurie le dice a su hija que la labor de cuidar a estos le recuerda a ciertos cristianos. Más adelante, seis perros de vigilancia son asesinados a tiros por los asaltantes. Son víctimas de lo irracional.
En este ambiente hostil, el protagonista no descansa en la búsqueda por satisfacer su apetito sexual. Al inicio de la novela, después de dos divorcios, David Lurie aparece aplastado por la rutina. Solo sus encuentros sexuales con la prostituta Soraya los jueves lo alejan de la monotonía. «En el desierto de la semana, el jueves ha pasado a ser un oasis de luxe et volupté [‘lujo y voluptuosidad’, en francés]», dice el narrador. Sin embargo, ella decide no verlo más, pues siente invadida su privacidad.
Poco después, David Lurie se involucra con una alumna treinta años menos que él. Más adelante, tendrá sexo con Bev Shaw, una amiga de su hija, poco agraciada, casada y que no se esfuerza por resultar atractiva. También recurrirá a una prostituta callejera para saciar su necesidad carnal. El profesor Lurie parece un perro en celo. Para su desdicha, el sexo le causa grandes problemas.
Lucy le hace notar a su padre que a los hombres, en el acto sexual, les excita el odio a la mujer. Es más, compara un encuentro erótico con un asesinato. «Es como si le clavaras un cuchillo; después, sales, dejas el cuerpo cubierto de sangre», argumenta Lucy.
Profesor adjunto en una universidad de Ciudad del Cabo, David Lurie ha publicado tres libros. Su especialidad es la poesía romántica y prepara una ópera de cámara basada en una relación amorosa del poeta inglés Lord Byron (1788-1824).
Movimiento cultural originado a fines del siglo XVIII, el romanticismo se relaciona con el aislamiento, el idealismo y, entre otras cosas, la naturaleza, a la que se idealiza como un lugar puro y libre. En Desgracia, Lucy ama la tierra y el modo de vivir a la antigua. Se mantiene con lo que se agencia por el cuidado de perros y la venta de verduras y flores los sábados en el mercado cercano. Una forma sencilla de existir. La sencillez, precisamente, brilla en este libro, un relato cronológico, sin alardes técnicos. En resumen, Desgracia es una hermosa novela que exhibe terribles problemas contemporáneos.
  
J. M. Coetzee (AFP).


La frase:
HIJO. «Siempre es mejor que el primero sea niño. así podrá enseñar después a sus hermanas, enseñarles a comportarse. Una niña es muy cara. Las niñas siempre cuestan dinero, dinero y más dinero» (Desgracia, J. M. Coetzee).

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