28 de agosto de 2016

Tres obras maestras de la serie de televisión estadounidense

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Una familia de la mafia
Los Soprano (The Sopranos, 1999-2007)


¿Qué elementos debe tener una serie de televisión para ser una obra de arte? Un buen guion es indispensable. Se requiere, asimismo, de magníficos actores, estupendos diálogos y una cámara bien puesta, entre decenas de aspectos técnicos. A diferencia de la pintura o de la escultura, los productos del cine o de la televisión dependen de mucha gente. En este sentido, Los Soprano (The Sopranos), serie televisiva de seis temporadas creada por David Chase, es una feliz coincidencia de profesionales brillantes.
Tras unos ataques de pánico, el violento Tony Soprano (James Gandolfini) asiste a sesiones de terapia con una psiquiatra, la doctora Jennifer Melfi (Lorraine Bracco), a quien le confiesa sus problemas personales. Le cuenta, entre otras cosas, que lleva una conflictiva relación con su madre, Livia Soprano (Nancy Marchand), manipuladora y de carácter dominante.
También le refiere la relación que lleva con su esposa, Carmela Soprano (Edie Falco), y sus hijos: la sobresaliente Meadow (Jamie-Lynn Sigler), quien se prepara para ingresar a la universidad, y el problemático Anthony (Robert Iler), de bajos rendimientos en la escuela. Asimismo le habla de algunos aspectos de su modo de ganarse la vida.

Carmela, Tony, Anthony y Meadow Soprano.

De origen italiano, Tony Soprano es un mafioso natural de Nueva Jersey que vive de la extorsión, del tráfico ilegal y de los sobornos. Tras la muerte de su jefe, víctima de cáncer, debe enfrentar diversos roces con su sucesor, Corrado ‘Junior’ Soprano (Dominic Chianese), tío suyo. Por fortuna, para sacar sus negocios adelante, cuenta con el apoyo de su vehemente sobrino político Christopher Moltisanti (Michael Imperioli).
Al imponente Tony, de 1,85 metros, amante de las pastas y de los puros, se le ve con frecuencia en su enorme mansión en bividí, bata o shorts. Se levanta casi todos los días al borde del mediodía, tras pasar toda la noche fuera del hogar, a veces en uno de sus negocios, como el club de striptease Bada Bing! Es un personaje complejo que puede ser tierno o duro.

Christopher Moltisanti.

Pese a que sus manos puedan estar manchadas de sangre, puede ser un padre y esposo amoroso, aunque tenga numerosas amantes y sea violento con ellas. Incluso puede verse muy afectado por el dolor de una traición de alguien cercano. Por otro lado, saca las garras. Cuando Carmela le señala que todos quienes trabajan con él le temen, el mafioso le responde: «A mí qué mierda me importa que me tengan miedo. Dirijo un puto negocio, no un concurso de popularidad». En cierto momento, se pregunta: «¿Qué clase de persona soy si hasta su madre desea su muerte?».
El episodio «College», quinto de la primera temporada, es de los más significativos. Cuenta el viaje de Tony y su hija a Maine, nordeste del país, para conocer las posibles universidades en las que podría estudiar ella. En el camino, el mafioso encuentra de modo casual a un exsocio que lo traicionó, a un tipo que trabajó con él, pero se volvió informante del FBI. El capítulo muestra cierta constante de la serie: el jefe lidiando con un asunto familiar, privado, y, en paralelo, resolviendo un tema laboral o de venganza.

Corrado ‘Junior’ Soprano.

«Pine Barrens», el undécimo episodio de la tercera temporada, es otro de los mejores. Christopher y el gánster Paulie Gualtieri (Tony Sirico) van a enterrar a una de sus víctimas en un bosque nevado del sur de la ciudad. Con hambre, perdidos, a punto de ser congelados y desesperados, deben terminar una misión que se complica. Tony describe por celular al enemigo, pero Paulie entiende mal. «No creerás esto —le dice a Christopher luego de escuchar al jefe—. El tipo mató a 16 checoslovacos. Fue decorador de interiores». Un típico chiste de teléfono malogrado.
Las múltiples referencias a El Padrino (The Godfather, 1972-1980), trilogía sobre mafiosos de origen italiano, evidencian el peso que tienen estas películas de Francis Ford Coppola. Lo mismo sucede con Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), de Martin Scorsese. Baste decir que 27 actores de este último film coincidieron en la serie. Por citar dos: Lorraine Bracco y Michael Imperioli, respectivamente, la esposa del gánster interpretado por Ray Liotta y el muchacho que recibe un balazo en un pie del maleante encarnado por Joe Pesci. En resumen, Los Soprano es una obra maestra que brilla en muchos terrenos.

David Chase.



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Devorar el mundo
The Wire (2002-2008)


La serie de televisión The Wire expresa tremendas ganas de devorar el mundo en una sola obra. Así, explora diversos estratos y ambientes de Baltimore, puerto del nordeste de Estados Unidos.
Con el deseo de ofrecer un retrato realista, observamos los movimientos de una amplia galería de personajes: desde el microcomercializador de drogas hasta el político más encumbrado, un senador del estado de Maryland. En este espectro tenemos además a jueces, fiscales, prostitutas, periodistas, profesores, policías.
Hay rumores de que existe una organización criminal ligada al narcotráfico liderada por Avon Barksdale (Wood Harris). En esas circunstancias, la Policía se pone a investigar sin tener siquiera una foto del cabecilla, un sujeto que jamás ha sido arrestado y acerca de quien no hay casi información.

Bunk Moreland y Jimmy McNulty.

«Este caso está conectado con todo», le comenta el teniente Cedric Daniels (Lance Reddick) a su esposa en cierto momento. Es verdad, la organización de Barksdale nos lleva a rumbos insospechados. El presumido, borrachín y mujeriego detective Jimmy McNulty (Dominic West) elogia en cierto momento al cabecilla: «Me enorgullece perseguir a este tipo».
El teniente Daniels, asignado al caso, se queja al inicio de la calidad de su equipo policial sin saber las sorpresas que le daría este. Sin embargo, hay limitaciones, por lo que la Policía busca métodos más modernos, pero legales, para dar el golpe al enemigo. De ahí la clonación de buscapersonas o la interceptación de teléfonos públicos con autorización de la fiscalía. Tenemos aquí el origen del nombre de la serie (‘wire’, es decir, ‘cable’ en inglés).

Avon Barksdale.

La investigación parte desde los pequeños vendedores de drogas de las viviendas pobres, la zona inferior de la pirámide. En estos territorios, como en toda Baltimore, predominan los afroestadounidenses. Un oficial señala en un pasaje: «Si uno sigue la pista de la droga, desemboca en adictos y traficantes. Pero si uno sigue la pista del dinero, no se sabe dónde puede terminar». Esta serie nos lleva a reflexionar acerca de las instituciones del Estado, susceptibles de ser sometidas por el dinero del narcotráfico. Así, encontramos, policías y políticos deshonestos. Una cruda verdad.
Si tendríamos que rescatar tres momentos de la primera temporada, podríamos contar con la explicación de D’Angelo Barksdale (Larry Gilliard, Jr.) acerca de cómo jugar al ajedrez, al que compara con el desempeño en la vida (episodio 3). También la escena graciosa en la que McNulty y su acompañante Bunk Moreland (Wendell Pierce) visitan la escena de un crimen, reconstruyen un asesinato y pronuncian una lisura decenas de veces: fuck (episodio 4). Por último, la conmovedora pregunta de D’Angelo a Stringer Bell (Idris Elba) dónde demonios está Wallace, adolescente que traicionó a sus superiores (episodio 5).

Stringer Bell.

Si usted quiere saber cómo funciona la estructura del narcotráfico, las fachadas, los vínculos con los de arriba, aquí tiene un magnífico retrato.
La segunda temporada se traslada de escenario: se centra en la vida de los estibadores del puerto. En paralelo, continúa con la historia de la organización de Barksdale y de algunos policías, entre ellos McNulty, destacado en una lancha en la Unidad Marina. En la tercera temporada, en cambio, sobresale otro capo del narcotráfico, Marlo Stanfield (Jamie Hector), y observamos el empeño del demócrata Tommy Carcetti (Aidan Gillen) de llegar a la alcaldía de la ciudad. Las dificultades que enfrentan los escolares para salir de un ambiente hostil y los modos de informar de los reporteros del diario The Baltimore Sun se incorporan en el tratamiento de la cuarta y quinta temporada, respectivamente.
David Simon, el creador de la serie y periodista del diario The Baltimore Sun durante veinte años, confiesa haberse inspirado en un delincuente que —como Omar Little (Michael K. Williams)— robaba a los narcotraficantes. Es más, nombró a este consultor del programa mientras cumplía condena. Como otro modo de ser fiel a lo que cuenta, la producción tuvo en el reparto a una joven que estuvo en prisión por asesinato: Felicia Pearson, una despiadada criminal en la serie.
The Wire es una joya de la televisión que justifica ampliamente todos los elogios recibidos. Una obra que exhibe las desigualdades sociales de un país que se jacta de ser el abanderado de la libertad.

David Simon.



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Viaje al mal
Breaking Bad (2008-2013)


Uno de los aspectos que hace de Breaking Bad (‘volviéndose malo’ sería la traducción literal al castellano) una serie memorable es su guion, con situaciones límite y diálogos ingeniosos. La transformación progresiva de un modesto profesor de Química a un asesino productor de drogas es brillante.
¿A qué género pertenece esta serie? Es drama, pues cuenta la vida durante un poco más de dos años de un tipo enfermo de cáncer que piensa en el bienestar económico de su familia. Es thriller psicológico, por la angustia de saber cómo los personajes se libran de sus problemas. Es western contemporáneo, por las emboscadas y los tiroteos que se desatan en un caluroso desierto, en el de Nuevo México en este caso. Es humor negro, pues a veces no se sabe para quién se trabaja.
El protagónico recae en el profesor Walter White, interpretado de modo excepcional por Bryan Cranston, cuyo desempeño fue elogiado por Anthony Hopkins nada menos («la mejor actuación que he visto en mi vida», sentenció). Lo acompañan en el desarrollo de la historia Jesse Pinkman (Paul Aaron), drogadicto productor de metanfetamina azul y quien hace desternillar de risa cada vez que exclama ‘bitch’ (‘perra’), y el policía antinarcóticos Hank Schrader (Dean Norris), obsesionado por llegar a la verdad y por capturar al perverso Heisenberg. Además tiene gran importancia Skyler (Anna Gunn), la esposa del personaje principal.

Jesse Pinkman y Walter White.

«No estoy en peligro, Skyler, yo soy el peligro. Si llaman a la puerta de un hombre y le disparan, ¿tú crees que ese hombre seré yo? ¡No! Yo soy el que llama», le explica el profesor Walter White a su esposa, atemorizada por lo que pueda pasarle a su familia (sexto episodio de la cuarta temporada). Otro momento mágico es cuando Heisenberg, después de describir lo que hizo, le pide al jefe de los distribuidores de metanfetamina que diga su nombre (sétimo capítulo de la quinta temporada).
Todo está minuciosamente trabajado en esta serie creada por Vince Gilligan: desde la presentación de los créditos iniciales, los que toman letras de algunos símbolos de los elementos químicos de la tabla periódica, hasta el color de la ropa, que corresponde con el momento de la historia. El inescrupuloso abogado Saul Goodman (Bob Odenkirk), cuya publicidad es «Better Call Saul», luce camisa verde, por ejemplo, al recibir cinco millones de dólares de Jesse en el capítulo «Dinero sangriento» (noveno episodio de la quinta temporada).

Gustavo ‘Gus’ Fring.

La intriga se distribuye en buenas dosis, con preferencia al final de cada episodio. Así, las sospechas del espectador pueden venirse abajo al descubrir lo que realmente sucedió. Es el caso del oso de peluche rosado, que aparece al inicio de la segunda temporada. ¿Cómo llegó a la piscina de la casa de los White?
Cada elemento encaja muy bien, salvo que Gustavo ‘Gus’ Fring (Giancarlo Esposito), dueño de la cadena de comida rápida Los Pollos Hermanos y productor de metanfetamina, no parece chileno por su acento, por el color de su piel y por provenir de un país con poca vinculación con el narcotráfico. Aunque se podría pecar de estereotipo, quizá hubiese sido más creíble si fuera peruano, boliviano o colombiano.

Skyler White.

El esmero que pone en el laboratorio el profesor White para crear un producto de calidad se traslada a la realización de la serie. Las cinco temporadas son un viaje extraordinario, intenso y vertiginoso al mal.

Vince Gilligan.

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