21 de octubre de 2016

El coronel no tiene quien le escriba (1961) | Gabriel García Márquez

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La inquebrantable fe
El coronel no tiene quien le escriba (1961) | Gabriel García Márquez




En un periodo de estrechez económica, el colombiano Gabriel García Márquez compuso en París, desde mediados de 1956 a enero de 1957, su segunda novela: El coronel no tiene quien le escriba (1961), publicada originalmente en la revista Mito de Bogotá, en 1958.

El libro se desarrolla de octubre a diciembre de 1956 en un pueblo jamás mencionado a orillas de un río navegable. Relata la historia de un coronel de 75 años, veterano de una guerra civil, que se dirige cada viernes a la oficina de correo, aguardando una correspondencia que traiga sus pensiones.
Casado hace cuarenta años con una asmática, el viejo militar sufrió la muerte de su único hijo, Agustín, quien fue acribillado por la Policía por distribuir información clandestina y que le dejó por toda herencia un gallo de lidia. El coronel confía en que este animal ganará las peleas de enero, lo que cambiaría favorablemente su mala situación económica.
«Prohibido hablar de política», reza un letrero en la sastrería donde trabajó Agustín. Paradójicamente, ahí se encuentra uno de los focos de la resistencia secreta. Además, la frase presenta el humor sombrío que tiñe el relato y muestra la política desde un ángulo desfavorable.
Pese a la brutal represión, tres antiguos amigos de Agustín que trabajan en la sastrería, un joven médico y el coronel exponen sus vidas al repartir hojas clandestinas. La muerte del hijo del viejo militar no atemoriza y quizá estimule a estos opositores de un régimen que hace mucho tiempo no convoca elecciones, que ha impuesto el estado de sitio, que ha implantado el toque de queda en el pueblo, que censura la prensa, que realiza batidas y que asesina a sus enemigos. Esta resistencia se extiende, de manera armada y ya no oculta, en otros lugares del país.
Es importante tener en cuenta que hace 56 años terminó la última guerra civil y que las pensiones que espera el viejo militar se acordaron mediante el Tratado de Neerlandia, con la rendición del coronel Aureliano Buendía. El gobierno, sin embargo, no concreta sus promesas, en tanto los partidarios del régimen, como recuerda la esposa asmática, «cumplieron con ganarse mil pesos mensuales en el Senado durante veinte años».
Don Sebas, padrino de Agustín y ricacho del pueblo, es el único dirigente del partido del coronel que escapó a la persecución política. «Un hombre que llegó al pueblo vendiendo medicinas con una culebra enrollada en el pescuezo». ¿Cómo consiguió fortuna y evitar la represión? A través de un famoso pacto patriótico con el alcalde, que le permitió quedarse en el pueblo y «comprar a mitad de precio los bienes de sus ricos copartidarios» que aquel expulsaba.
En un pasaje, el coronel oirá de su mujer: «Varias veces he puesto a hervir piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días de no poner la olla». El héroe del relato está empobrecido y pasa mucha hambre. En ese contexto, es alarmante que el viejo militar no haga otra cosa que esperar hace 56 años. ¿Es acaso un holgazán que reduce su vida a comer, dormir, aguardar una carta, alimentar a un gallo y distribuir información clandestina?
Los ancianos esposos tienen una casa hipotecada, viven al fiado y vendieron una máquina de coser, y pretenden hacer lo propio con un reloj y un cuadro. La angustiosa situación empuja al coronel a ofrecerle su gallo de pelea a su compadre don Sebas, quien quiere aprovecharse de él pagándole menos de la mitad del precio real.
Es significativo que el viejo militar compare su figura y la de su mujer con la de un papagayo y un pájaro carpintero, respectivamente. La situación en que vive lo degrada al extremo de colocarse con su esposa al nivel de los animales, incluso el coronel y su mujer se privan de comer para alimentar al esperanzador gallo, lo que manifiesta la importancia que le otorgan.
Pese a las adversidades, el coronel está convencido de que el mal periodo pasará. Tiene una inquebrantable fe en que algún viernes le llegará la demorada carta y que su gallo ganará las peleas de enero. De algún modo es un inconformista: espera así el cambio. Esta esperanza la comparten, a su manera, los de la resistencia. Las cosas definitivamente serán distintas en el futuro.
Esta breve novela política emplea con eficacia recursos clásicos: narrador omnisciente y cronología lineal. Sin embargo, el humor sutil, las descripciones precisas y los diálogos breves sorprenden por su estupenda utilización en este hermoso relato cuyo telón de fondo es un periodo difícil de la vida de García Márquez y de su país.

Gabriel García Márquez.

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