2 de noviembre de 2019

Tres obras maestras de la novela corta

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El rancho de los sueños rotos
De ratones y hombres (1937) | John Steinbeck


De ratones y hombres (Of Mice and Men, 1937), del estadounidense John Steinbeck, conmueve por tratar con crudo realismo la vida dura de gente sencilla durante la Gran Depresión, la grave crisis económica de la década de 1930.
Después de errar por diversos pueblos de California, Estados Unidos, Lennie Small y George Milton consiguen empleo en un rancho cerca de Soledad. Deben cargar sacos de cebada a cambio de 50 dólares mensuales, comida y cama en un barracón. En esta hacienda ambos amigos conocen al negro Crooks, cuya espalda se encuentra torcida porque un caballo lo coceó y a quien se le prohíbe entrar al barracón por su color de piel, y al viejo Candy, el barrendero, que se siente inútil desde que perdió una mano hace cuatro años.
En esas circunstancias, Lennie y George acarician la idea de tener una granja para vivir juntos y sostenerse con lo que producirían. El viejo Candy se ilusiona también con ese proyecto y quiere unírseles. Sin embargo, es complicado salir de la situación en la que subsisten.
El negro Crooks los desalienta: «He visto más de cien hombres venir por los caminos a trabajar en los ranchos, con sus hatillos de ropa al hombro, y esa misma idea en la cabeza. Cientos de ellos. Llegan y trabajan y se van; y cada uno de ellos tiene un terrenito en la cabeza. Y ni uno solo de esos condenados lo ha logrado jamás».
¿Será posible alcanzar el sueño? ¿Qué hace la mayoría de los trabajadores con el poco dinero que reciben? Se lo gastan en whisky, en el burdel, en las cartas o en los dados. Así, no progresan, no salen del hoyo.
La bella esposa de Curley, hijo del patrón, tiene también una ilusión. Cree que podría ser actriz de teatro. Además, un tipo le dijo que podía introducirla en el mundo del cine. Pero la realidad es otra: vive en una hacienda rodeada de hombres que trabajan como bestias.
En ese ambiente la tragedia ronda. El fortachón Lennie Small (cuyo apellido en inglés, ‘pequeño’, contrasta con su físico) viene de escapar de un linchamiento en Weed, donde una joven lo acusó de violación, cuando él solo quería seguir acariciando su suave vestido.
A este grandulón con mente de niño le gusta jugar con ratones, pero su torpeza hace que siempre los mate sin querer. Un cachorrito del rancho al que llega con George es otra de sus víctimas de su diversión.
«Si [el patrón] descubre lo imbécil que eres, no nos va a dar trabajo, pero si te ve trabajar antes de oírte hablar, estamos contratados. ¿Lo has entendido?», le advierte George en cierto momento, quien sin duda lo pasaría mejor si viajara solo.
Al conocer a la esposa de Curley, George le advierte a Lennie que debe evitarla: «Las he conocido peligrosas, pero jamás he visto veneno como esta. Es un cebo para la cárcel. Déjala tranquila». En otro momento, el intuitivo George señala: «Va a haber un tremendo lío por culpa de ella. Esa mujer es como un revólver con el gatillo listo». Temeroso, Lennie quiere irse de ahí, pero George lo detiene porque necesitan trabajar.
Con estos ingredientes, está cantado que habrá muerte. ¿Cómo? El lector tiene la tarea de llegar al final, de disfrutar de un magnífico libro que brilla por su crítica social, su sencillez en el lenguaje y en su estructura lineal. De ratones y hombres rápidamente alcanzó la fama como un clásico sin discusión.



John Steinbeck.

La frase: «No se necesitan sesos para ser bueno. A veces me parece que es más bien al contrario. Casi nunca un tipo muy listo es un hombre bueno» (De ratones y hombres, John Steinbeck).



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Contra la tiranía
Rebelión en la granja (1945) | George Orwell



El camarada Iósif Stalin luchó a inicios del siglo XX contra las injusticias de la Rusia zarista al lado de los bolcheviques. Más tarde, participó en la revolución de 1917, que lideró Vladímir Lenin y que derrocó el gobierno provisional de Aleksandr Kérenski. Al año siguiente, en el diario Pravda, afirmó que León Trotski fue uno de los artífices del triunfo, pero con el poder en sus manos, en 1929, lo expulsó con falsas acusaciones, por ser su principal opositor.
Como muestra del culto a la personalidad, en 1925, cambió el nombre de la ciudad de Volgogrado por el de Stalingrado. Durante su régimen, Stalin impulsó con fuerza la industrialización y la colectivización de la agricultura. Para superar periodos de profunda crisis, la población hizo grandes sacrificios. Poco a poco, el país se volvió potencia, pero una de las cosas que criticó años antes se hizo parte de su gobierno: la represión. En la década de 1930 mandó a asesinar a cientos de miles de opositores e inocentes a quienes acusó de querer complotar contra él, etapa llamada la Gran Purga.
Días antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), tuvo buenos tratos con Adolf Hitler, pero este lo atacó sorpresivamente meses después. Sin embargo, Stalin se sobrepuso y venció a la Alemania nazi, aunque a costa de más de 25 millones de víctimas.
Estos hechos históricos fueron tomados en cuenta por el británico George Orwell, un socialista democrático, para escribir su relato Rebelión en la granja (Animal Farm, 1945). En un giro genial, el autor emplea como personajes a animales en vez de seres humanos. Los cerdos Viejo Mayor («de aspecto sabio y bonachón»), Napoleón (de apariencia «feroz») y Snowball («de carácter débil») son fácilmente identificables con Lenin, Stalin y Trotski.
«Los seres humanos nos arrebatan casi todo el fruto de nuestro trabajo», dice Viejo Mayor a los animales de la descuidada granja del señor Jones. (Sin duda, Orwell alude al régimen zarista). «En la lucha contra el Hombre —advierte el cerdo—, no debemos llegar a parecernos a él. Aun cuando lo hayáis vencido, no adoptéis sus vicios». Sin embargo, como la historia muestra en repetidas oportunidades, el poder corrompe.
Tras la rebelión, los siete mandamientos que establecieron Napoleón y Snowball fueron transformados con el tiempo según las conveniencias particulares. La tiranía del primer cerdo se impuso con el apoyo de perros feroces y gruñones. La vida se volvió para el resto solo «hambre y trabajo», con libertades recortadas. Además, se instaló un régimen de terror con confesiones y ejecuciones que recuerda a la Gran Purga.
Otro modo del mal uso del poder es la manipulación de la historia. Los hechos se tergiversan según las ventajas que se puedan sacar. La persuasión juega aquí un rol importante para hipnotizar al auditorio. Sin reacción, las cosas empeoran. Hay que tener en cuenta que todo elemento cuando ya no es útil se desecha, así se haya entregado por completo a la causa, como el caballo Boxer.
Esta sátira sencilla va más allá de un rechazo a la tiranía estalinista. Con un lenguaje directo y de carácter universal, pues su público comprende desde un niño, esta parábola critica todo tipo de totalitarismos. Escrita de noviembre de 1943 a febrero de 1944, el original de Rebelión en la granja fue rechazado por cuatro editoriales que no querían incomodar a la Unión Soviética, aliado del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Orwell defendió su obra y vio al fin su publicación en 1945, hoy una de las novelas breves cumbres de la literatura.

George Orwell.

La frase: «La vida de un animal es solo miseria y esclavitud» (Rebelión en la granja, George Orwell).



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Un asunto de honor
Crónica de una muerte anunciada (1981) | Gabriel García Márquez



«Volví a este pueblo olvidado tratando de recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria», dice el narrador anónimo de Crónica de una muerte anunciada (1981), novela Gabriel García Márquez, obra que reconstruye un crimen absurdo ocurrido hace casi tres décadas.
Con un espíritu de reportero, el narrador se vale de entrevistas a diversas personas, frases de un expediente judicial y su propio recuerdo, pues fue amigo de infancia y adolescencia de Santiago Nasar, la víctima. Hay que apuntar que era, asimismo, primo remoto de los Vicario, los asesinos. Es decir, tenemos un testigo de excepción.
El narrador sabe bien que a veces una conversación es insuficiente. «Me confesó en una visita posterior, cuando ya su madre había muerto», señala acerca de sus indagaciones. A veces de un largo interrogatorio consigna una frase. No abunda en reiteraciones. En resumen, el relato es producto de un impresionante poder de concisión.
Desde la primera línea, un inicio sugerente, se sabe que el protagonista será asesinado («El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana»). ¿Por qué lo querían asesinar? ¿Quién o quiénes deseaban su muerte? ¿Cómo ocurrió el crimen? Las respuestas las tendrá el lector a medida que avanza, en un camino sembrado de abundante información.
El primer párrafo anuncia, además, un manejo despiadado de los tiempos. Del presente pasa a las 5.30 del día de la muerte, de ahí menciona lo que soñó poco antes Santiago Nasar e inmediatamente lo que le contó 27 años después la madre de este al narrador. Así se edifica esta historia, compuesta por cinco secciones desprovistas de título.
¿Dónde se encontraba el narrador durante el crimen? En un burdel, con María Alejandrina Cervantes, «la más servicial en la cama». Visitar el prostíbulo del pueblo era visto como algo casi natural. El machismo es evidente en la sociedad del lugar. En este contexto, Divina Flor, hija de una cocinera, «se sabía destinada a la cama furtiva de Santiago Nasar». El mayor ejemplo de esta tara enquistada en América Latina es que Bayardo San Román, horas después de casarse, rechaza a la bella Ángela Vicario por no ser virgen. Una frase de la madre de esta acerca de sus hijas es muy ilustrativa también: «Son perfectas. Cualquier hombre será feliz con ellas, porque han sido criadas para sufrir».
La hipérbole, marca registrada de García Márquez y del realismo mágico, se expresa en los gastos de la boda de Bayardo San Román. Un caso: «Se consumieron 205 cajas de alcoholes de contrabando y casi 2.000 botellas de ron de caña que fueron repartidas entre la muchedumbre». Del mismo modo, es llamativo que muchas cosas pudieron evitar el crimen, pero no lo consiguieron, como la nota enviada a la casa de Santiago Nasar en la que le avisan que lo esperan para matarlo.
El crimen mismo parece parte de un espectáculo: «Todo lo que ocurrió a partir de entonces fue del dominio público. La gente que regresaba del puerto, alertada por los gritos, empezó a tomar posiciones en la plaza para presenciar el crimen».
Como un gesto simpático queda la mención cariñosa a Mercedes Barcha, esposa en la vida real del autor, quien no oculta algunos nombres de su familia en la novela. Otro ejemplo de enlazar algo es cuando señala que el padre de Bayardo San Román fue un general que se enfrentó al coronel Aureliano Buendía, el protagonista de Cien años de soledad (1967), obra del propio García Márquez.
El argumento se basa en un hecho real ocurrido en 1951, en la región Caribe de Colombia. Las descripciones son precisas y el estilo, impecable; salvo unos defectillos, como un pleonasmo: «me dijeron a mí». Un argumento magnífico, contado de una manera genial. Bien puede aplicarse aquí una frase atribuida al ruso León Tolstói: «Pinta tu aldea y serás universal».

Gabriel García Márquez.

La frase: «Ningún lugar de la vida es más triste que una cama vacía» (Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez).

Novelas cortas

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Felicidad para todos
Canción de Navidad (1843) | Charles Dickens


Ampliamente popular, Canción de Navidad (A Christmas Carol, 1843), de Charles Dickens, reclama la bondad de las personas por los que menos tienen.
Para transmitir su mensaje, el autor recurre a una historia de fantasmas. Como telón de fondo, se muestra la difícil vida en el Londres posterior a la Revolución industrial (hacia 1760-1840).
Reservado, avaro y egoísta, Ebenezer Scrooge es descrito como «un viejo pecador codicioso capaz de exprimir, arrancar, aferrar, rasguñar y empuñar». Para este sujeto, la Navidad no tenía importancia. A su sobrino Fred le dice: «¿Qué motivos tienes tú para estar feliz, si eres bastante pobre?». Del mismo modo, su humilde empleado Bob Cratchit, pese a su escasa fortuna, celebra la festividad con su familia con la mayor alegría.
El libro señala lo mal que es la indiferencia frente a esta fecha que recuerda el nacimiento de Jesucristo, pues en esta época del año «es cuando más se necesita hacer algún pequeño donativo para los pobres e indigentes».
Por ello, a Scrooge se le presenta el sufrido fantasma de Jacob Marley, su antiguo socio, fallecido hace siete años, quien le anuncia: «He venido esta noche para advertirte que aún tienes una oportunidad y la esperanza de escapar a un destino semejante al mío». Le comunica que se le aparecerán tres fantasmas en diversos momentos: el de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes y el de las Navidades Futuras.
¿Cómo hacer cambiar de actitud a Scrooge? Este relato moralista envía un mensaje a través del Fantasma de las Navidades Pasadas: «Cuesta poco colmar de gratitud a gente tan simple».
El relato reclama continuamente la distribución «equitativa» de los recursos. Lo curioso es que Inglaterra multiplicó su riqueza gracias a la Revolución industrial. Se volvió la mayor potencia del mundo.
Si ya mostrar fantasmas sale de lo habitual, viajar con facilidad por el tiempo y a diversos lugares también asombra. Con este recurso, Scrooge podrá saber lo que algunos piensan acerca de él, el rechazo que provoca. Un libro que sobrevive a los años.

Charles Dickens.

La frase: «La Navidad [...] tiempo amable, bondadoso, caritativo y placentero. La única época que conozco, en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen consentir en abrir con libertad sus cerrados corazones, y en considerar a quienes están por debajo de ellos como compañeros de viaje hacia la tumba y no como otra raza obligados a emprender otros viajes».







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Infeliz mortal

El capote (1843) | Nikolai Gógol

El ruso Nikolai Gógol diseña un personaje memorable en El capote (Шинель, 1843). Esta es la historia de un mediocre empleado público que reemplaza un viejo abrigo por uno nuevo. Su calidad ha llevado a decir a Vladimir Nabokov que este relato no tiene grietas.
Cincuentón, bajo de estatura, un poco picado de viruelas, algo miope, de coronilla calva y de cabello rojizo, Akaki Akakievich se encargaba de copiar documentos oficiales. Vestía siempre el mismo uniforme, un raído capote, y no gozaba del respeto de sus colegas, pese a cumplir con su labor sin errores. Es más, llevaba trabajo a su casa para copiarlo por puro placer.
Objeto de continuas burlas, sus compañeros de oficina le lanzaban con frecuencia bolitas de papel. Muchos jefes se sucedieron, pero él permaneció «exactamente en el mismo sitio, exactamente en el mismo cargo, haciendo exactamente el mismo trabajo». Algunos creían incluso que había venido a este mundo ya del todo preparado para esa tarea. No le importaba nada más que su trabajo, vivía ajeno a todo. No iba al teatro ni cortejaba a alguna dama. Soltero, vivía con una casera de unos 70 años.
Perteneciente a la clase media, sufre ciertas angustias económicas. Para cumplir el sueño de comprarse un nuevo abrigo, debe privarse durante varios meses de diversas cosas. Sin embargo, ese deseo lo volvió más seguro, firme y alegre. Así, espera el nuevo traje para enfrentar el inclemente frío de San Petersburgo, capital del Imperio ruso de 1713 a 1728 y de 1732 a 1918.
Tras conseguir el nuevo abrigo, recibe un duro golpe del que no se repondrá. Hay en esta parte del relato una crítica severa a la burocracia. Se demuestra que los tipos sencillos no son bien atendidos, así sea justo su reclamo. Hay diversas instancias, una pirámide de cargos, un largo camino con vallas. Lo que le sucede despierta compasión. La historia post mortem, más que terrorífica, es humorística. La Policía recibe quejas y debe capturar a un fantasma que roba abrigos.
Para otorgarle verosimilitud, el entrometido narrador anónimo da a entender que lo que cuenta se basa en un hecho real, pero, para evitar problemas, no ofrece los nombres exactos: «No podemos decir dónde precisamente vivía el funcionario que ofrecía la reunión». Sus recurrentes opiniones cansan. En las primeras líneas afirma: «En este mundo no hay nada más enojoso que los departamentos, regimientos, oficinas del gobierno».
A veces no sabe con exactitud algunos aspectos: «Había sido ciervo de no sé qué señor», «sabemos muy poco acerca de ella», «no se sabe a ciencia cierta si era guapa o no». Mete la cuchara a cada momento: «Conviene señalar aquí», «aquí nos cumple apuntar que». Explica algunas cosas: «Será necesario señalar aquí que Akaki Akakievich», «tal es la costumbre de los sastres desde tiempo inmemorial», «lo que se estila ahora es representar lo más plenamente posible el carácter de cualquier persona que aparece en un relato». En ciertos momentos dice cosas evidentes: «Como todo el mundo sabe».
Justifica lo que está describiendo: «El lector necesita saber». En un pasaje muestra pudor, pues evita mencionar ‘calzoncillos’: «Ese artículo de ropa interior que sería indecente mencionar por escrito». Todas estas interferencias le restan calidad al relato. El narrador invisible, objetivo, lo sabe todo, pero no dice lo que piensa de los personajes o situaciones. Así, permite que el lector saque sus propias interpretaciones y no que le den lecciones de modo directo. Pese a ello, El capote es un buen relato y sigue cosechando público.

Nikolai Gógol.

La frase: «Siempre habrá gente que considerará importante lo que en opinión de otra gente no lo es» (El capote, Nikolai Gógol).



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La isla misteriosa
La invención de Morel (1940) | Adolfo Bioy Casares


En el prólogo a la primera edición de La invención de Morel (1940), del argentino Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges anotó acerca de la trama de este libro: «No me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta».
El argumento, en efecto, es muy interesante. Un tipo condenado a cadena perpetua huye de prisión y llega en un bote a una isla solitaria, donde se instala. Días después observa a unos sujetos. Más tarde se entera de que son producto de la invención de un tal Morel (un «barbudo pálido»). Un aparato que reproduce infinitamente lo que unas quince personas («con otras tantas de servidumbre») hicieron en una semana de verano en la isla.
El narrador, el propio prófugo, cree que se encuentra en la isla Villings, en el archipiélago de Las Ellice, colonia británica de 1892 a 1976, ubicada en la Polinesia, en el océano Pacífico. ¿Cómo es el lugar? Hacia 1924, Morel destinó parte de su fortuna en la construcción de un museo amplio de tres pisos (un «refugio que pone a prueba el equilibro mental»), una capilla y una pileta de natación.
¿Qué tiene de extraño esta isla? Entre otras cosas, «mata de afuera para adentro». A la gente que usa la invención de Morel, una enorme máquina, se le cae las uñas, el pelo; se le muere la piel. Pese a este peligro, sin conocer los detalles, el prófugo decide ir a este insólito lugar. Escapa desde Rabaul, puerto de Papúa-Nueva Guinea, en Oceanía, pues su vida de prisionero era horrible.
Entre los «intrusos» que observa días después se encuentra Faustine. «En las rocas hay una mujer mirando las puestas de sol, todas las tardes. Tiene un pañuelo de colores atado en la cabeza; las manos juntas, sobre una rodilla». El narrador se enamora de ella. Intenta comunicarse de diversas formas, pero es en vano. La mujer no le hace caso. ¿Acaso él se ha vuelto invisible?
El prófugo asegura que la vez que le habló a Faustine él «estaba casi inconsciente». ¿La soledad, la locura, alimentarse de raíces desconocidas o las pesadillas le han hecho crear esta historia? ¿Estos excepcionales visitantes actuaban para él? ¿Acaso se encuentra en el infierno? ¿Qué significado tiene la capilla, «el sitio más solitario de la isla»? Son muchas preguntas y un número mayor de hipótesis.
La prosa es cuidada. Esto corresponde a que el narrador es un escritor, posiblemente nacido en Venezuela. (En cierto momento menciona las «frías alturas» de ese país y afirma haber estado en Caracas. No obstante, no hay localismos propios de su lugar natal). En vez de decir «dejé de hablar», dice: «Renuncié a las palabras», una forma más literaria.
En su diario personal, el narrador no ofrece fechas. Quizá porque ignora el día en que se encuentra. Dedica muchas páginas a describir el lugar, lo que fatiga un poco. «El lector atento puede sacar de mi informe un catálogo de objetos, de situaciones, de hechos más o menos asombrosos», dice. Lo malo es que abunda mucho en lo primero. Un hecho poco frecuente en los relatos de ficción son las notas de un «editor» anónimo a pie de página. Es un artificio que permite a otra persona comentar algunos detalles del relato del prófugo.
Estamos en el mundo de lo absurdo. Un grupo de personas baila en medio de una tempestad, hace ejercicios de calentamiento durante un calor abrasador y habla correctamente el francés «casi como sudamericanos» (¿?). Las conversaciones se repiten, habitan bajo dos soles en el día y dos lunas en la noche.
«Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la más insoportable de las pesadillas», dice el narrador de modo significativo. Un libro que destaca por la imaginación del autor y su esmerada prosa.

Adolfo Bioy Casares.

La frase: «Si queremos desconfiar, nunca faltará la ocasión» (La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares).



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La inquebrantable fe

El coronel no tiene quien le escriba (1961) | Gabriel García Márquez


En un periodo de estrechez económica, el colombiano Gabriel García Márquez compuso en París, desde mediados de 1956 a enero de 1957, su segunda novela: El coronel no tiene quien le escriba (1961), publicada originalmente en la revista Mito de Bogotá, en 1958.
El libro se desarrolla de octubre a diciembre de 1956 en un pueblo jamás mencionado a orillas de un río navegable. Relata la historia de un coronel de 75 años, veterano de una guerra civil, que se dirige cada viernes a la oficina de correo, aguardando una correspondencia que traiga sus pensiones.
Casado hace cuarenta años con una asmática, el viejo militar sufrió la muerte de su único hijo, Agustín, quien fue acribillado por la Policía por distribuir información clandestina y que le dejó por toda herencia un gallo de lidia. El coronel confía en que este animal ganará las peleas de enero, lo que cambiaría favorablemente su mala situación económica.
«Prohibido hablar de política», reza un letrero en la sastrería donde trabajó Agustín. Paradójicamente, ahí se encuentra uno de los focos de la resistencia secreta. Además, la frase presenta el humor sombrío que tiñe el relato y muestra la política desde un ángulo desfavorable.
Pese a la brutal represión, tres antiguos amigos de Agustín que trabajan en la sastrería, un joven médico y el coronel exponen sus vidas al repartir hojas clandestinas. La muerte del hijo del viejo militar no atemoriza y quizá estimule a estos opositores de un régimen que hace mucho tiempo no convoca elecciones, que ha impuesto el estado de sitio, que ha implantado el toque de queda en el pueblo, que censura la prensa, que realiza batidas y que asesina a sus enemigos. Esta resistencia se extiende, de manera armada y ya no oculta, en otros lugares del país.
Es importante tener en cuenta que hace 56 años terminó la última guerra civil y que las pensiones que espera el viejo militar se acordaron mediante el Tratado de Neerlandia, con la rendición del coronel Aureliano Buendía. El gobierno, sin embargo, no concreta sus promesas, en tanto los partidarios del régimen, como recuerda la esposa asmática, «cumplieron con ganarse mil pesos mensuales en el Senado durante veinte años».
Don Sebas, padrino de Agustín y ricacho del pueblo, es el único dirigente del partido del coronel que escapó a la persecución política. «Un hombre que llegó al pueblo vendiendo medicinas con una culebra enrollada en el pescuezo». ¿Cómo consiguió fortuna y evitar la represión? A través de un famoso pacto patriótico con el alcalde, que le permitió quedarse en el pueblo y «comprar a mitad de precio los bienes de sus ricos copartidarios» que aquel expulsaba.
En un pasaje, el coronel oirá de su mujer: «Varias veces he puesto a hervir piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días de no poner la olla». El héroe del relato está empobrecido y pasa mucha hambre. En ese contexto, es alarmante que el viejo militar no haga otra cosa que esperar hace 56 años. ¿Es acaso un holgazán que reduce su vida a comer, dormir, aguardar una carta, alimentar a un gallo y distribuir información clandestina?
Los ancianos esposos tienen una casa hipotecada, viven al fiado y vendieron una máquina de coser, y pretenden hacer lo propio con un reloj y un cuadro. La angustiosa situación empuja al coronel a ofrecerle su gallo de pelea a su compadre don Sebas, quien quiere aprovecharse de él pagándole menos de la mitad del precio real.
Es significativo que el viejo militar compare su figura y la de su mujer con la de un papagayo y un pájaro carpintero, respectivamente. La situación en que vive lo degrada al extremo de colocarse con su esposa al nivel de los animales, incluso el coronel y su mujer se privan de comer para alimentar al esperanzador gallo, lo que manifiesta la importancia que le otorgan.
Pese a las adversidades, el coronel está convencido de que el mal periodo pasará. Tiene una inquebrantable fe en que algún viernes le llegará la demorada carta y que su gallo ganará las peleas de enero. De algún modo es un inconformista: espera así el cambio. Esta esperanza la comparten, a su manera, los de la resistencia. Las cosas definitivamente serán distintas en el futuro.
Esta breve novela política emplea con eficacia recursos clásicos: narrador omnisciente y cronología lineal. Sin embargo, el humor sutil, las descripciones precisas y los diálogos breves sorprenden por su estupenda utilización en este hermoso relato cuyo telón de fondo es un periodo difícil de la vida de García Márquez y de su país.

Gabriel García Márquez.

La frase: «La ilusión no se come. No se come, pero alimenta» (El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez).

1 de junio de 2019

Los 15 mejores cómics de la historia


Leer historietas hace buen tiempo que no es solo para adolescentes. Con obras como las que siguen, de superhéroes o autobiográficas, este género alcanza momentos brillantes, al igual que novelas o memorias de primera línea. Aquí una reseña acerca de los cómics que más me han emocionado y que, según pienso, permiten ver la realidad desde un ángulo más ingenioso.


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El rescate de un amigo
Tintín en el Tíbet (1960) | Hergé
 

Tintín en el Tíbet (Tintin au Tibet, 1960), del belga Hergé, es una historieta de aventuras muy divertida. Se calcula que la serie de Tintín (1930-1976), de 24 álbumes, los cuales se desarrollan en diversas partes del mundo, ha vendido más de 200 millones de ejemplares en más de 60 idiomas. Esto evidencia su enorme importancia.
Pero volvamos a la historieta que nos convoca, la cual era la predilecta de su creador. Ya en la primera página el capitán Haddock advierte el peligro que existe en las montañas. Precisamente hay un accidente de aviación en el macizo Gosainthan, a 8.027 metros de altitud, en el Tíbet, en el cual el chino Chang Chong-Chen. Por un sueño, Tintín cree que este amigo suyo vive aún y hacia la parte más alta del mundo se dirige.
El protagonista es advertido numerosas veces de abandonar el rescate, pues se informó que todos los pasajeros del avión fallecieron. El capitán Haddock le pide que tenga sentido común. «Cabeza de mula», le reprocha. Ir al lugar del accidente, para el jefe del aeropuerto de Katmandú, «es una locura». Tharkey, un sherpa [guía], le dice al referirse a Chang: «¡Él ha muerto! [...]. Demasiado frío y nada que comer».
La torpeza del capitán Haddock, quien se tropieza continuamente por donde va, alivia con humor la tensión de ir al encuentro con lo inesperado. Sin embargo, los pequeños accidentes que protagoniza el barbado personaje llegan al límite de cansar. Donde sí es jocoso es cuando, en cierto pasaje, este asegura que no acompañará a Tintín, pero en la siguiente viñeta se le ve descendiendo de un avión rumbo a la cordillera del Himalaya.
Las caracterizaciones van bien. Como suelen ser los marinos, el capitán Haddock lanza maldiciones a cada momento. Es típico que este alcohólico personaje se refiera a cantidades: «¡Mil millones de millares de demonios!».
Lo que no cuadra bien es cómo el sherpa Tharkey habla de forma rústica con Tintín («Yeti existe»), mientras el gran lama, maestro o guía espiritual para los budistas tibetanos, habla correctamente con el protagonista de la historieta. ¿En qué idioma se comunican? Se supone que en francés, pero esto sería extraño. Otro cuestionamiento surge cuando un nepalí insulta al capitán Haddock en hindi, idioma casi desconocido en la región.
Es curioso que Milú, el perro de Tintín, hable como los humanos, aunque ninguno de estos lo advierta. Si solo son pensamientos de este fox terrier blanco, las declaraciones deberían ir en burbujas en los globos de la historieta. En tres momentos esta mascota es especialmente gracioso: cuando se molesta porque lo confunden con un «perro callejero», cuando se embriaga y cuando descuida una misión por preferir un hueso.
De 62 páginas a color, la historieta intenta explotar a lo más el exotismo. El gran lama dice: «Aquí en el Tíbet ocurren muchas cosas que les parecen increíbles a los occidentales». En esa ruta, un monje tibetano levita y percibe el futuro. Un yeti, gigante antropomorfo que supuestamente habita en el Himalaya, es otro elemento de interés en esta historia de Hergé. En resumen, Tintín en el Tíbet permite conocer otras culturas a los occidentales. Dirigida especialmente para el público infantil y juvenil, esta obra fue señalada por la revista francesa Lire, en 2012, como el mejor cómic del siglo XX.



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La fórmula secreta
Astérix el Galo (1961) | René Goscinny y Albert Uderzo
 

Astérix el Galo (Astérix le Gaulois, 1961), de los franceses René Goscinny (guionista) y Albert Uderzo (dibujante), inicia la serie de historietas más traducida (107 lenguas) y vendida (350 millones de ejemplares) de Europa.
Se sabe que ambos creadores, después del relativo éxito con las aventuras del fortachón piel roja Umpah-pah, que transcurrían en América del Norte en el siglo XVIII, deseaban tomar en cuenta la historia de Francia para crear sus personajes (¿el régimen de Carlomagno, el reinado de Luis XIV, la revolución de 1879, el periodo napoleónico, las guerras mundiales?). Ellos eligieron la etapa de resistencia de las Galias frente a las legiones romanas de Julio César, año 50 antes de Cristo. Acerca del protagonista, Uderzo confesó: «Yo estaba pensando en el arquetipo del galo... Un celta alto y rubio». Sin embargo, Goscinny prefirió un tipo bajito, pero astuto.
El galo Vercingétorix se opuso a los romanos con valentía, pero fue derrotado finalmente. Por su coraje, es considerado una figura mítica, un símbolo patriótico y el primer líder del pueblo francés. En este primer volumen de la serie de historietas el único personaje real que aparece es el todopoderoso Julio César.
Veamos el argumento del cómic. Los romanos del campamento de Petibonum no saben de dónde proviene la extraordinaria fuerza de los galos de Armórica, aldea en el norte de la actual Francia, la cual cercan y no pueden conquistar tras la caída de Vercingétorix.
El nacionalismo que expresa el libro se evidencia al mostrar a los romanos como torpes, desleales y cobardes. Sorprende que solo algunas frases estén en latín, pues se supone que todo el tiempo los romanos hablan esta lengua. ¿En qué idioma estos se comunican con los galos? No se precisa.
Otro asunto cuestionable es cuando el centurión Cayo Bonus dice que se encontraba de vacaciones al ser capturado. ¿El concepto de vacaciones existía entonces?
Hay términos poco conocidos que requieren explicación para una lectura más fluida: ‘podón’ (herramienta para podar), ‘druida’ (miembro de la clase elevada sacerdotal), ‘menhir’ (monumento megalítico) y ‘marmita’ (olla de metal). Por otro lado, un aspecto que llama la atención es la ausencia de mujeres en esta historieta.
En 1999 Astérix el Galo fue elegido uno de los cien mejores libros del siglo XX, en una encuesta realizada por las tiendas Fnac y el diario Le Monde. Aparece al lado de cuatro obras del género. Figura con las series Blake y Mortimer, iniciada en 1950 por Edgar P. Jacobs, y Tomás el Gafe, creada en 1957 por André Franquin. Asimismo se encuentran en esta relación El loto azul (Le lotus bleu, 1936), de Hergé, y La balada del mar salado (Una ballata del mare salato, 1967), de Hugo Pratt. Así, el noveno arte poco a poco gana espacio y se codea con obras maestras de la literatura.
¿Por qué gusta Astérix el Galo? ¿Acaso por sus referencias históricas? ¿Quizá por sus gags (efectos cómicos rápidos e inesperados)? El comentarista Gonzalo Valdivia Dávila señala: «La violencia está banalizada como en el caso de los dibujos animados de Warner Brothers y Walt Disney, pues nadie muere cuando le caen rocas enormes ni sale despedido por los aires». Lo cierto es que los golpes que propinan los galos causan risas tanto como cuando estos se burlan de los romanos con una pócima secreta. En suma, su lectura es muy recomendable.



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Piratas en guerra
La balada del mar salado (1967) | Hugo Pratt 

La balada del mar salado (Una ballata del mare salato, 1967), del italiano Hugo Pratt, trata acerca de las aventuras de Corto Maltés y Rasputín, piratas cuyo jefe es El Monje. Se desarrolla de 1913 a 1915, antes y durante la Primera Guerra Mundial.
Con esta historieta se inicia la serie cuyo protagonista es Corto Maltés y que terminaría de publicarse en 1989. El conjunto permite bosquejar la biografía de este pirata que lleva un arete en la oreja izquierda, patillas espesas y quepí de marinero.
En el océano Pacífico, cerca de las islas Salomón, el despiadado Rasputín rescata desde su catamarán a dos jóvenes primos millonarios (el inglés Caín y la estadounidense Pandora Groovesmore), quienes viajaban en el barco Chica de Ámsterdam. Su idea es pedir buena cantidad de dinero a sus familiares a cambio de la libertad de estos muchachos. Poco después Rasputín salva a Corto Maltés, que se encontraba atado en una balsa después de que la tripulación de la embarcación de este se amotinara para robarle lo que transportaban.
Rasputín y Corto Maltés, quienes trabajan para El Monje, asaltan luego un carguero holandés para vender el carbón que llevaba al almirante alemán Von Speeke. ¿Pero quién es El Monje? El joven maorí Tarao, quien posee un enorme tatuaje en el rostro, dice: «El Monje es el gran misterio de los Mares del Sur, alguien con quien es mejor no encontrarse». Caín, nombre que recuerda a un traidor bíblico, dice: «Todos los indígenas hablan de él como de alguien que siempre ha existido».
¿Qué decir de Corto Maltés? El Monje le comenta en cierto momento: «No vales para el mando. Demasiado individualista e indisciplinado. ¡Eres un subversivo!». Para el pirata melanesio Cráneo, «no tiene patria y es un hombre libre que sabe muchas cosas..., pero tiene algo en contra: no quiere responsabilidades». El Monje añadirá: «Lo que más me gusta de ti es precisamente tu capacidad para no perder de vista el lado divertido de todas las cosas». El teniente de navío Christian Slütter lo define: «¡Es usted un pirata simpático!». Para la bella Pandora Groovesmore, en cambio, no es tan malo como aparenta.
A diferencia de la obra de Hergé, creador del personaje Tintín, en la serie de Corto Maltés hay un toque de erotismo, lo que restringe la historieta a un público más adulto. En cierto momento este le dice al teniente alemán Slütter: «Guapa chica, ¿eh? Lástima ser demasiado viejos para que nos tome en consideración, ¿no le parece?».
Diversas nacionalidades coindicen en el relato: italiana, japonesa, holandesa, alemana, australiana, estadounidense y nativas (melanesio, maorí, papúe). Lo curioso es que no hay dificultades para comunicarse. Parece que todos hablaran un mismo idioma.
Publicada originalmente en blanco y negro, por entregas, en 1967 en la revista italiana Sgt. Kirk, esta historieta apareció por vez primera en un volumen en 1977, coloreado por Mariolina Pasqualini. La balada del mar salado es una obra que tiene ingredientes suficientes para captar el interés: naufragio, escapatoria, fusilamiento, malentendido, reconciliación, además de tiburones, caníbales, personajes misteriosos, submarino, isla oculta. El novelista italiano Umberto Eco declaró en cierta ocasión que su autor había sido «el [novelista de aventuras Emilio] Salgari del siglo XX, pero al contrario de Salgari, Hugo Pratt escribía bien».



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Persecución infernal
Maus (1980-1991) | Art Spiegelman
 

Maus. Relato de un superviviente (Maus: A Survivor’s Tale, 1980-1991), escrita y dibujada por el estadounidense Art Spiegelman, se centra en las experiencias de un judío polaco durante el Holocausto y en la difícil relación con su hijo. Unánimemente aclamada, esta obra es hasta la fecha la única novela gráfica distinguida con el premio Pulitzer (1992).
Después de dos años sin verlo, Art visita a su padre en 1978, en su casa de Rego Park, Queens, Nueva York. Desde el inicio aquel manifiesta que quiere ilustrar un libro sobre la vida de su progenitor en Polonia durante el Holocausto. Aunque Vladek cree que su hijo ganaría mucho más dinero con otro tipo de dibujos y que su historia no interesa a nadie, colabora con él decididamente durante meses.
Vladek Spiegelman se equivoca de cabo a rabo. Su relato atrapa al lector, pero el mérito no solo es suyo, pues Art se escapa de lo común para contar una historia. Son muchos ya los relatos de sobrevivientes del exterminio nazi, aunque pocos son tan innovadores e imperecederos como el que refiere Maus. La producción sobre este capítulo nefasto de la historia de la humanidad, que causó la muerte de seis millones de judíos, no se detiene. Pese a ello, lo lamentable es que la gente no ha cambiado en su actitud de marginar y reprimir a las minorías. Por ejemplo, Vladek no oculta su rechazo contra un negro estadounidense, al que prejuzga de ladrón. «¡Esto es indignante! ¿Cómo tú, precisamente, puedes ser tan racista? ¡Hablas de los negros igual que los nazis hablan de los judíos!», le reprocha Art.
Aunque el viejo Spiegelman no quiere que se incluyan asuntos privados en el libro, Art cree que esto hace más real, más humana la obra. Por ello no evita mostrar a su padre como un sujeto avaro. El dibujante recuerda que su madre, cuando necesitaba material escolar o ropa para él, debía rogar y discutir durante semanas para que Vladek soltara el dinero. «En cierto modo coincide con la caricatura racista del viejo judío avaro», confiesa Art. «¡Tiene cientos de miles de dólares en el banco y vive como un indigente...!», señala Mala, la segunda esposa del viejo Spiegelman.
«Quiero contar tu historia tal como ocurrió», dice el artista a su padre. Esto ha motivado que muchos consideren Maus una biografía más que una novela gráfica. La incorporación de una fotografía de Vladek con traje de prisionero le otorga un carácter documental, veraz.
La primera parte se ambienta de mediados de la década de 1930 al invierno de 1944. Para diferenciar las nacionalidades, Art dibuja a los judíos como ratones, a los alemanes como gatos, a los polacos no judíos como cerdos. En menor medida, aparecen los estadounidenses y franceses como perros y ranas, respectivamente. Cuando los judíos quieren pasarse por polacos no judíos, el dibujante les pone una máscara de cerdo, recurso ingenioso.
Vladek es políglota. Habla alemán, yiddish, polaco e inglés, aunque esto último no tan bien. Como asegura el traductor Cruz Rodríguez, falla sobre todo en los tiempos verbales y el uso de las preposiciones. El viejo Spiegelman dice, por ejemplo: «Hola, Artie. Llegas tarde. Era preocupado». En este juego de lenguas, hay que mencionar que maus significa ‘ratón’ en alemán.
Consciente de sus limitaciones, Art se enfrenta al reto de crear un buen libro. «Mi padre trabajó en una hojalatería cerca del campo [de concentración de Auschwitz]. No sé qué herramientas dibujar. No tengo documentación», dice. Los modos de resolver los problemas de expresión son varios: para explicar lo que dibuja y que podría no ser advertido por el lector, escribe: «Percha de madera» (en este caso es imposible a simple vista distinguir el material).
«Me hice artista porque a él [Vladek] le parece algo inútil. Una pérdida de tiempo», le confiesa Art a su esposa, Françoise Mouly. El viejo Spiegelman considera finalmente que su hijo será famoso como otro dibujante: el estadounidense Walt Disney.
Maus es, sin duda, un libro pretencioso. «No me siento capacitado para reconstruir una realidad que es peor que mis sueños más funestos. ¡Y además es una historieta! Creo que apunto demasiado alto. La realidad es demasiado compleja para los cómics... Hay que omitir o distorcionar demasiado», sostiene Art. Sin embargo, el resultado es magnífico.
«En setiembre de 1986, tras ocho años de trabajo, se publicó la primera parte de Maus. Fue un éxito de crítica y ventas», recuerda Art en la segunda parte de la misma historieta. No hay duda: Maus es una obra maestra.



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El vengador enmascarado
V de vendetta (1982-1989) | Alan Moore y David Lloyd 

El héroe de V de vendetta (V for Vendetta, 1982-1989) es un terrorista enmascarado con sombrero y capa, dueño de una gran cultura, que se enfrenta a un Estado unipartidista, totalitario y fascista. Esta novela gráfica inglesa escrita por Alan Moore e ilustrada por David Lloyd es una de las más celebradas historietas contemporáneas.
La máscara que utiliza este personaje representa a Guy Fawkes, conspirador católico que intentó atentar con pólvora contra el Parlamento inglés y el represivo rey Jacobo el 5 de noviembre de 1605. No es la única referencia cultural del libro. El protagonista, V, cita versos de autores clásicos como William Shakespeare o letras de canciones como «Sympathy for the Devil» (1968), de The Rolling Stones. Atesora en su refugio obras prohibidas por el régimen que gobierna el Reino Unido.
Nos encontramos en 1997, futuro próximo a la publicación de la historieta, en el que Inglaterra ha sobrevivido a una guerra nuclear. El país es gobernado por el dictador Adam Susan, llamado el «Líder», del partido Norsefire (Fuego Nórdico). Hay que recordar que durante la publicación de V de vendetta el Reino Unido era gobernado por Margaret Thatcher, primera ministra de 1979 a 1990, llamada «La Dama de Hierro», promotora de políticas conservadoras, de la reducción del poder de los sindicatos.
Su pasado tormentoso, impulsa a V a la venganza. Sobrevivió penosamente a los experimentos a cargo de la doctora Delia Surridge, realizados en el campo de concentración Larkhill, a inicios de la década de 1990, donde las víctimas fueron minorías como homosexuales, judíos, izquierdistas, musulmanes. En este lugar conoció también al cura pedófilo Anthony Lilliman y al comandante Lewis Prothero. Prisionero de la celda V, sus habilidades aumentaron con las inyecciones recibidas.
Su huida le permitió echar mano contra todos los que lo torturaron, todos los que trabajaron en Larkhill. No contento con eso, refugiado en la Galería de Sombra, ideó asimismo tumbarse al régimen policial ultraderechista. La obra se inicia cuando salva de una violación a la rubia tontuela de 16 años Evey Hammond, a quien lleva a su guarida. Con ella, el lector conocerá el inframundo de esta especie de ángel vengativo.
Pese a que toma en cuenta un futuro próximo, las ilustraciones parecen antiguas, de la década de 1950, más aun si fueron inicialmente publicadas en blanco y negro. Hay partes complejas como el inicio del libro 2, que muestra a V tocando el piano a modo de introducción. De la misma forma, los saltos de escenario descolocan al lector.
Veamos ahora qué pensamiento transmite el protagonista. En un pasaje, V le dice a la Justicia, representada en un monumento, que no cree más en ella, pues esta se ha acostado con otro. El nuevo romance de V se llama anarquía: «¡Y me ha enseñado más como amante que tú en toda tu vida!». En otro momento afirma que «la anarquía significa ‘sin líderes’, no ‘sin orden’». V no solo busca una venganza personal, sino que la gente reaccione, se anime a rebelarse contra el régimen opresor. En un enfrentamiento señala: «No queda carne ni sangre que matar bajo esta capa. Solo hay idea. Las ideas son a prueba de balas». Su lucha también es ideológica, como la de Guy Fawkes.



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El origen secreto de Hitler
Adolf (1983-1985) | Osamu Tezuka 

El manga antibélico Adolf (アドルフに告ぐ, 1983-1985), escrito e ilustrado por Osamu Tezuka, ofrece una historia muy ambiciosa. Abarca varios años, de 1936 a 1983, y diversos países, como Japón y Alemania. El resultado: casi 1.300 páginas con algunos momentos brillantes.
Sohei Toge, experiodista japonés sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, relata el inicio y el final, desde Israel, 1983: «Esta es la historia de tres hombres llamados Adolf».
Partimos desde las Olimpiadas de Berlín 1936, a las que Toge asiste como corresponsal. Un hecho ensombrece su estadía: su hermano menor, el estudiante comunista Isao, residente en la capital alemana, es asesinado por poseer unos documentos que señalarían el origen judío de Adolf Hitler, declarado antisemita. La lucha por el certificado de nacimiento y por una carta de la madre del futuro führer a su suegro gobierna toda la historieta.
El crimen de Isao Toge se relaciona con la muerte de una geisha en Japón, amante del orgulloso diplomático alemán Wolfgang Kaufmann. Así, hay una conexión de dos continentes, dos idiomas y dos culturas diferentes.
Además de la muerte de la geisha, asesinada por estrangulamiento, hay varios actos de violencia contra las mujeres en diversos pasajes de la obra. En uno de ellos, Sohei Toge viola a una espía nazi. En otro, Wolfgang Kaufmann golpea a su sumisa esposa porque esta le pregunta algo incómodo. Y en un caso más, la profesora Noriko Ogi es torturada con cigarrillos encendidos en el pecho.
De los tres Adolf el que aparece menos es Hitler. Los otros dos son amigos desde los 3 años de edad, relación iniciada en Kobe, Japón. Uno era judío y el otro, alemán de padre nazi.
Con Adolf Kaufmann, conoceremos la Adolf Hitler Schule, en Alemania, encargada de formar líderes del Partido Nazi; al führer, quien lo condecora por ser estudiante sobresaliente y lo aprecia al extremo de tenerlo como su secretario personal. También veremos a Eva Braun, la amante del líder germano, refugiada en una residencia alpina de Berghof.
Hechos históricos marcan con fuego la vida de los personajes: el régimen de Manchukuo (impuesto por los japoneses al norte de China de 1932 a 1945), el congreso nacional de Núremberg de 1936, la invasión alemana de Polonia (1939), la caída de París (1940), el ataque a Pearl Harbor (1941), el mayor atentado contra Hitler (1944), el uso de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki (1945).
«Yo no como carne. Tampoco consumo tabaco ni alcohol. Y apenas bebo café o té», dice Hitler en un momento. No es la única paradoja. Adolf Kaufmann dirá en Israel: «¡Qué ironía! Los mismos judíos que sufrieron la crueldad de los nazis realizan ahora crueldades aún mayores».
Tezuka cultiva trazos nítidos sin efectos de sombra, con ángulos bien elegidos y detalles bien trabajados. A veces exagera en las expresiones, como cuando los personajes abren la boca demasiado. Para acentuar la expresividad, además, emplea la onomatopeya: splash, bang, buaaa. Lo que más se lamenta son las coincidencias algo caprichosas en la historia.
Las últimas páginas se ambientan en Israel, en el año en que empezó a publicarse esta historieta de Osamu Tezuka, llamado el Dios del Manga. En resumen, un libro que merece leerse por sus enormes méritos.



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Pesadilla nuclear
Akira (1982-1990) | Katsuhiro Otomo 

Escrita e ilustrada por el japonés Katsuhiro Otomo, Akira (アキラ, 1982-1990) es un manga de 2.215 páginas que popularizó las historietas de su país en Estados Unidos y Europa. Publicada originalmente en blanco y negro, la edición en castellano se basa en la que preparó Otomo para el mercado estadounidense, a color.
Lo mejor del manga son las peleas espectaculares entre los delincuentes juveniles, personajes principales del cómic. En esas páginas los diálogos son escasos, pero se disfruta cómo un grupo de adolescentes con superpoderes juegan a ser dioses.
El 6 de diciembre de 1982 algo extraño destruye Tokio. Pronto otras ciudades del mundo son bombardeadas y se inicia la Tercera Guerra Mundial. Años después, en 2030, la ciudad de Neo Tokio, construida en una isla artificial, es amenazada por terroristas opositores al régimen y por pandillas juveniles.
Tetsuo, de unos 15 años y estudiante de una correccional para marginados sociales, es herido cuando su moto explota después de que un niño con aspecto de anciano, que escapaba de miembros del Ejército, bloquea la autopista. Este incidente despierta extraños poderes en el adolescente, lo cual atrae la atención del gobierno.
Como una forma de venganza contra el altanero y antipático Kaneda, jefe de su anterior pandilla, Tetsuo asume el liderazgo de la banda rival: los Clowns. Una muestra de su fuerza es que elimina a sus enemigos con facilidad, a quienes les estalla la cabeza sin tocarlo. Estamos ya en terrenos que se escapan de la realidad. Mientras tanto, poco a poco Kaneda se involucra en una organización terrorista dirigida por Ryu y Nezu.
Después de varias páginas, se arma una pelotera. Los antiguos enemigos se vuelven aliados y viceversa. Los enfrentamientos se suceden. Entre los temas que trata el manga está el de las drogas: el todopoderoso Kaneda debe consumir píldoras para aplacar el dolor de cabeza.
También tenemos la manipulación e incapacidad de un gobierno que gasta ingentes cantidades de dinero para desarrollar un arma muy poderosa. De este plan se crea una «guardería grotesca», un invernadero para niños canosos y arrugados con enormes poderes. Por ser especial, Akira duerme en una cámara criogénica debajo del Estadio Olímpico de Neo Tokyo. Un rayo láser empleado desde un satélite llamado SOL es otro de los instrumentos del Ejército. El poder militar es expresado también en un golpe de Estado que pone a la ciudad bajo la ley marcial.
Otro de los aspectos es el pánico que causan las hecatombes, algo que experimentaron los japoneses con las bombas atómicas en agosto de 1945. En este panorama, la gente se esconde en refugios antinucleares, además escasean las medicinas y los alimentos. El caos permite que una secta religiosa gane muchos adeptos. Lady Miyako, de dotes premonitorias, señala que habrá «una catástrofe apocalíptica que cambiará el orden de las cosas». La sumisión se muestra también cuando un grupo de fanáticos funda el Gran Imperio de Tokio. La presentación de Akira a cargo de una banda de rock en el Estadio Olímpico es patética, ejemplo de alienación. Al conocer a Akira, Ryu afirma: «Tanto follón por tan poca cosa».
En su templo, resguardada por monjes, Lady Miyako le cuenta a Tetsuo la historia de la creación de Akira: «En los setenta, a raíz de una investigación, se reunió a un grupo de niños de rasgos singulares. Los científicos experimentaron con ellos. Un doctor muy polémico se empezó a interesar. Su especialidad era el funcionamiento del sistema nervioso central. A todos los que desarrollaron poderes y entraron en el proyecto les asignaron un código».
Estamos en el año 2030, tiempo en el que vemos algunos avances tecnológicos, como vehículos voladores, pero todavía utilizan fotografías en carretes. Akira, el manga, es espectacular por las explosiones, las luchas, las magníficas ilustraciones, no así por el guion.



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Vuelta y adiós
Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1986) | Frank Miller 

Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), escrita e ilustrada por Frank Miller, demuestra que las historietas de superhéroes pueden ofrecer obras maestras.
Esta novela gráfica es valiosa por ir más allá con su historia, por escaparse de lo convencional, por ofrecer una estructura sencilla pero muy coherente, en un ritmo intenso.
Tras diez años de su última aparición, el Hombre Murciélago vuelve para combatir el crimen, enfrentarse a dos de sus archienemigos (Dos Caras y Guasón). También observamos la participación de Superman (el otro gran superhéroe de DC Comics, la empresa de historietas a la que pertenece Batman), la tensión entre Estados Unidos y Unión Soviética, la discusión sobre si el fin justifica los medios para lograr la justicia, la importancia de la televisión. Todo en un argumento muy bien estructurado.
Estamos en la década de 1980, en Estados Unidos gobierna un presidente cuyos rasgos nos remiten a Ronald Reagan (1981-1989), quien tuvo una tensa relación con los soviéticos. En la ficticia Gotham City, Batman se ha retirado hace una década por la muerte del segundo Robin, su ayudante justiciero, cuya identidad verdadera es Jason Todd, a manos del Guasón. El multimillonario Bruce Wayne, nombre que esconde el superhéroe, a los 55 años es un mustio alcohólico.
Los noticieros televisivos indican que la delincuencia está en su momento de mayor auge con Los Mutantes, pandilla que en su mayoría se arrima al que le va bien. Gracias a los telediarios, de papel protagónico en el cómic, el lector se entera del conflicto entre Estados Unidos y Unión Soviética en la isla Corto Maltés (claro homenaje a las historietas del italiano Hugo Pratt). Este argumento paralelo expresa el temor por las bombas nucleares. Uno de los efectos del estallido de esta letal arma es un apagón, el caos, la inutilidad de las máquinas de forma imprevista, como aquel avión que se estrella contra un rascacielos de Gotham, cuyos edificios, puentes y calles se asemejan a Nueva York.
Es por la televisión que el líder de Los Mutantes lanza esta amenaza: «Yo mismo mataré al necio de Batman. Arrancaré la carne de sus huesos y los sorberé hasta dejarlos secos. Me comeré su corazón y arrastraré su cadáver por la calle». En el transcurso de la historia, decenas de muertes se apilan. Parece que no hay salvación.
La discusión acerca de los códigos de Batman para luchar contra el crimen se ve continuamente en los programas de televisión. Ellen Yindel, la sucesora de James Gordon (aliado del Caballero Oscuro, por quien ha forzado y roto las reglas), comisario de la ciudad que se jubila a los 70 años de edad y después de 26 años en el cargo, es muy crítica con el enmascarado: «Lo primero que haré como comisaria de Policía será cursar una orden de arresto contra Batman por asalto, allanamiento, peligro público...».
Unos tildan a Batman de «fascista», «psicótico», «amenaza para la sociedad». Señalan que abusa de la fuerza, que agrede sin necesidad, que allana sin seguir las normas, que no respeta los derechos civiles, que trabaja con una adolescente (Carrie Kelly, de 13 años, sucede a Todd como Robin).
En contraposición, sus defensores afirman que él es el único que se enfrenta eficazmente al crimen, que permite que la gente no viva atemorizada, que las leyes son estúpidas e inútiles. En medio del caos, Batman dirá: «Esta noche yo soy la ley».
Hay varios discursos que configuran el argumento. Los diálogos, las informaciones de los noticiarios y los monólogos de los personajes principales. Para distinguir estos últimos, el fondo de los globos son de distinto color: el gris es para Batman, el azul para Superman, el amarillo para el tercer Robin, el verde para el Guasón.
Batman debe poner la cara en diversos frentes. ¿Cómo saldrá librado de ello? Ahí tenemos el ingenio de Frank Miller para resolverlo. Una joya de la novela gráfica.



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Extraña conspiración
Watchmen (1987) | Alan Moore 

Watchmen (1987) es, sin duda, uno de los picos más altos de un género hasta entonces poco respetado. Esta historieta de superhéroes con guion de Alan Moore, con dibujos de Dave Gibbons y coloreada por John Higgins, es el único cómic que aparece como una de las cien mejores novelas en inglés desde 1923, en la lista elaborada por la revista Time en 2005.
En Estados Unidos son tres las novelas gráficas que han permitido a este género ser apreciado por la crítica más rigurosa: Maus (1991), de Art Spiegelman, que obtuvo el Premio Pulitzer en 1992; Batman: El regreso del Caballero Oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), de Frank Miller, y Watchmen. Estas dos últimas editadas por DC Comics, compañía estadounidense que tiene en su catálogo a dos de los personajes más conocidos: Superman y Batman.
Watchmen se inicia en 1985, con la muerte de Edward Blake, nacido en 1924 y quien se hacía pasar por el superhéroe El Comediante. Trabajaba para el gobierno de Estados Unidos dedicado a derrocar repúblicas marxistas de América Latina. Cierto día en Nicaragua descubre algo que lo llevaría a la tumba. «Yo he hecho cosas malas. Hice cosas malas a algunas mujeres. ¡Disparé a niños! En Vietnam disparé a niños...», confiesa aterrado por lo que acababa de enterarse, algo mucho peor de todo lo que había cometido.
El Comediante perteneció a los Crimebusters, grupo de superhéroes integrado también por el Dr. Manhattan, Ozymandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda y Rorschach. En 1966, durante la primera reunión de estos combatientes de la justicia, El Comediante aseguró que luchar contra los delincuentes era un juego de niños frente a la futura amenaza nuclear. Esa declaración hará cambiar poco a poco el modo de pensar de Ozymandias.
Blake tenía una extraña actitud frente a la vida. No reparaba en nada para conseguir lo que quería. «Nunca he conocido a nadie tan deliberadamente amoral», refiere el Dr. Manhattan. Durante la Guerra de Vietnam (1964-1975), atacó a una mujer embarazada que reclamaba la paternidad para su hijo. En otra ocasión intentó violar a la madre de Espectro de Seda.
El rechazo a los Crimebusters aumenta con el tiempo. «¡No queremos vigilantes! ¡Queremos polis normales!», reclama alguien en una protesta. Algunas pintas en las paredes de las calles describen el momento: «¿Quién vigila a los vigilantes?». La Ley Keene, aprobada en 1977, prohíbe los superhéroes enmascarados. Así, los vigilantes se vuelven ilegales, excepto dos: el Dr. Manhattan y El Comediante, quienes actúan supervisados por el Gobierno estadounidense ante la amenaza extranjera.
Son tiempos duros. Existe el miedo de que se desencadene la Tercera Guerra Mundial. El eje opositor a Estados Unidos, Unión Soviética, invade Afganistán, lo que produce alarma en la población. En este contexto, Richard Nixon, gobernante en la vida real de 1969 a 1974 y aquí, de manera ficticia, es presidente en 1985, después de varias reelecciones, piensa atacar antes. La gente está pendiente de las noticias. En un ambiente en que la paranoia ronda, un tipo mata a sus dos hijas delante de la madre de ellas, por temor a la guerra nuclear y luego se corta la yugular.
Que Nixon sea presidente es una forma de mostrar el grado de deterioro político de Estados Unidos, pues él es el único mandatario que dimitió al cargo (estuvo involucrado en escuchas ilegales a sus opositores). En las últimas páginas se dice que el actor Robert Redford podría ser candidato para las elecciones presidenciales de 1988. Es una irónica referencia a un colega de este: Ronald Reagan, que gobernó el país en la vida real de 1981 a 1989 y que tiene las mismas iniciales (RR).
El suplemento semanal The New York Times Book Review ha señalado que Watchmen ofrece personajes «con unos perfiles psicológicos asombrosamente complejos». En efecto, la muy definida personalidad de cada superhéroe es muy interesante. Para conocerla, es necesario hurgar en el pasado de cada uno. El doctor Jon Osterman (Dr. Manhattan) y el accidente que lo cambió por completo. Daniel Dreiberg (Búho Nocturno) y su afición por las aves. Laurie Juspeczyk (Espectro de Seda) y la búsqueda de la identidad de su padre. Walter Joseph Kovacs (Rorschach) y su infancia difícil. Adrian Veidt (Ozymandias) y su admiración desmedida por el faraón Ramsés II y el emperador macedonio Alejandro Magno.
La historieta reproduce fragmentos del diario de Rorschach, que se inicia el 12 de octubre y termina el 1 de noviembre de 1985. Para diferenciarlos de otros textos, tiene fondo amarillo. En cambio, los diálogos y pensamientos del Dr. Manhattan llevan fondo celeste. También se toman las anotaciones del doctor Malcolm Long, quien trata a Rorschach en la prisión.
Luego de cada capítulo, excepto el último, hay una serie de documentos ficticios. Todo para darle verosimilitud al relato. Por ejemplo, la primera parte de Bajo la máscara, libro de Hollis Mason, sobre los primeros superhéroes. También se incorporan una narración de infancia, el informe de arresto y la evaluación psiquiátrica de Rorschach, un documento militar sobre el Dr. Manhattan, una entrevista a la madre de Espectro de Seda, un ensayo sobre Relatos de la fragata negra (historieta sobre piratas cuyo guionista desapareció un par de años antes y del que se reproducen varias viñetas).
¿Quién es el asesino de Edward Blake? ¿Cómo evitar que Estados Unidos y Unión Soviética se enfrenten? Eso lo descubrirá el lector de esta apasionante y visionaria historieta. Obra maestra sin discusión.



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El nacimiento de los héroes
Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli 

Batman: año uno (Batman: Year One, 1987), escrita por Frank Miller e ilustrada por David Mazzucchelli, cuenta de forma brillante cómo Bruce Wayne se convierte en el Hombre Murciélago y cómo el oficial James Gordon se vuelve su aliado. No es fácil el camino para ambos.
Los monólogos de Batman (en fondo azul) y Gordon (en fondo amarillo) permiten adentrarnos en los pensamientos de estos personajes. Sus debilidades. Sus temores. Es una estupenda idea recurrir a este recurso. Otro modo hábil es la distribución de la historia por fechas, a modo de diario.
Los flashbacks nos remiten a la noche que Bruce Wayne, de 6 años de edad, fue al cine a ver La marca del Zorro, día trágico en que sus padres fueron asesinados por un atracador. Historia muchas veces contada en los cómics, pero nunca tan bien relatada como aquí.
Paralelamente, vemos a Gordon pronto a ser padre, aunque no le agrade la idea, pues Gotham City, al que llega destacado como teniente, «no es lugar para una familia». Tras residir 12 años en el extranjero, a los 25 años de edad y dueño de una gran fortuna, Bruce vuelve a su ciudad. Considerado uno de los solteros más codiciados, en un pasaje se le ve con una guapa joven. Acerca de ella, el multimillonario playboy le dice a Gordon, quien visita su casa intrigado por saber cuál es la identidad oculta de Batman: «He olvidado presentarles a mi amiga... Verán, no recuerdo exactamente cómo se llama, y no habla ningún idioma que yo conozca».
Si uno es seguidor de este justiciero enmascarado, reconocerá a varios personajes: Alfred («mayordomo formado como médico de guerra»), Harvey Dent (asistente de la fiscalía del distrito y más tarde convertido en Dos Caras), Selina (Gatúbela). Además hay un guiño al final cuando se anuncia a quien será el mayor enemigo del Hombre Murciélago.
Uno de los detalles más celebrados de las historias de Batman, además de su tormento por la muerte de sus padres, es revelar la corrupción policial. El detective Arnold Flass es una pieza del narcotráfico. Esto le confiere carácter de género negro a la historieta, acentuado con las ilustraciones de tono oscuro de Mazzucchelli. Que un personaje que ganaba nuestro aprecio sea infiel a su pareja, quien lo atiende con esmero, hace más verosímil el argumento.
En un momento Batman lanza un rugido que aprendió en África, lo que nos da una pista de su autoexilio. En otro instante, Gordon lo describe así: «Posee aptitudes físicas extraordinarias». Flass añade: «No es humano». Otra característica: opera de medianoche a cuatro de la madrugada, se enfrenta a villanos que pueden ser atracadores callejeros o grandes narcotraficantes. Este es el guardián de Gotham. Como en Batman: El regreso del Caballero Oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), del propio Frank Miller, vemos aquí el debate sobre si es legal el modo de actuar del Hombre Murciélago.
Creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger en 1939, este superhéroe con esta historieta acentúa su prestigio como ícono de la cultura popular. Obra muy recomendable.



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El dolor de un pueblo
Palestina: en la Franja de Gaza (1996) | Joe Sacco 

Un hito en la historia del cómic: Palestina: en la franja de Gaza (Palestine, 1996), libro que es periodismo e historieta a la vez. Su autor, el estadounidense Joe Sacco, lo escribió y dibujó luego de pasar dos meses en Cisjordania y la franja de Gaza (de diciembre de 1991 a enero de 1992), dos de los lugares más conflictivos del mundo moderno.
Sacco observa cómo se vive la Intifada (revuelta de 1987 a 1993) en estos territorios densamente poblados, en cuyo primer año —según el reportero— 400 palestinos resultaron víctimas. Preocupado por las historias que escucha, señala: «¡Voy a hacer que el mundo entero sepa de vuestro sufrimiento!».
Se recuerda que esta tierra fue conquistada por romanos, bizantinos, cruzados, turcos e ingleses hasta que estos últimos, en 1948, se retiraron para la creación del Estado de Israel, hecho que marginó a los palestinos que vivían ahí, quienes reclaman un Estado independiente.
El reportero entrevista a varios palestinos que pasaron alguna temporada en Ansar III (Prisión de Ktzi'ot), al sur de Jerusalén, donde fueron torturados. Visita numerosas casas de refugiados. Recorre aulas con goteras, campos de olivo destruidos. También señala cómo los israelíes no les otorgan permiso para trabajar.
Sacco busca el dolor del pueblo palestino. En cierto momento se define como «un buitre», pero no llega al amarillismo, a la exageración. Es valiente al soportar experiencias extremas: «Estoy temblando como un puto flan», dice con gran temor. Sin embargo, piensa: «Esto es bueno para el cómic».
Muchos palestinos creen que los estadounidenses saben de sus problemas, pero están del lado de Israel. ¿Por qué? Por el dinero. En esta situación, no sorprende que algunos apoyen al iraquí Sadam Husein, protagonista de la Guerra del Golfo (1990-1991). «Es nuestra última esperanza», dice un anciano. Otro piensa que en cierto momento recibirán ayuda de algún gobierno árabe, como el de Jordania, Siria y Líbano, para liberarse de los israelíes.
¿Esta gente que sufre buscará venganza? ¿Cómo conseguir la paz, una convivencia armoniosa? El palestino-estadounidense Edward Said —cuyo ensayo Orientalismo (Orientalism, 1978) es mencionado en la historieta­— señala que los cómics permiten pensar e imaginar de modo diferente. Palestina, de Sacco, es una estupenda demostración. «Obra de contenido político y estético de una originalidad extraordinaria», afirma Said. No se puede estar más de acuerdo.



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La búsqueda sin cesar
Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003) | David B. 

Epiléptico. La ascensión del gran mal (L’ascension du haut mal, 1996-2003), escrita e ilustrada por el francés David B., expresa la búsqueda sin cesar por hallar la cura a la enfermedad del hermano mayor.
El libro empieza en 1994, en Olivet, a 7 kilómetros de Orleans, al sudeste de París. Se observa al autor, Pierre-François Beauchard, quien más tarde adopta el seudónimo de David B., con su hermano mayor, el obeso Jean-Christophe, acerca de quien dice: «Tiene cicatrices por todo el cuerpo, las cejas cortadas por costras. De tanto caerse, ya no le crece cabello en la nuca». ¿Cómo ha llegado a ese extremo? Eso lo descubriremos poco a poco.
Para ello, se remonta a 1964, cuando Jean-Christophe, tenía 7 años; Pierre-François, a quien sus familiares llaman Fafou, 5; y Florence, la hermana menor, 4. Aquel año el mayor sufre su primer ataque de epilepsia. El narrador señala: «Sus extremidades se ponen rígidas, los ojos se ponen en blanco, babea un poco». Cae al piso, se golpea. Pierde el conocimiento. Se inicia así la danza de consultas médicas: neurocirujanos, psiquiatras y especialistas de todo tipo lo atienden.
El único que logra efectos positivos es un japonés, el maestro N, que cura con principios macrobióticos, cuyo método se basa en la alimentación «saludable». El narrador tiene esta percepción: «Cuando le veo me recuerda a un gato enorme». Desde entonces siempre será dibujado como un felino, idea ingeniosa. Sin embargo, este gurú se marcha inesperadamente, denunciado por ejercer la medicina sin licencia. Así, Jean-Christophe debe soportar tres ataques de epilepsia diarios. Más tarde se observa cómo la gente extraña lo rechaza al tildarlo de loco, drogado, endemoniado.
Los padres de esta sufrida familia son maestros de dibujo. Una importante influencia para David B., de imaginación desbordante, quien crea historietas desde pequeño y cuyo personaje histórico favorito de niño es el conquistador mongol Gengis Khan (hacia 1162-1227), al que ilustra en batallas épicas. Se demuestra aquí el gran interés por la Historia. Asimismo presta atención por lo sucedido en las dos guerras mundiales, en las que participaron parientes suyos.
También tiene referencias de la guerra de independencia de Argelia (1954-1962), antigua colonia francesa. Todo ello demuestra una pasión por lo hechos reales. Como contrapartida, expresa también sus fantasías. Para ello, ilustra sus sueños. «Mi forma de hacer un cómic es construir un puente. Une la infancia a la edad adulta, la realidad a los fantasmas y los sueños, y la Historia a las historias», señala el autor.
En el camino, observamos la evolución del artista. Sus estudios de Publicidad en la Escuela Superior de Artes Aplicadas Duperré, de París, en cuya institución tuvo como uno de sus profesores al admirado Georges Pichard. Este le comenta cierta vez: «Sus dibujos me dan miedo y sospecho que busca conseguir ese efecto».
En el prefacio, Florence, la hermana menor, le comenta al autor: «Tú siempre le diste importancia al detalle exacto, a la reconstrucción fiel [...]. Lo has conseguido». Cuando este ilustra la historia de sus antepasados, su madre lo rechaza: «¡No, David, no quiero que cuentes eso!». En otro momento dice: «Tus dibujos son terribles. Me resultan angustiosos». Estamos ante un libro de no ficción, una autobiografía, sin embargo el rótulo que recibe la obra es «novela gráfica». Son maneras de simplificar las cosas.
Al final, en esa lucha constante contra la enfermedad y la muerte, observamos que hay una imperiosa necesidad de creer en la salvación, así tenga diversos nombres: macrobiótico, acupuntura, espiritismo, magnetismo, alquimia, exorcismo. «Siempre aparecen nuevas posibilidades de curar la epilepsia de Jean-Christophe y mi madre no descansará mientras no las pruebas todas», se resigna David B. Una obra muy emotiva, ilustrada de forma inigualable. «Este libro ha sido una forma de decir a mi hermano cosas que nunca hubiese podido decirle de otra manera», dice el autor.



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Sueño de hija
Persépolis (2000-2003) | Marjane Satrapi 

Persépolis (Persepolis, 2000-2003), historieta de la francesa de origen iraní Marjane Satrapi, permite conocer mejor el fundamentalismo islámico y derribar ciertos prejuicios que se tienen de Irán y de Oriente Próximo. Fue considerada en 2010 por el semanario estadounidense Newsweek como uno de los diez mejores libros de la década.
La obra empieza en 1979, cuando cae el sah de Persia, Mohammad Reza Pahlevi, quien gobernaba desde 1941, derrocado por el imán y ayatolá chiita Ruhollah Jomeini (1979-1989), que se convirtió en líder supremo de la República Islámica de Irán.
En el hogar de los Satrapi se vive con pasión lo que ocurre en el país. Cuando el sah y su familia buscaron un país donde exiliarse, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter (1977-1981), se negó a acogerlos. «Parece que Carter se ha olvidado de sus amigos. A ese lo único que le interesa es el petróleo. ¡Nada más!» —dice el padre de Marji y añade—: Mientras haya petróleo en Oriente Medio, no conoceremos la paz».
El régimen de Jomeini, que llama decadentes a los que se alejan del islam, utiliza una política retrógrada y opresiva, especialmente contra las mujeres. El velo se declara de uso obligatorio, con el pretexto de que «los cabellos de las mujeres contienen destellos que excitan a los hombres». Estos, en cambio, estaban prohibidos de llevar corbata por ser considerada símbolo de Occidente. Así, la manera de vestir se convirtió en asunto ideológico.
A estos problemas se suma un conflicto con un país vecino. Los integristas iraníes provocaron que sus aliados chiitas de Irak se sublevaran contra Saddam Hussein, dictador de ese país que utilizó este hecho como excusa para atacar Irán en 1980. Así se inició la cruenta guerra entre estos dos Estados que costó un millón de muertos, sumando ambos bandos, y que finalizó en 1988.
A los 14 años de edad, Marji viaja a Viena con el consejo de su abuela: «Mantén siempre tu dignidad, tu integridad y la fidelidad a ti misma». Todo el libro es un relato muy confesional: «Noviembre de 1984. Estoy en Austria. Vine con la idea de cambiar el Irán religioso por una Europa laica y abierta».
A diferencia de lo que sucede en Irán, en Austria se vive con libertad. Solo un problema político inquieta: los neonazis amenazan con adquirir más poder. En este país muy diferente al suyo, a Marji le cuesta adaptarse. «¡Tienes que hacer el triple de esfuerzo que los demás para salir adelante! ¡Eso es ser inmigrante!», le aconseja la madre de un profesor. La soledad, la xenofobia y pertenecer a otra cultura la convierten en una marginal.
Algunos la rechazan por provenir de un país «violento», lo que la hace sospechosa de ser terrorista. Esto la empuja a juntarse con anarquistas y punks. Una consecuencia negativa es su adicción a las drogas. Conoce también una sociedad con libertad sexual, muchos de sus amigos son promiscuos. «Yo había crecido en un país en el que el acto sexual no se consumaba hasta el matrimonio», observa. En Irán, además, según la ley, los homosexuales son condenados a la pena capital. En suma, es la mirada de Occidente de una oriental. A Marji le es difícil integrarse al mundo europeo. Poco a poco enriquece sus conocimientos. Además del persa, habla alemán, inglés y francés. Orgulloso, el padre se referirá en cierto momento a la protagonista: «¡Eres un sueño de hija!».
La última parte se centra en Irán nuevamente. Es tiempo de la Guerra del Golfo (1990-1991), cuyo origen es la invasión de Irak a Kuwait, lo que produjo la intervención de una coalición liderada por Estados Unidos a favor de este. Los aliados se autodenominan «liberadores», pero su interés real es el petróleo. Los ecos del conflicto llegan a Teherán, ciudad a la que retorna Marji. Irán sigue siendo un país con muchos recursos, tercer productor mundial de petróleo, pero con el 70 por ciento de su población debajo del umbral de la pobreza.
Persépolis permite demoler muchos prejuicios. En Irán la mayoría no habla el árabe, sino el persa, tampoco se desplaza en camello o es terrorista. Además, es posible esquiar cerca de Teherán. Para acercarse al público tanto oriental como occidental, la autora coloca en varias ocasiones notas a pie y explica ciertos aspectos no muy conocidos.
En cierto pasaje la protagonista se refiere acerca de su afición como ilustradora. Cuenta que en Viena hacía caricaturas de sus profesores. «Era una costumbre que ya tenía en Irán. Con la diferencia de que allí llevaban velo y eran mucho más fáciles de dibujar», afirma Marji. Eso se evidencia en el libro: los trazos son sencillos. Por otro lado, solo seis páginas están a color, un anexo al final, publicado en 2003 por la revista alemana SZ-Magazin, en el que la autora se queja de los prejuicios de Occidente hacia su país natal.
Este hermoso relato de corte autobiográfico y de protesta contra el totalitarismo es altamente recomendable. Un clásico contemporáneo.



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Revelación y muerte
Fun Home. Una familia tragicómica (2006) | Alison Bechdel 

En su historieta autobiográfica Fun Home. Una familia tragicómica (Fun Home: A Family Tragicomic, 2006), considerada por la revista Time como el mejor libro del año, la estadounidense Alison Bechdel confiesa que su padre era gay y que descubrió que era lesbiana a los 19 años.
El libro recuerda la relación de la autora con su padre, Bruce Bechdel, un homosexual que nunca salió del clóset. «No éramos normales, aunque no lo entendí muy bien hasta mucho tiempo después», señala Alison.
Profesor de inglés de instituto y administrador de la funeraria familiar, el padre aparece como un sujeto maniático por restaurar la casa de estilo neogótico, edificada en 1867. Su brusquedad, frialdad y exigencia causaban rechazo en Alison: «Crecí resentida por la forma en que mi padre trataba a sus muebles como hijos y a sus hijos como muebles».
Sus hermanos, Christian y John, menores que ella, casi no participan en el libro. En cambio, la madre, Helen A. Fontana, sí, profesora también de inglés y ocasionalmente actriz de teatro.
El pueblo de Beech Creek, Pensilvania, era un lugar poco habitado. Ahí la familia de los Bechdel se acomodó lo mejor posible: «Nuestra casa era como una colonia de artistas. Comíamos juntos, pero aparte de eso cada uno se ensimismaba en sus distintas aficiones».
La funeraria que administraba Bruce Bechdel, fundada por el abuelo de este, le ofreció un ambiente muy especial a Alison y a sus hermanos. Por ejemplo, ahí ella pudo ver cómo se embalsamaban a los muertos. La ilustración de un difunto con el pene al aire y, más tarde, de la práctica sexual lésbica de la autora pueden ser imágenes perturbadoras para ciertos lectores. También la frase de un cartel en su habitación de estudiante universitaria: «Aparta a tu dios de mi cuerpo».
Bruce Bechdel —según Alison— «aparentaba ser un marido y padre ideal. Pero ¿un marido y padre ideal se acostaba con chicos adolescentes?». ¿Acaso este libro es una venganza de ella contra su progenitor? ¿O esta obra es una forma de exorcizar los demonios?
Poco a poco nos enteramos de que Alison considera que su padre se suicidó arrollado por un camión. El accidente que acabó con la vida de este, en 1980, cuando él tenía 44 años y ella 19, cerca de una vieja granja, deja muchas sospechas. Bruce Bechdel fallece cuatro meses después de que ella le revelara que era lesbiana. ¿Eso tuvo algo que ver?
Por momentos, conmueve la relación que Alison mantuvo con su padre. Para ella, descubrir que quien la cuidaba a ella y a sus hermanos, Roy, era pareja de su progenitor debió haber sido chocante.
La estructura del libro no es lineal. La historia parece ir en desorden, pero no, hay coherencia en su presentación. En ese rumbo muestra trozos de diario personal, periódicos y libros diversos.
Por otro lado, las referencias culturales son innumerables: a la Navidad de ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946), película de Frank Capra; a la muerte de Albert Camus; a la vida alocada de F. Scott Fitzgerald; a la relación paternal de los protagonistas de la novela Ulises (Ulysses, 1922), de James Joyce; a la renuncia del presidente Richard Nixon, en 1974.
Un libro con muchas vertientes. Fun Home merece una lectura y algunos aplausos.



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Represión
El paraíso de Zahra (2011) | Amir y Khalil
 

Hay diversos modos de protestar. El paraíso de Zahra (Zahra’s Paradise, 2011), cuyo guion es de Amir y Khalil, y las ilustraciones de este último, nos señala uno, a través del arte. El libro es un duro rechazo contra la reelección del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. La gravedad del asunto motivó que los autores decidieran proteger su identidad con seudónimos.
Todo transcurre después del 12 de junio de 2009, las elecciones presidenciales en las que participaron 39 millones de iraníes. Según cifras oficiales, Ahmadineyad recibió el 63% de los votos. El líder supremo, Alí Jamenei, respaldó públicamente a este, quien gobernaba desde 2005. «En lo que concierne a idolatrar padres todopoderosos, Irán es peor que la Iglesia católica. Los mayores gobiernan a los jóvenes», dice el narrador.
En esas circunstancias, tres millones de personas salen a protestar el 15 de junio. Muchos se congregaron en la Plaza de la Libertad, en Teherán, como Mehdi Alavi, de 19 años. Su desaparición es el tema de esta historieta ficticia con muchos puntos de verdad.
«Lo que nos interesaba cuando comenzamos este proyecto, y lo que nos interesa ahora, es dar testimonio de la difícil situación y la tragedia que ha caído sobre el pueblo de Irán. Esa tragedia es personal. Sus detalles y dimensiones son inconmensurables. También es legal, política, religiosa y cultural», dicen los autores.
Mehdi no es el único desaparecido. En el régimen represor de Ahmadineyad hay muchas historias como la suya. Lo mismo se podría decir de otros gobiernos que intentaron silenciar a los opositores, como la Unión Soviética de Stalin, la China de Mao, el Chile de Pinochet, la Indonesia de Suharto.
«Mi hermano ha desaparecido, pero nadie publica este tipo de noticias. Las manifestaciones no tienen cobertura. Como si nunca hubieran pasado. ¿Cómo puede nadie desaparecer en una manifestación que nunca ha ocurrido?», señala Hasan, hermano de Mehdi, blogger que postea su denuncia.
La madre, Hasan y varios amigos buscan a Mehdi sin hallar pista alguna. Hospitales, la morgue, el juzgado de instrucción, la cárcel y calles son lugares que recorren sin descanso. Una de las escenas más escabrosas muestra a dos sujetos colgados de una grúa en plena vía.
Neda Agha Soltan (1983-2009), fallecida en una protesta contra Ahmadineyad a plena luz del día, es una víctima real que es mencionada en el libro. La difusión de un video por internet en el que recibe una bala de un grupo paramilitar provocó reacciones en Occidente.
¿De dónde proviene el título del libro? El Paraíso de Zahra es un cementerio general a las afueras de Teherán en honor a la hija de Mahoma. Un aspecto que es importante señalar: la historieta no rechaza el islam, sino el régimen opresor iraní. La obra termina con el memorial Omid, «una lista de 16.901 nombres de personas asesinadas por la República Islámica desde 1979». Para reflexionar cómo viven muchos en dictaduras contemporáneas.



Glosario

alcohol. «El alcohol es muy malo para los jóvenes. Es un verdadero veneno. La abstinencia es lo mejor» (Tintín en el Tíbet, Hergé).
andar. «Andar es otra forma de escribir y dibujar» (Epiléptico. La ascensión del gran mal, David B.).
corazón. «¡El corazón es un músculo que bombea sangre, no sentimentalismo!» (La balada del mar salado, Hugo Pratt).
despedida. «No hay nada más triste que las despedidas. Son un poco como la muerte» (Persépolis, Marjane Satrapi).
guerra. «Las guerras se generan por los odios entre razas y nacionalidades. Y eso destroza familias. Todos somos iguales. Todos tenemos una familia y una casa. Pero ¿por qué a pesar de eso los hombres se odian?» (Adolf, Osamu Tezuka).
hambre. «Cuando se pasa hambre, uno busca salir adelante» (Maus, Art Spiegelman).
homosexual. «Resulta impreciso e insuficiente definir a un homosexual como una persona con cuya expresión de género está en conflicto con su propio sexo» (Fun Home. Una familia tragicómica, Alison Bechdel).
matar. «Quitarle la vida a alguien está mal, sean cuales sean las circunstancias. Matar a alguien es negar a esa persona» (Palestina: en la franja de Gaza, Joe Sacco).
medios de comunicación. «Los medios de comunicación son como la tapa de un enorme ataúd que oculta un niño al fondo del pozo» (El paraíso de Zahra, Amir y Khalil).
padre. «Cuando un hombre se convierte en padre, nunca vuelve a ser libre por completo» (Batman: año uno, Frank Miller).
pasado. «El pasado no puede hacerte daño a menos que lo permitas» (V de vendetta, Alan Moore).
pensamiento. «Lo mejor de nosotros es estar siempre lleno de ideas» (Astérix el Galo, René Goscinny).
pistola. «Una pistola es el arma de un cobarde, de un mentiroso» (Batman: El regreso del Caballero Oscuro, Frank Miller).
poder. «Cuanto más poder utilizas, más quieres emplear» (Akira, Katsuhiro Otomo).
problema. «Ningún problema del mundo es insuperable, siempre que se le dé el enfoque adecuado» (Watchmen, Alan Moore).