Alfredo Bryce Echenique.
La cuentística de Alfredo Bryce Echenique se distingue por una prosa expansiva, humorística y profundamente melancólica, en la que el ritmo coloquial y el monólogo interior se convierten en recursos privilegiados para explorar las incertidumbres afectivas de personajes desorientados o socialmente inadaptados.
Ese humor, característico del universo bryceano, suele ser autodepreciativo y melancólico, y con frecuencia se articula desde la experiencia de la derrota o del fracaso sentimental, rasgo que confiere a sus narradores una mezcla singular de ironía y vulnerabilidad.
Dos años antes de alcanzar el reconocimiento unánime con su primera novela, Un mundo para Julius (1970), Bryce Echenique publicó el libro de cuentos Huerto cerrado (1968), título sugerido por su amigo y colega Julio Ramón Ribeyro, figura central del relato breve en el Perú. El volumen obtuvo, además, una mención especial en el concurso Casa de las Américas, de La Habana.
La relación entre ambos escritores resulta particularmente reveladora para comprender la evolución del cuento peruano contemporáneo: mientras Ribeyro cultivó una narrativa caracterizada por la concisión, la economía expresiva y un realismo sobrio centrado en la observación social, Bryce Echenique introdujo una forma más digresiva y subjetiva de narrar, marcada por la oralidad, el monólogo interior y una sensibilidad irónica que desplaza el relato hacia el terreno de la memoria y la introspección.
De Huerto cerrado sobresale «Con Jimmy en Paracas», cuento en el que ya se perfilan con nitidez varias de las marcas más reconocibles de la narrativa de Bryce Echenique. Desde estos primeros relatos aparece también uno de los rasgos más singulares de su estilo: una prosa de frases largas, desvíos narrativos y un tono que parece reproducir el fluir espontáneo de la conversación. El propio autor ha señalado en repetidas ocasiones que ese estilo proviene, en buena medida, de la influencia del argentino Julio Cortázar, aunque en el narrador peruano esta técnica adquiere un matiz propio.
Otro texto notable es «Yo soy el rey», relato que aborda el despertar sexual del protagonista en un prostíbulo de la avenida Colonial, con un bolero «chuchumequero» como música de fondo. El cuento reproduce con gran eficacia la perspectiva psicológica del adolescente. La narración avanza mediante recuerdos, asociaciones y comentarios laterales que refuerzan la sensación de flujo mental y de pensamiento en movimiento.
Conviene precisar que, salvo «Dos indios», todos los cuentos de este primer libro transcurren en Lima, espacio que funciona como escenario formativo de los personajes. En algunos casos, los personajes escapan a Chosica y Chaclacayo, distritos de la capital peruana a los que acuden en busca de sol.
El conjunto permite seguir a Manolo, protagonista de estos cuentos, como figura que atraviesa distintas etapas de aprendizaje afectivo y social. Más que una serie de episodios biográficos, los relatos configuran el proceso de formación sentimental del personaje, desde la infancia hasta la juventud.
Bryce Echenique perdió los dos libros de cuentos que siguieron en su trayectoria a causa de sus sucesivas mudanzas, por lo que se vio obligado a reescribirlos. La felicidad ja ja (1974), título tomado de una canción del argentino Palito Ortega, es, de lejos, su mejor volumen de relatos. Entre las joyas del libro destaca «Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín», un extenso monólogo ambientado en un bar de mala muerte que genera, al mismo tiempo, una fuerte cercanía confesional y una marcada sensación de desorden afectivo. El relato constituye uno de los mejores ejemplos del monólogo narrativo bryceano: una voz que se expande en frases largas, interrupciones, repeticiones y digresiones que reproducen el pensamiento errático de un personaje herido. A través de esa voz fragmentaria y perturbada, Bryce Echenique retrata con gran intensidad a una figura marcada por la frustración y el resentimiento. El cuento explora así la fractura entre dos amigos cuyas trayectorias sociales han seguido rumbos opuestos y compone el retrato de un personaje profundamente inadaptado, sumido en una sensación persistente de fracaso.
A diferencia del relato anterior, en «Baby Schiaffino» aparece un personaje exitoso en el ámbito profesional, pero derrotado en el amor. Taquito Carrillo, eterno pretendiente de la joven que da título al cuento, encarna esa contradicción con especial intensidad. Mientras asciende en la carrera diplomática, fracasa una y otra vez en su objetivo de conquistar a la mujer que desea. Una de las mayores virtudes del relato reside en la prosa sinuosa del narrador, que reproduce con gran precisión una conciencia insegura y frustrada. La sintaxis parece avanzar a trompicones, como si el narrador pensara en voz alta y necesitara corregirse o justificarse continuamente. Al mismo tiempo, Bryce Echenique retrata con notable fineza un mundo de apariencias, jerarquías y códigos sociales. Así, el cuento compone no solo la historia de un fracaso amoroso, sino también el retrato de una subjetividad vulnerable.
Más que un simple repertorio temático, este libro deja ver cómo Bryce Echenique incorpora a la ficción materiales cercanos a su propia experiencia y los transforma en materia narrativa. Asoman así algunos rasgos personales del autor: su condición de descendiente de un presidente de la República, su experiencia como modesto profesor de castellano en París —véase «Florence y Nós três»—, así como su afición por la buena bebida y la tauromaquia. Otro cuento notable es «Muerte de Sevilla en Madrid», donde Bryce Echenique vuelve a combinar humor y desolación emocional. El relato se centra en un personaje tímido y solitario que gana por sorteo un viaje a la capital española, situación que permite al autor desplegar su característica mezcla de comicidad y patetismo. La felicidad ja ja ayudó a su autor a sobreponerse a la profunda depresión que siguió al enorme éxito de su primera novela. No deja de ser significativo que el título inicial del libro fuera El humorista está triste.
En su siguiente libro, Magdalena peruana y otros cuentos (1986), se acentúa el interés de Bryce Echenique por situar sus relatos en el extranjero. Nueva York y México figuran entre los escenarios elegidos, aunque el predilecto sigue siendo París. Ello guarda relación con el hecho de que el autor escribiera en Europa las tres novelas anteriores a la publicación de este volumen. De ambientación parisina es «El breve retorno de Florence este otoño», continuación de «Florence y Nós três», incluido en el libro precedente. También destaca «Una carta a Martín Romaña», relato que busca esclarecer algunos aspectos del protagonista de La vida exagerada de Martín Romaña (1981).
Otro cuento notable es «Anorexia y tijerita», que confirma la inclinación del autor por los desenlaces inesperados, como ya ocurría en «Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín» y «Antes de la cita con los Linares», ambos de La felicidad ja ja. La mitomanía reaparece en otro texto valioso, «El Papa Guido Sin Número», motivo ya explorado en «El descubrimiento de América», de Huerto cerrado, y en «Baby Schiaffino».
El relato más logrado de este tercer libro es «A veces te quiero mucho siempre», cuyo protagonista —como varios personajes bryceanos— vive aferrado a los recuerdos y mantiene una relación con una mujer más joven. El cuento examina la inestabilidad emocional del personaje, marcada por la inseguridad, los celos y la tendencia a interpretar obsesivamente cada gesto de la mujer que ama. El relato vuelve a apoyarse en un tono introspectivo y conversacional que reproduce las oscilaciones emocionales del personaje. Esa fragilidad afectiva, narrada con ironía y autoconciencia, revela uno de los rasgos más persistentes del universo bryceano: la inseguridad sentimental de personajes formados en la burguesía limeña, para quienes el amor aparece siempre atravesado por la nostalgia, la memoria y una sensación recurrente de fracaso íntimo. Este protagonista reaparecería en No me esperen en abril (1995), la sétima novela de Bryce Echenique. En el cuento se esboza, además, una historia que el autor volvería a narrar, con variantes, en «El carísimo asesinato de Juan Domingo Perón», incluido en su siguiente volumen, Guía triste de París (1999).
La comunicación entre sus propias obras es una constante en la narrativa de Bryce Echenique. Los protagonistas de «¡Al agua patos!» y «Desorden en la casita», pertenecientes al segundo y al tercer libro de cuentos, respectivamente, guardan un evidente parecido con el personaje central de Un mundo para Julius: reaparece el niño que pierde a su hermana a causa de una enfermedad y que establece una relación de cercanía con la servidumbre. Del mismo modo, «Lola Beltrán in concert», incluido en Guía triste de París, presenta notables afinidades argumentales con «Sinatra y violeta para tus pies».
Bryce Echenique ha señalado que seis relatos de este cuarto volumen de cuentos tienen su origen en crónicas previamente publicadas. ¿Debe verse ello como un signo de agotamiento? Sea como fuere, el libro incluye un cuento tan logrado como «Retrato de escritor con gato negro», inspirado en algunas experiencias de su amigo Ribeyro, centrado en un narrador peruano en París obligado por su esposa a deshacerse de su mascota, relato que combina humor, deriva narrativa y reflexión metaliteraria, y que destaca por su desenlace inesperado.
Una década después, Bryce Echenique publicó La esposa del Rey de las Curvas (2009), volumen en el que uno de los relatos más atendibles es «La funcionaria lingüista», cuento basado en el segundo matrimonio del autor, concretamente en su relación con Pilar de Vega Martínez, quien trabajó en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. En él, Raúl recuerda que su esposa nunca mostró interés por su profesión y que sus libros se cubrían de polvo, pues ella no los leía. Una de las cosas que más le disgustaban de Raquel era, además, su intento de apartarlo de sus mejores amigos en Madrid o de enfrentarlo con ellos.
Menos interesante resulta el relato que da título al libro. Se trata de una experiencia personal evocada por Bryce Echenique en varias entrevistas. El cuento se centra en un niño solitario y algo mitómano, cuyas mentiras están a punto de ser descubiertas por sus compañeros de colegio, hasta que sobreviene un hecho inesperado.
En conjunto, los cuentos de Bryce Echenique configuran un universo narrativo marcado por la memoria, la vulnerabilidad afectiva y el humor melancólico. A través de una prosa conversacional y digresiva, sus narradores transforman las incertidumbres del mundo íntimo en materia literaria.
En ese sentido, la obra cuentística de Bryce Echenique no solo dialoga con la tradición del cuento peruano, sino que introduce una inflexión singular dentro de ella. Así, construye una de las voces más particulares del cuento hispanoamericano contemporáneo, donde la comicidad y la tristeza conviven como dos formas inseparables de mirar la vida.






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