jueves, 18 de diciembre de 2014

Fun Home. Una familia tragicómica (2006)

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Revelación y muerte
Fun Home. Una familia tragicómica (2006) | Alison Bechdel


¿Cómo contar que tu padre era gay y que descubres que eres lesbiana a los 19 años? Ese reto se propuso la estadounidense Alison Bechdel en su historieta autobiográfica Fun Home. Una familia tragicómica (Fun Home: A Family Tragicomic, 2006), considerada por la revista Time como el mejor libro del año.
El libro recuerda especialmente la relación de la autora con su padre, Bruce Bechdel, un homosexual que nunca salió del clóset. «No éramos normales, aunque no lo entendí muy bien hasta mucho tiempo después», señala Alison.
Profesor de inglés de instituto y administrador de la funeraria familiar, el padre aparece como un sujeto maniático por restaurar la casa de estilo neogótico, edificada en 1867. Su brusquedad, frialdad y exigencia causaban rechazo en Alison: «Crecí resentida por la forma en que mi padre trataba a sus muebles como hijos y a sus hijos como muebles».
Sus hermanos, Christian y John, menores que ella, casi no participan en el libro. En cambio, la madre, Helen A. Fontana, sí, profesora también de inglés y ocasionalmente actriz de teatro.
El pueblo de Beech Creek, Pensilvania, era un lugar poco habitado. Ahí, sin embargo, la familia de los Bechdel se acomodó lo mejor posible: «Nuestra casa era como una colonia de artistas. Comíamos juntos, pero aparte de eso cada uno se ensimismaba en sus distintas aficiones».
La funeraria que administraba Bruce Bechdel, fundada por el abuelo de este, le ofreció un ambiente muy especial a Alison y a sus hermanos. Por ejemplo, ahí pudo ver cómo se embalsamaban a los muertos. La ilustración de un difunto con el pene al aire y, más tarde, de la práctica sexual lésbica de la autora pueden ser imágenes perturbadoras para ciertos lectores. También la frase de un cartel en su habitación de estudiante universitaria: «Aparta a tu dios de mi cuerpo».
Bruce Bechdel —según Alison— «aparentaba ser un marido y padre ideal. Pero ¿un marido y padre ideal se acostaba con chicos adolescentes?». ¿Acaso este libro es una venganza de ella? ¿O esta obra es una forma de exorcizar los demonios?
Poco a poco nos enteramos de que Alison considera que su padre se suicidó, muerto arrollado por un camión. El accidente que acabó con la vida de este, en 1980, cuando él tenía 44 años y ella 19, cerca de una vieja granja, deja muchas sospechas. Bruce Bechdel fallece cuatro meses después de que ella le revelara que era lesbiana. ¿Eso tuvo algo que ver?
Por momentos, conmueve la relación que Alison mantuvo con su padre. Para ella, descubrir que quien la cuidaba a ella y a sus hermanos, Roy, era pareja de él debió haber sido chocante.
La estructura del libro no es lineal. La historia parece ir en desorden, pero no, hay coherencia en su presentación. En ese rumbo muestra trozos de diario personal, periódicos y libros diversos.
Por otro lado, las referencias culturales son innumerables: a la Navidad de ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946), película de Frank Capra; a la muerte de Albert Camus; a la vida alocada de F. Scott Fitzgerald; a la relación paternal de los protagonistas de la novela Ulises (Ulysses, 1922), de James Joyce; a la renuncia del presidente Richard Nixon, en 1974.
Un libro con muchas vertientes. Fun Home merece una lectura.

Alison Bechdel.


La frase: «Resulta impreciso e insuficiente definir a un homosexual como una persona con cuya expresión de género está en conflicto con su propio sexo». 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Persépolis (2000-2003)

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Sueño de hija
Persépolis (2000-2003) | Marjane Satrapi



La novela gráfica Persépolis (Persepolis, 2000-2003), de la francesa de origen iraní Marjane Satrapi, fue considerada en 2010 por el semanario estadounidense Newsweek como uno de los diez mejores libros de ficción de la década. Su fama es merecidísima.
Dividida en cuatro partes y escrita en francés, Persépolis permite conocer mejor el fundamentalismo islámico y derribar ciertos prejuicios que se tienen de Irán y de Oriente Próximo.
La obra empieza en 1979, cuando cae el sah de Persia. Repasemos la historia previa. Reza Pahlevi llegó al poder en 1925 a través de un golpe de Estado, con ayuda de los ingleses, para adueñarse del petróleo de la región. Fue sucedido por su hijo Mohammad Reza Pahlevi, quien gobernó desde 1941, pero este fue derrocado décadas después por el imán y ayatolá chiita Ruhollah Jomeini (1979-1989), que se convirtió en líder supremo de la República Islámica de Irán.
En el hogar de los Satrapi se vive con pasión lo que ocurre en el país. Cuando el sah Mohammad Reza Pahlevi y su familia buscaron un país donde exiliarse, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter (1977-1981), se negó a acogerlos. «Parece que Carter se ha olvidado de sus amigos. A ese lo único que le interesa es el petróleo. ¡Nada más!», dice el padre de Marji. Él añade: «Mientras haya petróleo en Oriente Medio, no conoceremos la paz».
La segunda parte se refiere a la represión durante el nuevo régimen, que llama decadentes a los que se alejan del islam. Utilizan una política retrógrada y opresiva, especialmente contra las mujeres. El velo se declara de uso obligatorio, con el pretexto de que «los cabellos de las mujeres contienen destellos que excitan a los hombres». Estos, en cambio, estaban prohibidos de llevar corbata por ser considerada símbolo de Occidente. La manera de vestir se convirtió en asunto ideológico.
A los problemas mencionados se suma un conflicto con un país vecino. Los integristas iraníes provocaron que sus aliados chiitas de Iraq se sublevaran contra Saddam Hussein, dictador de ese país que utilizó este hecho como excusa para atacar Irán en 1980. Así se inició la cruenta guerra entre estos dos Estados que costó un millón de muertos, sumando ambos bandos, y que finalizó en 1988. El gobernante iraquí era líder del Partido Baath Árabe Socialista, una agrupación política nacionalista árabe, laica y radical socialista, muy diferente al régimen de Jomeini.
Viena acoge a Marji a los 14 años de edad. Casi toda la tercera parte se ambienta en esa ciudad. Llega con el consejo de su abuela: «Mantén siempre tu dignidad, tu integridad y la fidelidad a ti misma». Todo el libro es un relato muy confesional: «Noviembre de 1984. Estoy en Austria. Vine con la idea de cambiar el Irán religioso por una Europa laica y abierta».
A diferencia de lo que sucede en Irán, en Austria se vive con libertad. Solo un problema político inquieta: los neonazis amenazan con adquirir más poder (Kurt Waldheim es elegido presidente en 1988). Sin embargo, en un país muy diferente al suyo, a Marji le cuesta adaptarse. «¡Tienes que hacer el triple de esfuerzo que los demás para salir adelante! ¡Eso es ser inmigrante!», le aconseja la madre de un profesor. La soledad, la xenofobia y pertenecer a otra cultura la convierten en una marginal.
Algunos la rechazan por provenir de un país «violento», lo que la hace sospechosa de ser terrorista. Es decir, es tratada como apestada. Esto la empuja a juntarse con anarquistas y punks. Una consecuencia negativa es su adicción a las drogas. Conoce también una sociedad con libertad sexual, muchos de sus amigos son promiscuos. Compara seguido muchas cosas con su cultura: «Yo había crecido en un país en el que el acto sexual no se consumaba hasta el matrimonio», observa. En Irán, además, según la ley, los homosexuales son condenados a la pena capital. En suma, es la mirada de Occidente de una oriental. A Marji le es difícil integrarse al mundo europeo. Poco a poco enriquece sus conocimientos. Además del persa, habla alemán, inglés y francés. Orgulloso, el padre se referirá en cierto momento a la protagonista: «¡Eres un sueño de hija!».
La cuarta parte se centra en Irán nuevamente. Es tiempo de la Guerra del Golfo (1990-1991), cuyo origen es la invasión de Iraq a Kuwait, lo que produjo la intervención de una coalición liderada por Estados Unidos a favor de este. Los aliados se autodenominan «liberadores», pero su real interés es el petróleo. Los ecos del conflicto llegan a Teherán, ciudad a la que retorna Marji. Irán sigue siendo un país con muchos recursos, tercer productor mundial de petróleo, pero con el 70 por ciento de su población debajo del umbral de la pobreza.
Persépolis pretende demoler muchos prejuicios. En Irán la mayoría no habla el árabe, sino el persa, tampoco se desplaza en camello o es terrorista. Además, es posible esquiar cerca de Teherán. Para acercarse al público tanto oriental como occidental, la autora coloca en varias ocasiones notas a pie y explica ciertos aspectos no muy conocidos. Después de una declaración, por ejemplo, «¡Conquistaremos Karbala!», una anotación aclara que esta es una ciudad santa chiita iraquí. En otro pasaje explica el término en alemán ‘Schatzi’ (‘cariño’). Lo que sí no traduce son los insultos en persa.
La introducción del libro es del francés David B., autor de La ascensión del gran mal (L’ascension du haut mal, 1996-2003), historieta de corte autobiográfico, quien animó a Satrapi a que la emulara. La novelista estadounidense Fernanda Eberstadt compara Persépolis con Maus (1980-1991), novela gráfica del estadounidense Art Spiegelman, por combinar historia política y memoria. Ganadora de un Pulitzer en 1992, esta obra trata los horrores del Holocausto. El hecho de que estos tres libros tengan dibujos en blanco y negro le otorga un tono documentalista, de pasado.
En Persépolis la protagonista se refiere en cierto momento acerca de su afición como ilustradora. Cuenta que en Viena hacía caricaturas de sus profesores. «Era una costumbre que ya tenía en Irán. Con la diferencia de que allí llevaban velo y eran mucho más fáciles de dibujar», afirma Marji. Eso se evidencia en el libro: los trazos son sencillos. Dice mucho que dos recuadros de la historieta no tengan gráficos, solo texto. Por otro lado, solo seis páginas están a color, un anexo al final, publicado en 2003 por la revista alemana SZ-Magazin, en el que la autora se queja de los prejuicios de Occidente hacia su país natal.
Este hermoso relato de corte autobiográfico y de protesta contra el totalitarismo es altamente recomendable. Un clásico contemporáneo sin discusión.

Marjane Satrapi.

La frase: «No hay nada más triste que las despedidas. Son un poco como la muerte».

martes, 18 de noviembre de 2014

Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003)


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La búsqueda continua
Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003) | David B.


Epiléptico. La ascensión del gran mal (L'ascension du haut mal, 1996-2003), ilustrada y escrita por el francés David B., expresa la búsqueda sin cesar por hallar la cura a la enfermedad del hermano mayor.
El libro empieza en 1994, en Olivet, a 7 kilómetros de Orleans, al sudeste de París. Se observa al autor, Pierre-François Beauchard, quien más tarde adopta el seudónimo de David B., con su hermano mayor, el obeso Jean-Christophe, acerca de quien dice: «Tiene cicatrices por todo el cuerpo, las cejas cortadas por costras. De tanto caerse, ya no le crece cabello en la nuca». La primera impresión que tenemos del hermano mayor es que este se encuentra deteriorado. ¿Cómo ha llegado a ese extremo? Eso lo descubriremos poco a poco.
Para ello, se remonta a 1964, cuando Jean-Christophe, tenía 7 años; Pierre-François, a quien sus familiares llaman Fafou, 5; y Florence, la hermana menor, 4. Aquel año el mayor sufre su primer ataque de epilepsia. El narrador señala: «Sus extremidades se ponen rígidas, los ojos se ponen en blanco, babea un poco». Cae al piso, se golpea. Pierde el conocimiento. Se inicia así la danza de consultas médicas: neurocirujanos, psiquiatras y especialistas de todo tipo lo atienden.
El único que logra efectos positivos es un japonés, el maestro N, que cura con principios macrobióticos, cuyo método se basa en la alimentación «saludable». El narrador tiene esta percepción: «Cuando le veo me recuerda a un gato enorme». Desde entonces siempre será dibujado como un felino, idea ingeniosa. Sin embargo, este gurú se marcha inesperadamente, denunciado de ejercer la medicina sin licencia. Jean-Christophe debe soportar tres ataques diarios. Más tarde se observa cómo la gente extraña lo rechazan al tildarlo de loco, drogado, endemoniado.
En el prefacio, Florence, la hermana menor, le comenta al autor: «Tú siempre le diste importancia al detalle exacto, a la reconstrucción fiel [...]. Lo has conseguido». Cuando este ilustra las historia de sus antepasados, su madre lo rechaza: «¡No, David, no quiero que cuentes eso!». En otro momento dice: «Tus dibujos son terribles. Me resultan angustiosos». Estamos ante un libro de no ficción, una autobiografía, sin embargo el rótulo que recibe la obra es «novela gráfica». Son maneras de simplificar las cosas.
Los padres de esta sufrida familia son maestros de dibujo. Una importante influencia para David B., de imaginación desbordante, quien crea historietas desde pequeño y cuyo personaje histórico favorito de niño es el conquistador mongol Gengis Khan (hacia 1162-1227), al que ilustra en batallas épicas. Se demuestra aquí el gran interés por la Historia. Asimismo presta atención por lo sucedido en las dos guerras mundiales, en las que participaron parientes suyos.
También tiene referencias de la guerra de independencia de Argelia (1954-1962), antigua colonia francesa. Todo ello demuestra una pasión por lo hechos reales. Como contrapartida, expresa también sus fantasías. Para ello, ilustra sus sueños. «Mi forma de hacer un cómic es construir un puente. Une la infancia a la edad adulta, la realidad a los fantasmas y los sueños, y la Historia a las historias», señala el autor.
En el camino, observamos la evolución del artista. Sus estudios de Publicidad en la Escuela Superior de Artes Aplicadas Duperré, de París, en cuya institución tuvo como uno de sus profesores al admirado Georges Pichard. Este le comenta cierta vez: «Sus dibujos me dan miedo y sospecho que busca conseguir ese efecto».
Al final, en esa lucha constante contra la enfermedad y la muerte, observamos que hay una imperiosa necesidad de creer en la salvación, así tenga diversos nombres: macrobiótico, acupuntura, espiritismo, magnetismo, alquimia, exorcismo. «Siempre aparecen nuevas posibilidades de curar la epilepsia de Jean-Christophe y mi madre no descansará mientras no las pruebas todas», se resigna David B. Una obra muy emotiva, ilustrada de forma inigualable. «Este libro ha sido una forma de decir a mi hermano cosas que nunca hubiese podido decirle de otra manera», dice el autor.


David B.

La frase: «Andar es otra forma de escribir y dibujar».

martes, 14 de octubre de 2014

Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli

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El nacimiento de los héroes
Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli


Batman: año uno (Batman: Year One, 1987), escrita por Frank Miller e ilustrada por David Mazzucchelli, cuenta de forma brillante cómo Bruce Wayne se convierte en el Hombre Murciélago y cómo el oficial James Gordon se vuelve su aliado. No es fácil el camino para ambos.
Los monólogos de Batman (en fondo azul) y Gordon (en fondo amarillo) permiten adentrarnos en los pensamientos de estos personajes. Sus debilidades. Sus temores. Es una estupenda idea recurrir a este recurso. Otro modo hábil es la distribución de la historia por fechas, a modo de diario.
Los flashbacks nos remiten a la noche que Bruce Wayne, de 6 años de edad, fue al cine a ver La marca del Zorro (The Mark of Zorro). Día trágico en que sus padres fueron asesinados por un atracador. Historia muchas veces contada en los cómics, pero nunca tan bien relatada como aquí.
Paralelamente, vemos a Gordon pronto a ser padre, aunque no le agrade la idea, pues Gotham City, al que llega destacado como teniente, «no es lugar para una familia». Tras residir 12 años en el extranjero, a los 25 años de edad y dueño de una gran fortuna, Bruce vuelve a su ciudad. Considerado uno de los solteros más codiciados, en un pasaje se le ve con una guapa joven. Acerca de ella, el multimillonario playboy le dice a Gordon, quien visita su casa intrigado por saber cuál es la identidad oculta de Batman: «He olvidado presentarles a mi amiga... Verán, no recuerdo exactamente cómo se llama, y no habla ningún idioma que yo conozca».
Si uno es seguidor de este justiciero enmascarado, reconocerá a varios personajes: Alfred («mayordomo formado como médico de guerra»), Harvey Dent (asistente de la fiscalía del distrito y más tarde Dos Caras), Selina (Gatúbela). Además hay un guiño al final cuando se anuncia al que será el mayor enemigo del Hombre Murciélago.
Uno de los detalles más celebrados de las historias de Batman, además de andar atormentado por la muerte de sus padres, es revelar la corrupción policial. El detective Arnold Flass es una pieza del narcotráfico. Esto le confiere carácter de género negro a la historieta, acentuado con las ilustraciones de tono oscuro de Mazzucchelli. Que un personaje que ganaba nuestro aprecio sea infiel a su pareja, quien lo atiende con esmero, hace más real el argumento.
En un momento Batman lanza un rugido que aprendió en África, lo que nos da una pista de su autoexilio. En otro instante, Gordon lo describe así: «Posee aptitudes físicas extraordinarias». Flass añade: «No es humano». Otra característica: opera de medianoche a cuatro de la madrugada, se enfrenta a villanos como atracadores callejeros hasta los grandes narcotraficantes. Este es el guardián de Gotham. Como en Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), del propio Frank Miller, vemos aquí el debate sobre si es legal el modo de actuar del Hombre Murciélago.
Creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger en 1939, este superhéroe con esta historieta acentúa su prestigio como ícono de la cultura popular. 

Frank Miller.

La frase: «Cuando un hombre se convierte en padre, nunca vuelve a ser libre por completo» (Batman: año uno, de Frank Miller).

domingo, 5 de octubre de 2014

Batman: El regreso del caballero oscuro (1986) | Frank Miller

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Vuelta y adiós
Batman: El regreso del caballero oscuro (1986) | Frank Miller



Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), escrita e ilustrada por Frank Miller, demuestra que las historietas de superhéroes pueden ofrecer obras maestras.
Dividida en cuatro capítulos, de medio centenar de páginas promedio cada una, esta novela gráfica es valiosa por ir más allá con su historia, por escaparse de lo convencional, por ofrecer una estructura sencilla pero muy coherente, en un ritmo intenso.
Tras diez años de su última aparición, el Hombre Murciélago vuelve para combatir el crimen, enfrentarse a dos de sus archienemigos (Dos Caras y Guasón). También observamos la participación de Superman (el otro gran superhéroe de DC Comics, la empresa de historietas a la que pertenece Batman), la tensión entre Estados Unidos y Unión Soviética, la discusión sobre si el fin justifica los medios para lograr la justicia, la importancia de la televisión. Todo en un argumento muy bien estructurado.
Estamos en la década de 1980, en Estados Unidos gobierna un presidente cuyos rasgos nos remiten a Ronald Reagan (1981-1989), quien tuvo una tensa relación con los soviéticos. En la ficticia Gotham City, Batman se ha retirado hace una década por la muerte del segundo Robin, su ayudante justiciero, cuya identidad verdadera es Jason Todd, a manos del Guasón. El multimillonario Bruce Wayne, nombre que esconde el superhéroe, a los 55 años es un mustio alcohólico.
Los noticieros televisivos indican que la delincuencia está en su momento de mayor auge con  Los Mutantes, pandilla que en su mayoría se arrima al que la va bien. Gracias a los telediarios, de papel protagónico en el cómic, el lector se entera del conflicto entre las superpotencias en la ficticia isla Corto Maltés, claro homenaje a las historietas del italiano Hugo Pratt. Este argumento paralelo expresa el temor por las bombas nucleares. Uno de los efectos del estallido de esta letal arma es un apagón, el caos, la inutilidad de las máquinas de forma imprevista, como aquel avión que se estrella contra un rascacielos de Gotham, cuyos edificios, puentes y calles se asemejan a Nueva York.
Es por la televisión que el líder de Los Mutantes lanza esta amenaza: «Yo mismo mataré al necio de Batman. Arrancaré la carne de sus huesos y los sorberé hasta dejarlos secos. Me comeré su corazón y arrastraré su cadáver por la calle». En el transcurso de la historia, decenas de muertes se apilan. Parece que no hay salvación.
La discusión acerca de los códigos de Batman para luchar contra el crimen se ve continuamente en los programas de televisión. Ellen Yindel, la sucesora de James Gordon (aliado del Caballero Oscuro, por quien ha forzado y roto las reglas), comisario de la ciudad que se jubila a los 70 años de edad y después de 26 años en el cargo, es muy crítica con el enmascarado: «Lo primero que haré como comisaria de Policía será cursar una orden de arresto contra Batman por asalto, allanamiento, peligro público...».
Unos tildan a Batman de «fascista», «psicótico», «amenaza para la sociedad». Señalan que abusa de la fuerza, que agrede sin necesidad, que allana sin respetar las normas, que no respeta los derechos civiles, que trabaja con una adolescente (Carrie Kelly, de 13 años, sucede a Todd como Robin).
En contraposición, sus defensores afirman que él es el único que se enfrenta eficazmente al crimen, que permite que la gente no viva atemorizada, que las leyes son estúpidas e inútiles. En medio del caos, Batman dirá: «Esta noche yo soy la ley».
Hay varios discursos que configuran el argumento. Los diálogos, las informaciones de los noticiarios y los monólogos de los personajes principales. Para distinguir estos últimos, el fondo de los globos son de distinto color: el gris es para Batman, el azul para Superman, el amarillo para el tercer Robin, el verde para el Guasón.
Batman debe poner la cara en diversos frentes. ¿Cómo saldrá librado de ello? Ahí tenemos el ingenio de Frank Miller para resolverlo. Una joya de la novela gráfica.

Frank Miller.


La frase: «Una pistola es el arma de un cobarde, de un mentiroso» (Batman: El regreso del caballero oscuro, Frank Miller).