24 de noviembre de 2016

Cuentos completos de Alfredo Bryce Echenique

Alfredo Bryce Echenique.

Dos años antes de alcanzar el reconocimiento unánime por su primera novela, Un mundo para Julius (1970), Alfredo Bryce Echenique publicó Huerto cerrado (1968), título sugerido por su amigo y colega Julio Ramón Ribeyro, volumen que obtuvo una mención especial en el concurso Casa de las Américas, de La Habana.


De esta colección sobresale «Con Jimmy en Paracas», que evidencia un estilo propio, un humor y una narración coloquial particulares. El autor ha declarado repetidas veces que esa libertad para escribir frases largas, párrafos en aparente desorden, se lo debe al argentino Julio Cortázar.
Otro estupendo texto es «Yo soy el rey», que transcurre en un prostíbulo de la avenida Colonial, con bolero «chuchumequero» de fondo. Es necesario precisar que, salvo «Dos indios», todos los relatos de este primer libro se ambientan en Lima. En ciertas ocasiones, los personajes escapan a Chosica y Chaclacayo, distritos de la capital peruana a los que van en busca de sol.
El conjunto permite mostrarnos a Manolo, protagonista de estos cuentos, quien estudia en un internado inglés de Chosica, asombrarse al descubrir que un compañero del colegio es homosexual. En otros relatos declara su amor por primera vez a una chica, visita un burdel, desflora —ya universitario— a una ingenua y bella adolescente, conoce a la nueva pareja de su madre, vive en Roma en busca de hermosas actrices italianas, decide volver al Perú por compromiso social y, finalmente, vaga por las calles limeñas enloquecido. Es decir, se observa a este personaje en diversas etapas, desde su infancia hasta la adultez.


Los dos libros de cuentos siguientes Bryce Echenique los perdió en sus diversas mudanzas, por lo que tuvo que reescribirlos. La felicidad ja ja (1974), título que tomó de una canción del argentino Palito Ortega, es de lejos su mejor volumen de relatos. Entre las joyas que ofrece se encuentra «Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín», el monólogo desde un bar de mala muerte de un exestudiante de Derecho que prometía destacar como profesional y que era incapaz de realizar un embargo a un viejo compañero de colegio. Es un inadaptado tanto arriba como abajo, heredero de un nombre que le quedaba grande, hundido en el fracaso social, económico.
A diferencia del relato anterior, en «Baby Schiaffino» hallamos un personaje triunfador en el campo profesional, aunque es un perdedor en el terreno amoroso. Es la historia de Taquito Carrillo, eterno pretendiente de la chica que da título al cuento, una hermosa rubia de ojos verdes. Se cuenta que este joven abrazó a los enamorados de la muchacha por quien se desvivía, conversó con ellos y los vio partir cada noche con el fruto deseado.
De muy diversos temas, el libro exhibe algunos rasgos personales del autor: descendiente de un presidente de la República, pobre profesor de castellano en París (véase «Florence y Nós três»), amante de la buena bebida y de la tauromaquia. La felicidad ja ja le ayudó a Bryce Echenique a superar una fuerte depresión tras el enorme éxito de su primera novela. Es significativo que el título primigenio fue El humorista está triste.


En su siguiente libro, Magdalena peruana y otros cuentos (1986), se acentúa el interés por ambientar relatos en el extranjero. Nueva York y México son algunos escenarios, pero el predilecto es París. Esto es fruto de desarrollar en Europa las tres novelas anteriores a la publicación de este volumen. Un relato parisino es «El breve retorno de Florence este otoño», continuación de «Florence y Nós três», del volumen anterior. También «Una carta a Martín Romaña», que intenta aclarar algunos aspectos de un personaje de La vida exagerada de Martín Romaña (1981).
Uno de los relatos que destaca es «Anorexia y tijerita», que confirma la fijación del autor por finales inesperados, como sucede en los cuentos «Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín» y «Antes de la cita con los Linares», ambos de La felicidad ja ja. La mitomanía reaparece en otro texto valioso, «El Papa Guido Sin Número», tema explorado en «El descubrimiento de América», de Huerto cerrado, y en «Baby Schiaffino».
El relato más valioso del tercer libro es «A veces te quiero mucho siempre», cuyo protagonista —como varios personajes bryceanos— tiene una pareja jovencísima y vive de recuerdos. Aquí se ofrece una historia que sería contada con variantes en «El carísimo asesinato de Juan Domingo Perón», del siguiente libro: Guía triste de París (1999).


La comunicación con otras obras suyas es una constante en Bryce Echenique: los protagonistas de «¡Al agua patos!» y «Desorden en la casita», del segundo y tercer libro de cuentos, respectivamente, son muy parecidos al personaje principal de Un mundo para Julius, pues volvemos al niño que pierde a su hermana por una enfermedad y que es amigo de la servidumbre. «Lola Beltrán in concert», de Guía triste de París, tiene mucho en común en cuanto a argumento con «Sinatra y violeta para tus pies».
Bryce Echenique explica que seis relatos de este cuarto volumen de cuentos tienen su origen en seis crónicas publicadas. ¿Es signo de agotamiento? Sin embargo, ahí tenemos el estupendo «Retrato de escritor con gato negro», también con final inesperado.


Una década después, Bryce Echenique publicó La esposa del Rey de las Curvas (2009), de los que podrían rescatarse el cuento que da nombre al libro y «La chica Pazos». El argumento del primero de ellos se basa en una experiencia personal que ha sido recordada en varias entrevistas. Se centra en un niño solitario algo mitómano cuyas mentiras están a punto de ser descubiertas por sus compañeros del colegio, pero sucede algo inesperado. «La chica Pazos», por su parte, vuelve a referirse a un personaje enamorado de una joven guapa, pero inalcanzable.

21 de octubre de 2016

El coronel no tiene quien le escriba (1961) | Gabriel García Márquez

««««
La inquebrantable fe
El coronel no tiene quien le escriba (1961) | Gabriel García Márquez




En un periodo de estrechez económica, el colombiano Gabriel García Márquez compuso en París, desde mediados de 1956 a enero de 1957, su segunda novela: El coronel no tiene quien le escriba (1961), publicada originalmente en la revista Mito de Bogotá, en 1958.

El libro se desarrolla de octubre a diciembre de 1956 en un pueblo jamás mencionado a orillas de un río navegable. Relata la historia de un coronel de 75 años, veterano de una guerra civil, que se dirige cada viernes a la oficina de correo, aguardando una correspondencia que traiga sus pensiones.
Casado hace cuarenta años con una asmática, el viejo militar sufrió la muerte de su único hijo, Agustín, quien fue acribillado por la Policía por distribuir información clandestina y que le dejó por toda herencia un gallo de lidia. El coronel confía en que este animal ganará las peleas de enero, lo que cambiaría favorablemente su mala situación económica.
«Prohibido hablar de política», reza un letrero en la sastrería donde trabajó Agustín. Paradójicamente, ahí se encuentra uno de los focos de la resistencia secreta. Además, la frase presenta el humor sombrío que tiñe el relato y muestra la política desde un ángulo desfavorable.
Pese a la brutal represión, tres antiguos amigos de Agustín que trabajan en la sastrería, un joven médico y el coronel exponen sus vidas al repartir hojas clandestinas. La muerte del hijo del viejo militar no atemoriza y quizá estimule a estos opositores de un régimen que hace mucho tiempo no convoca elecciones, que ha impuesto el estado de sitio, que ha implantado el toque de queda en el pueblo, que censura la prensa, que realiza batidas y que asesina a sus enemigos. Esta resistencia se extiende, de manera armada y ya no oculta, en otros lugares del país.
Es importante tener en cuenta que hace 56 años terminó la última guerra civil y que las pensiones que espera el viejo militar se acordaron mediante el Tratado de Neerlandia, con la rendición del coronel Aureliano Buendía. El gobierno, sin embargo, no concreta sus promesas, en tanto los partidarios del régimen, como recuerda la esposa asmática, «cumplieron con ganarse mil pesos mensuales en el Senado durante veinte años».
Don Sebas, padrino de Agustín y ricacho del pueblo, es el único dirigente del partido del coronel que escapó a la persecución política. «Un hombre que llegó al pueblo vendiendo medicinas con una culebra enrollada en el pescuezo». ¿Cómo consiguió fortuna y evitar la represión? A través de un famoso pacto patriótico con el alcalde, que le permitió quedarse en el pueblo y «comprar a mitad de precio los bienes de sus ricos copartidarios» que aquel expulsaba.
En un pasaje, el coronel oirá de su mujer: «Varias veces he puesto a hervir piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días de no poner la olla». El héroe del relato está empobrecido y pasa mucha hambre. En ese contexto, es alarmante que el viejo militar no haga otra cosa que esperar hace 56 años. ¿Es acaso un holgazán que reduce su vida a comer, dormir, aguardar una carta, alimentar a un gallo y distribuir información clandestina?
Los ancianos esposos tienen una casa hipotecada, viven al fiado y vendieron una máquina de coser, y pretenden hacer lo propio con un reloj y un cuadro. La angustiosa situación empuja al coronel a ofrecerle su gallo de pelea a su compadre don Sebas, quien quiere aprovecharse de él pagándole menos de la mitad del precio real.
Es significativo que el viejo militar compare su figura y la de su mujer con la de un papagayo y un pájaro carpintero, respectivamente. La situación en que vive lo degrada al extremo de colocarse con su esposa al nivel de los animales, incluso el coronel y su mujer se privan de comer para alimentar al esperanzador gallo, lo que manifiesta la importancia que le otorgan.
Pese a las adversidades, el coronel está convencido de que el mal periodo pasará. Tiene una inquebrantable fe en que algún viernes le llegará la demorada carta y que su gallo ganará las peleas de enero. De algún modo es un inconformista: espera así el cambio. Esta esperanza la comparten, a su manera, los de la resistencia. Las cosas definitivamente serán distintas en el futuro.
Esta breve novela política emplea con eficacia recursos clásicos: narrador omnisciente y cronología lineal. Sin embargo, el humor sutil, las descripciones precisas y los diálogos breves sorprenden por su estupenda utilización en este hermoso relato cuyo telón de fondo es un periodo difícil de la vida de García Márquez y de su país.

Gabriel García Márquez.

Del amor y otros demonios (1994) | Gabriel García Márquez

««
El mago endemoniado
Crónica de una muerte anunciada | Gabriel García Márquez


Gabriel García Márquez había decidido no publicar un nuevo libro si no se retiraban del mercado colombiano los ejemplares piratas que se ofrecían de sus obras. Finalmente, comprendió que era muy difícil combatir la ilegalidad. De tal forma que, tras muchos anuncios y aplazamientos, nos entrega ahora su novena novela: Del amor y otros demonios (1994).
Ambientada en un pueblo del Caribe colombiano, a fines del siglo XVIII, la narración se desarrolla del 7 de diciembre al 29 de mayo de años indeterminados. Se inicia cuando Sierva María de Todos los Ángeles, el día que cumplía 12 años, es mordida en el tobillo izquierdo por un perro rabioso. El marqués de Casalduero, padre de la niña, preocupado, la hace examinar por el médico portugués Abrenuncio y por curanderos del lugar.
El obispo de la ciudad, pensando que la niña estaba endemoniada, le sugiere al marqués que la interne en el convento de Santa Clara. Ahí, por encargo del obispo, el padre Cayetano Delaura tratará de exorcizar a la niña, pero comprueba que ella no estaba atacada por la rabia ni poseída por el demonio.

Identidad
Despreciada por su madre, Sierva María se crió en el galpón de las esclavas, donde aprendió tres lenguas africanas, a beber sangre de gallo en ayunas y a bailar a distintos dioses. «En aquel mundo opresivo en el que nadie era libre, Sierva María lo era: solo ella y solo allí». Era su verdadera casa y los esclavos, su verdadera familia. Esta infancia nos trae a la mente la que tuvo el narrador apurimeño José María Arguedas, quien convivió con los indígenas al ser relegado por su madrastra. El autor de Los ríos profundos (1958), como la protagonista de García Márquez, encontró en un espacio marginal el afecto que necesitaba y se sintió feliz como nunca. Desprendida de este universo, la marquesita se sentirá incómoda y, algo peor, hostilizada.
El odio de la madre tiene una explicación: presionada por su padre, Bernarda Cabrera violó al marqués, quien tenía síntomas de retraso mental, y poco después, tal como lo había planeado, quedó encinta. El marqués contrajo matrimonio para reparar lo actuado, pero sin sospechar que Bernarda tenía en mente envenenarlo, aunque no pudo culminar su plan. Siete meses más tarde, Sierva María nacería de milagro. No obstante, la marquesa vio en su hija la encarnación de su frustración y, por ello, la odió.
El rechazo que se percibe del obispo y la abadesa, españoles de nacimiento, por Sierva María, que descendía de criollo noble y mestiza plebeya, podría representar de modo coherente la relación conflictiva entre España y sus colonias. En relación con el mestizaje y, de paso, la búsqueda de la identidad, el padre Delaura dirá a Abrenuncio, que, con tantas sangres cruzadas, no sabe a ciencia cierta cuál es su origen ni quién es. «Nadie lo sabe por estos reinos —responderá el médico—. Y creo que necesitarán siglos para saberlo».

Malignas
El amor es, sin embargo, el tema que preside la obra. El amor a la mujer, al amante, a la hija, a Dios. Pero el que ocupa mayor importancia es el amor a la mujer, que durante siglos ha sido asociado por los santos, místicos y teólogos con lo demoniaco. Por ello, los castos y ascetas fueron considerados modelos de perfección cristiana.
Veamos la historia bíblica: desde que Eva es responsable del pecado original que condenó a la humanidad, los agravios al encanto femenino se hicieron célebres por su vehemencia. Para citar, tres casos: San Antonio aseguró que la mujer es esencialmente fuente de pecado. San Pedro Damián las llamó «serpientes venenosas y tigresas sanguinarias». Un monje más audaz afirmó que en sus partes púbicas se halla el infierno. La novela, desde el título, se entiende mejor desde esta óptica.
Al estimar que su amor por Sierva María está ligado a Satanás, el padre Delaura, cuando fue sorprendido por el obispo flagelándose brutalmente el torso, dirá: «Es el demonio, padre mío. El más terrible de todos».
Víctima de la ignorancia y de la superstición, la protagonista es sometida a tratos inhumanos. El lector se indignará y conmoverá ante ellos. Solo el padre Delaura, quien supera en 24 años a la marquesita, comprenderá sus reacciones e intentará evitar los maltratos. En parte, este aspecto recuerda el relato «Solo vine a hablar por teléfono», de Doce cuentos peregrinos (1992), del propio autor, en el que por accidente se interna en un manicomio a una joven que viajaba en auto por España.

Epidemias
Hay que subrayar que García Márquez, con frecuencia, como un demonio, flagela a los personajes de sus libros con grandes estragos y epidemias. Mario Vargas Llosa, en su sesudo ensayo García Márquez: historia de un deicidio (1971), apunta: «En casi todas las ficciones de García Márquez se describen ‘pestes’ y ‘calamidades’ que se baten intempestivamente sobre la colectividad».
En el cuento «Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo», publicado en 1955 y recogido en Ojos de perro azul (1972), una lluvia de cuatro días amenaza desaparecer la ciudad. En Cien años de soledad (1967), la peste del insomnio y del olvido, el diluvio de cuatro años y, por último, el viento infernal que se lleva Macondo por los aires castigan a los personajes de esta novela.
Vargas Llosa observa también que García Márquez tiene una cierta concepción apocalíptica de la historia debido a la violencia y al carácter extremo del clima de su país. Los grandes estragos y epidemias, como consecuencia de ello, son la manifestación del Mal, del pecado, de Satán. No sorprende, entonces, que uno de los libros predilectos de García Márquez sea Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year, 1722), reportaje del inglés Daniel Defoe, considerado padre del periodismo moderno.
La rabia, que es una de las materias de esta novela de García Márquez, fue antes tratada en su breve reportaje «Solo doce horas para salvarlo», publicado originalmente en la revista Momento de Caracas, en 1958, y que integraría la colección de textos periodísticos Cuando era feliz e indocumentado (1973).
Hay otros asuntos que por espacio solo señalo: el hundimiento familiar, el entusiasmo por la novela de caballerías Amadís de Gaula (1508), el entusiasmo por el poeta español Garcilaso de la Vega, el significado de los sueños, el conflicto de la fe religiosa.

Tras once versiones diferentes y seis pruebas de imprenta corregidas, García Márquez ofrece esta novela que es muy digna de su trayectoria y que, sin duda, será disfrutada por cientos de miles de lectores.

Gabriel García Márquez.


Esta reseña se publicó originalmente en el diario La República, suplemento «Domingo», Lima, 19 de junio de 1994, página 27.

28 de agosto de 2016

Tres obras maestras de la serie de televisión estadounidense

«««««
Una familia de la mafia
Los Soprano (The Sopranos, 1999-2007)


¿Qué elementos debe tener una serie de televisión para ser una obra de arte? Un buen guion es indispensable. Se requiere, asimismo, de magníficos actores, estupendos diálogos y una cámara bien puesta, entre decenas de aspectos técnicos. A diferencia de la pintura o de la escultura, los productos del cine o de la televisión dependen de mucha gente. En este sentido, Los Soprano (The Sopranos), serie televisiva de seis temporadas creada por David Chase, es una feliz coincidencia de profesionales brillantes.
Tras unos ataques de pánico, el violento Tony Soprano (James Gandolfini) asiste a sesiones de terapia con una psiquiatra, la doctora Jennifer Melfi (Lorraine Bracco), a quien le confiesa sus problemas personales. Le cuenta, entre otras cosas, que lleva una conflictiva relación con su madre, Livia Soprano (Nancy Marchand), manipuladora y de carácter dominante.
También le refiere la relación que lleva con su esposa, Carmela Soprano (Edie Falco), y sus hijos: la sobresaliente Meadow (Jamie-Lynn Sigler), quien se prepara para ingresar a la universidad, y el problemático Anthony (Robert Iler), de bajos rendimientos en la escuela. Asimismo le habla de algunos aspectos de su modo de ganarse la vida.

Carmela, Tony, Anthony y Meadow Soprano.

De origen italiano, Tony Soprano es un mafioso natural de Nueva Jersey que vive de la extorsión, del tráfico ilegal y de los sobornos. Tras la muerte de su jefe, víctima de cáncer, debe enfrentar diversos roces con su sucesor, Corrado ‘Junior’ Soprano (Dominic Chianese), tío suyo. Por fortuna, para sacar sus negocios adelante, cuenta con el apoyo de su vehemente sobrino político Christopher Moltisanti (Michael Imperioli).
Al imponente Tony, de 1,85 metros, amante de las pastas y de los puros, se le ve con frecuencia en su enorme mansión en bividí, bata o shorts. Se levanta casi todos los días al borde del mediodía, tras pasar toda la noche fuera del hogar, a veces en uno de sus negocios, como el club de striptease Bada Bing! Es un personaje complejo que puede ser tierno o duro.

Christopher Moltisanti.

Pese a que sus manos puedan estar manchadas de sangre, puede ser un padre y esposo amoroso, aunque tenga numerosas amantes y sea violento con ellas. Incluso puede verse muy afectado por el dolor de una traición de alguien cercano. Por otro lado, saca las garras. Cuando Carmela le señala que todos quienes trabajan con él le temen, el mafioso le responde: «A mí qué mierda me importa que me tengan miedo. Dirijo un puto negocio, no un concurso de popularidad». En cierto momento, se pregunta: «¿Qué clase de persona soy si hasta su madre desea su muerte?».
El episodio «College», quinto de la primera temporada, es de los más significativos. Cuenta el viaje de Tony y su hija a Maine, nordeste del país, para conocer las posibles universidades en las que podría estudiar ella. En el camino, el mafioso encuentra de modo casual a un exsocio que lo traicionó, a un tipo que trabajó con él, pero se volvió informante del FBI. El capítulo muestra cierta constante de la serie: el jefe lidiando con un asunto familiar, privado, y, en paralelo, resolviendo un tema laboral o de venganza.

Corrado ‘Junior’ Soprano.

«Pine Barrens», el undécimo episodio de la tercera temporada, es otro de los mejores. Christopher y el gánster Paulie Gualtieri (Tony Sirico) van a enterrar a una de sus víctimas en un bosque nevado del sur de la ciudad. Con hambre, perdidos, a punto de ser congelados y desesperados, deben terminar una misión que se complica. Tony describe por celular al enemigo, pero Paulie entiende mal. «No creerás esto —le dice a Christopher luego de escuchar al jefe—. El tipo mató a 16 checoslovacos. Fue decorador de interiores». Un típico chiste de teléfono malogrado.
Las múltiples referencias a El Padrino (The Godfather, 1972-1980), trilogía sobre mafiosos de origen italiano, evidencian el peso que tienen estas películas de Francis Ford Coppola. Lo mismo sucede con Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), de Martin Scorsese. Baste decir que 27 actores de este último film coincidieron en la serie. Por citar dos: Lorraine Bracco y Michael Imperioli, respectivamente, la esposa del gánster interpretado por Ray Liotta y el muchacho que recibe un balazo en un pie del maleante encarnado por Joe Pesci. En resumen, Los Soprano es una obra maestra que brilla en muchos terrenos.

David Chase.



«««««
Devorar el mundo
The Wire (2002-2008)


La serie de televisión The Wire expresa tremendas ganas de devorar el mundo en una sola obra. Así, explora diversos estratos y ambientes de Baltimore, puerto del nordeste de Estados Unidos.
Con el deseo de ofrecer un retrato realista, observamos los movimientos de una amplia galería de personajes: desde el microcomercializador de drogas hasta el político más encumbrado, un senador del estado de Maryland. En este espectro tenemos además a jueces, fiscales, prostitutas, periodistas, profesores, policías.
Hay rumores de que existe una organización criminal ligada al narcotráfico liderada por Avon Barksdale (Wood Harris). En esas circunstancias, la Policía se pone a investigar sin tener siquiera una foto del cabecilla, un sujeto que jamás ha sido arrestado y acerca de quien no hay casi información.

Bunk Moreland y Jimmy McNulty.

«Este caso está conectado con todo», le comenta el teniente Cedric Daniels (Lance Reddick) a su esposa en cierto momento. Es verdad, la organización de Barksdale nos lleva a rumbos insospechados. El presumido, borrachín y mujeriego detective Jimmy McNulty (Dominic West) elogia en cierto momento al cabecilla: «Me enorgullece perseguir a este tipo».
El teniente Daniels, asignado al caso, se queja al inicio de la calidad de su equipo policial sin saber las sorpresas que le daría este. Sin embargo, hay limitaciones, por lo que la Policía busca métodos más modernos, pero legales, para dar el golpe al enemigo. De ahí la clonación de buscapersonas o la interceptación de teléfonos públicos con autorización de la fiscalía. Tenemos aquí el origen del nombre de la serie (‘wire’, es decir, ‘cable’ en inglés).

Avon Barksdale.

La investigación parte desde los pequeños vendedores de drogas de las viviendas pobres, la zona inferior de la pirámide. En estos territorios, como en toda Baltimore, predominan los afroestadounidenses. Un oficial señala en un pasaje: «Si uno sigue la pista de la droga, desemboca en adictos y traficantes. Pero si uno sigue la pista del dinero, no se sabe dónde puede terminar». Esta serie nos lleva a reflexionar acerca de las instituciones del Estado, susceptibles de ser sometidas por el dinero del narcotráfico. Así, encontramos, policías y políticos deshonestos. Una cruda verdad.
Si tendríamos que rescatar tres momentos de la primera temporada, podríamos contar con la explicación de D’Angelo Barksdale (Larry Gilliard, Jr.) acerca de cómo jugar al ajedrez, al que compara con el desempeño en la vida (episodio 3). También la escena graciosa en la que McNulty y su acompañante Bunk Moreland (Wendell Pierce) visitan la escena de un crimen, reconstruyen un asesinato y pronuncian una lisura decenas de veces: fuck (episodio 4). Por último, la conmovedora pregunta de D’Angelo a Stringer Bell (Idris Elba) dónde demonios está Wallace, adolescente que traicionó a sus superiores (episodio 5).

Stringer Bell.

Si usted quiere saber cómo funciona la estructura del narcotráfico, las fachadas, los vínculos con los de arriba, aquí tiene un magnífico retrato.
La segunda temporada se traslada de escenario: se centra en la vida de los estibadores del puerto. En paralelo, continúa con la historia de la organización de Barksdale y de algunos policías, entre ellos McNulty, destacado en una lancha en la Unidad Marina. En la tercera temporada, en cambio, sobresale otro capo del narcotráfico, Marlo Stanfield (Jamie Hector), y observamos el empeño del demócrata Tommy Carcetti (Aidan Gillen) de llegar a la alcaldía de la ciudad. Las dificultades que enfrentan los escolares para salir de un ambiente hostil y los modos de informar de los reporteros del diario The Baltimore Sun se incorporan en el tratamiento de la cuarta y quinta temporada, respectivamente.
David Simon, el creador de la serie y periodista del diario The Baltimore Sun durante veinte años, confiesa haberse inspirado en un delincuente que —como Omar Little (Michael K. Williams)— robaba a los narcotraficantes. Es más, nombró a este consultor del programa mientras cumplía condena. Como otro modo de ser fiel a lo que cuenta, la producción tuvo en el reparto a una joven que estuvo en prisión por asesinato: Felicia Pearson, una despiadada criminal en la serie.
The Wire es una joya de la televisión que justifica ampliamente todos los elogios recibidos. Una obra que exhibe las desigualdades sociales de un país que se jacta de ser el abanderado de la libertad.

David Simon.



«««««
Viaje al mal
Breaking Bad (2008-2013)


Uno de los aspectos que hace de Breaking Bad (‘volviéndose malo’ sería la traducción literal al castellano) una serie memorable es su guion, con situaciones límite y diálogos ingeniosos. La transformación progresiva de un modesto profesor de Química a un asesino productor de drogas es brillante.
¿A qué género pertenece esta serie? Es drama, pues cuenta la vida durante un poco más de dos años de un tipo enfermo de cáncer que piensa en el bienestar económico de su familia. Es thriller psicológico, por la angustia de saber cómo los personajes se libran de sus problemas. Es western contemporáneo, por las emboscadas y los tiroteos que se desatan en un caluroso desierto, en el de Nuevo México en este caso. Es humor negro, pues a veces no se sabe para quién se trabaja.
El protagónico recae en el profesor Walter White, interpretado de modo excepcional por Bryan Cranston, cuyo desempeño fue elogiado por Anthony Hopkins nada menos («la mejor actuación que he visto en mi vida», sentenció). Lo acompañan en el desarrollo de la historia Jesse Pinkman (Paul Aaron), drogadicto productor de metanfetamina azul y quien hace desternillar de risa cada vez que exclama ‘bitch’ (‘perra’), y el policía antinarcóticos Hank Schrader (Dean Norris), obsesionado por llegar a la verdad y por capturar al perverso Heisenberg. Además tiene gran importancia Skyler (Anna Gunn), la esposa del personaje principal.

Jesse Pinkman y Walter White.

«No estoy en peligro, Skyler, yo soy el peligro. Si llaman a la puerta de un hombre y le disparan, ¿tú crees que ese hombre seré yo? ¡No! Yo soy el que llama», le explica el profesor Walter White a su esposa, atemorizada por lo que pueda pasarle a su familia (sexto episodio de la cuarta temporada). Otro momento mágico es cuando Heisenberg, después de describir lo que hizo, le pide al jefe de los distribuidores de metanfetamina que diga su nombre (sétimo capítulo de la quinta temporada).
Todo está minuciosamente trabajado en esta serie creada por Vince Gilligan: desde la presentación de los créditos iniciales, los que toman letras de algunos símbolos de los elementos químicos de la tabla periódica, hasta el color de la ropa, que corresponde con el momento de la historia. El inescrupuloso abogado Saul Goodman (Bob Odenkirk), cuya publicidad es «Better Call Saul», luce camisa verde, por ejemplo, al recibir cinco millones de dólares de Jesse en el capítulo «Dinero sangriento» (noveno episodio de la quinta temporada).

Gustavo ‘Gus’ Fring.

La intriga se distribuye en buenas dosis, con preferencia al final de cada episodio. Así, las sospechas del espectador pueden venirse abajo al descubrir lo que realmente sucedió. Es el caso del oso de peluche rosado, que aparece al inicio de la segunda temporada. ¿Cómo llegó a la piscina de la casa de los White?
Cada elemento encaja muy bien, salvo que Gustavo ‘Gus’ Fring (Giancarlo Esposito), dueño de la cadena de comida rápida Los Pollos Hermanos y productor de metanfetamina, no parece chileno por su acento, por el color de su piel y por provenir de un país con poca vinculación con el narcotráfico. Aunque se podría pecar de estereotipo, quizá hubiese sido más creíble si fuera peruano, boliviano o colombiano.

Skyler White.

El esmero que pone en el laboratorio el profesor White para crear un producto de calidad se traslada a la realización de la serie. Las cinco temporadas son un viaje extraordinario, intenso y vertiginoso al mal.

Vince Gilligan.