martes, 27 de enero de 2015

Palestina: en la franja de Gaza (1996)

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El dolor de un pueblo
Palestina: en la Franja de Gaza (1996) | Joe Sacco




Un hito en la historia del cómic: Palestina: en la franja de Gaza (Palestine, 1996), libro que es periodismo e historieta a la vez. Su autor, el estadounidense Joe Sacco, lo escribió y dibujó luego de pasar dos meses en Cisjordania y la franja de Gaza (de diciembre de 1991 a enero de 1992), dos de los lugares más conflictivos del mundo moderno.
Sacco observa cómo se vive la Intifada (revuelta de 1987 a 1993) en estos territorios densamente poblados, en cuyo primer año –según el reportero– 400 palestinos resultaron víctimas. Preocupado por las historias que escucha, señala: «¡Voy a hacer que el mundo entero sepa de vuestro sufrimiento!».
Se recuerda que esta tierra fue conquistada por romanos, bizantinos, cruzados, turcos e ingleses hasta que estos últimos, en 1948, se retiraron para la creación del Estado de Israel. Hecho este último que marginó a los palestinos que vivían ahí, quienes reclaman un Estado independiente.
El reportero entrevista a varios palestinos que pasaron alguna temporada en Ansar III (Prisión de Ktzi'ot), al sur de Jerusalén, donde  fueron torturados. Visita numerosas casas de refugiados. Recorre aulas con goteras, campos de árboles de olivo destruidos. También señala cómo los israelíes no les otorgan permiso para trabajar. 
Sacco busca siempre el dolor del pueblo. En cierto momento se define como «un buitre», pero no llega al amarillismo, a la exageración. Es valiente al soportar experiencias extremas: «Estoy temblando como un puto flan», dice con gran temor. Sin embargo, piensa: «Esto es bueno para el cómic»
Muchos palestinos creen que los estadounidenses saben de sus problemas, pero están del lado de Israel. ¿Por qué? Por el dinero. En esta situación, no sorprende que algunos apoyen al iraquí Sadam Husein, protagonista de la Guerra del Golfo (1990-1991). «Es nuestra última esperanza», dice un anciano. Otro piensa que en cierto momento recibirán ayuda de algún gobierno árabe, como el de Jordania, Siria y Líbano, para liberarse de los israelíes.
¿Esta gente que sufre buscará venganza? ¿Cómo conseguir la paz, una convivencia armoniosa? El palestino-estadounidense Edward Said –cuyo ensayo Orientalismo (Orientalism, 1978) es mencionado en la historieta­– señala que los cómics permiten pensar e imaginar de modo diferente. Palestina, de Sacco, es una estupenda demostración. «Obra de contenido político y estético de una originalidad extraordinaria», afirma Said. No se puede estar más de acuerdo.

Joe Sacco.

La frase: «Quitarle la vida a alguien está mal, sean cuales sean las circunstancias. Matar a alguien es negar a esa persona».


domingo, 25 de enero de 2015

Entrevista a Pedro Llosa Vélez

Pedro Llosa Vélez: "El cuento peruano goza de muy buena salud"


Tengo 39 años. Si bien he incurrido en más de un género literario y disfruto de la escritura de artículos periodísticos, el género que más practico y admiro es el cuento. He publicado dos libros de relatos, Viento en proa y Protocolo Rorschach, y en julio se editará Las visitaciones. Creo que la narración breve es una de las formas artísticas más bellas y autónomas que existen, muchas veces más cerca de la poesía que de la novela.

—En el año 2000, publicaste Te espero en El Olivar. Sobre esta pieza dramática has declarado: “Representa lo mejor y lo peor de mis años universitarios. ¿A qué te refieres con esta frase?
Resulta que de todos los objetivos que tenía durante mis años de estudiante de Economía [en la Universidad del Pacífico] ese era el único literario. Cuando escribí esta obra, ya hacia el final de mi carrera, lo sentí como un paso fundacional, más allá de su calidad literaria. Hoy me siento muy lejos de ella, pero soy yo a mis 23 años.
—¿Por qué has señalado que la carrera de Economía ha sido crucial para tu escritura?
Creo que me da un cúmulo de experiencias bastante atípicas para las personas que hacen literatura. Además de haberme confrontado con personajes inverosímiles que son de gran utilidad para el mundo de la ficción. Pero tal vez también porque soy un sujeto muy político y la economía para mí es un espacio político en todo lo esencial. Desde allí, las ideas fluyen muy bien y eso me permite llevar a la ficción temas de la realidad que me interesan o me perturban.
—De tu primer libro de cuentos, Viento en proa (2002), destaca “Los garfios de Carrero”. Es la historia de un mecánico que conquista a una joven. El narrador se cree más listo, pero termina con una verdad dura en la última frase. ¿Cuánto se trabaja para llegar a una línea que cambie toda la historia?
No hay recetas para eso. Los finales, al igual que los títulos, llegan de un momento a otro y se imponen o, a veces, no llegan nunca y uno tiene que escoger lo mejor dentro de lo que tiene. En ese volumen buscaba finales fulminantes, cosa que luego casi no he vuelto a explotar.
—En una entrevista dices: “El 2004 ha sido el único año en mi vida en donde he tenido todas las tardes para dedicarme exclusivamente a la literatura”. ¿Cómo lograste ese codiciado tiempo para sumergirte en las letras? 
Básicamente no adquiriendo responsabilidades complementarias a mi trabajo principal de profesor. En años anteriores enseñaba en universidades en las noches, hacía correcciones de estilo, llevaba diversos cursos. A partir de ahí anulé todo eso para poder escribir.
—Tu segundo libro de relatos, Protocolo Rorschach (2005), es homogéneo: gira sobre un test psicológico que consiste en que los pacientes descifren lo que ven en láminas abstractas. Esto hace recordar a Huerto cerrado (1968), de Alfredo Bryce, o Monólogo desde las tinieblas (1974), de Antonio Gálvez Ronceros. ¿Cuesta crear un libro que tiene muchos puntos en común?
La dificultad de pasar del cuento al libro de cuentos radica en el denominador común y en que la calidad de los cuentos sea homogénea. Guardar un nexo de similitud sin repetirte en cada texto. El vínculo puede ser el personaje, como en Huerto cerrado, o el registro y el entorno como en el libro de Gálvez Ronceros. Pero también puede ser un estado de ánimo o preocupaciones que persiguen al autor. En Protocolo Rorschach las manchas de tinta sirvieron para plantear la estructura del conjunto, pues cada cuento intenta contar una historia asociada a la patología que diagnostica cada lámina, pero creo que el denominador común tiene que ver más con las búsquedas que emprenden los personajes que con otra cosa.
—De este libro destaca “La niña de Onetti”, que refiere la historia de una uruguaya de 17 años que se suicida en una pensión de Miraflores. ¿Cuáles fueron las verdaderas causas de su muerte? ¿Acaso porque fue violada por su padrastro, porque era utilizada por su novio rockero o porque leía a Juan Carlos Onetti, calificado en el relato como “el escritor de los tristes”?
Esa historia parte de una noche en que oí a una vecina gritar porque había llegado a su casa y encontró a su hija ahorcada. Desperté a mi padre, que era médico, para ver si podíamos hacer algo y al llegar nos encontramos con esta chiquilla colgando de una soga. A partir de esa única verdad inicié el cuento. Ya no recuerdo cuál teoría me convenció más, pero creo que debe ser el lector quien encuentre el verdadero motivo. En esa época leía mucho a Onetti, por eso lo incluí en la historia.
—Acabas de obtener el primer lugar en el Concurso Nacional de Cuento José Watanabe, con un libro inédito: Las visitaciones, de pronta aparición. ¿Por qué tardaste una década en publicar otro conjunto de relatos?
Estuve viviendo en Rotterdam cuatro años dedicado a estudiar filosofía política. Aunque en ese tiempo escribía principalmente ensayos, he guardado siempre la manía de imaginar historias a toda hora. Desde el 2009 retomo la escritura de ficción y Las visitaciones recoge un grupo de los cuentos escritos desde entonces y que tienen una temática fuertemente política. Ahora, entre esos cuentos, lo distintivo es que se trata de las historias más íntimas y entrañables que he escrito en mi vida.
—Te dedicas a la docencia desde hace buen tiempo. Enseñas en el Markham. Antes lo hiciste en la UPC y la Universidad Científica del Sur (Ucsur). ¿Qué experiencias rescatas de esta labor? 
Aunque tengo dos cuentos que se ambientan en salones de clase, creo que la influencia más valiosa es la indirecta: las discusiones con alumnos y las lecturas que la labor educativa te exige son un gran estímulo para la imaginación.
—El cuento es un género menos estimado que la novela. ¿Por qué lo elegiste? ¿Cuál es el panorama de la narración breve en el Perú?
En América Latina el ‘boom’ de la novela relegó al relato breve al segundo plano, algo que no era así en la primera mitad del siglo XX. Por otro lado, creo que el género literario es el que lo escoge a uno y no al revés: me siento muy cómodo con los cuentos largos. Veo en el cuento una práctica estética sin parangón, que cuida el lenguaje y cuenta una historia a la vez... En relación con el cuento peruano, este goza de muy buena salud, no solo porque tenemos una tradición de grandes cuentistas, sino por los autores contemporáneos. Muchos no se conocen, sin embargo, porque no llegan al gran mercado... Cuando uno dice que escribe cuentos te suelen preguntar: ¿Para niños?
—Por último, ¿cómo llevar un apellido del escritor más famoso del Perú? 
Me obliga a ponerle “Búsqueda avanzada” en Google cuando tengo que buscar alguno de mis artículos, pues lo primero que aparece son miles de links con su foto. Creo que Vargas Llosa ha sido una sombra difícil de esquivar no solo para quienes compartimos uno de sus apellidos, sino para generaciones enteras de escritores peruanos. Por fortuna, eso ha ido cambiando en la medida en que mucha gente ha ido abriendo sus propios espacios. Dentro de todo, creo que son más los activos que los pasivos de compartir un apellido con alguien que, por otro lado, considero un referente ético.

Publicado en el diario El Comercio, sección A, sábado 24 de enero de 2015.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Canción de Navidad (1843)


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Felicidad para todos
Canción de Navidad (1843) | Charles Dickens


Ampliamente popular, Canción de Navidad (A Christmas Carol, 1843), de Charles Dickens, reclama la bondad de las personas por los que menos tienen.
Para transmitir su mensaje, el autor recurre a una historia de fantasmas. Como telón de fondo, se muestra la difícil vida en el Londres posterior a la Revolución industrial (hacia 1760-1840).
Reservado, avaro y egoísta, Ebenezer Scrooge es descrito como «un viejo pecador codicioso capaz de exprimir, arrancar, aferrar, rasguñar y empuñar». Para este sujeto, la Navidad no tenía importancia. A su sobrino Fred le dice: «¿Qué motivos tienes tú para estar feliz, si eres bastante pobre?». Del mismo modo, su humilde empleado Bob Cratchit, pese a su escasa fortuna, celebra la festividad con su familia con la mayor alegría.
El libro señala lo mal que es la indiferencia frente a esta fecha que recuerda el nacimiento de Jesucristo, pues en esta época del año «es cuando más se necesita hacer algún pequeño donativo para los pobres e indigentes».
Por ello, a Scrooge se le presenta el sufrido fantasma de Jacob Marley, su antiguo socio, fallecido hace siete años, quien le anuncia: «He venido esta noche para advertirte que aún tienes una oportunidad y la esperanza de escapar a un destino semejante al mío». Le comunica que se le aparecerán tres fantasmas en diversos momentos: el de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes y el de las Navidades Futuras.
¿Cómo hacer cambiar de actitud a Scrooge? Este relato moralista envía un mensaje a través del Fantasma de las Navidades Pasadas: «Cuesta poco colmar de gratitud a gente tan simple».
El relato reclama continuamente la distribución «equitativa» de los recursos. Lo curioso es que Inglaterra multiplicó su riqueza gracias a la Revolución industrial. Se volvió la mayor potencia del mundo.
Si ya mostrar fantasmas sale de lo habitual, viajar con facilidad por el tiempo y a diversos lugares también asombra. Con este recurso, Scrooge podrá saber lo que algunos piensan acerca de él, el rechazo que provoca. Un libro que sobrevive a los años.

Charles Dickens.

La frase: «La Navidad [...] tiempo amable, bondadoso, caritativo y placentero. La única época que conozco, en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen consentir en abrir con libertad sus cerrados corazones, y en considerar a quienes están por debajo de ellos como compañeros de viaje hacia la tumba y no como otra raza obligados a emprender otros viajes».

domingo, 21 de diciembre de 2014

El paraíso de Zahra (2011)

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Represión

El paraíso de Zahra (2011) | Amir & Khalil



Hay diversos modos de protestar. El paraíso de Zahra (Zahra’s Paradise, 2011), cuyo guion es de Amir y Khalil, y las ilustraciones de este último, nos señala uno, a través del arte. El libro es un duro rechazo contra la reelección del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. La gravedad del asunto motivó que los autores decidieran proteger su identidad con seudónimos.
Todo transcurre después del 12 de junio de 2009, las elecciones presidenciales y en las que participaron 39 millones de iraníes. Según cifras oficiales, Ahmadineyad recibió el 63% de los votos. El líder supremo, Alí Jamenei, respaldó públicamente a este, quien gobernaba desde 2005. «En lo que concierne a idolatrar padres todopoderosos, Irán es peor que la Iglesia católica. Los mayores gobiernan a los jóvenes», dice el narrador.
En esas circunstancias, tres millones de personas salen a protestar el 15 de junio. Muchos se congregaron en la Plaza de la Libertad, en Teherán, como Mehdi Alavi, de 19 años. Su desaparición es el tema de esta historieta ficticia con muchos puntos de verdad.
«Lo que nos interesaba cuando comenzamos este proyecto, y lo que nos interesa ahora, es dar testimonio de la difícil situación y la tragedia que ha caído sobre el pueblo de Irán. Esa tragedia es personal. Sus detalles y dimensiones son inconmensurables. También es legal, política, religiosa y cultural», dicen los autores.
Mehdi no es el único desaparecido. En el régimen represor de Ahmadineyad hay muchas historias como la suya. Lo mismo se podría decir de otros gobiernos que intentaron silenciar a los opositores, como la Unión Soviética de Stalin, la China de Mao, el Chile de Pinochet, la Indonesia de Suharto.
«Mi hermano ha desaparecido, pero nadie publica este tipo de noticias. Las manifestaciones no tienen cobertura. Como si nunca hubieran pasado. ¿Cómo puede nadie desaparecer en una manifestación que nunca ha ocurrido?», señala Hasan, hermano de Mehdi, blogger que postea su denuncia.
La madre, Hasan y varios amigos buscan a Mehdi sin hallar pista alguna. Hospitales, la morgue, el juzgado de instrucción, la cárcel y calles son lugares que recorren. Una de las escenas más escabrosas muestra a dos sujetos colgados de una grúa en plena vía.
Neda Agha Soltan (1983-2009), fallecida en una protesta contra Ahmadineyad a plena luz del día, es una víctima real que es mencionada en el libro. La difusión de un video por internet en el que recibe una bala de un grupo paramilitar provocó reacciones en Occidente.
¿De dónde proviene el título del libro? El Paraíso de Zahra es un cementerio general a las afueras de Teherán en honor a la hija de Mahoma. Un aspecto que es importante señalar: la historieta no rechaza el islam, sino el régimen opresor iraní. La obra termina con el memorial Omid, «una lista de 16.901 nombres de personas asesinadas por la República Islámica desde 1979». Para reflexionar cómo viven muchos en dictaduras contemporáneas.


La frase: «Los medios de comunicación son como la tapa de un enorme ataúd que oculta un niño al fondo del pozo».

jueves, 18 de diciembre de 2014

Fun Home. Una familia tragicómica (2006)

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Revelación y muerte
Fun Home. Una familia tragicómica (2006) | Alison Bechdel


¿Cómo contar que tu padre era gay y que descubres que eres lesbiana a los 19 años? Ese reto se propuso la estadounidense Alison Bechdel en su historieta autobiográfica Fun Home. Una familia tragicómica (Fun Home: A Family Tragicomic, 2006), considerada por la revista Time como el mejor libro del año.
El libro recuerda especialmente la relación de la autora con su padre, Bruce Bechdel, un homosexual que nunca salió del clóset. «No éramos normales, aunque no lo entendí muy bien hasta mucho tiempo después», señala Alison.
Profesor de inglés de instituto y administrador de la funeraria familiar, el padre aparece como un sujeto maniático por restaurar la casa de estilo neogótico, edificada en 1867. Su brusquedad, frialdad y exigencia causaban rechazo en Alison: «Crecí resentida por la forma en que mi padre trataba a sus muebles como hijos y a sus hijos como muebles».
Sus hermanos, Christian y John, menores que ella, casi no participan en el libro. En cambio, la madre, Helen A. Fontana, sí, profesora también de inglés y ocasionalmente actriz de teatro.
El pueblo de Beech Creek, Pensilvania, era un lugar poco habitado. Ahí, sin embargo, la familia de los Bechdel se acomodó lo mejor posible: «Nuestra casa era como una colonia de artistas. Comíamos juntos, pero aparte de eso cada uno se ensimismaba en sus distintas aficiones».
La funeraria que administraba Bruce Bechdel, fundada por el abuelo de este, le ofreció un ambiente muy especial a Alison y a sus hermanos. Por ejemplo, ahí pudo ver cómo se embalsamaban a los muertos. La ilustración de un difunto con el pene al aire y, más tarde, de la práctica sexual lésbica de la autora pueden ser imágenes perturbadoras para ciertos lectores. También la frase de un cartel en su habitación de estudiante universitaria: «Aparta a tu dios de mi cuerpo».
Bruce Bechdel —según Alison— «aparentaba ser un marido y padre ideal. Pero ¿un marido y padre ideal se acostaba con chicos adolescentes?». ¿Acaso este libro es una venganza de ella? ¿O esta obra es una forma de exorcizar los demonios?
Poco a poco nos enteramos de que Alison considera que su padre se suicidó, muerto arrollado por un camión. El accidente que acabó con la vida de este, en 1980, cuando él tenía 44 años y ella 19, cerca de una vieja granja, deja muchas sospechas. Bruce Bechdel fallece cuatro meses después de que ella le revelara que era lesbiana. ¿Eso tuvo algo que ver?
Por momentos, conmueve la relación que Alison mantuvo con su padre. Para ella, descubrir que quien la cuidaba a ella y a sus hermanos, Roy, era pareja de él debió haber sido chocante.
La estructura del libro no es lineal. La historia parece ir en desorden, pero no, hay coherencia en su presentación. En ese rumbo muestra trozos de diario personal, periódicos y libros diversos.
Por otro lado, las referencias culturales son innumerables: a la Navidad de ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946), película de Frank Capra; a la muerte de Albert Camus; a la vida alocada de F. Scott Fitzgerald; a la relación paternal de los protagonistas de la novela Ulises (Ulysses, 1922), de James Joyce; a la renuncia del presidente Richard Nixon, en 1974.
Un libro con muchas vertientes. Fun Home merece una lectura.

Alison Bechdel.


La frase: «Resulta impreciso e insuficiente definir a un homosexual como una persona con cuya expresión de género está en conflicto con su propio sexo». 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Persépolis (2000-2003)

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Sueño de hija
Persépolis (2000-2003) | Marjane Satrapi



La novela gráfica Persépolis (Persepolis, 2000-2003), de la francesa de origen iraní Marjane Satrapi, fue considerada en 2010 por el semanario estadounidense Newsweek como uno de los diez mejores libros de ficción de la década. Su fama es merecidísima.
Dividida en cuatro partes y escrita en francés, Persépolis permite conocer mejor el fundamentalismo islámico y derribar ciertos prejuicios que se tienen de Irán y de Oriente Próximo.
La obra empieza en 1979, cuando cae el sah de Persia. Repasemos la historia previa. Reza Pahlevi llegó al poder en 1925 a través de un golpe de Estado, con ayuda de los ingleses, para adueñarse del petróleo de la región. Fue sucedido por su hijo Mohammad Reza Pahlevi, quien gobernó desde 1941, pero este fue derrocado décadas después por el imán y ayatolá chiita Ruhollah Jomeini (1979-1989), que se convirtió en líder supremo de la República Islámica de Irán.
En el hogar de los Satrapi se vive con pasión lo que ocurre en el país. Cuando el sah Mohammad Reza Pahlevi y su familia buscaron un país donde exiliarse, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter (1977-1981), se negó a acogerlos. «Parece que Carter se ha olvidado de sus amigos. A ese lo único que le interesa es el petróleo. ¡Nada más!», dice el padre de Marji. Él añade: «Mientras haya petróleo en Oriente Medio, no conoceremos la paz».
La segunda parte se refiere a la represión durante el nuevo régimen, que llama decadentes a los que se alejan del islam. Utilizan una política retrógrada y opresiva, especialmente contra las mujeres. El velo se declara de uso obligatorio, con el pretexto de que «los cabellos de las mujeres contienen destellos que excitan a los hombres». Estos, en cambio, estaban prohibidos de llevar corbata por ser considerada símbolo de Occidente. La manera de vestir se convirtió en asunto ideológico.
A los problemas mencionados se suma un conflicto con un país vecino. Los integristas iraníes provocaron que sus aliados chiitas de Iraq se sublevaran contra Saddam Hussein, dictador de ese país que utilizó este hecho como excusa para atacar Irán en 1980. Así se inició la cruenta guerra entre estos dos Estados que costó un millón de muertos, sumando ambos bandos, y que finalizó en 1988. El gobernante iraquí era líder del Partido Baath Árabe Socialista, una agrupación política nacionalista árabe, laica y radical socialista, muy diferente al régimen de Jomeini.
Viena acoge a Marji a los 14 años de edad. Casi toda la tercera parte se ambienta en esa ciudad. Llega con el consejo de su abuela: «Mantén siempre tu dignidad, tu integridad y la fidelidad a ti misma». Todo el libro es un relato muy confesional: «Noviembre de 1984. Estoy en Austria. Vine con la idea de cambiar el Irán religioso por una Europa laica y abierta».
A diferencia de lo que sucede en Irán, en Austria se vive con libertad. Solo un problema político inquieta: los neonazis amenazan con adquirir más poder (Kurt Waldheim es elegido presidente en 1988). Sin embargo, en un país muy diferente al suyo, a Marji le cuesta adaptarse. «¡Tienes que hacer el triple de esfuerzo que los demás para salir adelante! ¡Eso es ser inmigrante!», le aconseja la madre de un profesor. La soledad, la xenofobia y pertenecer a otra cultura la convierten en una marginal.
Algunos la rechazan por provenir de un país «violento», lo que la hace sospechosa de ser terrorista. Es decir, es tratada como apestada. Esto la empuja a juntarse con anarquistas y punks. Una consecuencia negativa es su adicción a las drogas. Conoce también una sociedad con libertad sexual, muchos de sus amigos son promiscuos. Compara seguido muchas cosas con su cultura: «Yo había crecido en un país en el que el acto sexual no se consumaba hasta el matrimonio», observa. En Irán, además, según la ley, los homosexuales son condenados a la pena capital. En suma, es la mirada de Occidente de una oriental. A Marji le es difícil integrarse al mundo europeo. Poco a poco enriquece sus conocimientos. Además del persa, habla alemán, inglés y francés. Orgulloso, el padre se referirá en cierto momento a la protagonista: «¡Eres un sueño de hija!».
La cuarta parte se centra en Irán nuevamente. Es tiempo de la Guerra del Golfo (1990-1991), cuyo origen es la invasión de Iraq a Kuwait, lo que produjo la intervención de una coalición liderada por Estados Unidos a favor de este. Los aliados se autodenominan «liberadores», pero su real interés es el petróleo. Los ecos del conflicto llegan a Teherán, ciudad a la que retorna Marji. Irán sigue siendo un país con muchos recursos, tercer productor mundial de petróleo, pero con el 70 por ciento de su población debajo del umbral de la pobreza.
Persépolis pretende demoler muchos prejuicios. En Irán la mayoría no habla el árabe, sino el persa, tampoco se desplaza en camello o es terrorista. Además, es posible esquiar cerca de Teherán. Para acercarse al público tanto oriental como occidental, la autora coloca en varias ocasiones notas a pie y explica ciertos aspectos no muy conocidos. Después de una declaración, por ejemplo, «¡Conquistaremos Karbala!», una anotación aclara que esta es una ciudad santa chiita iraquí. En otro pasaje explica el término en alemán ‘Schatzi’ (‘cariño’). Lo que sí no traduce son los insultos en persa.
La introducción del libro es del francés David B., autor de La ascensión del gran mal (L’ascension du haut mal, 1996-2003), historieta de corte autobiográfico, quien animó a Satrapi a que la emulara. La novelista estadounidense Fernanda Eberstadt compara Persépolis con Maus (1980-1991), novela gráfica del estadounidense Art Spiegelman, por combinar historia política y memoria. Ganadora de un Pulitzer en 1992, esta obra trata los horrores del Holocausto. El hecho de que estos tres libros tengan dibujos en blanco y negro le otorga un tono documentalista, de pasado.
En Persépolis la protagonista se refiere en cierto momento acerca de su afición como ilustradora. Cuenta que en Viena hacía caricaturas de sus profesores. «Era una costumbre que ya tenía en Irán. Con la diferencia de que allí llevaban velo y eran mucho más fáciles de dibujar», afirma Marji. Eso se evidencia en el libro: los trazos son sencillos. Dice mucho que dos recuadros de la historieta no tengan gráficos, solo texto. Por otro lado, solo seis páginas están a color, un anexo al final, publicado en 2003 por la revista alemana SZ-Magazin, en el que la autora se queja de los prejuicios de Occidente hacia su país natal.
Este hermoso relato de corte autobiográfico y de protesta contra el totalitarismo es altamente recomendable. Un clásico contemporáneo sin discusión.

Marjane Satrapi.

La frase: «No hay nada más triste que las despedidas. Son un poco como la muerte».

martes, 18 de noviembre de 2014

Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003)


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La búsqueda continua
Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003) | David B.


Epiléptico. La ascensión del gran mal (L'ascension du haut mal, 1996-2003), ilustrada y escrita por el francés David B., expresa la búsqueda sin cesar por hallar la cura a la enfermedad del hermano mayor.
El libro empieza en 1994, en Olivet, a 7 kilómetros de Orleans, al sudeste de París. Se observa al autor, Pierre-François Beauchard, quien más tarde adopta el seudónimo de David B., con su hermano mayor, el obeso Jean-Christophe, acerca de quien dice: «Tiene cicatrices por todo el cuerpo, las cejas cortadas por costras. De tanto caerse, ya no le crece cabello en la nuca». La primera impresión que tenemos del hermano mayor es que este se encuentra deteriorado. ¿Cómo ha llegado a ese extremo? Eso lo descubriremos poco a poco.
Para ello, se remonta a 1964, cuando Jean-Christophe, tenía 7 años; Pierre-François, a quien sus familiares llaman Fafou, 5; y Florence, la hermana menor, 4. Aquel año el mayor sufre su primer ataque de epilepsia. El narrador señala: «Sus extremidades se ponen rígidas, los ojos se ponen en blanco, babea un poco». Cae al piso, se golpea. Pierde el conocimiento. Se inicia así la danza de consultas médicas: neurocirujanos, psiquiatras y especialistas de todo tipo lo atienden.
El único que logra efectos positivos es un japonés, el maestro N, que cura con principios macrobióticos, cuyo método se basa en la alimentación «saludable». El narrador tiene esta percepción: «Cuando le veo me recuerda a un gato enorme». Desde entonces siempre será dibujado como un felino, idea ingeniosa. Sin embargo, este gurú se marcha inesperadamente, denunciado de ejercer la medicina sin licencia. Jean-Christophe debe soportar tres ataques diarios. Más tarde se observa cómo la gente extraña lo rechazan al tildarlo de loco, drogado, endemoniado.
En el prefacio, Florence, la hermana menor, le comenta al autor: «Tú siempre le diste importancia al detalle exacto, a la reconstrucción fiel [...]. Lo has conseguido». Cuando este ilustra las historia de sus antepasados, su madre lo rechaza: «¡No, David, no quiero que cuentes eso!». En otro momento dice: «Tus dibujos son terribles. Me resultan angustiosos». Estamos ante un libro de no ficción, una autobiografía, sin embargo el rótulo que recibe la obra es «novela gráfica». Son maneras de simplificar las cosas.
Los padres de esta sufrida familia son maestros de dibujo. Una importante influencia para David B., de imaginación desbordante, quien crea historietas desde pequeño y cuyo personaje histórico favorito de niño es el conquistador mongol Gengis Khan (hacia 1162-1227), al que ilustra en batallas épicas. Se demuestra aquí el gran interés por la Historia. Asimismo presta atención por lo sucedido en las dos guerras mundiales, en las que participaron parientes suyos.
También tiene referencias de la guerra de independencia de Argelia (1954-1962), antigua colonia francesa. Todo ello demuestra una pasión por lo hechos reales. Como contrapartida, expresa también sus fantasías. Para ello, ilustra sus sueños. «Mi forma de hacer un cómic es construir un puente. Une la infancia a la edad adulta, la realidad a los fantasmas y los sueños, y la Historia a las historias», señala el autor.
En el camino, observamos la evolución del artista. Sus estudios de Publicidad en la Escuela Superior de Artes Aplicadas Duperré, de París, en cuya institución tuvo como uno de sus profesores al admirado Georges Pichard. Este le comenta cierta vez: «Sus dibujos me dan miedo y sospecho que busca conseguir ese efecto».
Al final, en esa lucha constante contra la enfermedad y la muerte, observamos que hay una imperiosa necesidad de creer en la salvación, así tenga diversos nombres: macrobiótico, acupuntura, espiritismo, magnetismo, alquimia, exorcismo. «Siempre aparecen nuevas posibilidades de curar la epilepsia de Jean-Christophe y mi madre no descansará mientras no las pruebas todas», se resigna David B. Una obra muy emotiva, ilustrada de forma inigualable. «Este libro ha sido una forma de decir a mi hermano cosas que nunca hubiese podido decirle de otra manera», dice el autor.


David B.

La frase: «Andar es otra forma de escribir y dibujar».