martes, 18 de noviembre de 2014

Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003)


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La búsqueda continua
Epiléptico. La ascensión del gran mal (1996-2003) | David B.


Epiléptico. La ascensión del gran mal (L'ascension du haut mal, 1996-2003), ilustrada y escrita por el francés David B., expresa la búsqueda sin cesar por hallar la cura a la enfermedad del hermano mayor.
El libro empieza en 1994, en Olivet, a 7 kilómetros de Orleans, al sudeste de París. Se observa al autor, Pierre-François Beauchard, quien más tarde adopta el seudónimo de David B., con su hermano mayor, el obeso Jean-Christophe, acerca de quien dice: «Tiene cicatrices por todo el cuerpo, las cejas cortadas por costras. De tanto caerse, ya no le crece cabello en la nuca». La primera impresión que tenemos del hermano mayor es que este se encuentra deteriorado. ¿Cómo ha llegado a ese extremo? Eso lo descubriremos poco a poco.
Para ello, se remonta a 1964, cuando Jean-Christophe, tenía 7 años; Pierre-François, a quien sus familiares llaman Fafou, 5; y Florence, la hermana menor, 4. Aquel año el mayor sufre su primer ataque de epilepsia. El narrador señala: «Sus extremidades se ponen rígidas, los ojos se ponen en blanco, babea un poco». Cae al piso, se golpea. Pierde el conocimiento. Se inicia así la danza de consultas médicas: neurocirujanos, psiquiatras y especialistas de todo tipo lo atienden.
El único que logra efectos positivos es un japonés, el maestro N, que cura con principios macrobióticos, cuyo método se basa en la alimentación «saludable». El narrador tiene esta percepción: «Cuando le veo me recuerda a un gato enorme». Desde entonces siempre será dibujado como un felino, idea ingeniosa. Sin embargo, este gurú se marcha inesperadamente, denunciado de ejercer la medicina sin licencia. Jean-Christophe debe soportar tres ataques diarios. Más tarde se observa cómo la gente extraña lo rechazan al tildarlo de loco, drogado, endemoniado.
En el prefacio, Florence, la hermana menor, le comenta al autor: «Tú siempre le diste importancia al detalle exacto, a la reconstrucción fiel [...]. Lo has conseguido». Cuando este ilustra las historia de sus antepasados, su madre lo rechaza: «¡No, David, no quiero que cuentes eso!». En otro momento dice: «Tus dibujos son terribles. Me resultan angustiosos». Estamos ante un libro de no ficción, una autobiografía, sin embargo el rótulo que recibe la obra es «novela gráfica». Son maneras de simplificar las cosas.
Los padres de esta sufrida familia son maestros de dibujo. Una importante influencia para David B., de imaginación desbordante, quien crea historietas desde pequeño y cuyo personaje histórico favorito de niño es el conquistador mongol Gengis Khan (hacia 1162-1227), al que ilustra en batallas épicas. Se demuestra aquí el gran interés por la Historia. Asimismo presta atención por lo sucedido en las dos guerras mundiales, en las que participaron parientes suyos.
También tiene referencias de la guerra de independencia de Argelia (1954-1962), antigua colonia francesa. Todo ello demuestra una pasión por lo hechos reales. Como contrapartida, expresa también sus fantasías. Para ello, ilustra sus sueños. «Mi forma de hacer un cómic es construir un puente. Une la infancia a la edad adulta, la realidad a los fantasmas y los sueños, y la Historia a las historias», señala el autor.
En el camino, observamos la evolución del artista. Sus estudios de Publicidad en la Escuela Superior de Artes Aplicadas Duperré, de París, en cuya institución tuvo como uno de sus profesores al admirado Georges Pichard. Este le comenta cierta vez: «Sus dibujos me dan miedo y sospecho que busca conseguir ese efecto».
Al final, en esa lucha constante contra la enfermedad y la muerte, observamos que hay una imperiosa necesidad de creer en la salvación, así tenga diversos nombres: macrobiótico, acupuntura, espiritismo, magnetismo, alquimia, exorcismo. «Siempre aparecen nuevas posibilidades de curar la epilepsia de Jean-Christophe y mi madre no descansará mientras no las pruebas todas», se resigna David B. Una obra muy emotiva, ilustrada de forma inigualable. «Este libro ha sido una forma de decir a mi hermano cosas que nunca hubiese podido decirle de otra manera», dice el autor.


David B.

La frase: «Andar es otra forma de escribir y dibujar».

martes, 14 de octubre de 2014

Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli

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El nacimiento de los héroes
Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli


Batman: año uno (Batman: Year One, 1987), escrita por Frank Miller e ilustrada por David Mazzucchelli, cuenta de forma brillante cómo Bruce Wayne se convierte en el Hombre Murciélago y cómo el oficial James Gordon se vuelve su aliado. No es fácil el camino para ambos.
Los monólogos de Batman (en fondo azul) y Gordon (en fondo amarillo) permiten adentrarnos en los pensamientos de estos personajes. Sus debilidades. Sus temores. Es una estupenda idea recurrir a este recurso. Otro modo hábil es la distribución de la historia por fechas, a modo de diario.
Los flashbacks nos remiten a la noche que Bruce Wayne, de 6 años de edad, fue al cine a ver La marca del Zorro (The Mark of Zorro). Día trágico en que sus padres fueron asesinados por un atracador. Historia muchas veces contada en los cómics, pero nunca tan bien relatada como aquí.
Paralelamente, vemos a Gordon pronto a ser padre, aunque no le agrade la idea, pues Gotham City, al que llega destacado como teniente, «no es lugar para una familia». Tras residir 12 años en el extranjero, a los 25 años de edad y dueño de una gran fortuna, Bruce vuelve a su ciudad. Considerado uno de los solteros más codiciados, en un pasaje se le ve con una guapa joven. Acerca de ella, el multimillonario playboy le dice a Gordon, quien visita su casa intrigado por saber cuál es la identidad oculta de Batman: «He olvidado presentarles a mi amiga... Verán, no recuerdo exactamente cómo se llama, y no habla ningún idioma que yo conozca».
Si uno es seguidor de este justiciero enmascarado, reconocerá a varios personajes: Alfred («mayordomo formado como médico de guerra»), Harvey Dent (asistente de la fiscalía del distrito y más tarde Dos Caras), Selina (Gatúbela). Además hay un guiño al final cuando se anuncia al que será el mayor enemigo del Hombre Murciélago.
Uno de los detalles más celebrados de las historias de Batman, además de andar atormentado por la muerte de sus padres, es revelar la corrupción policial. El detective Arnold Flass es una pieza del narcotráfico. Esto le confiere carácter de género negro a la historieta, acentuado con las ilustraciones de tono oscuro de Mazzucchelli. Que un personaje que ganaba nuestro aprecio sea infiel a su pareja, quien lo atiende con esmero, hace más real el argumento.
En un momento Batman lanza un rugido que aprendió en África, lo que nos da una pista de su autoexilio. En otro instante, Gordon lo describe así: «Posee aptitudes físicas extraordinarias». Flass añade: «No es humano». Otra característica: opera de medianoche a cuatro de la madrugada, se enfrenta a villanos como atracadores callejeros hasta los grandes narcotraficantes. Este es el guardián de Gotham. Como en Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), del propio Frank Miller, vemos aquí el debate sobre si es legal el modo de actuar del Hombre Murciélago.
Creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger en 1939, este superhéroe con esta historieta acentúa su prestigio como ícono de la cultura popular. 

Frank Miller.

La frase: «Cuando un hombre se convierte en padre, nunca vuelve a ser libre por completo» (Batman: año uno, de Frank Miller).

domingo, 5 de octubre de 2014

Batman: El regreso del caballero oscuro (1986) | Frank Miller

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Vuelta y adiós
Batman: El regreso del caballero oscuro (1986) | Frank Miller



Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), escrita e ilustrada por Frank Miller, demuestra que las historietas de superhéroes pueden ofrecer obras maestras.
Dividida en cuatro capítulos, de medio centenar de páginas promedio cada una, esta novela gráfica es valiosa por ir más allá con su historia, por escaparse de lo convencional, por ofrecer una estructura sencilla pero muy coherente, en un ritmo intenso.
Tras diez años de su última aparición, el Hombre Murciélago vuelve para combatir el crimen, enfrentarse a dos de sus archienemigos (Dos Caras y Guasón). También observamos la participación de Superman (el otro gran superhéroe de DC Comics, la empresa de historietas a la que pertenece Batman), la tensión entre Estados Unidos y Unión Soviética, la discusión sobre si el fin justifica los medios para lograr la justicia, la importancia de la televisión. Todo en un argumento muy bien estructurado.
Estamos en la década de 1980, en Estados Unidos gobierna un presidente cuyos rasgos nos remiten a Ronald Reagan (1981-1989), quien tuvo una tensa relación con los soviéticos. En la ficticia Gotham City, Batman se ha retirado hace una década por la muerte del segundo Robin, su ayudante justiciero, cuya identidad verdadera es Jason Todd, a manos del Guasón. El multimillonario Bruce Wayne, nombre que esconde el superhéroe, a los 55 años es un mustio alcohólico.
Los noticieros televisivos indican que la delincuencia está en su momento de mayor auge con  Los Mutantes, pandilla que en su mayoría se arrima al que la va bien. Gracias a los telediarios, de papel protagónico en el cómic, el lector se entera del conflicto entre las superpotencias en la ficticia isla Corto Maltés, claro homenaje a las historietas del italiano Hugo Pratt. Este argumento paralelo expresa el temor por las bombas nucleares. Uno de los efectos del estallido de esta letal arma es un apagón, el caos, la inutilidad de las máquinas de forma imprevista, como aquel avión que se estrella contra un rascacielos de Gotham, cuyos edificios, puentes y calles se asemejan a Nueva York.
Es por la televisión que el líder de Los Mutantes lanza esta amenaza: «Yo mismo mataré al necio de Batman. Arrancaré la carne de sus huesos y los sorberé hasta dejarlos secos. Me comeré su corazón y arrastraré su cadáver por la calle». En el transcurso de la historia, decenas de muertes se apilan. Parece que no hay salvación.
La discusión acerca de los códigos de Batman para luchar contra el crimen se ve continuamente en los programas de televisión. Ellen Yindel, la sucesora de James Gordon (aliado del Caballero Oscuro, por quien ha forzado y roto las reglas), comisario de la ciudad que se jubila a los 70 años de edad y después de 26 años en el cargo, es muy crítica con el enmascarado: «Lo primero que haré como comisaria de Policía será cursar una orden de arresto contra Batman por asalto, allanamiento, peligro público...».
Unos tildan a Batman de «fascista», «psicótico», «amenaza para la sociedad». Señalan que abusa de la fuerza, que agrede sin necesidad, que allana sin respetar las normas, que no respeta los derechos civiles, que trabaja con una adolescente (Carrie Kelly, de 13 años, sucede a Todd como Robin).
En contraposición, sus defensores afirman que él es el único que se enfrenta eficazmente al crimen, que permite que la gente no viva atemorizada, que las leyes son estúpidas e inútiles. En medio del caos, Batman dirá: «Esta noche yo soy la ley».
Hay varios discursos que configuran el argumento. Los diálogos, las informaciones de los noticiarios y los monólogos de los personajes principales. Para distinguir estos últimos, el fondo de los globos son de distinto color: el gris es para Batman, el azul para Superman, el amarillo para el tercer Robin, el verde para el Guasón.
Batman debe poner la cara en diversos frentes. ¿Cómo saldrá librado de ello? Ahí tenemos el ingenio de Frank Miller para resolverlo. Una joya de la novela gráfica.

Frank Miller.


La frase: «Una pistola es el arma de un cobarde, de un mentiroso» (Batman: El regreso del caballero oscuro, Frank Miller).

lunes, 15 de septiembre de 2014

Watchmen (1987) | Alan Moore

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Extraña conspiración
Watchmen (1987) Alan Moore

Watchmen (1987) es, sin duda, uno de los picos más altos de un género hasta entonces poco respetado. Esta historieta de superhéroes con guion de Alan Moore, con dibujos de Dave Gibbons y coloreada por John Higgins, es el único cómic que aparece como una de las cien mejores novelas en inglés desde 1923, en la lista elaborada por la revista Time en 2005.
En Estados Unidos son tres las novelas gráficas que han permitido a este género ser apreciado por la crítica más rigurosa: Maus (1991), de Art Spiegelman, que obtuvo el Premio Pulitzer en 1992; Batman: El regreso del Caballero Oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), de Frank Miller, y Watchmen. Estas dos últimas editadas por DC Comics, compañía estadounidense que tiene en su catálogo a dos de los personajes más conocidos: Superman y Batman.
Watchmen se inicia en 1985, con la muerte de Edward Blake, nacido en 1924 y quien se hacía pasar por el superhéroe El Comediante. Trabajaba para el gobierno de Estados Unidos dedicado a derrocar repúblicas marxistas de América Latina. Cierto día en Nicaragua descubre algo que lo llevaría a la tumba. «Yo he hecho cosas malas. Hice cosas malas a algunas mujeres. ¡Disparé a niños! En Vietnam disparé a niños...», confiesa aterrado por lo que acababa de enterarse, algo mucho peor de todo lo que había cometido.
El Comediante perteneció a los Crimebusters, un grupo de superhéroes integrado también por el Dr. Manhattan, Ozymandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda y Rorschach. En 1966, durante la primera reunión de estos combatientes de la justicia, El Comediante aseguró que luchar contra los delincuentes era un juego de niños frente a la futura amenaza nuclear. Esa declaración hará cambiar poco a poco el modo de pensar de Ozymandias.
Acerca del fallecido compañero, Rorschach dice: «Tenía una gran personalidad. No le importaba si le caía bien o mal a la gente. Era inflexible. Lo admiraba. De todos nosotros, él era el que mejor entendía a la gente, al mundo, a la sociedad y lo que está pasando en ella».
La muerte de El Comediante permite al Dr. Manhattan recordarlo en la Guerra de Vietnam (1964-1975), en la que una de sus víctimas fue una mujer embarazada que reclamaba la paternidad para su hijo. Blake tenía una extraña actitud frente a la vida. No reparaba en nada para conseguir lo que quería. «Nunca he conocido a nadie tan deliberadamente amoral», refiere su colega. «En cuanto te das cuenta de que todo es un chiste, ser El Comediante es lo único que tiene sentido», opinaba Blake, quien cierta vez intentó violar a la madre de Espectro de Seda.

Espectro de Seda, Dr. Manhattan, Búho Nocturno, El Comediante, Ozymandias y Rorschach.

El rechazo a los Crimebusters aumenta con el tiempo. «¡No queremos vigilantes! ¡Queremos polis normales!», reclama alguien en una protesta. Algunas pintas en las paredes de las calles describen el momento: «¿Quién vigila a los vigilantes?». El Dr. Manhattan, al evocar 1977, declara: «La Policía está en huelga. Alegan que los aventureros disfrazados hacen imposible el correcto desempeño de su trabajo. Todo el mundo está asustado. La anarquía se respira en el ambiente». La Ley Keene, aprobada el 3 de agosto de ese año, prohíbe los superhéroes enmascarados. Los vigilantes se vuelven ilegales, excepto dos: el Dr. Manhattan y El Comediante, quienes actúan supervisados por el Gobierno estadounidense ante la amenaza extranjera.
Son tiempos duros. Existe el miedo de que se desencadene la Tercera Guerra Mundial. El eje opositor a Estados Unidos, Unión Soviética, invade Afganistán, lo que produce alarma en la población. En este contexto, Richard Nixon, gobernante en la vida real de 1969 a 1974 y aquí, de manera ficticia, es presidente en 1985, después de varias reelecciones, piensa atacar antes. La gente está pendiente de las noticias. En un ambiente en que la paranoia ronda, un tipo mata a sus dos hijas delante de la madre de ellas, por temor a la guerra nuclear y luego se corta la yugular.
Que Nixon sea presidente es una forma de mostrar el grado de deterioro político de Estados Unidos, pues él es el único mandatario que dimitió al cargo (estuvo involucrado en escuchas ilegales a sus opositores). En las últimas páginas se dice que el actor Robert Redford podría ser candidato para las elecciones presidenciales de 1988. Es una irónica referencia a un colega de este: Ronald Reagan, que gobernó el país en la vida real de 1981 a 1989 y que tiene las mismas iniciales (RR).
Nueva York es descrita por Rorschach, visitante frecuente de los bajos fondos, como «un animal fiero y complejo». Este superhéroe confiesa que cierta vez dio con un sujeto que secuestró, violó y asesinó a una niña, a la que había carbonizado una parte y el resto dado de comer a los perros. Su reacción estuvo al margen de la ley.
El suplemento semanal del diario The New York Times dedicado a la crítica, The New York Times Book Review, ha señalado que Watchmen ofrece personajes «con unos perfiles psicológicos asombrosamente complejos». En efecto, la muy definida personalidad de cada superhéroe es muy interesante. Para conocerla, es necesario hurgar en el pasado de cada uno. El doctor Jon Osterman (Dr. Manhattan) y el accidente que lo cambió por completo. Daniel Dreiberg (Búho Nocturno) y su afición por las aves. Laurie Juspeczyk (Espectro de Seda) y la búsqueda de la identidad de su padre. Walter Joseph Kovacs (Rorschach) y su infancia difícil. Adrian Veidt (Ozymandias) y su admiración desmedida por el faraón Ramsés II y el emperador macedonio Alejandro Magno.
La historieta reproduce fragmentos del diario de Rorschach, que se inicia el 12 de octubre y termina el 1 de noviembre de 1985. Para diferenciarlos de otros textos, tiene fondo amarillo. En cambio, los diálogos y pensamientos del Dr. Manhattan llevan fondo celeste. También se toman las anotaciones del doctor Malcolm Long, quien trata a Rorschach en la prisión.
Luego de los 11 primeros capítulos de los 12 que tiene el cómic, hay una serie de documentos ficticios. Todo para darle verosimilitud al relato. Por ejemplo, la primera parte de Bajo la máscara, libro de Hollis Mason, sobre los primeros superhéroes. También se incorporan una narración de infancia, el informe de arresto y la evaluación psiquiátrica de Rorschach, un documento militar sobre el Dr. Manhattan, una entrevista a la madre de Espectro de Seda, un ensayo sobre Relatos de la fragata negra (historieta sobre piratas cuyo guionista desapareció un par de años antes y del que se reproducen varias viñetas).
¿Quién es el asesino de Edward Blake? ¿Cómo evitar que Estados Unidos y Unión Soviética se enfrenten? Eso lo descubrirá el lector de esta apasionante y visionaria historieta. Obra maestra sin discusión.

Alan Moore.

La frase: «Ningún problema del mundo es insuperable, siempre que se le dé el enfoque adecuado» (Watchmen, Alan Moore).