lunes, 27 de octubre de 2014

De ratones y hombres (1937) | John Steinbeck

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El rancho de los sueños rotos
De ratones y hombres (1937) | John Steinbeck



De ratones y hombres (Of Mice and Men, 1937), del estadounidense John Steinbeck, conmueve por tratar con crudo realismo la vida dura de gente sencilla durante la Gran Depresión, la grave crisis económica de la década de 1930.
Después de errar por diversos pueblos de California, Estados Unidos, Lennie Small y George Milton consiguen empleo en un rancho cerca de Soledad. Deben cargar sacos de cebada a cambio de 50 dólares mensuales, comida y cama en un barracón. En esta hacienda ambos amigos conocen al negro Crooks, cuya espalda se encuentra torcida porque un caballo lo coceó y a quien se le prohíbe entrar al barracón por su color de piel, y al viejo Candy, el barrendero, que se siente inútil desde que perdió una mano hace cuatro años.
Lennie y George acarician la idea de tener una granja para vivir juntos y sostenerse con lo que producirían. El viejo Candy se ilusiona también con ese proyecto y quiere unírseles. Sin embargo, es complicado salir de la situación en la que subsisten.
El negro Crooks los desalienta: «He visto más de cien hombres venir por los caminos a trabajar en los ranchos, con sus hatillos de ropa al hombro, y esa misma idea en la cabeza. Cientos de ellos. Llegan y trabajan y se van; y cada uno de ellos tiene un terrenito en la cabeza. Y ni uno solo de esos condenados lo ha logrado jamás».
¿Qué hace la mayoría de los trabajadores con el poco dinero que reciben? Se lo gasta en whisky, en el burdel, en las cartas o en los dados. Así, no progresan. No salen de ese círculo vicioso.
La bella esposa de Curley, hijo del patrón, también tiene una ilusión. Cree que podría ser actriz de teatro. Además, un tipo le dijo que podía introducirla en el mundo del cine. Pero la realidad es otra: vive en una hacienda rodeada de hombres que trabajan como bestias. El lenguaje por momentos es también rudo: «¡Perra maldita, ya conseguiste lo que querías!», dice el viejo Candy.
En ese ambiente una tragedia ronda. El fortachón Lennie Small (cuyo apellido en inglés, ‘pequeño’, contrasta con su físico) viene de escapar de un linchamiento en Weed, donde una joven lo acusó de violación, cuando él solo quería seguir acariciando su suave vestido.
A este grandulón con mente de niño le gusta jugar con ratones, pero su torpeza hace que siempre los mate sin querer. Un cachorrito del rancho al que llega con George es otra de sus víctimas de su diversión.
«Si [el patrón] descubre lo imbécil que eres, no nos va a dar trabajo, pero si te ve trabajar antes de oírte hablar, estamos contratados. ¿Lo has entendido?», le advierte George en cierto momento, quien sin duda lo pasaría mejor si viajara solo. Así, dejaría de perder los empleos por culpa de su lerdo amigo.
Lennie también escucha de George que debe evitar a la esposa de Curley («las he conocido peligrosas, pero jamás he visto veneno como esta. Es un cebo para la cárcel. Déjala tranquila», señala el intuitivo amigo, quien en otro momento dice: «Va a haber un tremendo lío por culpa de ella. Esa mujer es como un revólver con el gatillo listo»). Temeroso, Lennie quiere irse de ahí, pero George lo detiene porque necesitan trabajar.
Con estos ingredientes, está cantado que habrá muerte. ¿Cómo? El lector tiene la tarea de llegar al final, de disfrutar de un magnífico libro, que brilla también por su sencillez en el lenguaje y en su estructura lineal. De ratones y hombres rápidamente alcanzó la fama como un clásico sin discusión.

John Steinbeck.


La frase: «No se necesitan sesos para ser bueno. A veces me parece que es más bien al contrario. Casi nunca un tipo muy listo es un hombre bueno» (De ratones y hombres, John Steinbeck).

martes, 14 de octubre de 2014

Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli

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El nacimiento de los héroes
Batman: año uno (1987) | Frank Miller y David Mazzucchelli


Batman: año uno (Batman: Year One, 1987), escrita por Frank Miller e ilustrada por David Mazzucchelli, cuenta de forma brillante cómo Bruce Wayne se convierte en el Hombre Murciélago y cómo el oficial James Gordon se vuelve su aliado. No es fácil el camino para ambos.
Los monólogos de Batman (en fondo azul) y Gordon (en fondo amarillo) permiten adentrarnos en los pensamientos de estos personajes. Sus debilidades. Sus temores. Es una estupenda idea recurrir a este recurso. Otro modo hábil es la distribución de la historia por fechas, a modo de diario.
Los flashbacks nos remiten a la noche que Bruce Wayne, de 6 años de edad, fue al cine a ver La marca del Zorro (The Mark of Zorro). Día trágico en que sus padres fueron asesinados por un atracador. Historia muchas veces contada en los cómics, pero nunca tan bien relatada como aquí.
Paralelamente, vemos a Gordon pronto a ser padre, aunque no le agrade la idea, pues Gotham City, al que llega destacado como teniente, «no es lugar para una familia». Tras residir 12 años en el extranjero, a los 25 años de edad y dueño de una gran fortuna, Bruce vuelve a su ciudad. Considerado uno de los solteros más codiciados, en un pasaje se le ve con una guapa joven. Acerca de ella, el multimillonario playboy le dice a Gordon, quien visita su casa intrigado por saber cuál es la identidad oculta de Batman: «He olvidado presentarles a mi amiga... Verán, no recuerdo exactamente cómo se llama, y no habla ningún idioma que yo conozca».
Si uno es seguidor de este justiciero enmascarado, reconocerá a varios personajes: Alfred («mayordomo formado como médico de guerra»), Harvey Dent (asistente de la fiscalía del distrito y más tarde Dos Caras), Selina (Gatúbela). Además hay un guiño al final cuando se anuncia al que será el mayor enemigo del Hombre Murciélago.
Uno de los detalles más celebrados de las historias de Batman, además de andar atormentado por la muerte de sus padres, es revelar la corrupción policial. El detective Arnold Flass es una pieza del narcotráfico. Esto le confiere carácter de género negro a la historieta, acentuado con las ilustraciones de tono oscuro de Mazzucchelli. Que un personaje que ganaba nuestro aprecio sea infiel a su pareja, quien lo atiende con esmero, hace más real el argumento.
En un momento Batman lanza un rugido que aprendió en África, lo que nos da una pista de su autoexilio. En otro instante, Gordon lo describe así: «Posee aptitudes físicas extraordinarias». Flass añade: «No es humano». Otra característica: opera de medianoche a cuatro de la madrugada, se enfrenta a villanos como atracadores callejeros hasta los grandes narcotraficantes. Este es el guardián de Gotham. Como en Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), del propio Frank Miller, vemos aquí el debate sobre si es legal el modo de actuar del Hombre Murciélago.
Creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger en 1939, este superhéroe con esta historieta acentúa su prestigio como ícono de la cultura popular. 

Frank Miller.

La frase: «Cuando un hombre se convierte en padre, nunca vuelve a ser libre por completo» (Batman: año uno, de Frank Miller).

domingo, 5 de octubre de 2014

Batman: El regreso del caballero oscuro (1986) | Frank Miller

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Vuelta y adiós
Batman: El regreso del caballero oscuro (1986) | Frank Miller



Batman: El regreso del caballero oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), escrita e ilustrada por Frank Miller, demuestra que las historietas de superhéroes pueden ofrecer obras maestras.
Dividida en cuatro capítulos, de medio centenar de páginas promedio cada una, esta novela gráfica es valiosa por ir más allá con su historia, por escaparse de lo convencional, por ofrecer una estructura sencilla pero muy coherente, en un ritmo intenso.
Tras diez años de su última aparición, el Hombre Murciélago vuelve para combatir el crimen, enfrentarse a dos de sus archienemigos (Dos Caras y Guasón). También observamos la participación de Superman (el otro gran superhéroe de DC Comics, la empresa de historietas a la que pertenece Batman), la tensión entre Estados Unidos y Unión Soviética, la discusión sobre si el fin justifica los medios para lograr la justicia, la importancia de la televisión. Todo en un argumento muy bien estructurado.
Estamos en la década de 1980, en Estados Unidos gobierna un presidente cuyos rasgos nos remiten a Ronald Reagan (1981-1989), quien tuvo una tensa relación con los soviéticos. En la ficticia Gotham City, Batman se ha retirado hace una década por la muerte del segundo Robin, su ayudante justiciero, cuya identidad verdadera es Jason Todd, a manos del Guasón. El multimillonario Bruce Wayne, nombre que esconde el superhéroe, a los 55 años es un mustio alcohólico.
Los noticieros televisivos indican que la delincuencia está en su momento de mayor auge con  Los Mutantes, pandilla que en su mayoría se arrima al que la va bien. Gracias a los telediarios, de papel protagónico en el cómic, el lector se entera del conflicto entre las superpotencias en la ficticia isla Corto Maltés, claro homenaje a las historietas del italiano Hugo Pratt. Este argumento paralelo expresa el temor por las bombas nucleares. Uno de los efectos del estallido de esta letal arma es un apagón, el caos, la inutilidad de las máquinas de forma imprevista, como aquel avión que se estrella contra un rascacielos de Gotham, cuyos edificios, puentes y calles se asemejan a Nueva York.
Es por la televisión que el líder de Los Mutantes lanza esta amenaza: «Yo mismo mataré al necio de Batman. Arrancaré la carne de sus huesos y los sorberé hasta dejarlos secos. Me comeré su corazón y arrastraré su cadáver por la calle». En el transcurso de la historia, decenas de muertes se apilan. Parece que no hay salvación.
La discusión acerca de los códigos de Batman para luchar contra el crimen se ve continuamente en los programas de televisión. Ellen Yindel, la sucesora de James Gordon (aliado del Caballero Oscuro, por quien ha forzado y roto las reglas), comisario de la ciudad que se jubila a los 70 años de edad y después de 26 años en el cargo, es muy crítica con el enmascarado: «Lo primero que haré como comisaria de Policía será cursar una orden de arresto contra Batman por asalto, allanamiento, peligro público...».
Unos tildan a Batman de «fascista», «psicótico», «amenaza para la sociedad». Señalan que abusa de la fuerza, que agrede sin necesidad, que allana sin respetar las normas, que no respeta los derechos civiles, que trabaja con una adolescente (Carrie Kelly, de 13 años, sucede a Todd como Robin).
En contraposición, sus defensores afirman que él es el único que se enfrenta eficazmente al crimen, que permite que la gente no viva atemorizada, que las leyes son estúpidas e inútiles. En medio del caos, Batman dirá: «Esta noche yo soy la ley».
Hay varios discursos que configuran el argumento. Los diálogos, las informaciones de los noticiarios y los monólogos de los personajes principales. Para distinguir estos últimos, el fondo de los globos son de distinto color: el gris es para Batman, el azul para Superman, el amarillo para el tercer Robin, el verde para el Guasón.
Batman debe poner la cara en diversos frentes. ¿Cómo saldrá librado de ello? Ahí tenemos el ingenio de Frank Miller para resolverlo. Una joya de la novela gráfica.

Frank Miller.


La frase: «Una pistola es el arma de un cobarde, de un mentiroso» (Batman: El regreso del caballero oscuro, Frank Miller).

lunes, 15 de septiembre de 2014

Watchmen (1987) | Alan Moore

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Extraña conspiración
Watchmen (1987) Alan Moore

Watchmen (1987) es, sin duda, uno de los picos más altos de un género hasta entonces poco respetado. Esta historieta de superhéroes con guion de Alan Moore, con dibujos de Dave Gibbons y coloreada por John Higgins, es el único cómic que aparece como una de las cien mejores novelas en inglés desde 1923, en la lista elaborada por la revista Time en 2005.
En Estados Unidos son tres las novelas gráficas que han permitido a este género ser apreciado por la crítica más rigurosa: Maus (1991), de Art Spiegelman, que obtuvo el Premio Pulitzer en 1992; Batman: El regreso del Caballero Oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), de Frank Miller, y Watchmen. Estas dos últimas editadas por DC Comics, compañía estadounidense que tiene en su catálogo a dos de los personajes más conocidos: Superman y Batman.
Watchmen se inicia en 1985, con la muerte de Edward Blake, nacido en 1924 y quien se hacía pasar por el superhéroe El Comediante. Trabajaba para el gobierno de Estados Unidos dedicado a derrocar repúblicas marxistas de América Latina. Cierto día en Nicaragua descubre algo que lo llevaría a la tumba. «Yo he hecho cosas malas. Hice cosas malas a algunas mujeres. ¡Disparé a niños! En Vietnam disparé a niños...», confiesa aterrado por lo que acababa de enterarse, algo mucho peor de todo lo que había cometido.
El Comediante perteneció a los Crimebusters, un grupo de superhéroes integrado también por el Dr. Manhattan, Ozymandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda y Rorschach. En 1966, durante la primera reunión de estos combatientes de la justicia, El Comediante aseguró que luchar contra los delincuentes era un juego de niños frente a la futura amenaza nuclear. Esa declaración hará cambiar poco a poco el modo de pensar de Ozymandias.
Acerca del fallecido compañero, Rorschach dice: «Tenía una gran personalidad. No le importaba si le caía bien o mal a la gente. Era inflexible. Lo admiraba. De todos nosotros, él era el que mejor entendía a la gente, al mundo, a la sociedad y lo que está pasando en ella».
La muerte de El Comediante permite al Dr. Manhattan recordarlo en la Guerra de Vietnam (1964-1975), en la que una de sus víctimas fue una mujer embarazada que reclamaba la paternidad para su hijo. Blake tenía una extraña actitud frente a la vida. No reparaba en nada para conseguir lo que quería. «Nunca he conocido a nadie tan deliberadamente amoral», refiere su colega. «En cuanto te das cuenta de que todo es un chiste, ser El Comediante es lo único que tiene sentido», opinaba Blake, quien cierta vez intentó violar a la madre de Espectro de Seda.

Espectro de Seda, Dr. Manhattan, Búho Nocturno, El Comediante, Ozymandias y Rorschach.

El rechazo a los Crimebusters aumenta con el tiempo. «¡No queremos vigilantes! ¡Queremos polis normales!», reclama alguien en una protesta. Algunas pintas en las paredes de las calles describen el momento: «¿Quién vigila a los vigilantes?». El Dr. Manhattan, al evocar 1977, declara: «La Policía está en huelga. Alegan que los aventureros disfrazados hacen imposible el correcto desempeño de su trabajo. Todo el mundo está asustado. La anarquía se respira en el ambiente». La Ley Keene, aprobada el 3 de agosto de ese año, prohíbe los superhéroes enmascarados. Los vigilantes se vuelven ilegales, excepto dos: el Dr. Manhattan y El Comediante, quienes actúan supervisados por el Gobierno estadounidense ante la amenaza extranjera.
Son tiempos duros. Existe el miedo de que se desencadene la Tercera Guerra Mundial. El eje opositor a Estados Unidos, Unión Soviética, invade Afganistán, lo que produce alarma en la población. En este contexto, Richard Nixon, gobernante en la vida real de 1969 a 1974 y aquí, de manera ficticia, es presidente en 1985, después de varias reelecciones, piensa atacar antes. La gente está pendiente de las noticias. En un ambiente en que la paranoia ronda, un tipo mata a sus dos hijas delante de la madre de ellas, por temor a la guerra nuclear y luego se corta la yugular.
Que Nixon sea presidente es una forma de mostrar el grado de deterioro político de Estados Unidos, pues él es el único mandatario que dimitió al cargo (estuvo involucrado en escuchas ilegales a sus opositores). En las últimas páginas se dice que el actor Robert Redford podría ser candidato para las elecciones presidenciales de 1988. Es una irónica referencia a un colega de este: Ronald Reagan, que gobernó el país en la vida real de 1981 a 1989 y que tiene las mismas iniciales (RR).
Nueva York es descrita por Rorschach, visitante frecuente de los bajos fondos, como «un animal fiero y complejo». Este superhéroe confiesa que cierta vez dio con un sujeto que secuestró, violó y asesinó a una niña, a la que había carbonizado una parte y el resto dado de comer a los perros. Su reacción estuvo al margen de la ley.
El suplemento semanal del diario The New York Times dedicado a la crítica, The New York Times Book Review, ha señalado que Watchmen ofrece personajes «con unos perfiles psicológicos asombrosamente complejos». En efecto, la muy definida personalidad de cada superhéroe es muy interesante. Para conocerla, es necesario hurgar en el pasado de cada uno. El doctor Jon Osterman (Dr. Manhattan) y el accidente que lo cambió por completo. Daniel Dreiberg (Búho Nocturno) y su afición por las aves. Laurie Juspeczyk (Espectro de Seda) y la búsqueda de la identidad de su padre. Walter Joseph Kovacs (Rorschach) y su infancia difícil. Adrian Veidt (Ozymandias) y su admiración desmedida por el faraón Ramsés II y el emperador macedonio Alejandro Magno.
La historieta reproduce fragmentos del diario de Rorschach, que se inicia el 12 de octubre y termina el 1 de noviembre de 1985. Para diferenciarlos de otros textos, tiene fondo amarillo. En cambio, los diálogos y pensamientos del Dr. Manhattan llevan fondo celeste. También se toman las anotaciones del doctor Malcolm Long, quien trata a Rorschach en la prisión.
Luego de los 11 primeros capítulos de los 12 que tiene el cómic, hay una serie de documentos ficticios. Todo para darle verosimilitud al relato. Por ejemplo, la primera parte de Bajo la máscara, libro de Hollis Mason, sobre los primeros superhéroes. También se incorporan una narración de infancia, el informe de arresto y la evaluación psiquiátrica de Rorschach, un documento militar sobre el Dr. Manhattan, una entrevista a la madre de Espectro de Seda, un ensayo sobre Relatos de la fragata negra (historieta sobre piratas cuyo guionista desapareció un par de años antes y del que se reproducen varias viñetas).
¿Quién es el asesino de Edward Blake? ¿Cómo evitar que Estados Unidos y Unión Soviética se enfrenten? Eso lo descubrirá el lector de esta apasionante y visionaria historieta. Obra maestra sin discusión.

Alan Moore.

La frase: «Ningún problema del mundo es insuperable, siempre que se le dé el enfoque adecuado» (Watchmen, Alan Moore).

lunes, 8 de septiembre de 2014

Akira (1982-1990) | Katsuhiro Otomo

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Pesadilla nuclear
Akira (1982-1990) | Katsuhiro Otomo


Escrita e ilustrada por el japonés Katsuhiro Otomo, Akira (アキラ, 1982-1990) es un manga de 2.215 páginas que popularizó las historietas de su país en Estados Unidos y Europa. Publicada originalmente en blanco y negro, la edición en castellano se basa en la que preparó Otomo para el mercado estadounidense, a color.
Lo mejor del manga, distribuido en seis volúmenes (360, 304, 292, 400, 415 y 444 páginas), son las peleas espectaculares entre los delincuentes juveniles, personajes principales del cómic. En esas páginas los diálogos son escasos, pero se disfruta cómo un grupo de adolescentes con superpoderes juegan a ser dioses.
El 6 de diciembre de 1982 algo extraño destruye Tokio. Pronto otras ciudades del mundo son bombardeadas y se inicia la Tercera Guerra Mundial. Años después, en 2030, la ciudad de Neo Tokio, construida en una isla artificial, es amenazada por terroristas opositores al régimen y por pandillas juveniles.
Tetsuo, de unos 15 años y estudiante de una correccional para marginados sociales, es herido cuando su moto explota después de que un niño con aspecto de anciano, que escapaba de miembros del Ejército, bloquea la autopista. Este incidente despierta extraños poderes en el adolescente, lo cual atrae la atención del gobierno.
Como una forma de venganza contra el altanero y antipático Kaneda, jefe de su anterior pandilla, Tetsuo asume el liderazgo de la banda rival: los Clowns. Una muestra de su fuerza es que elimina a sus enemigos con facilidad, a quienes les estalla la cabeza sin tocarlo. Estamos ya en terrenos que se escapan de la realidad. Mientras tanto, poco a poco Kaneda se involucra en una organización terrorista dirigida por Ryu y Nezu.
Después de varias páginas, se arma una pelotera. Los antiguos enemigos se vuelven aliados y viceversa. Los enfrentamientos se suceden. Entre los temas que trata el manga está el de las drogas: el todopoderoso Kaneda debe consumir píldoras para aplacar el dolor de cabeza.
También tenemos la manipulación e incapacidad de un gobierno que gasta ingentes cantidades de dinero para desarrollar un arma muy poderosa. De este plan se crea una «guardería grotesca», un invernadero para niños canosos y arrugados con enormes poderes. Por ser especial, Akira duerme en una cámara criogénica debajo del Estadio Olímpico de Neo Tokyo. Un rayo láser empleado desde un satélite llamado SOL es otro de los instrumentos del Ejército. El poder militar es expresado también en un golpe de Estado que pone a la ciudad bajo la ley marcial.

Akira.

Otro de los aspectos es el pánico que causan las hecatombes, algo que experimentaron los japoneses con las bombas atómicas en agosto de 1945. En este panorama, la gente se esconde en refugios antinucleares, además escasean las medicinas y los alimentos. El caos permite que una secta religiosa gane muchos adeptos. Lady Miyako, de dotes premonitorias, señala que habrá «una catástrofe apocalíptica que cambiará el orden de las cosas». La sumisión se muestra también cuando un grupo de fanáticos funda el Gran Imperio de Tokio. La presentación de Akira a cargo de una banda de rock en el Estadio Olímpico es patética, ejemplo de alienación. Al conocer a Akira, Ryu afirma: «Tanto follón por tan poca cosa».
En su templo, resguardada por monjes, Lady Miyako le cuenta a Tetsuo la historia de la creación de Akira: «En los setenta, a raíz de una investigación, se reunió a un grupo de niños de rasgos singulares. Los científicos experimentaron con ellos. Un doctor muy polémico se empezó a interesar. Su especialidad era el funcionamiento del sistema nervioso central. A todos los que desarrollaron poderes y entraron en el proyecto les asignaron un código».
Estamos en el año 2030, tiempo en el que vemos algunos avances tecnológicos, como vehículos voladores, pero todavía utilizan fotografías en carretes. Akira, el manga, es espectacular por las explosiones, las luchas, las magníficas ilustraciones, no así por el guion.

Katsuhiro Otomo.

La frase: «Cuanto más poder utilizas, más quieres emplear» (Akira, Katsuhiro Otomo).

domingo, 17 de agosto de 2014

Batman: la serie animada (1992-1995)

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Guardián nocturno
Batman: la serie animada (Batman: The Animated Series, 1992-1995)



En 2008 la revista Wizard calificó Batman: la serie animada (Batman: The Animated Series, 1992-1995) el segundo mejor programa de dibujos de la historia de la televisión, solo detrás de Los Simpsons (The Simpsons, 1989- ). Esa fama es justificable, pues algunos de los 85 episodios ofrecen magníficos guiones, ilustraciones propias para la historia que narra y una muy buena producción, en este caso a cargo de Alan Burnett, Paul Dini, Eric Radomski y Bruce Timm.
Pocos años antes del estreno de la serie este célebre y complejo superhéroe fue protagonista de dos estupendas historietas: Batman: El regreso del Caballero Oscuro (Batman: The Dark Knight Returns, 1986), escrito y dibujado por Frank Miller, y Batman: año uno (Batman: Year One, 1987), escrita por Frank Miller y dibujada por David Mazzucchelli. Además, del buen largometraje Batman (1989), de Tim Burton.
El estilo de los dibujos toma mucho de la serie animada Superman (1942-1943), de Fleischer Studios, cuyos capítulos eran de 8 minutos. ¡Una producción de medio siglo antes!

Episodio «Two-Face».

A veces no son necesarios los 22 minutos de cada episodio, pues se recurre a dos partes, como sucede con «Dos Caras» («Two-Face», 25 y 28 de setiembre de 1992), que narra parte de la vida del fiscal del distrito Harvey Dent, atormentado por su doble personalidad, aliado de Batman y del comisionado James Gordon hasta que sufrió un accidente que le desfiguró la mitad del rostro, la parte izquierda. Desde que se volvió villano, viste con terno de dos colores (una mitad blanca y la otra negra) y decide actuar bien o mal según lo que dicta el lanzamiento de una moneda. Este relato deja algunos aspectos significativos. En los minutos iniciales ciertos malhechores prefieren a la Policía que recibir las golpizas de Batman. Es un momento cómico, de los pocos que tiene la serie. Otro asunto interesante es enterarnos de que el mafioso Rupert Thorne corrompe autoridades para continuar con sus actividades ilícitas. «Todo hombre oculta algo», dice este en un momento y, por ello, busca el chantaje. También podemos ver parte de la arquitectura de Ciudad Gótica (Gotham City en el original en inglés), cuyos rascacielos, puentes y calles se asemejan a Nueva York. De paso notamos que gran parte transcurre en la noche, con lluvias y rayos en momentos difíciles. En un pasaje se reproduce una pesadilla de Bruce Wayne, en la cual su padre, al lado de su madre, le dice: «¿Por qué no pudiste salvarnos, hijo?». Este es uno de los temas recurrentes de la serie: el asesinato de los padres de Bruce por unos delincuentes.

Episodio «Perchance to Dream».

En efecto, es marcado el sentido de culpa del protagonista, el conflicto interno, en muchos episodios, como en «Quizá soñar» («Perchance to Dream», 19 de octubre de 1992). Aquí, después de despertar de otra pesadilla, el empresario multimillonario Bruce Wayne (Bruno Díaz en la traducción al castellanopregunta a Alfred Pennyworth, su mayordomo, por Robin. Poco a poco se entera de que no tiene nada que ver con Batman, la baticueva o cualquier cosa relacionada con el superhéroe. Para su sorpresa, sus padres se encuentran vivos y está comprometido en matrimonio con Selina Kyle (Gatúbela). Después de recibir la visita de esta, observa a Batman en acción, luchando contra unos ladrones de joyas. Todo el tiempo hemos pensado que Bruce Wayne es Batman. ¿Qué pasó?

Episodio «Almost Got ’Im».

La más brillante de todas las historias es, sin duda, «Casi lo atrapo» («Almost Got ’Im», 10 de noviembre de 1992), que presenta a cinco de los villanos más conocidos de Ciudad Gótica reunidos en un bar: el Guasón, Dos Caras, el Pingüino, Hiedra Venenosa y Killer Croc, cuya piel se parece a la de un cocodrilo. Ellos cuentan las veces que estuvieron a punto de acabar con Batman. Los giros que da la historia son magistrales. Sorpresa tras sorpresa, uno no quiere que el relato termine. En un pasaje, el Pingüino dice: «Has mordido la carnada como lo había planeado. Ahora, prepárate para tu fin dentro de mi refugio de aves». Este es un cliché, algo que se repite en muchas ocasiones: el enemigo explica lo que pretende hacer antes de asestar el golpe final, el cual nunca ocurre. En este episodio aparecen también las esbeltas Poison Ivy y Harley Quinn. Una galería de personajes con un gran guion. Imperdible.

Episodio «Robin’s Reckoning».

Muchas de las historias no son originales. Algunas se basan en historietas ya publicadas, como la primera parte de «La venganza de Robin» («Robin’s Reckoning», 7 de febrero de 1993), inspirada en un cómic de 1940 y galardonada con un Emmy a Mejor Programa Animado de Menos de una Hora. Es la historia de Dick Grayson (Ricardo Tapia), más tarde convertido en Robin. Los padres del Chico Maravilla ­–como este– eran trapecistas de circo, hasta que fallecieron en un accidente provocado por el maleante Tony Zucco, accidente que el filántropo Bruce Wayne presenció entre el público. Con la protección de este, Dick recibirá una esmerada educación. En este relato, de dos partes también (la segunda parte se emitió el 14 de febrero de 1993), vemos a Batman ingresar a una casa sin llamar a la puerta para interrogar con amenazas. Su actuar se encuentra muchas veces al margen de la ley. ¿El fin justifica los medios?

Largometraje Batman: Mask of the Phantasm.

Después del éxito de las dos primeras temporadas, se estrenó para el cine Batman: la máscara del fantasma (Batman: Mask of the Phantasm, 1993), dirigida por Eric Radomski y Bruce Timm, creadores de la serie animada. Es un proyecto nacido de otro, es decir, es un spin-offAl inicio del film algunos piensan que Batman es el culpable de la muerte de un mafioso y es buscado por la Policía. Poco después vemos la mansión de Bruce Wayne, quien ofrece una fiesta en la que Andrea Beaumont, antigua novia, le dice a las chicas que rodean al millonario: «Te hace creer que eres la única en quien está interesado. Y cuando estás pensando en donde comprar la vajilla, se olvida tu número de teléfono. Ese es su estilo». En otro momento observamos en una habitación a Bruce, quien contempla el retrato de sus padres y recuerda a Andrea. Poco a poco nos enteramos cómo fue él antes de convertirse en Batman. Una novedad es ver al millonario sufrir de amor por una mujer. Paralelamente vemos el «presente», en el que otro mafioso busca al estrafalario Guasón para ofrecerle millones de dólares si mata a Batman. Largometraje de 76 minutos muy recomendable.

Episodio «Over the Edge».

La acogida de la serie animó a los productores Alan Burnett, Paul Dini y Bruce Timm crear Las nuevas aventuras de Batman (The New Batman Adventures, 1997-1999), de 24 episodios y del que hay que rescatar «Al borde» («Over the Edge», 23 de mayo de 1998). El inicio es trepidante: Batman y el nuevo Robin (cuya verdadera identidad es Tim Drake) son perseguidos por el comisionado Gordon en la baticueva con varios agentes, enterado de su verdadera identidad. Este dice en un pasaje a Bruno Díaz: «Fui un tonto al permitirte seguir tu cruzada. Un psicótico jugando al héroe enmascarado». ¿Qué sucederá con el superhéroe? No hay que perderse este episodio en el que aparecen también Batichica y Dick Grayson (convertido en Ala Nocturna, Nightwing).

Episodio «Mad Love».

Otro episodio inolvidable es «Amor loco» («Mad Love», 16 de enero de 1999), que se basa en una novela gráfica de 1994 y que se centra en Harley Quinn, psiquiatra que investigaba en el asilo Arkham, sanatorio para villanos con problemas mentales donde conoce al Guasón (Joker), de risa estruendosa. Este hospital parece una coladera, pues de él escapan los enemigos continuamente. En un momento Harley Quinn dice que está «enamorada de un payaso psicópata». Para obtener su aprecio, se vuelve delincuente, aunque el excéntrico villano la maltrata. Este le dice en un pasaje: «La muerte de Batman debe ser una maestra. El triunfo de mi genio cómico sobre su ridícula máscara». No debe morir de un burdo disparo como propone ella. Sin embargo, Batman le dice al Guasón: «Ella se acercó más de lo que tú has podido, pastelito».

Otros episodios notables: «Corazón de hielo» («Heart of Ice», 7 de setiembre de 1992), «Un favor para el Guasón» («Joker’s Favor», 11 de setiembre de 1992), «El extraño secreto de Bruno Diaz» («The Strange Secret of Bruce Wayne», 29 de octubre de 1992), «Sueños en la oscuridad» («Dreams in Darkness», 3 de noviembre de 1992), «Cuidado con el Fantasma Gris» («Beware the Gray Ghost», 4 de noviembre de 1992), «Yo soy la noche» («I Am the Night», 9 de noviembre de 1992), «Harley y Hiedra» («Harley & Ivy», 18 de enero de 1993), «El hombre que mató a Batman» («The Man Who Killed Batman», 1 de febrero de 1993), «Lee mis labios» («Read My Lips», 10 de mayo de 1993), «Harlequinada» («Harlequinade», 23 de mayo de 1994).

La frase: «La venganza oscurece el alma» (Batman: la máscara del fantasma).