2 de diciembre de 2015

Comentario 2: El nombre de la rosa (1980) | Umberto Eco

Misteriosos crímenes en la abadía
Edición italiana.

Estamos en la Edad Media. Unos extraños asesinatos ocurren en una abadía benedictina. Quienes se han propuesto descubrir al autor de estos crímenes son un fraile franciscano y su discípulo. De esto y mucho más trata El nombre de la rosa (Il nome della rosa, 1980), novela del italiano Umberto Eco.
En un juego de cajas chinas, un autor anónimo (¿Umberto Eco?) nos asegura en la introducción que lo que sigue es un manuscrito reencontrado, redactado en latín a fines del siglo XIV por el monje alemán Adso de Melk. Este texto había sido publicado en 1721 por Joannis Mabillon y, casi de manera clandestina, fue traducido al francés por un tal abate Vallet en 1842.

Ediciones en francés, alemán, inglés y castellano.

El relato se divide según las horas del día, como lo hizo James Joyce en su influyente novela Ulises (Ulysses, 1922). Pero, a diferencia del libro del irlandés, los hechos que se narran aquí no ocurren en un solo día, sino en una semana de fines de noviembre de 1327. Semana que pasó Adso de Melk con su sagaz maestro Guillermo de Baskerville en una hermosa abadía ubicada en los montes Apeninos.
Desde su querido monasterio de Melk, el monje alemán narra a los 80 años algo que vio a los 18. Sucesos asombrosos y terribles en los que trata de ser fiel a lo acontecido, sin aventurar ninguna interpretación y comprometiéndose a decir toda la verdad. También con el deseo de ser instructivo y entretenido.
Con algo de misterio, en cierto pasaje, Adso apunta: «Que Dios, la Beata Virgen y todos los santos del Paraíso me asistan ahora en el relato de lo que entonces sucedió». En otras páginas, cuando distribuye el tiempo, escribe: «Vayamos con orden», «de eso ya hablaré más adelante» o «no anticipemos los acontecimientos». Al divagar, él mismo se corrige: «De nuevo me voy por las ramas y no cuento lo que debería contar».
Ubicada en una meseta al norte de Italia, la mencionada abadía poseía la mayor biblioteca de la cristiandad y estaba habitada entonces por alrededor de sesenta monjes, algunos provenientes de lejanas regiones de Europa. El bibliotecario Malaquías de Hildesheim era, como Adso, de origen alemán. El estudioso de la retórica Bencio de Upsala, escandinavo. El celoso vigilante de la biblioteca Jorge de Burgos, que remite al invidente escritor argentino Jorge Luis Borges, provenía de España. Aparte de estos y de los italianos, que eran mayoría lógicamente, había monjes franceses, dacios y griegos.

Sean Connery (Guillermo de Baskerville) y Christian Slater (Adso de Melk) en la adaptación de la novela, estrenada en 1986.

Por el carácter multicultural, por la ubicación del escenario en una meseta y por sus numerosas conversaciones, el libro nos recuerda La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924), del alemán Thomas Mann. Como afirma el propio Eco en Apostillas a «El nombre de la rosa» (Postille al nome della rosa, 1983), folleto sobre el proceso creativo de nuestra novela, los libros siempre hablan de otros libros y cada historia cuenta una historia que ya se ha contado.
«Es la única que puede oponerse a las 36 bibliotecas de Bagdad, a los diez mil códices del visir Ibn al-Alkami, y que el número de sus biblias iguala a los 2.400 coranes de que se enorgullece El Cairo», dice Guillermo sobre la biblioteca de la abadía.
Instalada en la segunda planta del edificio, cerca del scriptorium (donde trabajan copistas, anticuarios y miniaturistas), esta biblioteca es para los monjes benedictinos el paraíso terrenal. Sin embargo, los muchos secretos que encierra solo son transmitidos entre el bibliotecario y su ayudante, desde su estructura laberíntica hasta los libros de autores infieles, que, por contener «mentiras», están prohibidos de ser leídos.
Los crímenes tienen que ver, precisamente, con uno de estos libros. Se trata de una obra de Aristóteles, uno de los mayores sabios de la humanidad, la cual versa sobre la comedia, el humor y la risa. Es la segunda parte de Poética (Ποιητική, siglo IV a. C.), obra escrita en griego, de la que solo se conservan 26 capítulos y que es la más antigua consideración sobre los géneros literarios.
¿Por qué tanto temor por este libro? Porque era del «Filósofo». Cada palabra suya —afirma Jorge de Burgos— ha cambiado la imagen del mundo y ha destruido una parte del saber que la cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos. Además, para el monje español, la risa es la debilidad, la corrupción, y es capaz de rebelar a las personas contra el orden deseado por Dios. Por eso, aunque Cristo tal vez pudo reír, no se lee en el Evangelio que lo hubiera hecho.
Sin duda, el personaje más admirable es Guillermo de Baskerville, fraile inglés que estudió en París y Oxford, quien durante muchos años desempeñó con eficacia el oficio de inquisidor y al que le encantaba deslumbrar a la gente con la rapidez de sus deducciones. Como el detective Sherlock Holmes, protagonista de varios relatos del británico Arthur Conan Doyle, se deleita al desenredar la intrincada madeja que hay en los casos que se le presentan.
Este fraile franciscano tenía la misión de exponer las tesis de los teólogos del emperador Luis IV de Baviera a los enviados del codicioso papa Juan XXII, quien reinó desde la ciudad francesa de Aviñón (asunto muy criticado por los clérigos italianos). Guillermo de Baskerville opinaba que en las cosas terrenales el pueblo debía ser el legislador y no la Iglesia. También sostenía que el alto clero, al poseer una enorme riqueza material, perdía la pureza y contradecía a la vida pobre que llevó Jesucristo.
Así, se observa una Iglesia agitada por luchas intestinas, con sectas, persecuciones y torturas. Además, despectiva contra la mujer. El venerable monje franciscano Ubertino da Casale le advierte a Adso, en cierto momento, que esta es vehículo del demonio. Su belleza solo existe en la piel, debajo de ella uno encuentra mucosidades, bilis y excremento. La Virgen es la única sublime.
Por todo lo anterior, El nombre de la rosa se lee con deleite entre el público culto y popular, algo que pocas veces ocurre.
  
Umberto Eco (EFE).


La frase:

BELLEZA. «De tres cosas depende la belleza: en primer lugar, de la integridad o perfección, y por eso consideramos feo lo que está incompleto; luego, de la justa proporción, o sea de la consonancia; por último, de la claridad y la luz, y, en efecto, decimos que son bellas las cosas de colores nítidos» (El nombre de la rosa, Umberto Eco).

Comentario 3: Hijos de la medianoche (1981) | Salman Rushdie

Un mar de historias extraordinarias
Edición estadounidense.

Hijos de la medianoche (Midnight’s Children, 1981), novela del angloindio Salman Rushdie, nos presenta a Saleem Sinai, quien narra en un grueso volumen numerosas historias relacionadas con su vida y su país.
Así, incluye el relato de su familia y de una generación que nació en el mismo momento en que la India alcanzó su independencia, el 15 de agosto de 1947, llamada «Hijos de la Medianoche», integrada por 1.001 niños.
«He sido un devorador de vidas y, para conocerme, solo para conocer la mía, tendrás que devorar también todo el resto», advierte Saleem al lector en el primer capítulo de la novela. Luego se traslada a 1915, a Cachemira, para ofrecer la historia de su abuelo materno, el doctor Aadam Aziz, quien había estudiado Medicina en Alemania.
Rodeado de montañas y a orillas de un lago, el doctor Aziz, mientras intentaba rezar a Alá, vio caer tres gotas de sangre de su nariz que, extrañamente, se transformaron en rubíes. Sus lágrimas, asimismo, se convirtieron en diamantes. Este hecho extraordinario lo alejó del islam y de toda creencia religiosa.
El incidente, de paso, ofrece a los lectores características del «realismo mágico», corriente literaria de la que el colombiano Gabriel García Márquez es su mayor exponente. No será el único ejemplo, pues la madre de Saleem, en otro capítulo, gana apuestas hípicas sin perder durante meses. El protagonista, hasta los 15 años, tiene el don de la telepatía y, gracias a su poderosísima nariz, será capaz de distinguir, con los ojos vendados, las diferentes marcas de gaseosas y hasta de oler los sentimientos.

Ediciones en francés, italiano, alemán y castellano.

«Cuando Hijos de la medianoche fue publicada, la gente la leyó en Europa como una invención, pero en la India se tomó como un libro de historia», explicó Rushdie en una entrevista de 1998. La presencia de fantasmas, sueños premonitorios y mujeres de carácter fuerte nos hace recordar a su vez al autor de Cien años de soledad (1967). Sin embargo, el autor angloindio asegura que fue después de escribir su novela que leyó al colombiano de Aracataca, a quien proclama como el más importante novelista contemporáneo.
No se puede discutir la enorme calidad de Rushdie es indiscutible. Su relato devora todo lo que encuentra a su paso sin que perdamos el interés. Un libro de aventuras poblado de historias de amor, suicidios, duelos, múltiples escenarios, guerras internas y externas, golpes de Estado, asesinatos pasionales, personajes que pasan de la fortuna a la miseria o de palacios a junglas infernales.
La novela atraviesa por momentos importantes de la historia de la península del Indostán en el siglo XX. Desde la matanza, por parte de los ingleses, a los indios en Amristar, en 1919, hasta el régimen tiránico de la primera ministra Indira Gandhi (1966-1977 y 1980-1984).
Se incluye la violencia provocada por la Partición, la división de la India en dos Estados independientes, que causó medio millón de muertes y el desplazamiento de unas 15 millones de personas, en 1947; el asesinato del Mahatma Gandhi a manos de un fanático hindú en 1948; el golpe de Estado en Pakistán del general Muhammad Ayyub Kan en 1958; las continuas guerras indo-paquistaníes (1947-1948, 1965 y 1971) y la independencia de Bangladesh en medio de un genocidio en 1971.
Las coincidencias históricas son incontables en la familia de Saleem: el día en que terminó la Primera Guerra Mundial su abuelo Aadam Aziz ve por primera vez el rostro de su futura esposa, Naseem, llamada más tarde la Reverenda Madre por su enorme autoridad en la familia. Asimismo, en el preciso momento en que Saleem nace, la India alcanza su independencia, hecho que sería aprovechado por el diario Times of India para mostrarlo en una fotografía de portada con el título «Hijo de la medianoche». Al acompañar a su tío el general Zulfikar, Saleem es también testigo excepcional del golpe militar de 1958.
Por otro lado, su hermana Jamila alcanzó enorme fama como cantante en Pakistán. El día en que la India era declarada en estado de emergencia, durante el gobierno de Indira Gandhi, nacería el hijo de Saleem: Aadam. Es decir, la familia Aziz tiene mucha presencia en el escenario de los grandes acontecimientos históricos. A veces da la sensación de que Saleem y sus parientes fueran meros juguetes de la Historia.
Saleem se encuentra en Bombay escribiendo este libro, en 1978, poco antes de cumplir 31 años, acompañado por su novia Padma Mangroli. Su proyecto autobiográfico nos recuerda al del protagonista de En busca del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu, 1913-1927), del francés Marcel Proust. Más aun si Saleem vuelve al pasado al probar chutney, salsa que su criada, Mary Pereira, le preparaba de niño. En el caso de la célebre novela de Proust, el protagonista recuerda de golpe su infancia saboreando una magdalena, pastelillo que parece moldeado en una concha.
  
Satya Bhabha (Saleem Sinai) y Shriya Saran (Padma Mangroli) en la adaptación de la novela, estrenada en 2012.

En las últimas páginas, al degustar chutney, Saleem casi sufre un desmayo, pues este condimento le abre las puertas de su pasado repentinamente. Su deseo es que no se olvide lo ocurrido en la península del Indostán, para lo cual la gente debe comer las treinta recetas de chutney que ha preparado, es decir, devorar los treinta capítulos de la novela. En esta empresa, participa también su poderoso olfato.
Cada vez que el relato se va por las ramas o se vuelve poco natural, Padma se lo advierte a Saleem, quien nos persuade de continuar en la lectura sosteniendo que su narración es veraz y ofrecerá datos reveladores sobre sus familiares. Sin ningún reparo, nos cuenta sobre el alcoholismo de su padre, la infidelidad de su madre o los modales poco femeninos de su hermana, además de secretos celosamente guardados por años, como el de su nacimiento.
Parece que a Saleem el mundo se le acabara, pues escribe con mucha prisa. «Me veo obligado a acelerar, a precipitarme alocadamente hacia la línea de meta; antes de que mi memoria se quiebre sin esperanza de recomponerla», anota. El resultado es un libro muy fluido, ágil y explosivo.
  
Salman Rushdie, 2005 (Reuters).


La frase:

PERSUASIÓN. «En la autobiografía, como en toda literatura, lo que ocurrió realmente es lo menos importante que lo que el autor consigue persuadir a su público de que crea» (Hijos de la medianoche, Salman Rushdie).

Comentario 4: La insoportable levedad del ser (1984) | Milan Kundera

El problema del ser

Edición checa.

La insoportable levedad del ser (Nesnesitelná lehkost bytí, 1984), novela del checo Milan Kundera, reflexiona acerca de la existencia humana, mediante dos estupendas historias de amor, en un difícil contexto histórico.
Mujeriego, divorciado y con un hijo al que no ve, Tomás era un cirujano reputado cuando conoció a Teresa. Había llegado a su ciudad para atender a un paciente y se había alojado precisamente en el hotel donde ella trabajaba de camarera. Esa tarde hablaron poco.
Diez días después, no obstante, ella visitó Praga e hizo el amor con el cirujano. Pasaron una semana juntos hasta que ella regresó a su pequeña ciudad. La novela empieza cuando Tomás duda, al pie de su ventana, en pedirle a Teresa que viva con él. Sin esperarlo, al día siguiente, ella llega con una pesada maleta decidida a quedarse. El médico, quien empezaba a amarla, acepta extrañado, pues su norma era tener mujeres de paso.
Teresa consigue empleo en el laboratorio fotográfico de un semanario gracias a Sabina, hermosa pintora y amante de Tomás. En poco tiempo, asciende a reportera gráfica de la revista. Cierto día, motivada por los celos justificados, intentó suicidarse. Para mitigar sus sufrimientos, Tomás se casó con ella y le obsequió una perrita, a la que llamaron Karenin, en recuerdo del burlado marido de la protagonista de Ana Karenina (Анна Каренина, 1877), novela del ruso León Tolstói. Era 1968.
Aquel año, Alexander Dubček, nuevo secretario general del Partido Comunista Checoslovaco, adoptó reformas para su país con el fin de crear un socialismo más humano. Pero este movimiento democrático, conocido como la Primavera de Praga, fue reprimido por las fuerzas del Pacto de Varsovia, encabezadas por la Unión Soviética, que invadieron el país y detuvieron a los líderes del gobierno.

Ediciones en italiano, inglés, alemán y castellano.

Los jerarcas del Kremlin explicaron que los tanques soviéticos habían llegado a Praga para defender las conquistas del socialismo y combatir la contrarrevolución. Es decir, para proteger al pueblo. Sin embargo, en esta ciudad se produjeron espontáneas manifestaciones callejeras en apoyo de Dubček.
Presionado por el gobernante soviético Leonid Brezhnev, Dubček frenó sus enmiendas y permitió que acantonaran las tropas invasoras. La reacción de las izquierdas del mundo, en especial de Francia e Italia, fue de repudio.
En los 15 años en que se desarrolla la novela, la política empuja a los personajes a ciudades tan distantes como Zúrich, Bangkok y California. Es revelador lo que Tomás advierte en 1973: la mitad de sus amigos había emigrado de Praga y la mitad del resto había muerto. Fueron años de muchos entierros.

Daniel Day-Lewis (Tomás), Juliette Binoche (Teresa) y Lena Olin (Sabina) en la adaptación de la novela, estrenada en 1988.

En la otra historia de amor (en la primera participan Teresa y Tomás) se encuentran Sabina y Franz. Este es un destacado profesor universitario en Ginebra y un izquierdista que pretende participar en la Gran Marcha, que es el ideal de ir hacia adelante, el camino a la fraternidad, a la justicia y a la felicidad.
«Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo», reflexiona el narrador anónimo y omnisciente del libro. Esta declaración encierra la filosofía de esta obra. Al narrador, álter ego de Kundera, le preocupa sobre todo el problema del ser. En contraposición de la idea del filósofo alemán Friederich Nietzsche, quien sostiene el eterno retorno de lo mismo, nuestro narrador cree que la vida no se repite, que es insoportablemente leve, leve como una pluma, el polvo que flota o aquello que no existirá.
Como esta vida acontece solo una vez, nunca sabremos cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles, equivocadas. No podemos compararla con una segunda o tercera vida. Por desgracia, el tiempo humano sigue una trayectoria recta. El narrador piensa que la felicidad es el deseo de repetir.
Para dar crédito a estos pensamientos, nos ofrece dos historias de amor que se entrelazan en medio de un régimen de terror. Régimen que persigue masivamente a los intelectuales disidentes para expulsarlos de sus puestos y condenarlos a oficios menores, como porteros de hotel o limpiadores de ventanas.
El narrador asegura que sería estúpido que tratase de convencer al lector de que sus personajes están realmente vivos. Derribando todo pudor, explica cómo nacieron. Afirma, además, que estos tienen algo de él, que son sus posibilidades irrealizadas.
Aparece cuando le da la gana, entre paréntesis o en párrafos íntegros, para comentar el comportamiento de sus personajes o reflexionar sobre el problema del ser. Le busca un significado a todo. No se esconde, sobresale con frases como «ya he dicho en la primera parte», «debo ser más preciso» o «podemos preguntarnos». A veces vuelve a contar parte del argumento. Incluso adelanta, en la tercera de las siete partes que tiene la novela, en qué terminarán Tomás y Teresa.
La irreconciliable dualidad del cuerpo y del alma, la coincidencia, la coquetería, la culpa y las características del mujeriego son otros temas sobre los que reflexiona. Algunas de sus observaciones resultan risueñas. Por ejemplo: si el hombre fue creado a semejanza de Dios, este debe tener tripas y defecar. «La mierda es un problema teológico más complejo que el mal», concluye. Lo menos que se puede decir de esta novela existencialista es que su gran calidad se repite pocas veces.
  
Milan Kundera (AFP).


La frase:

COQUETERÍA. «¿Qué es la coquetería? Podría decirse que es un comportamiento que pretende poner en conocimiento de otra persona que un acercamiento sexual es posible, de tal modo que esta posibilidad no aparezca nunca como seguridad. Dicho de otro modo: la coquetería es una promesa de coito sin garantía» (La insoportable levedad del ser, Milan Kundera).

Comentario 5: El amor en los tiempos del cólera (1985) | Gabriel García Márquez

Única para siempre

Edición española.

¿Puede un hombre esperar más de medio siglo para ser correspondido por una mujer? Gabriel García Márquez nos dice que sí en su novela El amor en los tiempos del cólera (1985), que transcurre en Cartagena de Indias desde el último cuarto del siglo XIX hasta inicios de la década de 1930.
El libro empieza casi por el final de la historia, es decir, cuando el doctor Juvenal Urbino certifica la defunción de un amigo que se quitó la vida para evitar la vejez. Ese mismo día, después de asistir a un almuerzo, intentando coger a su loro trepado en un palo de mango, el médico cae y se despedaza la espina dorsal. Su muerte era el momento largamente esperado por Florentino Ariza para repetirle a Fermina Daza, en su primera noche de viuda, el juramento de su fidelidad eterna.

Ediciones en inglés, francés, alemán y portugués.

La caída del cabello, las arrugas en la piel y la lentitud en el andar son signos inequívocos de la vejez. No existe medicina, suma de dinero o gloria alguna que pueda evitar la decadencia corporal. El único paliativo que queda es el amor. Esto al menos parece decirnos el protagonista de la novela, que a los 76 años de edad, tras medio siglo de espera, vuelve a ofrecerle su corazón a la mujer de siempre.
  
Javier Bardem (Florentino Ariza) y Giovanna Mezzogiorno (Fermina Daza) en la adaptación de la novela, estrenada en 2007.


Para aclararnos esta paciencia inusual, el narrador salta al periodo más remoto, desde donde avanza casi cronológicamente. Esta distribución del tiempo nos reserva el desenlace para las últimas páginas.
Viajemos al pasado. Florentino Ariza, de cabello lacio, piel parda, cuerpo escuálido y espejuelos de miope, contaba con 18 años de edad al conocer al amor de su vida. Ella tenía 13. Ambos, desde que se vieron por primera vez hasta que medio siglo más tarde él le reiteró su determinación, no tendrían una oportunidad de verse a solas, pero protagonizarían una de las más espléndidas historias de amor.
Aunque la novela no sea estrictamente autobiográfica, los escritores no pueden dejar de revelar aspectos fundamentales o detalles de su vida o de su familia. Para diseñar a su protagonista, García Márquez tomó algo de la historia de su padre, quien, como Florentino Ariza, fue hijo natural, modesto telegrafista y padeció la severa oposición del progenitor de su novia.
Además, los días que pasó Florentino Ariza en un hotel de paso habitado por muchas prostitutas, leyendo vorazmente toda literatura que llegara a sus manos y escribiendo febriles cartas a su amada, recuerdan la etapa que vivió García Márquez en Barranquilla. Fue en 1950, cuando este era periodista bohemio, cortejaba a su futura esposa y estaba inmerso en la creación de La hojarasca (1955), su primera novela.
Como telón de fondo figura una interminable guerra civil en la que se enfrentan liberales y conservadores. La violencia política es importante en el libro, aunque no están claros los intereses e ideologías en pugna.
Otra presencia constante es la del cólera morbo, que causó grandes estragos al país. El doctor Juvenal Urbino era apreciado por haber conjurado a tiempo, con métodos modernos y drásticos, la última epidemia de esta enfermedad en la provincia. La anterior, cuando él estudiaba Medicina en Francia, había causado la muerte a la cuarta parte de la población urbana en menos de tres meses.
Pero el cólera persiste en otros lugares. Incluso, a cada buque que navegara el río Magdalena con algún pasajero enfermo, para evitar el contagio, se le exigía enarbolar la bandera amarilla de la peste. En este territorio asolado, el amor es más intenso.
Algo que alivia esta situación tan tirante es el humor, construido a partir de frases absurdas e historias excepcionales. «Esta vaina sabe a ventana», dice Fermina Daza luego de probar una infusión de manzanilla. Las mujeres de la novela, sabias, orgullosas y de carácter fuerte, emiten con frecuencia este tipo de declaraciones.
También como condimentos tenemos hechos extraordinarios, rasgo principal del «realismo mágico», movimiento literario cuyo mayor representante es García Márquez. Aquí un loro, además del castellano, habla francés como un académico y algo de latín. Asimismo, los niños, después de participar en la guerra civil, se enfrentan a tiros en los colegios por cualquier pleito de recreo. En la obra de este autor colombiano lo extraño es la medianía.
La correspondencia personal tiene a la vez un papel importante, aunque solo se extraigan algunas líneas de las numerosas cartas que se mencionan. A través del correo, los personajes se declaran, son aceptados, terminan relaciones y aceptan casarse. Florentino Ariza le ofrece su amor a Fermina Daza, de ojos almendrados y andar de venada soberbia, en una esquela sobria y explícita. Mantiene una correspondencia frenética con ella en los tres primeros meses de enamorados, periodo en que no pasó un solo día sin que se escribieran. Después de dos años, en una misiva de un único párrafo, le hace la propuesta formal de matrimonio. Ella le responde: «Está bien, me caso con usted si me promete que no me hará comer berenjenas».
Algunos personajes históricos, curiosamente, aparecen de modo fugaz. Uno de ellos, el escritor irlandés Oscar Wilde, ante la mirada atenta de Fermina Daza y su esposo, firma libros a un grupo de admiradores en una calle parisina. Sin embargo, lo más llamativo es una mención que hace el narrador casi al final del libro. Con un guiño al lector, García Márquez nombra a su esposa Mercedes Barcha, a quien, además, dedica esta larga novela de amor. Una obra inolvidable.
  
Gabriel García Márquez, 2008 (Reuters).


La frase:
MATRIMONIO. «Lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad sino la estabilidad» (El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez).

Comentario 6: Beloved (1987) | Toni Morrison

Entre la esclavitud y la muerte
Edición estadounidense.

Esta es la historia del fantasma de una niña negra que fue asesinada por su madre en tiempos de esclavitud. La novela Beloved (1987), de la afroestadounidense Toni Morrison, nos recuerda que hay aún mucho por hacer en la lucha contra la discriminación racial.
Un epígrafe del libro reza: «Sesenta millones y más». Se refiere a los africanos y sus descendientes fallecidos en la trata de esclavos en la zona atlántica de Estados Unidos. Este polícromo país (patria de dos grandes luchadores contra la discriminación racial, como el presidente Abraham Lincoln y el líder religioso Martin Luther King, ambos asesinados) no supera aún del todo el problema de la segregación.

Ediciones en italiano, francés, alemán y castellano.

Algunos blancos, ante otras razas, se sienten superiores y creen tener derecho a prevalecer sobre ellas. Una persona tan culta como Jorge Luis Borges compartía esta tara de la humanidad que es el racismo. El autor argentino declaraba, por ejemplo, que los negros no sienten el dolor como los blancos porque son gentes sencillas. «Por eso pueden ser estoicos, como lo eran nuestros indígenas, a los que se les podía hacer cualquier cosa y no se quejaban», opinaba.
A Borges los blancos le parecían más sensibles al placer y al dolor, al valor de las palabras y al color de las cosas. Vale aclarar que la estimación de una obra debe ser ajena a la de su autor. Este bonaerense es uno de los más geniales escritores del siglo XX, pero en su biografía encontramos diversos errores personales, como apoyar a la dictadura del general chileno Augusto Pinochet.
Beloved se centra en 1873, diez años después de la abolición de la esclavitud. Sethe recibe inesperadamente la visita de Paul D en su casa hechizada de Bluestone Road, en las afueras de Cincinnati. Mientras le prepara algo de comer recuerdan con ternura el pasado común en Sweet Home, plantación de Kentucky donde fueron esclavos.
Repentinamente el visitante es atacado por el fantasma de Beloved (vocablo inglés que en su traducción al castellano significa ‘amada’), hija de Sethe asesinada por esta cuando tenía casi 2 años de edad. El fantasma le arroja una mesa a Paul D, quien —irascible— consigue espantarlo.
Al cabo de unos días, aparece muy cerca de la casa una muchacha de unos 20 años con aspecto de desamparo total. Se hace llamar como la niña muerta, Beloved. Extrañamente emergió de un riachuelo próximo. Paul D intuye: «Esa chica tiene algo raro». En efecto, se trata de la hija asesinada de Sethe.

Kimberly Elise (Denver), Oprah Winfrey (Sethe) y Thandie Newton (Beloved) en la adaptación de la novela, estrenada en 1998.

La existencia de los fantasmas no es algo extraño para nuestros personajes. Baby Suggs, ante la sugerencia de su nuera Sethe de mudarse a otro lugar, dice: «No hay una sola casa que no esté llena hasta el techo con el pesar de un negro muerto».
En otra parte, Paul D asegura que el fantasma de Beloved, triste, solitario y reprochón, le recuerda a la novia descabezada que habitaba a la espalda de Sweet Home. «Solía rondar por el bosque», afirma. Otra declaración para tomar en cuenta es la de Stamp Paid, quien le señala a su amigo Paul D: «Tú sabes tan bien como yo que la gente que muere mal no se queda bajo tierra».
La creencia de los fantasmas es común en muchas partes del mundo. Por eso, no extraña que hayan sido llevados a la literatura. En dos novelas clásicas latinoamericanas, por ejemplo, hay almas en pena: en Pedro Páramo (1958), del mexicano Juan Rulfo, y en Cien años de soledad (1967), del colombiano Gabriel García Márquez.
Por su maleficio, la casa 124, la de Sethe y Denver, era evitada por los vecinos. La incomunicación con estos hizo que el tiempo se paralizara para la madre y la hija. Ello se acentuó tras la huida de Howard y Buglar, hijos de Sethe, apenas cumplieron los 13 años. Ambos adolescentes no soportaban las muchas perturbaciones provocadas por el fantasma de Beloved.
Esta soledad fue mayor con la muerte de Baby Suggs, quien antes de fallecer empleaba la poca energía que le quedaba para estudiar los colores. Sethe la complacía mostrándole cualquier cosa, desde un trozo de tela hasta su propia lengua. Esta parece ser una respuesta de Toni Morrison a Borges sobre la insensibilidad de los negros frente al color de las cosas.
Sethe, quien provoca más compasión que rechazo, sale adelante pese a su pasado miserable. En una de las páginas se menciona que su madre, traída de África, fue ahorcada cuando era esclava. Otro personaje de existencia lamentable es Baby Suggs, quien tuvo ocho hijos de seis padres distintos, todos aquellos muertos o desaparecidos. Poco antes de fallecer, les señala a su nuera y a su nieta la lección que había aprendido en sesenta años de esclavitud y diez de libertad: «En el mundo no hay mala suerte, sino blancos».
La deuda de la autora con su compatriota William Faulkner, quien pese a ser blanco penetró bien en el mundo de los negros, es evidente. Algo más que heredó del autor de la novela El sonido y la furia (1927), a quien le dedicó una tesis, es su tratamiento del tiempo: saltar al pasado, luego al presente y otra vez al pasado. Contar con influencias no desmerece al artista si consigue un estilo particular, algo que Morrison alcanza con enormes méritos en su magnífico libro.
  
Toni Morrison.


La frase:
APARECIDOS. «La gente que muere mal no se queda bajo tierra. Ni el propio Jesucristo lo hizo» (Beloved, Toni Morrison).

Comentario 7: Ensayo sobre la ceguera (1995) | José Saramago

La responsabilidad del vidente
Edición portuguesa.

En la novela Ensayo sobre la ceguera (Ensaio sobre a cegueira, 1995), del portugués José Saramago, se ofrece un mundo de ciegos en el que el vidente tiene la responsabilidad de guiar. La protagonista, «la mujer del médico», intenta orientar a un grupo de invidentes en un ambiente de caos absoluto.
Varias pandemias han castigado a la humanidad. La tifoidea, la viruela y la peste bubónica son algunos flagelos. Esta última, por ejemplo, causó en el siglo XIV la muerte de 25 millones de europeos. Igual número de personas falleció en el mundo por la «gripe española» a fines de la década de 1910. Estas experiencias muestran la debilidad del ser humano.

Ediciones en francés, alemán, inglés y castellano.

En la novela de Saramago, una persona pierde la vista repentinamente frente a un semáforo, mientras conducía su auto. Es uno de los primeros casos de la enfermedad. Para evitar la propagación del mal, aíslan a seis personas en un nosocomio abandonado. Aquí cobra importancia «la mujer del médico», que fingía ceguera, pues asume la responsabilidad de aliviar esta tragedia que se expande rápidamente. Si El perfume (Das Parfum, 1985), del alemán Patrick Süskind, exalta el sentido del olfato del protagonista, esta novela del portugués elimina la visión de sus personajes para lanzar dardos contra el egoísmo.
El polémico crítico estadounidense Harold Bloom ha dicho acerca de esta obra: «José Saramago siempre ha sido audazmente imaginativo como novelista. Ensayo sobre la ceguera es su más sorprendente e inquietante libro. Es una fantasía tan persuasiva que deja boquiabierto al lector al darse cuenta de cuán frágil es y será nuestra condición social. Es una novela que perdurará».
En cuanto a un pueblo atacado por una enfermedad, hay novelas anteriores que tratan este tema: Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year, 1722), del inglés Daniel Defoe; La peste (1947), del francés Albert Camus; El amor en los tiempos del cólera (1985), del colombiano Gabriel García Márquez.
¿Cuál es la diferencia? En el libro de Saramago, en medio de la desgracia, hay gente que saca provecho de lo material y de lo sexual de un modo miserable. Un sujeto, llamado irónicamente «el samaritano», ofrece ayuda al parecer de forma desinteresada «al primer ciego», pero se descubre después que lo hizo para robarle el auto.
En el nosocomio donde son encerradas las personas que pierden la vista, veinte ciegos controlan la comida. Piden objetos de valor y sexo con mujeres a cambio de alimentos. Al palpar a «la chica de las gafas oscuras», el jefe de estos pervertidos afirma: «Olé, nos tocó el gordo, ganado como este no había aparecido nunca por aquí». En este contexto, el ser humano se degrada de una forma espantosa.
Pese a la situación extrema, hay esperanza. «El primer ciego» dice al inicio: «Si voy a quedarme así para siempre, me mato». Sin embargo, eso no ocurrirá, pues intenta adaptarse a las circunstancias. La compasión, el desprendimiento y la fraternidad son cualidades del ser humano que la obra resalta. Esto no tiene que ver con alguna religión. Saramago fue un ateo confeso. Es más, la Iglesia católica se enfureció con la publicación de su novela El Evangelio según Jesucristo (O Evangelho Segundo Jesus Cristo, 1991), a la que acusó de blasfema.
  
Alice Braga (la tercera, «la chica de las gafas oscuras»), Danny Glover (el cuarto, «el viejo de la venda negra»), Mark Ruffalo (el quinto, «el médico») y Julianne Moore (la sexta, «la mujer del médico») en la adaptación de la novela, estrenada en 2008.


En una entrevista concedida al diario portugués Público, en 2008, el narrador portugués señaló que deseaba ser recordado por un solo pasaje de Ensayo sobre la ceguera. En esta escena, un perro se aproxima a «la mujer del médico», que llora porque no encuentra a su grupo, y le lame el rostro. «Es uno de los momentos más bellos de mi obra y me gustaría ser recordado como el escritor que creó el personaje del perro de las lágrimas. Lo digo por primera vez, si en el futuro alguien busca al escritor que dejó ese pasaje en su obra. Es el mensaje de la compasión, de la mujer que intenta salvar al grupo en que está su esposo y el perro se aproxima a un ser humano y, como no puede hacer más nada, bebe de sus lágrimas», declaró.
Un aspecto llamativo en varios libros de Saramago es su imagen del poder. «Nadie llega tan alto en la vida militar sin tener razón en todo cuanto piensa, dice y hace», asegura el narrador en cierto pasaje. En otro momento afirma: «Hemos podido ver con qué crueldad quitaron los fuertes el pan de la boca de los débiles». ¿Acaso las sucesivas dictaduras que sufrió Portugal en el siglo XX tienen relación con esta mirada? En este pequeño país ibérico, por buen tiempo, de 1925 a 1975, no se conocieron elecciones libres, y, de 1926 a 1986, quienes gobernaron fueron hombres con botas y fusil.
La novela, sin embargo, jamás menciona explícitamente en qué país se desarrolla la historia. Tampoco se dice en qué año se desenvuelve, pero sin duda es en tiempos recientes, pues en un pasaje se menciona el sida. Los localismos, asimismo, han sido dejados de lado. El lenguaje es estándar, literario, tal vez porque el autor intenta que el relato pueda ambientarse en cualquier parte. Así, quizá pretenda un alcance atemporal y universal. Del mismo modo, nunca se sabe el nombre de los personajes, solo se dice: «el primer ciego», «la mujer del primer ciego», «el médico», «la mujer del médico», «el viejo de la venda negra», «la chica de las gafas oscuras», «el niño estrábico».
En relación con los diálogos, Saramago los presenta luego de una coma, no después de un guion, de dos puntos o de comillas, como es costumbre. Para muestra, un botón. En un pasaje «la mujer del médico» y «la chica de las gafas oscuras» intercambian palabras: «Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana, si estoy ciega ya, Responsabilidad de qué, La responsabilidad de tener ojos cuando los otros los han perdido, No puedes guiar ni dar de comer a todos los ciegos del mundo, Debería, Pero no puedes, Ayudaré en todo lo que esté a mi alcance». Esta técnica a veces dificulta la identificación de quien habla. Por otro lado, los párrafos son extensos; a veces de una sola oración, lo que exige algo más de atención.
Un punto en contra del libro que se debe resaltar es que hay hechos difíciles de creer. Por ejemplo, que las trescientas personas recluidas pasen hambre. Es una cantidad reducida para cualquier Estado. ¿A nadie se le ocurrió vender las joyas de los que perdían la vista o sus inmuebles? ¿Las personas en cuarentena no tenían familiares que les enviaran comida? Tampoco hay lógica en la forma como pierden o recuperan la vista las personas. ¿Por qué «la mujer del médico» fue la única que no contrajo el mal? El narrador omnisciente parece tener la respuesta cuando dice, acerca de cómo dos personajes ciegos encontraron el camino para reunirse con sus compañeros: «No vale la pena buscar explicaciones, las conjeturas son libres». Sin embargo, es muy reflexivo en otros temas. El libro es abundante en comentarios acerca de cualquier asunto. Uno de ellos dice: «De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad».
Con una aparente sencillez, Saramago consigue en Ensayo sobre la ceguera una novela admirable contra el egoísmo, la irresponsabilidad, la deshumanización.
  
José Saramago, 2009 (Reuters).


La frase:
LLANTO. «Todos tenemos nuestros momentos de flaqueza, menos mal que todavía somos capaces de llorar, el llanto muchas veces es una salvación, hay ocasiones en que moriríamos si no llorásemos» (Ensayo sobre la ceguera, José Saramago).

Comentario 8: Los detectives salvajes (1998) | Roberto Bolaño

Muchas caras del exilio

Edición española.

Los detectives salvajes (1998), del chileno Roberto Bolaño, es una novela de enormes méritos y algunos defectillos. Un libro que abarca numerosos escenarios, y cuenta con una gran cantidad de personajes, diversos modos de hablar y cientos de historias.
La novela, que se desarrolla de 1975 a 1996, se ambienta principalmente en México y trata acerca de los fundadores de un grupo literario vanguardista. Se centra en los dos líderes del movimiento real visceralista: el chileno Arturo Belano y el mexicano Ulises Lima, quienes, tras enfrentarse a un proxeneta, se dirigen al desierto de Sonora, al norte del país, en busca de su mentora literaria, Cesárea Tinajero, que publicó algunos poemas de vanguardia en la década de 1920. Un incidente sangriento los empuja a huir, con rumbos distintos, a Europa, donde coinciden en ciertos lugares.

Ediciones en alemán, francés, inglés y italiano.

Ulises Lima viaja a Francia, Israel y Austria. Más tarde vuelve a México, se pierde en Nicaragua y retorna a su país. Arturo Belano, en cambio, pasa la mayor parte del tiempo en Cataluña, donde tiene empleos menores, publica su primera novela y se vuelve corresponsal de guerra en África para un diario madrileño.
La primera y la tercera parte del libro lo constituyen el diario personal de un integrante de los real visceralistas, Juan García Madero, un huérfano adolescente que vive con sus tíos, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Por qué se reserva lo ocurrido en el desierto de Sonora para el final? ¿Por qué interrumpir el relato el último día de 1975 y volver después de un largo paréntesis? Para mantener el suspenso. Para explicar la huida de Belano y Lima del país.
Formada por 93 monólogos de 53 personajes, la segunda parte comprende los dos tercios del libro. Al inicio de cada monólogo se indica en negritas a quién pertenece, en qué lugar y cuándo se relata la historia (por ejemplo: María Font, calle Colima, colonia Condesa, México D. F., diciembre de 1976). Estas narraciones se distribuyen con cierto orden cronológico y temático en 26 secciones.
Subgénero de la autobiografía, el diario personal ha sido empleado en la novela en varias ocasiones. Ejemplos célebres son Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year, 1722), del británico Daniel Defoe; Corazón (Cuore, 1886), del italiano Edmundo de Amicis; Memorias de Adriano (Mémoires d’Hadrien, 1951), de la francesa Marguerite Yourcenar; La tregua (1960), del uruguayo Mario Benedetti.
En Los detectives salvajes llama la atención que un poeta de 17 años que da sus primeros pasos en la poesía anote en su diario personal observaciones brillantes y narre con pericia lo que le ocurre. Las mejores páginas del libro son, sin duda, el primer diario de García Madero y ciertos monólogos de la segunda parte. Este aspirante a escritor describe la Ciudad de México, entonces, en 1975, con una población de catorce millones de habitantes, con detalles, sin dejar de lado el habla propia de su país. Un caso: «Lo quiero un chingo [montón]».
Por desgracia, la novela es excesiva, sobre todo en la segunda parte. Hay frases, párrafos y páginas innecesarios. La relación que hace Amadeo Salvatierra de los poetas vanguardistas que participaron en una revista de 1921 es fatigosa. La primera parte del testimonio del neonazi austriaco Heimito Künst es soporífero. Lo mismo el tercer relato de la estadounidense Bárbara Patterson y el sexto relato del insano arquitecto Joaquín Font. Otro caso es la narración de la judía Edith Oster, que tiene que ver más con ella que con Belano, su expareja. El monólogo del gallego Xosé Lendoiro, abogado, poeta y editor de una revista literaria, cansa con sus latinismos. Las declaraciones ofrecidas en la Feria de Libro de Madrid de 1994 agotan de igual modo. En la tercera parte, García Madero fatiga con sus explicaciones de algunas figuras literarias. Además, ciertos relatos, aunque interesantes, no tienen mucho que ver con el foco de la historia. Asimismo, unas historias encajan de modo perfecto y otras, no.
Por otro lado, la novela es una autobiografía encubierta. Arturo Belano es el álter ego de Roberto Bolaño. Hay muchos puntos del personaje que coinciden con la vida del autor. Su infancia en Valparaíso, sus estudios escolares en México, su simpatía inicial con el trotskismo, su breve retorno a Chile antes del golpe de Estado del general Augusto Pinochet en 1973, su vuelta al Distrito Federal, su admiración por la poesía de su compatriota Nicanor Parra por encima de Pablo Neruda, su militancia en un grupo literario que se subleva contra el sistema imperante, sus constantes paseos nocturnos, su vicio por el cigarrillo, su trabajo de vigilante en un camping cerca de Barcelona, su vida con aprietos económicos en Europa, su constante participación en pequeños concursos literarios en España, su enfermedad hepática. Hay que anotar que algunos aspectos de Belano están al margen de la ley: vive de ilegal, trafica marihuana y está envuelto en un crimen. Lo mismo pasa con García Madero, quien robaba libros, acto que practicó Bolaño, según propia confesión.
  
Augusto Pinochet.


El contacto de la realidad es mayor, algo que no le da méritos a una novela, pues lo importante aquí es el poder del hechizo del escritor, su forma efectiva y singular de narrar. Sin embargo, es de interés del lector saber qué experiencias verdaderas sirvieron al autor. Los real visceralistas se basan en el movimiento infrarrealista, fundado por Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro, fallecido en 1998. Esta corriente vanguardista se oponía, como el grupo literario de Los detectives salvajes, al establishment literario mexicano, liderado por el poeta Octavio Paz. En ocasiones se manifestaba con sabotajes en recitales de poetas consagrados.
Ulises Lima, en cambio, se basa en Mario Santiago Papasquiaro. En una entrevista de 1999, Bolaño cuenta una anécdota acerca de la pasión de este por la lectura: «Siempre veía mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido. ¿Será que México es tan grande que puede llover en ciertas partes?, me pregunté, hasta que lo sorprendí leyendo en la ducha». Fuera de su país, Papasquiaro vivió en Barcelona, París, Tel Aviv y Viena.
En la segunda parte de Los detectives salvajes hay un monólogo del escritor mexicano Carlos Monsiváis, fechado en mayo de 1976, que recuerda a Lima y Belano, quienes criticaban a Octavio Paz sin ofrecer ideas contundentes. No le reconocían ningún mérito al célebre poeta. Monsiváis agrega que les pidió una crítica para publicarla en una revista. «Todavía la estoy esperando», sentencia. Más adelante la secretaria de Octavio Paz cuenta el encuentro de este con Ulises Lima en un parque de Ciudad de México. Ambos célebres autores son seres reales ficcionalizados. Otro escritor que figura en el libro es el novelista catalán Juan Marsé, quien brinda ayuda a la madre de Belano.
  
Octavio Paz.


Sin mencionar sus nombres, dos escritores que fueron promesas literarias del continente son retratados con dureza. En un culto a la chismografía, hay que afirmar que todas las pistas señalan al poeta peruano Enrique Verástegui y al narrador cubano Reinaldo Arenas. El primero obtuvo una beca que le permitió viajar al extranjero, fue «un maoísta de salón» en París, años después volvió al Perú y abrazó la Iglesia católica, mientras el país se desangraba por obra de Sendero Luminoso. Su mujer lo abandonó, fue mantenido por sus padres y no tenía el sentido del ridículo en las autoalabanzas. El segundo fue reprimido por la Revolución cubana por ser homosexual y estuvo en prisión. Por fortuna, huyó a Estados Unidos, pero contrajo el sida. Tiempo después se suicidó.
  
Enrique Verástegui.


Otro aspecto de interés es que en Los detectives salvajes se respira sexo en muchas partes. García Madero cuenta la pérdida de su virginidad en páginas brillantes. Tras tener relaciones con la guapa María Font, este jovenzuelo convive con la mesera Rosario y tiene aventuras sexuales con la adolescente prostituta Lupe. Todo ocurre en breve tiempo. La lista de amantes de Belano, por su parte, es amplia y está compuesta por jóvenes de diversas nacionalidades. Dos casos: la francesa Simone Darrieux, masoquista y lectora del marqués de Sade, y la inglesa Mary Watson, estudiante a quien conoció cerca de Barcelona. Hay un episodio cómico digno de mención, ocurre cuando Lendoiro encuentra a su hija en acrobacias sexuales con el poeta chileno.
En relación con personajes de distintos países, se encuentra en el libro una variedad de modos de hablar. Aquí tres ejemplos. El emigrante chileno Andrés Ramírez: «Me lo dieron al tiro [de inmediato]». El poeta peruano Hipólito Garcés: «Estaba cagado [muerto] de miedo». La culturista española María Teresa Solsona Ribot: «El nombre es cutre, hortera [de mal gusto]». Donde no acierta el autor es en la forma particular de expresarse de los argentinos.
Sigamos con el lenguaje: hay cuatro correctores de textos en la novela. Las poetas real visceralistas María Font y Xóchitl García se dedican a este oficio en diferentes periódicos, el novelista ecuatoriano Vargas Pardo y el chileno Felipe Müller hacen lo propio en una editorial mexicana y española, respectivamente. Es lamentable, sin embargo, el descuido en la difundida edición de Anagrama. Veamos cinco casos. Dice: «cincuentaicinco», «botella de Lulú sabor fresa», «jugaba a fútbol», «Saint John Perse», «manténte». Debe decir: «cincuenta y cinco», «botella de Lulú sabor a fresa», «jugaba al fútbol», «Saint-John Perse», «mantente».
En cuanto a recoger diversos testimonios acerca de un mismo hecho, esto permite comparar Los detectives salvajes con Rashomon (1950), largometraje del japonés Akira Kurosawa. Esto se ve nítidamente en el modo de tratar el duelo de espadas que protagonizan Belano y el crítico literario Iñaki Echevarne. Así, la enfermera Susana Puig, el pintor Guillem Piña y Jaume Planells ofrecen sus puntos de vista de lo ocurrido.
¿Qué antecedentes tiene Los detectives salvajes? Muchos comparan la novela de Bolaño con Rayuela (1963), del argentino Julio Cortázar. En un artículo publicado en el diario chileno Las Últimas Noticias, en 1998, Javier Aspurúa considera que la novela del chileno es una gran summa del exilio latinoamericano. Si el exilio en las décadas de 1950 y 1960 era voluntario y por razones culturales más que políticas, el de las décadas siguientes opera a la inversa. Ambas obras se aproximan también a la literatura como tema. Cortázar propone la tesis del lector macho, el que participa activamente en el desentrañado textual. Bolaño pone a los real visceralistas en busca de los orígenes de las vanguardias más marginales. Plantea, así, «una nueva actitud para escritores y lectores, una nueva manera de entender el oficio del escritor y la tarea del lector, tal como lo hizo, en su momento, Cortázar», afirma Aspurúa.
Por último, el título de la obra puede confundir. No se trata de un policial exactamente. Tampoco Belano y Lima son «salvajes». Por otro lado, una pregunta queda flotando al cerrar el libro: ¿qué le ocurrió a García Madero? ¿Él es quien recoge los testimonios de la segunda parte? Mmm. Un monólogo se dirige a Belano. Eso sí es claro. También es claro que Los detectives salvajes es una extraordinaria novela.
  
Roberto Bolaño.


La frase:
VIAJAR. «No hay nada como viajar para ensanchar la cultura. Pero también para afinar la sensibilidad» (Los detectives salvajes, Roberto Bolaño).