2 de diciembre de 2015

Comentario 7: Ensayo sobre la ceguera (1995) | José Saramago

La responsabilidad del vidente
Edición portuguesa.

En la novela Ensayo sobre la ceguera (Ensaio sobre a cegueira, 1995), del portugués José Saramago, se ofrece un mundo de ciegos en el que el vidente tiene la responsabilidad de guiar. La protagonista, «la mujer del médico», intenta orientar a un grupo de invidentes en un ambiente de caos absoluto.
Varias pandemias han castigado a la humanidad. La tifoidea, la viruela y la peste bubónica son algunos flagelos. Esta última, por ejemplo, causó en el siglo XIV la muerte de 25 millones de europeos. Igual número de personas falleció en el mundo por la «gripe española» a fines de la década de 1910. Estas experiencias muestran la debilidad del ser humano.

Ediciones en francés, alemán, inglés y castellano.

En la novela de Saramago, una persona pierde la vista repentinamente frente a un semáforo, mientras conducía su auto. Es uno de los primeros casos de la enfermedad. Para evitar la propagación del mal, aíslan a seis personas en un nosocomio abandonado. Aquí cobra importancia «la mujer del médico», que fingía ceguera, pues asume la responsabilidad de aliviar esta tragedia que se expande rápidamente. Si El perfume (Das Parfum, 1985), del alemán Patrick Süskind, exalta el sentido del olfato del protagonista, esta novela del portugués elimina la visión de sus personajes para lanzar dardos contra el egoísmo.
El polémico crítico estadounidense Harold Bloom ha dicho acerca de esta obra: «José Saramago siempre ha sido audazmente imaginativo como novelista. Ensayo sobre la ceguera es su más sorprendente e inquietante libro. Es una fantasía tan persuasiva que deja boquiabierto al lector al darse cuenta de cuán frágil es y será nuestra condición social. Es una novela que perdurará».
En cuanto a un pueblo atacado por una enfermedad, hay novelas anteriores que tratan este tema: Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year, 1722), del inglés Daniel Defoe; La peste (1947), del francés Albert Camus; El amor en los tiempos del cólera (1985), del colombiano Gabriel García Márquez.
¿Cuál es la diferencia? En el libro de Saramago, en medio de la desgracia, hay gente que saca provecho de lo material y de lo sexual de un modo miserable. Un sujeto, llamado irónicamente «el samaritano», ofrece ayuda al parecer de forma desinteresada «al primer ciego», pero se descubre después que lo hizo para robarle el auto.
En el nosocomio donde son encerradas las personas que pierden la vista, veinte ciegos controlan la comida. Piden objetos de valor y sexo con mujeres a cambio de alimentos. Al palpar a «la chica de las gafas oscuras», el jefe de estos pervertidos afirma: «Olé, nos tocó el gordo, ganado como este no había aparecido nunca por aquí». En este contexto, el ser humano se degrada de una forma espantosa.
Pese a la situación extrema, hay esperanza. «El primer ciego» dice al inicio: «Si voy a quedarme así para siempre, me mato». Sin embargo, eso no ocurrirá, pues intenta adaptarse a las circunstancias. La compasión, el desprendimiento y la fraternidad son cualidades del ser humano que la obra resalta. Esto no tiene que ver con alguna religión. Saramago fue un ateo confeso. Es más, la Iglesia católica se enfureció con la publicación de su novela El Evangelio según Jesucristo (O Evangelho Segundo Jesus Cristo, 1991), a la que acusó de blasfema.
  
Alice Braga (la tercera, «la chica de las gafas oscuras»), Danny Glover (el cuarto, «el viejo de la venda negra»), Mark Ruffalo (el quinto, «el médico») y Julianne Moore (la sexta, «la mujer del médico») en la adaptación de la novela, estrenada en 2008.


En una entrevista concedida al diario portugués Público, en 2008, el narrador portugués señaló que deseaba ser recordado por un solo pasaje de Ensayo sobre la ceguera. En esta escena, un perro se aproxima a «la mujer del médico», que llora porque no encuentra a su grupo, y le lame el rostro. «Es uno de los momentos más bellos de mi obra y me gustaría ser recordado como el escritor que creó el personaje del perro de las lágrimas. Lo digo por primera vez, si en el futuro alguien busca al escritor que dejó ese pasaje en su obra. Es el mensaje de la compasión, de la mujer que intenta salvar al grupo en que está su esposo y el perro se aproxima a un ser humano y, como no puede hacer más nada, bebe de sus lágrimas», declaró.
Un aspecto llamativo en varios libros de Saramago es su imagen del poder. «Nadie llega tan alto en la vida militar sin tener razón en todo cuanto piensa, dice y hace», asegura el narrador en cierto pasaje. En otro momento afirma: «Hemos podido ver con qué crueldad quitaron los fuertes el pan de la boca de los débiles». ¿Acaso las sucesivas dictaduras que sufrió Portugal en el siglo XX tienen relación con esta mirada? En este pequeño país ibérico, por buen tiempo, de 1925 a 1975, no se conocieron elecciones libres, y, de 1926 a 1986, quienes gobernaron fueron hombres con botas y fusil.
La novela, sin embargo, jamás menciona explícitamente en qué país se desarrolla la historia. Tampoco se dice en qué año se desenvuelve, pero sin duda es en tiempos recientes, pues en un pasaje se menciona el sida. Los localismos, asimismo, han sido dejados de lado. El lenguaje es estándar, literario, tal vez porque el autor intenta que el relato pueda ambientarse en cualquier parte. Así, quizá pretenda un alcance atemporal y universal. Del mismo modo, nunca se sabe el nombre de los personajes, solo se dice: «el primer ciego», «la mujer del primer ciego», «el médico», «la mujer del médico», «el viejo de la venda negra», «la chica de las gafas oscuras», «el niño estrábico».
En relación con los diálogos, Saramago los presenta luego de una coma, no después de un guion, de dos puntos o de comillas, como es costumbre. Para muestra, un botón. En un pasaje «la mujer del médico» y «la chica de las gafas oscuras» intercambian palabras: «Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana, si estoy ciega ya, Responsabilidad de qué, La responsabilidad de tener ojos cuando los otros los han perdido, No puedes guiar ni dar de comer a todos los ciegos del mundo, Debería, Pero no puedes, Ayudaré en todo lo que esté a mi alcance». Esta técnica a veces dificulta la identificación de quien habla. Por otro lado, los párrafos son extensos; a veces de una sola oración, lo que exige algo más de atención.
Un punto en contra del libro que se debe resaltar es que hay hechos difíciles de creer. Por ejemplo, que las trescientas personas recluidas pasen hambre. Es una cantidad reducida para cualquier Estado. ¿A nadie se le ocurrió vender las joyas de los que perdían la vista o sus inmuebles? ¿Las personas en cuarentena no tenían familiares que les enviaran comida? Tampoco hay lógica en la forma como pierden o recuperan la vista las personas. ¿Por qué «la mujer del médico» fue la única que no contrajo el mal? El narrador omnisciente parece tener la respuesta cuando dice, acerca de cómo dos personajes ciegos encontraron el camino para reunirse con sus compañeros: «No vale la pena buscar explicaciones, las conjeturas son libres». Sin embargo, es muy reflexivo en otros temas. El libro es abundante en comentarios acerca de cualquier asunto. Uno de ellos dice: «De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad».
Con una aparente sencillez, Saramago consigue en Ensayo sobre la ceguera una novela admirable contra el egoísmo, la irresponsabilidad, la deshumanización.
  
José Saramago, 2009 (Reuters).


La frase:
LLANTO. «Todos tenemos nuestros momentos de flaqueza, menos mal que todavía somos capaces de llorar, el llanto muchas veces es una salvación, hay ocasiones en que moriríamos si no llorásemos» (Ensayo sobre la ceguera, José Saramago).

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