26 de mayo de 2019

Sobre «Batman: la serie animada» (1992-1995)


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Guardián nocturno
Batman: la serie animada (Batman: The Animated Series, 1992-1995)

Creadores: Bruce Timm y Eric Radomski | País: Estados Unidos | Idioma: Inglés | Temporadas: 2 | Episodios: 85 | Duración por episodio: 22 minutos | Medio de difusión: Fox Kids | Géneros: Neo-noir, policial, superhéroes


Algunos de los 85 episodios de Batman: la serie animada (Batman: The Animated Series, 1992-1995) son magníficas muestras de ingenio del dibujo animado para la televisión. Como ejemplos notables aquí el comentario de cuatro historias.
1. «Dos Caras» («Two-Face», 25 y 28 de setiembre de 1992). A veces no son necesarios los 22 minutos de cada episodio, pues se recurre a dos partes, como aquí. La historia se centra en el fiscal del distrito, Harvey Dent, aliado de Batman y del comisionado James Gordon hasta que un día sufrió un accidente que le desfiguró la mitad del rostro.
Desde que se volvió villano, viste con terno de dos colores (una mitad blanca y la otra negra) y decide actuar bien o mal según le dicta el lanzamiento de una moneda. Este relato deja algunos aspectos significativos. En los minutos iniciales ciertos malhechores prefieren a la Policía que recibir las golpizas de Batman. Es un momento cómico, de los pocos que tiene la serie.
Otro asunto interesante es enterarnos de que el mafioso Rupert Thorne corrompe autoridades para continuar con sus actividades ilícitas. «Todo hombre oculta algo», dice este en un momento y, por ello, busca el chantaje. También se observa parte de la arquitectura de Ciudad Gótica (Gotham City en el original en inglés), cuyos rascacielos, puentes y calles se asemejan a Nueva York. De paso notamos que gran parte transcurre en la noche, con lluvias y rayos en momentos difíciles.
En un pasaje se reproduce una pesadilla de Bruce Wayne, en la cual su padre, al lado de su madre, le dice: «¿Por qué no pudiste salvarnos, hijo?». El asesinato de los progenitores de Bruce por unos delincuentes es un episodio que atormenta al guardián de la noche.

Episodio «Two-Face».

2. «Quizá soñar» («Perchance to Dream», 19 de octubre de 1992). Nuevamente presenciamos el sentido de culpa del protagonista, su conflicto interno. Así, después de despertar de una pesadilla, el multimillonario empresario Bruce Wayne (Bruno Díaz en la traducción al castellano) pregunta a Alfred Pennyworth, su mayordomo, por su compañero en la lucha contra el crimen: Robin.
Poco a poco se entera de que no tiene nada que ver con Batman, la baticueva o cualquier cosa relacionada con el superhéroe. Para su sorpresa, sus padres se encuentran vivos y está comprometido en matrimonio con Selina Kyle (Gatúbela). Después de recibir la visita de esta, observa al Hombre Murciélago en acción, enfrentándose a unos ladrones de joyas. ¿Qué ocurrió para que Bruce Wayne no sea Batman?

Episodio «Perchance to Dream».

3. «Casi lo atrapo» («Almost Got ’Im», 10 de noviembre de 1992). Sin duda, el episodio más brillante de toda la serie animada. Tenemos aquí a cinco de los villanos más conocidos de Ciudad Gótica reunidos en un bar: el Guasón, Dos Caras, el Pingüino, Hiedra Venenosa y Killer Croc, cuya piel se parece a la de un cocodrilo. Ellos cuentan las veces que estuvieron a punto de acabar con Batman.
Los giros que da la historia son magistrales. Sorpresa tras sorpresa, uno no quiere que el relato termine. En un pasaje, el Pingüino dice: «Has mordido la carnada como lo había planeado. Ahora, prepárate para tu fin dentro de mi refugio de aves». Este es un cliché, algo que se repite en muchas ocasiones: el enemigo explica lo que pretende hacer antes de asestar el golpe final, lo cual nunca ocurre.
En este episodio aparecen también las esbeltas Poison Ivy y Harley Quinn. Una galería de personajes con un gran guion. Imperdible.

Episodio «Almost Got ’Im».

4. «La venganza de Robin» («Robin’s Reckoning», 7 de febrero de 1993 y 14 de febrero de 1993). La primera parte de esta aventura se basa en un cómic de 1940. Es la historia de Dick Grayson (Ricardo Tapia), más tarde convertido en Robin.
Los padres del Chico Maravilla ­—como este— eran trapecistas de circo, hasta que fallecieron en un accidente provocado por el facineroso Tony Zucco, accidente que el filántropo Bruce Wayne presenció como parte del público. Con la protección de este, afortunadamente, Dick recibirá una esmerada educación.
Un asunto que llama la atención es ver a Batman ingresar a una casa sin llamar a la puerta para interrogar con amenazas. Su actuar se encuentra muchas veces al margen de la ley. ¿El fin justifica los medios?

Episodio «Robin’s Reckoning».



Batman: la máscara del fantasma (Batman: Mask of the Phantasm, 1993)

Directores: Bruce Timm y Eric Radomski | País: Estados Unidos | Idioma: Inglés | Duración: 76 minutos | Géneros: Neo-noir, policial


Batman: la máscara del fantasma (Batman: Mask of the Phantasm, 1993). Tras el éxito de las dos primeras temporadas, se estrenó para el cine este largometraje de 76 minutos dirigido por Eric Radomski y Bruce Timm, creadores de la serie animada. Es un proyecto nacido de otro, es decir, es un spin-off.
Al inicio del film algunos piensan que Batman es el culpable de la muerte de un mafioso y es buscado por ello por la Policía. Poco después vemos la mansión de Bruce Wayne, quien ofrece una fiesta en la que Andrea Beaumont, antigua novia, le dice a las chicas que rodean al millonario: «Te hace creer que eres la única en quien está interesado. Y cuando estás pensando dónde comprar la vajilla, se olvida tu número de teléfono. Ese es su estilo».
En otro momento observamos en una habitación a Bruce, quien contempla el retrato de sus padres y recuerda a Andrea. Poco a poco nos enteramos cómo fue él antes de convertirse en Batman. Una novedad es ver al millonario sufrir de amor por una mujer.
Paralelamente, vemos el «presente», en el que otro mafioso busca al estrafalario Guasón para ofrecerle millones de dólares si asesina a Batman. Muy recomendable.

Largometraje Batman: Mask of the Phantasm.



Las nuevas aventuras de Batman (The New Batman Adventures, 1997-1999)

Creadores: Bruce Timm y Paul Dini | País: Estados Unidos | Idioma: Inglés | Temporadas: 1 | Episodios: 24 | Duración por episodio: 22 minutos | Medio de difusión: Kids’ WB | Géneros: Neo-noir, policial, superhéroes


Cuatro años después, se estrenó Las nuevas aventuras de Batman (The New Batman Adventures, 1997-1999). De los 24 episodios que contiene, rescato dos magníficas historias:
1. «Al borde» («Over the Edge», 23 de mayo de 1998). El inicio es trepidante: Batman y el nuevo Robin (cuya verdadera identidad es Tim Drake) son perseguidos por el comisionado Gordon en la baticueva con varios agentes, enterado de su verdadera identidad. Este dice en un pasaje a Bruno Díaz: «Fui un tonto al permitirte seguir tu cruzada. Un psicótico jugando al héroe enmascarado».
¿Qué sucederá con el superhéroe? No hay que perderse este episodio en el que aparecen también Batichica y Dick Grayson (convertido en Ala Nocturna, Nightwing).

Episodio «Over the Edge».

2. «Amor loco» («Mad Love», 16 de enero de 1999). Esta historia se basa en un cómic de 1994, el cual se centra en Harley Quinn, psiquiatra que investigaba en el asilo Arkham, sanatorio para villanos con problemas mentales donde conoce al Guasón (Joker). Al referirse a este maniaco de risa estruendosa, en cierto momento confiesa estar «enamorada de un payaso psicópata».
Para obtener su aprecio, se vuelve delincuente, aunque el excéntrico villano la maltrata. Este le comenta en un pasaje: «La muerte de Batman debe ser una maestra. El triunfo de mi genio cómico sobre su ridícula máscara». No debe morir de un burdo disparo como propone ella. Sin embargo, Batman le dirá al Guasón: «Ella se acercó más de lo que tú has podido».

Episodio «Mad Love».

La frase: «La venganza oscurece el alma» (Batman: la máscara del fantasma).

Tres obras maestras de la televisión estadounidense


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Una familia de la mafia
Los Soprano (The Sopranos, 1999-2007)

Creador: David Chase | País: Estados Unidos | Idioma: Inglés | Temporadas: 6 | Episodios: 86 | Duración por episodio: 45-60 minutos | Medio de difusión: HBO | Géneros: Policial, drama


¿Qué elementos debe tener una serie de televisión para ser una obra de arte? Un buen guion es indispensable. Se requiere, asimismo, de magníficos actores, estupendos diálogos y una cámara bien puesta, entre decenas de aspectos técnicos. A diferencia de la pintura o de la escultura, los productos del cine o de la televisión dependen de mucha gente. En este sentido, Los Soprano (The Sopranos), serie televisiva de seis temporadas creada por David Chase, es una feliz coincidencia de profesionales brillantes.
Tras unos ataques de pánico, el violento Tony Soprano (James Gandolfini) asiste a sesiones de terapia con una psiquiatra, la doctora Jennifer Melfi (Lorraine Bracco), a quien le confiesa sus problemas personales. Le cuenta, entre otras cosas, que lleva una conflictiva relación con su madre, Livia Soprano (Nancy Marchand), manipuladora y de carácter dominante.
También le refiere la relación que lleva con su esposa, Carmela Soprano (Edie Falco), y sus hijos: la sobresaliente Meadow (Jamie-Lynn Sigler), quien se prepara para ingresar a la universidad, y el problemático Anthony (Robert Iler), de bajos rendimientos en la escuela. Asimismo le habla de algunos aspectos de su modo de ganarse la vida.

Carmela, Tony, Anthony y Meadow Soprano.

De origen italiano, Tony Soprano es un mafioso natural de Nueva Jersey que vive de la extorsión, del tráfico ilegal y de los sobornos. Tras la muerte de su jefe, víctima de cáncer, debe enfrentar diversos roces con su sucesor, Corrado Junior Soprano (Dominic Chianese), tío suyo. Por fortuna, para sacar sus negocios adelante, cuenta con el apoyo de su vehemente sobrino político Christopher Moltisanti (Michael Imperioli).
Al imponente Tony, de 1,85 metros, amante de las pastas y de los puros, se le ve con frecuencia en su enorme mansión en bividí, bata o shorts. Se levanta casi todos los días al borde del mediodía, tras pasar toda la noche fuera del hogar, a veces en uno de sus negocios, como el club de striptease Bada Bing! Es un personaje complejo que puede ser tierno o duro.

Christopher Moltisanti.

Pese a que sus manos puedan estar manchadas de sangre, suele ser un padre y esposo amoroso, aunque tenga numerosas amantes y sea violento con ellas. Incluso se siente muy afectado por la traición de alguien cercano. Por otro lado, saca las garras. Cuando Carmela le señala que todos quienes trabajan con él le temen, el mafioso le responde: «A mí qué mierda me importa que me tengan miedo. Dirijo un puto negocio, no un concurso de popularidad». En cierto momento, se pregunta: «¿Qué clase de persona soy si hasta su madre desea su muerte?».
El episodio «College», quinto de la primera temporada, es de los más significativos. Cuenta el viaje de Tony y su hija a Maine, nordeste de Estados Unidos, para conocer las posibles universidades en las que podría estudiar ella. En el camino, el mafioso encuentra de modo casual a un exsocio que lo traicionó, a un tipo que trabajó con él, pero se volvió informante del FBI. El capítulo muestra cierta constante de la serie: el jefe lidiando con un asunto familiar, privado, y, en paralelo, resolviendo un tema laboral o de venganza.

Corrado Junior Soprano.

«Pine Barrens», el undécimo episodio de la tercera temporada, es otro de los mejores. Christopher y el gánster Paulie Gualtieri (Tony Sirico) van a enterrar a una de sus víctimas en un bosque nevado del sur de la ciudad. Con hambre, perdidos, a punto de ser congelados y desesperados, deben terminar una misión que se complica. Tony describe por celular al enemigo, pero Paulie entiende mal. «No creerás esto —le dice a Christopher luego de escuchar al jefe—. El tipo mató a 16 checoslovacos. Fue decorador de interiores». Un típico chiste de teléfono malogrado.
Las múltiples referencias a El Padrino (The Godfather, 1972-1980), trilogía sobre mafiosos de origen italiano, evidencian el peso que tienen estas películas de Francis Ford Coppola. Lo mismo sucede con Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), de Martin Scorsese. Baste decir que 27 actores de este último film coincidieron en la serie. Por citar dos: Lorraine Bracco y Michael Imperioli, respectivamente, la esposa del gánster interpretado por Ray Liotta y el muchacho que recibe un balazo en un pie del maleante encarnado por Joe Pesci. En resumen, Los Soprano es una obra maestra absoluta que brilla en muchos terrenos.

David Chase.



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Devorar el mundo
The Wire (2002-2008)

Creador: David Simon | País: Estados Unidos | Idioma: Inglés | Temporadas: 5 | Episodios: 60 | Duración por episodio: 55-60 minutos | Medio de difusión: HBO | Géneros: Policial, drama


La serie de televisión The Wire expresa tremendas ganas de devorar el mundo en una sola obra. Así, explora diversos estratos y ambientes de Baltimore, puerto del nordeste de Estados Unidos.
Con un retrato realista, observamos los movimientos de una amplia galería de personajes: desde el microcomercializador de drogas hasta el político más encumbrado, un senador del estado de Maryland. En este espectro tenemos además a jueces, fiscales, prostitutas, periodistas, profesores, policías.
Todo empieza con rumores sobre una organización criminal ligada al narcotráfico liderada por Avon Barksdale (Wood Harris). En estas circunstancias, la Policía se pone a investigar sin tener siquiera una foto del cabecilla, un sujeto que jamás ha sido arrestado y acerca de quien no hay casi información.
  
Bunk Moreland y Jimmy McNulty.

«Este caso está conectado con todo», le comenta el teniente Cedric Daniels (Lance Reddick) a su esposa en cierto momento. Es verdad, la organización de Barksdale nos lleva a rumbos insospechados. El presumido, borrachín y mujeriego detective Jimmy McNulty (Dominic West) elogia en cierto momento al cabecilla: «Me enorgullece perseguir a este tipo».
El teniente Daniels, asignado al caso, se queja al inicio de la calidad de su equipo policial, pero este le daría gratas sorpresas. Sin embargo, hay limitaciones, por lo que la Policía busca métodos más modernos, pero legales, para dar el golpe al enemigo. De ahí la clonación de beepers (buscapersonas) o la interceptación de teléfonos públicos con autorización de la fiscalía. Tenemos aquí el origen del nombre de la serie (wire, es decir, ‘cable’ en inglés).
  
Avon Barksdale.

La investigación parte desde los pequeños vendedores de drogas de las viviendas pobres, la zona inferior de la pirámide. En estos territorios, como en toda Baltimore, predominan los afroestadounidenses. Un oficial señala en un pasaje: «Si uno sigue la pista de la droga, desemboca en adictos y traficantes. Pero si uno sigue la pista del dinero, no se sabe dónde puede terminar». Esta serie nos lleva a reflexionar acerca de las instituciones del Estado, susceptibles de ser sometidas por el dinero del narcotráfico, por la corrupción. Así, encontramos, policías y políticos deshonestos. Una cruda verdad hasta en los países más desarrollados.
Si tendríamos que rescatar tres momentos de la primera temporada, podríamos contar con la explicación de D’Angelo Barksdale (Larry Gilliard, Jr.) acerca de cómo jugar al ajedrez, al que compara con el desempeño en la vida (episodio 3). También la escena graciosa en la que McNulty y su acompañante Bunk Moreland (Wendell Pierce) visitan la escena de un crimen, reconstruyen un asesinato y pronuncian una grosería decenas de veces: fuck (episodio 4). Por último, la conmovedora pregunta de D’Angelo a Stringer Bell (Idris Elba) dónde demonios está Wallace, adolescente que traicionó a sus superiores (episodio 5).
  
Stringer Bell.

Si usted quiere saber cómo funciona la estructura del narcotráfico, las fachadas, los vínculos con los de arriba, aquí tiene un magnífico retrato.
La segunda temporada se traslada de escenario: se centra en la vida de los estibadores del puerto. En paralelo, continúa con la historia de la organización de Barksdale y de algunos policías, entre ellos McNulty, destacado en una lancha en la Unidad Marina. En la tercera temporada, en cambio, sobresale otro capo del narcotráfico, Marlo Stanfield (Jamie Hector), y observamos el empeño del demócrata Tommy Carcetti (Aidan Gillen) de llegar a la alcaldía de la ciudad. Las dificultades que enfrentan los escolares para salir de un ambiente hostil y los modos de informar de los reporteros del diario The Baltimore Sun se incorporan en el tratamiento de la cuarta y quinta temporadas, respectivamente.
David Simon, el creador de la serie y periodista del diario The Baltimore Sun durante veinte años, confiesa haberse inspirado en un delincuente que —como Omar Little (Michael K. Williams)— robaba a los narcotraficantes. Es más, nombró a este consultor del programa mientras cumplía condena. Como otro modo de ser fiel a lo que cuenta, la producción tuvo en el reparto a una joven que estuvo en prisión por asesinato: Felicia Pearson, una despiadada criminal en la serie.
The Wire es una joya de la televisión que justifica ampliamente todos los elogios recibidos. Una obra que exhibe las desigualdades sociales de un país que se jacta de ser el abanderado de la libertad.
  
David Simon.



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Viaje al mal
Breaking Bad (2008-2013)

Creador: Vince Gilligan | País: Estados Unidos | Idioma: Inglés | Temporadas: 5 | Episodios: 62 | Duración por episodio: 47-55 minutos | Medio de difusión: AMC | Géneros: Policial, drama, thriller psicológico, intriga



Uno de los aspectos que hace de Breaking Bad (‘Volviéndose malo’ sería la traducción literal al castellano) una serie memorable es su guion, con situaciones límites y diálogos ingeniosos. La transformación progresiva de un modesto profesor de Química a un asesino productor de drogas es brillante.
¿A qué género pertenece esta serie? Es drama, pues cuenta la vida durante un poco más de dos años de un tipo enfermo de cáncer que piensa en el bienestar económico de su familia. Es thriller psicológico, por la angustia de saber cómo los personajes se libran de sus problemas. Es western contemporáneo, por las emboscadas y los tiroteos que se desatan en un caluroso desierto, en el de Nuevo México en este caso. Es humor negro, pues a veces no se sabe para quién se trabaja.
El protagónico recae en el profesor Walter White, interpretado de modo excepcional por Bryan Cranston, cuyo desempeño fue elogiado por Anthony Hopkins nada menos («la mejor actuación que he visto en mi vida», sentenció). Lo acompañan en el desarrollo de la historia Jesse Pinkman (Paul Aaron), drogadicto productor de metanfetamina azul y quien hace desternillar de risa cada vez que exclama «bitch» (‘perra’), y el policía antinarcóticos Hank Schrader (Dean Norris), obsesionado por llegar a la verdad y por capturar al perverso Heisenberg. Además tiene gran importancia Skyler (Anna Gunn), la esposa del personaje principal.

Jesse Pinkman y Walter White.

«No estoy en peligro, Skyler, yo soy el peligro. Si llaman a la puerta de un hombre y le disparan, ¿tú crees que ese hombre seré yo? ¡No! Yo soy el que llama», le explica el profesor Walter White a su esposa, atemorizada por lo que pueda pasarle a su familia (sexto episodio de la cuarta temporada). Otro momento mágico es cuando Heisenberg, después de describir lo que hizo, le pide al jefe de los distribuidores de metanfetamina que diga su nombre (sétimo capítulo de la quinta temporada).
En esta serie creada por Vince Gilligan todo está minuciosamente trabajado: desde la presentación de los créditos iniciales, los que toman letras de algunos símbolos de los elementos químicos de la tabla periódica, hasta el color de la ropa, que corresponde con el momento de la historia. El inescrupuloso abogado Saul Goodman (Bob Odenkirk), cuya publicidad es «Better Call Saul», luce camisa verde, por ejemplo, al recibir cinco millones de dólares de Jesse en el capítulo «Dinero sangriento» (noveno episodio de la quinta temporada).

Gustavo Gus Fring.

La intriga se distribuye en buenas dosis, con preferencia al final de cada episodio. Así, las sospechas del espectador pueden venirse abajo al descubrir lo que realmente sucedió. Es el caso del oso de peluche rosado, que aparece al inicio de la segunda temporada. ¿Cómo llegó a la piscina de la casa de los White?
Cada elemento encaja muy bien, salvo que Gustavo Gus Fring (Giancarlo Esposito), dueño de la cadena de comida rápida Los Pollos Hermanos y productor de metanfetamina, no parece chileno por su acento, por el color de su piel y por provenir de un país con poca vinculación con el narcotráfico. Aunque se podría pecar de estereotipo, quizá hubiese sido más creíble si fuera peruano, boliviano o colombiano.

Skyler White.

El esmero que pone en el laboratorio el profesor White para crear un producto de calidad se asemeja a la realización de la serie. Las cinco temporadas son un viaje extraordinario, intenso y vertiginoso al mal.

Vince Gilligan.

25 de mayo de 2019

Tres obras maestras del periodismo estadounidense


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Una mirada al infierno
Hiroshima (1946) | John Hersey

Portada de la revista The New Yorker, agosto de 1946.

Hiroshima (1946), del periodista estadounidense John Hersey, se publicó poco más de un año después de estallar la primera bomba atómica sobre una ciudad. El reportaje se centra en las experiencias de seis sobrevivientes de aquella catástrofe que acabó con la vida de más de cien mil japoneses.
Uno de los aciertos fue elegir un tema de interés universal, pues toma en cuenta uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea: el ataque nuclear de Estados Unidos a Japón, que motivó la rendición incondicional de este y el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El relato muestra los horrores de la tragedia, con el objetivo implícito de que un hecho como este no se repita, pese a que su autor pertenece al país agresor.
Antes de la hecatombe, Hiroshima contaba con 245 mil habitantes, quienes esperaban un ataque estadounidense, pero no sabían de qué magnitud. Hersey narra con detalles lo que seis personas comunes pasaron durante la explosión atómica.
Así, tenemos la historia de Toshiko Sasaki (20), empleada de una fábrica, que ve lastimada su pierna izquierda; del joven cirujano Terufumi Sasaki (25), médico incansable de un hospital de la Cruz Roja; de la viuda Hatsuyo Nakamura (34), quien debe salir adelante con tres hijos a medida que pierde progresivamente parte del cabello; del reverendo Kiyoshi Tanimoto (36), sacerdote metodista cuya iglesia quedó en ruinas; del alemán Wilhelm Kleinsorge (38), cura que viaja a un hospital de Tokio para ser tratado de extraños males; del doctor Masakazu Fujii (50), dueño de una clínica destruida por la hecatombe. El mensaje es que esto podría sucederle a cualquiera durante una guerra actual.
Más poderosa que 20 mil toneladas de TNT, la bomba bautizada «Little Boy» («Niño Pequeño») dejó mucha gente mutilada, fracturada, sangrando, con quemaduras, desfigurada y agonizante, miles de personas desnudas o en harapos. Además, edificios destruidos. Fue el caos total.
Publicado originalmente en una edición íntegra de la revista The New Yorker, el reportaje se compone de cuatro partes: el momento del estallido, el incendio y destrucción de la ciudad, los rumores acerca de la bomba y cómo crecieron de modo extraño flores en la ciudad destruida.
Años después, en 1985, el autor le añadió un epílogo, «Las secuelas del desastre», que cuenta lo sucedido en las décadas posteriores a los seis sobrevivientes del ataque nuclear, llamados hibakushas. En resumen, un testimonio excepcional, una obra maestra absoluta.

John Hersey, 1944.

La frase: «El hombre de ahora no es como Dios deseaba. Ha caído en desgracia a través del pecado».



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Intimidades de un cantante
«Sinatra está resfriado» (1966) | Gay Talese

Portada de la revista Esquire, abril de 1966.

«Sinatra está resfriado» («Frank Sinatra Has a Cold», 1966), publicado en la revista Esquire, asombra por ser ejemplo de concisión, encajar muy bien detalles de interés. Su autor, Gay Talese, edificó aquí un estupendo perfil acerca de un ídolo de la música estadounidense.
El reportero repasa la vida del cantante Frank Sinatra a una semana de cumplir 50 años, sus éxitos, sus amores, sus contactos con la mafia (aunque esto último de forma superficial). Como señala el título del texto, el divo se encuentra enfermo. En esas circunstancias, «Sinatra con gripe es Picasso sin pintura».
Talese no teme en ofrecer el perfil de un ser idolatrado por su círculo, irascible y matoncito a veces, dueño de una gran fortuna. Para entonces, había grabado algunas magníficas canciones como «I’ve Got You Under My Skin» (1956) y «Come Fly with Me» (1958), y, aunque se sentía amenazado por la popularidad de The Beatles, seguía siendo admirado por muchos jóvenes. Llevaba a cuestas dos divorcios, su segunda esposa fue la bella actriz Ava Gardner, y salía con la futura estrella del cine Mia Farrow, tres décadas menor que él.
Impresiona la cantidad de detalles que ofrece el reportero y lo bien que los distribuye. Del mismo modo llama la atención las numerosas entrevistas que realizó a gente que conoce al cantante. Cuando uno lee que Sinatra tiene sesenta peluquines, se pregunta cómo Talese consiguió ese dato. Lo más curioso es que nunca conversó con el protagonista. No obstante, eso no impide retratar a un personaje en diversas facetas.
Vemos a Sinatra en un bar de Beverly Hills o de Nueva York. También en su casa frente a la tele en espera de un documental que podría tratar su vida privada, en el plató mientras filmaba un largometraje y en un estudio de la cadena de televisión NBC en el que graba un especial con algunos de sus éxitos. En resumen, «Sinatra está resfriado» es periodismo hecho belleza, digno de la mayor admiración.

Gay Talese, 1972.

La frase: «¿Alguna vez se han detenido a pensar —entró a decir Sinatra— cómo sería el mundo sin una canción? Sería bastante aburrido».



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El dilema moral
El periodista y el asesino (1990) | Janet Malcolm

Portada del libro, edición estadounidense.

Un sujeto acusado de triple crimen toma contacto con un reportero para que escriba un libro sobre su caso. Poco después, este se gana su confianza y le hace creer que ofrecerá una imagen positiva suya, pero no sucede eso. ¿Dónde quedó la ética? En El periodista y el asesino (The Journalist and the Murderer, 1990), la estadounidense Janet Malcolm critica ferozmente su profesión por aprovecharse de la gente.
El 17 de febrero de 1970, en su casa de Carolina del Norte, la esposa embarazada y las dos hijas del doctor Jeffrey MacDonald, quien quedó herido, fueron asesinadas. ¿Quién es el culpable? ¿Acaso los miembros de una secta? Un juicio absolvió al médico, pero al reabrirse su caso este llegó a un acuerdo con Joe McGinniss, interesado en escribir sobre el crimen. 
Poco después, en 1979, la nueva sentencia condenó a MacDonald a la cárcel. Al publicarse Fatal Vision (1983), el esperado libro, el convicto se sorprendió de lo que se decía acerca de él, retratado como un psicópata asesino, y le entabló una demanda a su autor, quien había tenido pleno acceso a información exclusiva durante cuatro años, por fraude e incumplimiento de contrato. El asunto se resolvió en 1987, con el pago de 325 mil dólares.
«Todo periodista que no sea tan estúpido o engreído como para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza, que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de estas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno», concluye Malcolm.
Publicado en dos entregas, en 1989, en la revista The New Yorker, Malcolm explica su tesis con entrevistas al periodista y al acusado de asesinato, a los allegados, con análisis de libros, con reproducción de cartas y de diálogos de juicios. ¿Qué motivó esa actitud de McGinniss? ¿El dinero y la fama? ¿El amor por la verdad?
El periodista es pintado como un traidor, un sujeto frío, oportunista, cínico, sin compasión, que obra con mala fe, en busca del lucro. William F. Buckley y Joseph Wambaugh, autores de cierto reconocimiento, declararon en el juicio que es perfectamente correcto engañar al entrevistado, pues la responsabilidad última no es con él, sino con el libro. ¿Es así siempre? Malcolm remueve conciencias, motiva la discusión.
  
Janet Malcolm, 1981.

La frase: «Mientras el novelista, sin temor alguno, se lanza al agua y se expone al público por entero, el periodista permanece tembloroso en la orilla con su traje de baño».